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Ya estoy absurdamente ido

por el espejo que fui

contra el bestial nombre.

Esparso saltos de ruindad

en la atmósfera

porque a cambio de unas monedas

mi alma gime rota en una esquina

del universo.

Ya lejos de correr camino

transitando edades

con las mismas obsesiones

que a los 9 años

aunque siendo realista

nada es más:

decirle a la mujer que deseas

te amo.

¿Qué importa la cartografía antigua

si todo el tiempo es una pérdida

obsesa de senos capitalistas?

Ya más que correr camino

fumando a tientas mi futuro,

dijo un conocido más vale fumar

que ser fumado

yo digo

me esfumo del día aquí y ahora

fumé y no soy fumado

puedo beber humo tranquilamente.

Ptolomeo no es la fuente

de la imbecilidad

no, tampoco lo es

el imposible horizonte

cultural de Descartes.

Soy yo, aquí, con plumas

rojas enrojeciendo mi anima,

porque al final me iré de este asiento

y caerá en mi el idiograma del amor.

Otra vez, sí, siempre, Japón, aunque

no sea momento de esclarecer los ángulos

de la perpetuidad. Adiós, ya fumo, ya me voy,

más que correr camino, lejos de eso, aquí

estaba dispuesta la maquinaria de una irreverencia

fotográfica y mi sentido es ausencia

hoy, día de cuetes en un paraje del universo.

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Diablitos

Equivocación si es decir

equívoco si es aquí

equivocados de noche

los diablitos sus conversas

realizan en el abismo de sus secretos.

La bullanga de su picardía renueva

entonces la plática de su error

y su vasilón al hombre induce

de todas las faltas el hacer.

Los diablitos componen así

la melodía destructiva del horizonte.

Escondites

Náufrago en memorias arremolinadas

imposible olvidar el conflicto

de la etnografía y Onetti, imposible

evitar del lenguaje los atisbos: faltó

también la grandeza mexicana.

Como una esbelta estructura

derrumbada yace la costra

que fue mi juventud, totalidades

de abigarramiento, hoy elección

de letras y mutismo. Lectura, ahora,

mañana, menos tiempo, ahogo

esta precipitar las costillas al tendón

de Henry Miller, a la procacidad de los poetas

malditos, a Baudelaire en el Aeropuerto

de la ciudad de México, a Camus

inerme en la banqueta afuera de la Universidad.

 

Distancia también ese recordatorio

de lo no transitado, lo no dicho, lo sin nombre.

¿Qué de viejo queda

cuando la mayoría de edad

es un dobles de vida y años?

Doble marasmo… sí, esto que cae, que callo.

Otro puerto la vida

Dicen que hay futuro

para el talento

no lo hay. Hay procesos,

caminos, instantes. Dicen,

además, que somos átomos

de amor: ¿amamos? Somos

mitades quebradas, tejido

de historias y tedios, cicatrices

somos, hoy nombrados silencio.

¿Es esto un camino, esbelto y trigueño

de dulzura, como ese paraíso perdido

que nos arropa prístino de memoria?

Claudicamos al camino, al andar los

limites de la verdad ¿existe la esencia

del significado en este arrabal de años?

La vida es, somos en ella, también escondite

y estructura de las mareas —extravíos dentro

generaciones inombrables— cargando un epitafio

que es nuestro nombre, indecible, estupefacto

instinto en la ferocidad de un andamio pasajero.

También la vida es un puerto

un punto de llegada

una complicidad compartida

un asomarse a las narraciones

que de absortas migajas del ser

nos impelen a llegar, sí, a llegar

a un otro sitio donde resguardar

del descanso la fatiga de los hechos y los actos.

Coraza incrustada la memoria

Desde los horizontes del ser

las existencias componen

adelantos y fealdades.

Hubo una esperanza

de salir del instinto

y abrir la puerta

al desconsuelo… pero

la inocencia pierde,

de tiempo en tiempo,

su azul manto, su troquelada

imagen —existimos

si acaso las sombras imantan

nuestros años primeros y últimos—.

 

Separar la esbelta consciencia

de sus influjos y sales,

como del saber rincones

y abismos, es también derruir

de la canción eterna el silencio

y de los cielos frágiles

la lontananza invisible del amor.

¿Siempre es hoy también

un paso que abandona

en su devenir, entre la fortaleza

del misterio y la debilidad del instante,

imágenes desdobladas a través

de comunidades y sabores

a nostalgia perecedera? Nunca

es también mañana para el interior

que demarca hasta el hartazgo

la fábrica cierta de recuerdos.

Tenemos asombrosos aparatos

que inducen a creer en materialidades

efímeras, porque somos como bestias

ahuecadas en la tempestad de la vida

y escondemos en las hogueras

todas las posibles fotografías

inscritas en la escritura del tiempo.

Carecemos de asombro

hoy, como aquellos primeros

homínidos carecían de vocablos,

pero no sentenciamos la narración

de los árboles porque al final

mantenemos viva la ilusión

significada en el estandarte

de la luz y sus extraviantes rendijas.

Sombra de amor

Cae contra el estado de silencio

esta cortina, tu nombre, espejo

contra mí, fábula torpe, cae

la soledad con aroma a montaña.

 

Como cicatrices de infancia

tus labios revolcaron mi corazón

en este oleaje tuyo mitad yo,

cicatriz de niño y helado caído

al piso, pisada también la belleza

tu nombre, esquirla, constricción

imantada a una imposible realidad.

 

Cae contra la columna del dolor

este aliento tumefacto y radiante

en el punto igualado al sino del ser

una eternidad que aguarda la prontitud

de las estrellas. Primavera cero amar

en el escondite de las mil máscaras de Cupido.