Escuchar en sueños tu ausencia

Estás aquí,

duda y fragmento,

constelación sierva

en un destino ignoto,

torcedura líquida

al horizonte: ser entonces

plaga de recuerdos

en la cosecha de la vida.

No alcanza el olvido,

el desamor y la tristeza

cuando te busco

en el sueño. No alcanza

el acto cobarde,

ataque y ruina del viento

que conjunto nuestras almas.

Siempre es una palabra oscura

ninguno de nosotros conoce

el fondo de nuestras eternidades…

sospecha, el portón a una tropa

de imágenes, luces las líneas

de ritmos y canciones baladíes.

Aquí están tú y mi madre,

también don Sergio, también

los amigos que se fueron con la vida,

estamos todos envueltos

en la inconsciencia del pasar

y solo, individual, naufrago a la

escritura para decir que no te olvido.

 

Meme poética nostálgica

tertulia-con-pitol

Liviandad frustrada

Surca la calma

mi aire.

Enrarece mis pasos

la turbiedad del ruido.

Recorro el nicho de la nostalgia

contiguo, vecino el trote de la memoria.

Una esperanza se despide 

de mis manos. Tu espejo soy

madre y te invoco tinta de mi vida.

Olvido la calma y tenso lo oscuro 

con luces arremolinadas, centrífugas.

Cae la noche y me aplasta

un ejército de recuerdos.

Mi mirada es un ápice de la bullanga existencial 

y arrebata a la ciudad el suspiro 

de las calles y sus cloacas.

Irreverencia poética 9

Nos pensamos

con la intuición del amanecer,

ocasos nutren el aliento

que somos, cada vez una espiga

de significados nos invoca.

Saltamos al silencioso manto

de la introspección y volamos

al sueño etéreo de las letras.

Inundamos los rincones del cosmos

con la tinta indeleble de la vida,

vivencias nos inculcan añoranzas.

Plasmamos los años en el abanico del ser

¿cuánta nostalgia acumula nuestra piel?

Una memoria, solo, nos induce al horizonte.

irreverencia poetica 9

Locación temblor

Si la tristeza escribe

los suspiros leen.

El maremagmum del silencio

oscurece las ramas torceduras

del alma, pero ¿acaso la visión,

utopía y lucha, es un eco tardío?

Los ancestros imitaron a otros

igual que nosotros somos imitaciones.

Encima del libro de la eternidad

la lancha del saber naufraga constante.

Todas las mañanas caen trozos de cielo al mundo

y las cicatrices del amor perduran, con su aroma

raquítico de tientos y manoseos, porque una noche

las gélidas instancias de la memoria

encorvaron sus sienes a la cúspide eterea.

Enigma estribo y salto la malla incauta

¿por qué el ciego vive el color de una forma

que el tuerto no puede vislumbrar? Toda caza

es una estupefacta sombra de deseo… y nos vamos

cayendo entre otoños y canciones y melodramas.

Dejamos en cinta a la soledad

cada vez que pasamos por la fotografía infantil

donde reposa nuestra inocencia rota,

quebrada, enmudecida, tibia y añorada.

Decir adiós es un acto de rotunda complicidad.

Proporción de la ausencia

Todos extraños algo en el mundo. A veces personas, a veces vivencias, a veces cosas, a veces momentos, a veces lugares. Extrañar es un acto natural, que en ocasiones puede ser enfermizo. La duda del presente o la añoranza de un pasado mejor, viven en nuestro inconsciente colectivo. La amalgama compleja de la experiencia vital humana, al traducirse en sentimientos, corresponde también a una compleja red emocional -aún para aquellos que sostengan la dimensión neuroquímica de las emociones. ¿Por qué a veces separarse de alguien es doloroso o costoso? ¿Por qué razón deseamos volver a un mismo lugar o comer en un mismo restaurante o visitar el mismo museo? ¿Por que podemos llegar a sentir nostalgia por otras épocas o incluso por un futuro esperanzador y prometedor? Acaso sea la ausencia una forma humana naturalmente aceptada como mecanismo catalizador, como acelerador de las emociones y las pasiones, de los recuerdos, de la memoria. Porque aún en tiempos posthistóricos somos seres históricos e historizantes, porque vivimos en una dimensión temporal y material que deja registro en nosotros mismos. A veces extrañar o sentir la ausencia puede ser una huella de que algo en nosotros ha sufrido una transformación, que ha quedado una huella cercana a nuestra experiencia de vida. No olvidemos el hecho de que no existe el olvido y que la proporción de la ausencia es inversamente proporcional a la dimensión del afecto.

Ansiosa despedida del 2015 pero con aroma de café y cigarrillos

Mucha nostalgia acumulaba

de las cadencias extintas

cantos y axiomas

verdades que no entiendo

como la concha de las ostras

o el ocaso en Bangladesh.

Pero rumio los años con mustiedad

aún con la torcedura del viento

en mis cabellos y los sabores del ajo quemado

en el aceite antes de poner la carne marinada.

Quietud,

ese intervalo,

azul la tos,

pero el magma del alma

corriendo

corriente flujo y meta.

Cantinela por los niños huérfanos

es más, una noticia de alegría inusual

el asado argentino y los bikinis en Florianopolis.

Estridencia mejor, mejor grasa de frustración,

quemadura la cima del silencio, ostiones ahumados

pero sin vino tinto ni vino blanco,

sin venir o ir, sin cansancio, escuchar

entonces el tedio de la melancolía

el tendón arqueado de la inocencia

rotura y banca rota de la explotación:

margen de los atisbos oscuros del queso azul,

pero también existir con bocanadas y quizá

eso sí, sin el freno acentuado de la moral victoriana.

Trepidante corruptela ¿es mucho pedir?

Como riscos que devienen terremoto

cinturón de estrellas que no sea Orión

quizá también el éxito de no beber champagne

o mejor aún desquitarse sonriendo

como rompecabezas incompleto

mutilado

fastidio de la masa de maíz que no está cocida

pero qué bien sabe bailar salsa en San Juan.

Noticia de una existencia, este año, furtivo, fallido,

adios adios, amorcito fugaz, truco de sabor caramelo

leche quemada, es más, no invito la cena

cenemos un vacío por las muertes de toda la historia.

Acuchillo finalmente el lazo del vestigio

que soy al vomitar mis ramplonas intenciones,

extravio en el laberinto, no de Borges, sino de Paz.

Escucha, llega otro momento, otro segundo, otro

rito que marca el mito de los años pasados.

Ansia de saber que nada deja la página en blanco

nada más que un tibio titilar de humo y cafeína,

sueño de un margen que sucumbe a su reglamentación

obsoleta de racionalistas frustraciones, congelada,

es mucho el hielo que surca el polo de mi inconsciencia.

Los corazones

Eran los corazones
trampas y las trampas
andamios y erguían edificaciones
grises, de torpeza inmensa
como basureros rotundos
de la existencia opaca.
Eran proletarios los corazones
porque eran explotados
y se organizaban para la lucha.
En ocasiones eran torpedos
los corazones y esparcían semillas
de bocas y suelos y domingos de amargura.
Eran también museos del desconsuelo y zoológicos de la barbarie
los corazones
cuando al unísono gemían
por azarosas hazañas de equipos atléticos.
Eran toda la dicha y el horizonte
puro de la historia
los corazones que se rompían
como gotas de papel
que se humedecían por lágrimas secas.
Eran abismos de tiento y falanges del dolor los corazones
que suponían azules las nubes
y blancas las estrellas
porque sentían el agobio de sus apodos deformados.
También eran arcos los corazones en dos sentidos: soportes y armas
instrumentos de la bóveda de la intranquilidad
y utensilios para cazar desfalcos de rabia y sin sentido,
raramente alegría y sorpresa.
Todos ellos surcaban una atmósfera serena y apacible
donde olvidaban su destino
entregados al festín de lo cotidiano.

Sin olvidar que no supe más de ti pero tal vez no me hayas amado

¿Tu nombre fue la lapida de mi luz
o fuiste lentamente un fantasma?
No tuve el valor
ni de buscarte
ni de quererte. Olvidé las enseñanzas
de mis ancestros por ti. Viví milenios
de dolores nostálgicos, por ti
tuve el valor de no seguir.
Rompiste con tu baile moreno
de fuego, miradas y deseo lujurioso
mi senda: ese pasillo donde la muerte
escribía con su aguja usando mi sangre, usando mi alma, usando mí luz y mi alma. Nunca como tú la usaste, esa noche, noche nuestra de nuestro baile y amor imposible.
¿Rompiste acaso el tendón de mi amor? Lo que rompiste fue mi juicio y razón.
Una oscura consecuencia despertaste
mi cobardía
agonía fulgente
traducción de anaqueles polvorientos y besos muertos, no dados.
Los días fueron acantilados tristes y espesos de la neblina del desamor.
¿Sólo bailamos, sólo me provocabas? A veces camino por la calle
hablando conmigo mismo, diciéndome ¿qué habría sido distinto si ella me hubiera amado?
Eres mi trauma vital preferido,
el surgimiento de todas mis complejidades,
la brújula de mis tragedias,
el trágico telón de mis quebrantos.
¿Me habrías amado con la desesperación que yo te perdí? ¿Habrías besado mi frente y cerrado tu mano sobre mi mano? ¿Habrías dicho que yo soy tu amor? La eternidad responde que
nos cruzamos y yo sucumbí ante ti.
Ni todas las putas de toda la historia, mía o de cualquier hombre común, podrían hacer del olvido
una medicina. Porque no es que te amara o que me embrujaras con tu té. Es algo más. Porque quizá me buscabas para destruirme.
Pero es la primavera tu estación. La nuestra. De nuestro baile. Y así la vida siguió y yo me pregunto:
¿si yo hubiere sido amado por ella ella me olvidaría tan pronto como lo hizo?
Estar así todos los tiempos estos que somos nadie
es saber que en tu nombre
estaba escrita mi sentencia.
Nunca podremos vivirnos
porque no nos importamos nunca
excepto quizás cuando me veías
en la penumbra
con esa ternura de miel en tus ojos
y yo quebraba mis caderas bailando
para que vieras que baila contigo
y para ti aunque no estuviéramos solos.
Todos estos años son esta escritura
y tú eres la ausencia
no mi madre
como creen mis lectores.
Tú y ella. Yo soy este ahora
un sin amar todos los ocasos
un sin refugio todas las tormentas
un sin cobija todos los inviernos
un simple soplo de amor inexistente.
No por todo lo dicho la eternidad cambiará. Eres el alfabeto de mi inexistencia: nosotros amándonos.

Cantata de la deseperanza

Azul costra desamor

canción de tedio y vacío
lumen apócrifo, sonata mortuoria.
Esquirla: colindancia con la nostalgia
espera
la monotonía de las olas del mar.
Consciencia ausente falta de primavera
funerales de la alegría
tristezas acumuladas por los ayeres.
Invención que se arma contra el tendón
cardíaco, el ventanal de los días
escrito con el polvo de las migajas del amor.
Abismal efecto de los fracasos
como silencio vulnerado
por las escandalosas complicidades del futuro.
Acero de viento: aliento que se nombra orfandad.

A una chica dolida en primavera

Si la primavera trae consigo

la desgracia desértica del desamor

y tus ojos sucumben a la lluvia del llanto

no esperes que el otoño cobije tu nostalgia.

Los años y las tempestades forjan una malla

de recuerdos y colapsos nerviosos,

como los deseos de ser besado, como desear estrechar

la mano tibia de un acompañante.

Si la primavera no trae consigo flores y esperanzas

sino el rugido torrente de la desilusión

aguarda que la luna llena escriba los tendones del olvido.

¿Es mucha la impaciencia del árbol y la vegetación

cuando florecen? Es mucho el desatino de no ser amada.

Mucho también el raquítico desprecio que parece eternidad.

Una noche o un día o una tarde o una mañana son espacios

todos donde el prado del destino moviliza

los actos ínfimos del azar: una tarde quizá un Cupido lea

tu soledad soleada y desemboque en tu playa, de tristeza

y desamparo emotivo, llamada mirada taciturna

y aparezca

un alguien amor,

un algo amoroso,

un por qué y un para qué contar ansiosa los segundos,

un viajero de ti, de tus rincones y tus secretos.

Si la primavera trae consigo alfileres de melancolía

y el dolor de una ausencia revuelca tus ideas

no esperes que la brisa del mar o la luz de las estrellas

atestigüen a tu favor cuando desees volver la página

del libro que eres, si eres una tragedia innecesaria.

Si la primavera llega, recuerda, que los cerezos

y las flores esculpen delicadeza

pero que la savia de tus sentimientos

no depende de un otro,

de otredad ninguna,

sino que está fluyendo

sin fin

sin tope

aunque duela esa ternura que se fue.

Recuerda que el atardecer

conmueve porque se marcha desgarrado

el sol hacia el aposento lunar.