Atisbos de autor autodidacta

Leído el 20 de julio de 2018 en la biblioteca Luis González y González del Colegio de Michoacán

El libro que presentamos debería llevar el subtítulo Ensayos de juventud. El primero de los trabajos que lo componen, mi ensayo sobre la educación en México antes de la transición democrática foxiana, es una huella de inocencia mezclada con inmadurez. ¿De qué juventud hablo? Cuando tenía 15 años en 1997 escribí una tesis para poder obtener la cinta negra primer dan de Tae Kwon Don. Un año después escribí otra tesis para mi examen de segundo dan, al que renuncié tiempo después por diferencias con quien era y fue mi maestro. Mi hermano Emiliano dice que esas dos tesis son también parte de mis primeros ensayos. En el año 2000 ingresé a la Universidad Autónoma Metropolitana de Iztapalapa a estudiar antropología social. Un año después me vi presentando una ponencia en Yucatán, el segundo de los textos de este libro. Mi madre Margarita murió en noviembre del 2000 y fue demoledor. Tardé más de 10 años en entender que valía la pena vivir. En el 2002, en pleno foxismo democrático, viví mis primeros episodios psicóticos por atacarme de drogas psicodélicas. Me quedé en un viaje de LSD y perdí todo, excepto quizá una suma de dinero en el banco derivada del seguro de vida de mi mamá, con quien en mis últimos semestres de la prepa, cuando ya deseaba estudiar humanidades, conversaba sobre Monsiváis y sus correrías intelectuales en los años setentas del siglo pasado. En el año 2008, fui hospitalizado en una clínica psiquiátrica y comprendí, finalmente, el valor social de lo institucional. En esa clínica conversé por última vez con Augusto Urteaga, el padre de mi hermano Emiliano, y me contaba del proceso de sudamericanización —por la violencia, los paramilitares y el narco— que se agudizaba en México para quién los premios literarios no eran síntoma de bien estar estético ni eran importantes. 2008, ese lejano año de las olimpiadas en China. No quise entender en un principio que debía dejar de drogarme. Mis padres, la mencionada y el oncólogo Rafael, vivieron la psicodelia, fueron de fiesta, profundizaron en la liberación sexual, mantuvieron altos standáres profesionales, y obvio que era bien visto fumar el primer porro, beber la primer cerveza, salir con la primera novia, ser un clase mediero en la Xalapa de Patricio Chirinos y Miguel Alemán hijo.

Cuando troné la primera vez quedé enloquecido y obsesionado con una chica. Aluciné que la televisión controlaba mis impulsos eléctricos, mis actos y mis pensamientos. Creí ver a Sandra Bullock manejando un auto en la ciudad de México y voltear a verme con cara estúpida de asombro. Intenté seguir en antropología pero desistí. Volví a Xalapa en 2004, después del fracaso citadino a pelear con mi padre. Un año después decidí volver a las aulas y estudié lengua y literatura hispánicas en la Universidad Veracruzana. Y otros desencuentros me orillaron al camino conocido de los excesos hasta que volví a tronar.

Recuerdo que los baños del psiquiátrico no tienen división entre sí. A la hora de las necesidades todos se ven unos a otros. Recuerdo que la enfermera a cargo me dijo: olvide todo y siga su vida, usted no está loco Rómulo. Pero en el año 2002 fui a Japón y Corea del Sur, con mi familia paterna, por el mundial de Foot ball. Ahí enloquecí, ahí grité que me llevaran al psiquátrico, ahí, en esa cúspide de la civilización oriental, me convertí en nadie.

Entre mis carreras aprendí, a la mala, que podía publicarse algo de lo que escribía. Y gracias a personas que ahora me son indeseables publiqué unos poemas, estuve en la Feria de Minería, me sentí grande, pero me empequeñecía siempre.

Todo este tiempo, como desde los 10 años, escribo. No he ido a escuela alguna para tildarme de escritor. Hace 40 o 60 años no existían la Fundación para las Letras Mexicana, La Escuela de Escritores de la Sogem o toda esa tribuna letrada de escuelas de paga o públicas para “convertirte” en autor. Son otros tiempos, claro está. Y en este escribir desde pequeño se extraviaron, gracias a una joven estudiante de letras que decía ser mi amiga, mis primeros relatos, a mano y mecanografiados, lo que ya cicatrizó, pero evoca dolor. Desde mi primer congreso siempre que he podido asistir a alguno lo he intentado y eso por varias razones: para ir voy como ponente, me obligo a investigar y escribir, también lo hago para viajar y conocer otros lugares. Muchos de los ensayos de estos Retazos son ponencias o trabajos académicos. Otros son más bien desfiguros, escritura automática, esbozos reflexivos.

En el año 2004 murió mi abuela paterna Lourdes, la antagonista de mi madre, con quien compartí sus últimos días. Uno de los trabajos es un homenaje a ella, a su vejez, al recuerdo de su amor por mi abuelo y su tocar en el piano a Agustín Lara, María Grever o José Alfredo Jiménez.

Hasta el año 2010 todo fue un acento en la ausencia y la muerte. Ese año don Sergio Pitol, recientemente fallecido, me permitió acercarme a su vida, me abrió las puertas de su casa, platicó conmigo, con la dificultad que eso representaba por su afasia crónica progresiva, me obsequió libros, me impulso y me dio confianza cuando ya nadie ni nada me la podía dar. Gracias a él estudié historia en la Universidad Veracruzana, gracias a él pude tener claridad respecto a mantener mi esfuerzo escritural, gracias a él logré aprender un poco de ópera, gracias él supe cómo comer alcachofa, gracias a él conocí a Lubitsch, gracias a él volví a ser humano. Pero no todo fue miel sobre hojuelas. Me mantuve bien, estudiando y trabajando, al lado del antropólogo Mariano Báez, primero, y después con la estudiosa de literatura Elizabeth Corral. Escribía blogs desde entonces. Tuve un periodo creativo que debería tildarse de pornográfico aunque para mí era hacer pornopoiesis, término inacuñable. Y cuando ví que necesitaba ser algo más serio que un simple reproductor cultural, que me importaba la vida académica, que quería construir un futuro más o menos estable, deje esos delirios sexuales y de mujeres desnudas, exuberantes, voluptuosas, operadas. Porque otro de los ensayos de homenaje de este libro, el más irreverente, psicótico, desquiciante, cuanta bien a bien mi iniciación cuando niño a ver pornografía por tres machines mexicanos. Pero también en ese ensayo, que leyó Pitol y que me abrió mucho más las puertas de su vida, me propuse un programa cultural, intelectual y literario que he cumplido: concretar una investigación explicativa sobre Ignacio de Luzán en México (la cual se mantiene en píe y construcción hasta el presente), recopilar las obras de mi difunta madre (ahora editadas por la Universidad Veracruzana) y terminar de escribir mi primera novela El olvidado Imperio Natdzhadarayama. Tres cosas que cumplí en orden distinto, pero que fueron el motor para impulsarme a vivir entre la muerte de Monsiváis en el 2010 y mi titulación como licenciado en Historia en el 2016.

No puede faltar en el libro de retazos mi adoración por la poesía como tampoco falta lo oriental ni lo marxista, falso o frustrado. No faltan páginas de obras relevantes escritas por mujeres, ni faltan el existencialismo, cierta filosofía cultural, cierto cúmulo de lecturas, distorsiones historiográficas, equívocos interpretativos, plumazos y un largo además de otras cosas.

Ahora aquí en el Colegio me siento agradecido por la buena intención y recepción de la idea de presentar mi libro, mis retazos. ¿De qué juventud hablo? La juventud de un junior frustrado, de un raro, de un joven que dilapidó horas y monedas, papeles y lágrimas, en correrías que pudieron costarle la vida. Hablo también de una sobrevivencia, ya visto desde el presente. Toda la culpa o el temor a la crítica o el miedo a ser políticamente correcto o incorrecto se plasman en la oposición de exhibir mis ensayos.

No tuve educación religiosa, a duras penas fui bautizado. No he leído la biblia. Mi abuelo materno era ateo, mi abuela Lourdes tenía una bendición Papal y un retrato de Guizar y Valencia en su cuarto. Mi madre fue guerrillera en Chihuahua, participó en el asalto al cuartel Madera. Mi padre es oncólogo y ha tenido 7 hijos con 4 mujeres, uno de ellos no reconocido. Todo ha sido siempre una contradicción en mi vida, excepto quizá este presente que hoy es mío. Dicen unos grandiosos amigos xalapeños venidos a menos que tengo buenas raíces. Creo que sí. Desde niño no dejo de escribir, para bien y para mal. Pitol me dijo que era un don, yo creo, además, que es un ejercicio, como correr o hacer sentadillas. En abril murió Sergio, la última vez que lo ví fue en el hospital en 2016. Mi libro, este libro de retazos que ahora presentamos, salió al público el 11 de abril, un día antes de su muerte el 12 de abril. El 13 de abril cumple años Emiliano. Tengo una hermana, mi única hermana carnala, Luisa, a quien admiro. Me arriesgo a esta semblanza autobiográfica porque al final estoy convencido de que escribir y leer es vivir, compartir y soñar. No he leído a Cervantes y mis empresas intelectuales quizá sean quijotescas. Al final mis escuelas literarias han sido las aulas de las universidades públicas. Cuando salía de la prepa se me antojaba irme a estudiar antropología a Columbia en New York y no lo hice porque no quise pedirle nada a mi padre. Al final la vida con la muerte de Margarita me dio todo lo material para poder irme, pero me quito todo para querer vivir. Y hoy, aquí, puedo sentir mi deseo de vida, que comparto con ustedes. Las piezas, los retazos, de mi vida, son más que letras, anécdotas, investigaciones, momentos, búsquedas. Son ya huella dejada al libre fluir de las audiencias, son ya testimonio de mi gran época oscura, son ya luces, estrellas, en la constelación sideral de una existencia en el México presente. Dicen por ahí que soy privilegiado, yo creo que el privilegio es nacer sietemesino, luchar por la vida, sobre vivir las drogas y la muerte materna, erguirse con  propósitos valiosos y salir al mundo,  aunque sea parlotendo boberías, para ser alguien trascendente, en lo ínfimo, lo mediano y lo grande, después de ser uno menos en la despersonalización desquiciante de los infiernos posibles en el Veracruz de Fidel Herrara y el México de Felipe Calderón.

Toda la vida mi madre dijo que yo no sabía escribir y fue hasta ese ensayo sobre educación que su opinión cambió un poco. No sé qué diría de lo que escribo, no sé qué opinaría de que sea historiador o de que estudie a Ignacio de Luzán, no sé que diría de mis despilfarros y mi dilapidación, no sé que diría de lo que escribo sobre ella. Sé que tal vez sea sería una típica madre mexicana, orgullosa de su criatura en lo que tanto y tan bien hacía ella. Quizá sea estéril imaginar qué diría Margarita si estuviera hoy aquí. Sé que su espíritu me acompaña y que hoy sentiría que finalmente su retoño comienza a emprender el vuelo en este oficio de la escritura.

Infinitas gracias por estar aquí.

Zamora de Hidalgo, Michoacán de Ocampo, México América del Norte

A los 19 días del séptimo mes del décimo octavo año del tercer milenio después de la crucifixión

Rómulo Pardo Urías

 

 

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Presentamos en El Colegio de Michoacán mi libro de ensayos

Fuimos tres los participantes: el experimentado Álvaro Ochoa, el joven Jaime Garba y un servidor, autor. Presentamos al público zamorano el libro de ensayos Retazos quebrados de la vida, editado en abril por Chiado Books España. Eran las 6 de la tarde del viernes 20 de julio del presente ciclo anual. El público predominantemente fueron alumnos y personal de Colegio. Jaime nos compartió un texto interesante para proponer la pertinencia y solidez del libro, retomando ideas del ensayo elaboradas por Carlos Fuentes, por ejemplo. Ahondó con nitidez en los vericuetos temáticos y estilísticos del libro y presentó sus juicios y opiniones de acuerdo a impresiones sustentadas en la dimensión de proximidad de estos retazos. Don Álvaro, primero en participar, fue mucho más concreto, sereno, dando paso a las nuevas voces a hablar. Y yo para variar sometí al público a un estresante relato autobiográfico.

Finalizando dimos paso a una ronda de preguntas y respuestas. El público parecía satisfecho, convencido, emocionado. Y dentro de las proporciones de presentar un libro en el recinto colmicheano considero que no se disminuyeron las expectativas.

La tarde amenazaba con lluvia, la hora no era muy apta, el público se restringía. ¿Qué es eso de ser un joven autor en busca de audiencia? Al  final estuvimos presentes en una primera presentación mexicana de los retazos que componen mi cosmografía existencial entre el año 2000 y el año 2012. Emocionante, sentida, intensa, mi lectura autobiográfica suscito reacciones, movió sentimientos, construyó un particular sentido del ser. Al final todo fue un momento de compartir, de riqueza y presencia, de memoria y colectividad, de una intimidad propia de una “familia”. Jaime y Don Álvaro fueron inmejorables presencias, aunque el veterano Don Álvaro se inquietó y preguntó el por qué de mi elección suya como presentador.

La ronda de preguntas y respuestas fue también importante, escuchando a la audiencia, mostrando interés por inquietudes, interrogantes y comentarios. La directora de Difusión cultural del  Colegio hizo el primer apunte, indicando la gratitud y el tino de haberme acercado a ella para presentar este trabajo y mostrando interés por coadyuvar a presentarlo en otros foros zamoranos. El director de la Fototeca del Instituto Nacional de Antropología e Historia en Pachuca, también presente, enfatizó la relevancia de este tipo de trabajos y evidenció su deseo de ayudar a promover el trabajo. También participaron tres compañeros en el comentario, ahondando en las condiciones de escritura de los textos, comentando respecto a la relación entre escritura académica y escritura literaria, reafirmando su deseo e interés por conocer y leer el libro. Finalmente hubo firma de libros.  La tarde terminó con un compañerismo pleno y la fértil semilla plantada de la escritura como elaboración vital.

Homenaje a Margarita Urías Hermosillo en el Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Veracruzana 24 de agosto de 2018

Fiesta de Corpus Christi en Tarecuato, Michoacán 2018

El día 1 de junio nos dirigimos algunos compañeros del Colegio de Michoacán al poblado purépecha de Tarecuato para presenciar y ser testigos de las festividades del día de Corpus Christi. Llegamos en la mañana, temprano, cuando se iniciaban los preparativos de la fiesta. Nuestra anfitriona, la compañera Guadalupe, es oriunda de dicha población y nos condujó a su casa familiar. La fiesta se desarrolla en el atrio y las inmediaciones de la Iglesia principal. Tarecuato es un poblado constituido en las primeras oleadas evangelizadoras franciscanas del siglo XVI en el territorio michoacano. El viaje lo emprendimos desde la ciudad de Zamora, saliendo por la población de Jacona hacia Tangamandapío. El viaje en el transporte colectivo fue interesante pues se distinguieron distintos tipos de pasajeros con rumbo a localidades más allá de nuestro destino.

En la Iglesia de Tarecuato se desarrolla la ofrenda ritual de cada gremio de su oficio como parte de la festividad

Al llegar a Tarecuato nos agrupamos, visitamos las cercanías de la Iglesia y era posible distinguir una serie de actividades de organización de lo que sería el núcleo territorial de la fiesta. Se notaban distintos hombres movilizando y cargando cartones de cervezas y cajas de refrescos, además de que podía observarse lonas y toldos instalados en una disposición particular.  Fuimos a la casa de la famlia de Lupita donde nos recibieron muy amable y atentamente. Nos invitaron un almuerzo consistente en un atole hecho con pulque y unas gordas de trigo, pan también hecho con pulque y harina de trigo. Nos relajamos un poco del viaje, nos presentamos con la famlia de Lupita y tomamos nuestro refrigerio. Fue muy cálida la recepción en la casa de la familia de nuestra compañera, llena de una especial atención, de un interes particular y de una emoción propia de una visita distinguida. Al terminar nuestros alimentos nos preparamos para encaminarnos a la plaza central, donde la fiesta ya se desarrollaba. Desde donde estábamos se podía distinguir los coetones y la música de banda, lo que indicaba, aunque no lo supíeramos, que la fiesta había comenzado.

La fiesta tiene un motivo y eje estructural importante en el recinto religioso, la Iglesia principal, donde se realizan las ceremonias rituales de los distintos gremios que conforman las activiadades productivas de la población. Cada gremio se aproxima a la Iglesia, en procesión, acompañado por una banda de música que entona la tonada particular del día de Corpus. La música se acompaña por cierto tipo de baile o ademán corporal de los participantes. A la par se arrojan cuetes al cielo. Las procesiones representan los distintos oficios de la población: albañiles, comerciantes, cazadores,

Los santos segmentan los distintos barrios de la localidad, lo cual también indica la distinción de oficios y labores de cada uno de estas divisiones territoriales.

aguamieleros, entre otros. La procesión ingresa a la Iglesia y los músicos permanencen afuera entonando la tonada respectiva. Dentro de la Iglesia se encuentran los santos y las vírgenes protectoras de los barrios de Tarecuato.

Así, la celebración del día de Corpus está marcada por una ritualidad donde los oficios, actividades productivas que segmentan a la sociedad tarecuatense, son ofrendados. Las procesiones tienen cada una su banda, su cohetero, su gritador, los cargadores de la urna del santo y un grupo nutrido de agremiados.

Una vez que cada gremio ha ofrendado su oficio en la Iglesia, continua su camino, sale del recinto religioso y se encamina a alguna de las lonas o toldos donde se ubica para mantener su actividad musical y proseguir con su baile.

Una vez que la procesión ha salido de la iglesia continua, al disponerse en alguno de los toldos, se inicia toda una actividad ritual en otro sentido: el baile de parejas se convierte en el principal motor de la actividad, se ofrecen bebidas (cervezas y refrescos), además de que en los toldos hay dispuestas sillas para damas y caballeros donde se pueden hacer peticiones de baile. La música nunca cesa, variando de melodía y de canción según sea el caso. Cada gremio trae consigo su banda de música de metales. Así, gradualmente cada procesión de cada gremio ocupa un lugar en la plaza central frente a la Iglesia.

Llegada del gremio de los jinetes. Del lado derecho están los caballos y del izquierdo la procesión, atrás, vestidos de amarillo, se encuentran los músicos de la banda.

Cuando los gremios suscesivamente se van acomodando el baile predomina. Muchos hombres beben, otros bailan con las mujeres. El gremio de los cazadores de venado traen consigo mosquetes y truenan balas al aire. Los comerciantes traen pequeños objetos que simbolizan sus mercancías. Los agricultores traen espigas de trigo. Las bandas no dejan de tocar y se crea un ambiente festivo muy sólido e imponente. Estuvimos por varias horas en distintas carpas de gremios, bailando, escuchando la música, tomando refresco

Distintas bandas de músicos se mantienen ejecutando canciones a lo largo del festejo

y otros cerveza, conociendo la profunidad de la fiesta. En algunos gremios nos invitaron a bailar y nos dieron de tomar, en otros solo bailamos sin intercambiar muchos detalles. La fiesta se va tornando cada vez más social, más amplia, más nutrida. Hasta las 3:30 pm que estuvimos no hubo comida, pero Lupita nos contó que llega un punto en el que se ofrecen alimentos a los concurrentes. Todo es una verbena popular de magnitudes comunitarias ampliadas.

Después volvimos nuestros pasos a la casa de Lupita, donde nos aguardaban con una comida propia de la fiesta: churipo, que es un caldo de res con verduras y un poco de chile, tortillas de maíz hechas a mano, corundas (pequeño tipo de tamal regional), agua de chía y limón y la cálidez de los anfitriones. Nos dispusimos a comer, conversando de temas distintos. La comida nos repuso, nos permitió compaginar diálogos y descansar del trajín de andar en la plaza central. La comida que nos compartieron fue sumamente especial, claramente hecha para nosotros, los visitantes, como una forma de reconocernos como aliados y amigos, como compañeros, de Lupita, jóven purépecha que estudia en el Colegio de Michoacán. Al finalizar los alimentos gradualmente nos fuimos despidiendo de la familia anfitriona. Nos agredecieron mucho que hubieramos ido y que fuéramos amigos y compañeros de Lupita. En un tono de gratitud total y recíproca, nos sentimos honrados de ser recibidos y prometimos volver en otra ocasión, quizá para la fiesta de octubre, la principal del pueblo.

De esa forma nuestra expedición a Tarécuato nos permitió conocer una festividad y

Procesión en camino, andando rumbo a la Iglesia

estrechar lazos con una familia purépecha que, cálida y hospitalaria, nos ofreció lo mejor de sí misma y nos hizo sentir tan bienvenidos que nos emocionó y conmovió. Volvimos al centro del pueblo a tomar nuestro transporte de vuelta a la ciudad de Zamora. En ese punto la plaza estaba a reventar de gente. Ya habían comido y se seguía bebiendo. Había muchas parejas bailando. el gentío parecía resolverse agitadamente en un caos colectivo muy bien organizado.

Al volver reflexioné sobre la condición humana, sobre los excesos de las fiestas, sobre las diferencias entre la sociedad rural e indígena mexicana y la sociedad urbana, reflexioné y pensé sobre ese México profundo de Bonfil Batalla, y ese otro México, españolizado, europeizado, moderno. Pensé también en el alcholismo de la población, en la animalidad que representa ostentar la hombría al ser el que más bebe o el más temerario o el más fuerte. No puede evitar sentir tristeza al ver a un hombre, más o menos de edad, tirado en el suelo de borracho. No puede evitar reafirmar el alcoholismo nacional en México, ese tipo de barbarie histórica que acompaña la poltrona ritual mexicana. Pero pensé en la humanidad de esas fiestas, donde quizá al final siempre haya una tragedia, donde quizá haya también cortejos, donde tal vez se reafirman los vínculos comunitarios, donde no hay tiempo ni esperanza ni futuro porque todo es el despilfarro del momento. Y pensé que no hay civilizaciones o culturas o formas sociales superiorres unas a otras, pensé que en sus propios términos lo que se vive en esa fiesta valida y legitima toda una serie de actividades. Y pensé también que ya no puedo ser antropólogo ni tampoco etnografiar ese tipo de eventos porque cada vez estoy más alejado, por decisión propia, de inmiscuirme en escenarios y ambientes de ese tipo. Y me dí cuenta que mis búsquedas en papeles antiguos, en periódicos y libros viejos, me alejan de la materialidad corpórea presente de pueblos y personas, pero que es mi decisión personal. Pensé también que nunca había estado o no recordaba haber estado en una fiesta de ese tipo y que por una vez en la vida es bueno saber las formas y los modos en los que otros viven la realidad.

Músicos y concurrentes a la fiesta de Corpus en Tarecuato

 

 

 

 

 

 

 

Enlaces de interes:

Tarecuato por Anne Bonnefoy:

http://www.lugaresdemexico.com/tarecuato.html

 

Tarecuato, Michoacán

https://sites.google.com/site/trajetipicodetarecuatomich/

 

Conservación del medio ambiente en Tarecuato por Maricela Amezcua Morales

Propuesta pedagógica (tesina) Universidad Pedagógica Nacional

http://200.23.113.51/pdf/29717.pdf

 

Disputas por el gobierno local en Tarecuato, Michoacán 1942-1999 por María del Carmén Ventura Patiño (libro)

https://books.google.com.mx/books?id=KrUe0OpCzuQC&pg=PA189&lpg=PA189&dq=Los+santos+de+los+barrios+de+tarecuato&source=bl&ots=xY4M0i7RpM&sig=Ze4TGS45dL-tlb7ppoQL8TntNzo&hl=es-419&sa=X&ved=0ahUKEwiGqY3k17XbAhVEMawKHRx5BhcQ6AEIUzAL#v=onepage&q=Los%20santos%20de%20los%20barrios%20de%20tarecuato&f=false

 

Vida nueva para Tarecuato por Carolina Rivera Farfán (libro)

 

https://books.google.com.mx/books?id=NxY8aDWWmLIC&pg=PA80&lpg=PA80&dq=Los+santos+de+los+barrios+de+tarecuato&source=bl&ots=-4ergyh_ix&sig=7y26ZXRP3W2wuYuh3Vtu9387gEM&hl=es-419&sa=X&ved=0ahUKEwiGqY3k17XbAhVEMawKHRx5BhcQ6AEIVjAM#v=onepage&q=Los%20santos%20de%20los%20barrios%20de%20tarecuato&f=false

 

Prepara Tarecuato feria del atole por Redacción del periódico Cambio de Michoacán

http://www.cambiodemichoacan.com.mx/columna-nc39096

 

Las dos sesiones de Flor de Fuego de 2007 para escucharlas en la barra lateral

En el año 2007 después de volver de Sudamérica una mañana me senté al piano e improvisé, entre otras piezas, las que constituyen mi conjunto titulado Flor de Fuego. Ahora las he puesto en la barra lateral para que puedan ser escuchadas. Son piezas largas de catarsis musical.

Espero consigan escucharlas e interesarse por ellas.

Saludos a la audiencia