Buenos pasos, tiempo

A veces recordar

no es revivir

no es creer

no es saber

no es sentir

sino escupir

al universo

la figura cierta

de haber sobrevivido.

No es la tardanza

del recuerdo

o su cercanía

la que conmueve

o cimbra

es su fisonomía

de fantasma y materia

paso de tiempo

lo cierto

que nombra

su presencia.

Escuchar en sueños tu ausencia

Estás aquí,

duda y fragmento,

constelación sierva

en un destino ignoto,

torcedura líquida

al horizonte: ser entonces

plaga de recuerdos

en la cosecha de la vida.

No alcanza el olvido,

el desamor y la tristeza

cuando te busco

en el sueño. No alcanza

el acto cobarde,

ataque y ruina del viento

que conjunto nuestras almas.

Siempre es una palabra oscura

ninguno de nosotros conoce

el fondo de nuestras eternidades…

sospecha, el portón a una tropa

de imágenes, luces las líneas

de ritmos y canciones baladíes.

Aquí están tú y mi madre,

también don Sergio, también

los amigos que se fueron con la vida,

estamos todos envueltos

en la inconsciencia del pasar

y solo, individual, naufrago a la

escritura para decir que no te olvido.

 

Un nosotros identidades

¿Dejamos tendidos sueños
como de siluetas sombras
o abrimos la playa de amores
con el silencio de miradas inciertas?
Trabajamos con signos y signos somos
por las rendijas del arrebolado instante
que rompe surcos en el cielo.
Miramos y nos escondemos.
Toda afrenta de tiniebla
es el torbellino donde habitamos
máscaras de mutismo y respeto.
Porque las lunas mantienen tersa
la esfera de bocas enamoradas
y también el sol columpia
instantes que observan nuestra soberbia.
Nacemos como agujas para morir
como troncos talados con cien años
de antigüedad, y sentimos así y asa
contra el espejismo torpe de la experiencia.
Caminamos entre fulminantes girasoles
plantamos sueños y alegrías
pero olvidamos el romance que
la soledad tiene con nosotros
todo el tiempo
y caemos al precipicio del ruido
como figuras de porcelana del
Antiguo Régimen el día de la revolución.
Nuestra alma es un cuerpo sin forma
mitad sereno mitad resolana
y cambiamos las manecillas
del reloj de nuestras vidas
por las agujas finas de nuestro
primer minuto respiratorio.
Confabulamos cuando incipientes
nos volcamos al tropel de imágenes
que nos hacen turbias enciclopedias
de otros nombres y otras miradas.
Saltamos a la penumbra del día
invernal y con un sorbo de sentido
significamos una teatralidad sonora
la que rifa nuestro gemido de placer
en el circo del origen ridículo.

Los corazones

Eran los corazones
trampas y las trampas
andamios y erguían edificaciones
grises, de torpeza inmensa
como basureros rotundos
de la existencia opaca.
Eran proletarios los corazones
porque eran explotados
y se organizaban para la lucha.
En ocasiones eran torpedos
los corazones y esparcían semillas
de bocas y suelos y domingos de amargura.
Eran también museos del desconsuelo y zoológicos de la barbarie
los corazones
cuando al unísono gemían
por azarosas hazañas de equipos atléticos.
Eran toda la dicha y el horizonte
puro de la historia
los corazones que se rompían
como gotas de papel
que se humedecían por lágrimas secas.
Eran abismos de tiento y falanges del dolor los corazones
que suponían azules las nubes
y blancas las estrellas
porque sentían el agobio de sus apodos deformados.
También eran arcos los corazones en dos sentidos: soportes y armas
instrumentos de la bóveda de la intranquilidad
y utensilios para cazar desfalcos de rabia y sin sentido,
raramente alegría y sorpresa.
Todos ellos surcaban una atmósfera serena y apacible
donde olvidaban su destino
entregados al festín de lo cotidiano.

Doble exposición presentista

behindsidegirlSí, una vez leí a Habermas y también a Lyotard. Una vez intenté adentrarme en la discusión entre la modernidad como proyecto incompleto y la posmodernidad como alternativa interpretativa. No soy filósofo ni lo seré. Es quizá mi lectura mutilada de Leví-Strauss, desde la trinchera ahora olvidada del Nuevo festín de Esopo de Octavio Paz, la que me indujo a personificarme como un objeto creativo, como un soliloquio que deambula entre disciplinas humanísticas. No es tampoco mi raquítica experiencia antropológica ni mi condición carente de cientificidad social la culpable de los atisbos intelectualistas de los que soy parte. Mi complejo estriba en el trauma de la modernidad, en la vivencia de no saberme ni moderno ni posmoderno, ni del siglo XX ni del siglo XXI, ni presente ni pasado ni futuro. La ansiedad por tener una definición personal, es además una ruptura psíquica de mi personalidad: desde el psicoanálisis introyectado (el de Fromm, el de Freud y el de Jung) constato mi desintegración individual, pero también noto cómo los estadios mentales del pasado inmediato, las ideas, las pulsiones tétricas de una necrofilia materna (con mi madre muerta y yo sin resignificar su ausencia), constituyen elementos torpes de mis adentros. fondo1.1.2.3 Mucho más que este recuento, quizá la experiencia útil de encontrarme aquí, recordando, contra el espejo de lo no dicho, de lo no inferido, contra la paradoja del ego que se expone pero que desea privatizarse, ser privado. No es mucha la imaginación que me queda, no es tampoco tanto el instinto creativo con el que cuento. No es eso, es quizá la prefiguración delicada de una distorsión digital, de una especie de cuantiosa dilapidación verbal. Es también la imposibilidad de pensar en términos claros, llanos, simples. No por nada la fútil instancia de un collage recién hecho. Aparecer en el ambiente es también una forma de quedar vacío, inerme, frágil. Años que no voy al mar, años sin vacaciones, años aquí, despilfarrándome en la red, virtualizando mi identidad, maquinando textos, ideando creaciones. Años transitando por etapas creativas, por proyectos, por intenciones e ideas: una novela terminada, recopilaciones de ensayos históricos, escritos, imágenes, vídeos, canciones. Todo es una conspiración mía porque vivo la escisión de la academia, la vida profesional, oficial, seria, de la vida creativa, informal, libre, espontánea. Y mostrar los rincones por los que expreso esta inconformidad, es ya un deseo y una necesidad que trasciende mi yo, que rompe mi tacto personal porque me hace cabalgar por un extravío autónomo: me arroba a un mundo de posibilidades infinitas que descubro y navego finitamente. peoplegrisDrogas, pornografía y esquizofrenia son para mi heridas de mi juventud, yunque donde se fraguaron mis demonios existenciales. Pero es mucho más que la improductiva lectura de Sloterdijk o quizá mi falta de patriotismo cuando no conozco ni la literatura nacional mexicana (quizá por ahí un libro de José Emilio Pacheco o Sergio Pitol o Alberto Ruy Sánchez o José Vasconcelos o Luis Mario Schneider); es quizá mi fracaso recopilatorio del siglo XVIII en su vastedad y complejidad, una esencia igualmente traumática, proclive a la evasión, al autosabotaje. Es también la falacia de un instinto de supervivencia torpe, distorsionado como dije, el que convoca a los remilgos predictivos de mi tragedia existencial: creer que pienso y que mis pensamientos son útiles y que puedo ver el mundo a través de palabras y que construyo una cosmogonía cultural propia. Soy una falsificación en el sentido de que no acato lineamientos establecidos, pero tampoco sigo la sintonía personal, auténtica, de algún trayecto saludable. Si la querella es contra el mundo, contra mí mismo, es también una querella por senderos y actos rutinarios, por atmósferas conocidas, cansinas por recorridas. No es el reconocimiento personal ni la autoexploración lo que satisface el mecánico impulso escritural. Es quizá, de vuelta al trauma de la modernidad, la vigencia del vacío, de ese vacío que es transparente en el mal, de ese vacío que está componiendo el presente, el presentismo, que es una fábula especular, que es una imaginación caduca, que es todas las imágenes activas en el ahora, ya inabarcable e inexistente. Y cuando algo romulaizeregoabril2015parece ser aprehensible, el vapor digital, la luz, los efectos del olvido y de las modas, actúan como aspirinas para la dolorida jaqueca del historial web, de ser un alguien en un paraje de la digitlidad. Contra este influjo, soy distorsión y vivo distorsionado porque no soy lo que escribo de mi ni tampoco lo que he leído ni tampoco lo que creo. Porque no soy un algo estático, inmutable. Caigo en el esencialismo y pierdo la partida, todas las veces. Y olvido la lógica paradójica de Lao Tse, olvido el Tao Te King, olvido el I Ching, olvido el dualismo del Ying-Yang, olvido la condición movible, dinámica, que estriba no sólo en el hacer sino en la no acción, olvido que no puedo definirme desde adentro con impulsos como este, un tanto disforme y angustioso. En ese tránsito, llamado prófugo de la constitución personal, en ese ir y venir del olvido a la memoria y de la memoria a la instantánea figuración de la otredad, en ese intervalo donde la música no suena, donde los libros están arrumbados, donde no hay conexión con el mundo, con la realidad, con eso externo, es donde la posibilidad del absurdo, ese absurdo del Mito de Sísifo de Camus, se convierte en la proliferación maligna, trunca, soporífera, del torrente mental, de la ecografía interior, del alma que inspira fragmentos, trozos. Por eso la vuelta al trauma, de la modernidad, de la recopilación del siglo XVIII, de la escisión entre vida académica y vida creativa. Por eso la esquizofrenia en sintonía con la debilidad psíquica, en sintonía con la versatilidad frustrada de trascender los límites personales, los lindes propios de lo ya vivido, ya recorrido, de lo conocido. Por eso este collage, esta prosa tibia, referenciada, fugaz. arquetipo urbanistico collage

Dementis lux factum

Así, con la cortina de un idioma muerto

los puertos y mis ancestrales torturas

como la gaviota en la playa

cayendo. Así, muerto, como al latín

vivo contra los trozos frugales

olvido toda inspección interna

laguna de tedio, remilgo, azufrada imagen

de un jabón contra la sarna: memoria.

Así, ya sin uso ni existente, las pausas

suspenso corporal

los alientos compartidos

así igual

el rancio fluir de la sangre

la tuerca mental corroída

por los ácidos estomacales de la historia.

Narración al asecho, porción imaginativa

así como un texto del siglo XIII en el este europeo,

como una cita de Horacio o San Agustín,

perdón, no sé cómo explicar el vacío de mis tendones.

Contrabajo la marea cristal descrita

las conexiones neuronales

también así como la frase en latín

oscura y mal interpretada

mal traducida

mal compuesta

mala sintaxis del corazón avejentado

mala sintaxis de los labios y su sudor

mala sintaxis también del gañan del club

mala sintaxis y esas canciones cursis de un amanecer

amanecer de borrachera y borrachera infinita

la torpeza del ser existencia pluricelular.

Así, en el olvido, como un arancel universitario

el espectro radiante

apoltronado de los cansados trabajos de Hércules

o la fibra óptica que desemboca en tu ojos

mis ojos

nuestros ojos

unos ojos

los suyos

lejanos

¿abiertos?

cerrados

fátigosamente

escritura la piel que nos camina.

Olvidar

tremebunda fragancia

eso imposible

olvido

lo que deja proyectada

la sombra de los soles externos al presente.

Falta de lógica este latinismo estéril

optometría de un ethos baladí y el pathos esplendoroso.

Costra en la costa del costado

anima animae animis animíco

antiestamínico

ribonucléico

cromosomática expectadora de la genealogía enfurecida.

Ancestral martillo

Thor

los planetas y los años

la época esta de luz -lux-

de demencia -dementis-

hecha hecho hechura -factum-

falta de tacto nauseabundo.

Totalidad increpadora como los burdeles para las mujeres castas,

como los orfanatos para los niños de familia

como Dios para los ateos

como un ostión ahumado salido de la lata

para la tertulia nocturna acompañada con vino.

Elixir de nombrar lo que ya no es nombre

lo que no puede nombrarse más

eso que la eternidad extingue

las fuerzas motoras de la Esfinge

Heródoto contra Euclides y Esquilo.

Años

turbia marea

estropeada la silueta interior

la ruta

los atardeceres

la camara

el pixel averiado por la distancia de la lujuría sombría.

Este museo

falto de testigos

es un testimonio

de la oscuridad prófuga.

Dementis

demente

demencial

el palpar los sonidos la cortina de humo

lux

luz

luzciernágas primaveralas

factum

hecho

posterior a los acontecimientos.

Micro pocilga

Aquí en este rincón de cabeza hueca habita un caracol oxidado de recuerdos, habita lenta una tortuga de ruido y un huracán de ácido nitrogenoso que merodea por las rendijas de sueños irrebatibles. Los conciertos de la orquesta de chicarras en el torrente fangoso de ideas anquilosadas es un chirrido acuoso y gris que espasma las ojeras de los camarones que traen pesadillas en sus colas. Hasta que es de día nuevamente las caprichosas siluetas de los anteriores bichos que iracundos carcomen el asiento de una ideología cansina son el proscenio del espectacular abismo que sonámbulo invoca aves de rapiña. El zopilote de frases torcidas engulle un cadáver de memoria, el del primer amor que fue lindo pero que hoy es carroña fácil para los instantes amarillentos del olvido. Cantan las torpezas de los arrecifes de corales negros, renegridos por la ausencia de cariño y el triste final de todos los astros internos es el desaliento de unos shakras desalineados que no tienen compostura. Hasta el silbido del renacuajo que vomita frases pesimistas es una contingencia de la mentalidad rota y quebradiza en este intenso festín de podredumbre y añeja rabia. Rencorosos los azules cangrejos del hastío están distribuyendo la propaganda que deriva en un intento de suicidio pero no es la vida lo que se pierde sino la fantasía y la imaginación que habitaron el recinto y ahora son esta cabeza hueca. Lacerante es el nido de fósiles que son palabras lindas de otros años, de otras vidas, de otros tiempos, pero no esto que se levanta desde el día de la pesadilla hasta hoy que es el momento de amasar un hábito ígneo que no pueda detenerse.
Todo es la oscuridad que se alimenta de las fosas de recuerdos que se han vuelto un torrente negro como el petróleo.

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Dicotómica

Lo que pasa es que no existe el olvido. Ni mi memoria es lo suficientemente fuerte ni prolongada ni tampoco es posible mantener el acto evasivo de la realidad. Si la función de la escritura es la memoria, su virtualidad es una configuración para iniciados. ¿En qué pensaban los griegos cuando hablaban de gramática? ¿En qué los latinos cuando hablaban de literatura? ¿En qué es posible descifrar los garabatos de un acertijo alfabético que no rompe el surco semántico de la inmediatez? La memoria tampoco existe, ni la pertinencia dicotómica entre la omisión y el recuerdo. Por eso se trata de rituales cuando se trata de repeticiones. Por eso las normas y los reglamentos de la organización colectiva. Contra los vientos novedosos la cima de las auroras históricas y las eras desprestigiadas de la humanidad.no es tan simple imaginar el muro de los lamentos sincrónicos

¿Falacia? ¿Constricción? Perpetración atómica entreverada: símbolos colapsados y el ojo vidriado por una lágrima. Rotundo fracaso, memoria-olvido. La historicidad es proclive a los años luz de distancia que oscilan entre las galaxias próximas a los desencuentros extrasensoriales. ¿Extrasensorial? La vainilla natural, el cultivo de tabaco, plantaciones de caucho, no sé, invento cada vez un escrúpulo sociológico interrumpido. Desistir de las canciones y los amigos, abrir una trayectoria entrecortada a la repisa de los años. Esquemática torre de libros viejos, esquemática de una heredada estructuralidad falaz, estructuralismo francés, colonialismo intelectual, academicismo de principios del siglo XXI, demasiada ciencia ficción rusa, escasez de un proyecto desobjetivador del materialismo histórico: antagonismos generacionales. Cimarronaje ideológico, astucia de maquinista del trenes del siglo XIX, galope de indio sioux con rifle al costado, imaginario de Lewis Henry Morgan y el evolucionismo de Herbert Spencer. Platos sucios en el fregadero. Escribir, mucho más que un impulso por enaltecer un efigie del tiempo. Redactar, colapso de terquedad hostil. Fatalidad sincrónica de la diacronía universal. Univesalismo y tendenciosa fenomenología del acento castellano. Longitudes recorridas entre los signos arbitrarios del otro vuelto ninguno, diosas prehelénicas sucuben a lo presente y el cuerpo de Adonis es una escultura falsa de David. No es para menos, siempre que se olvidan los autores y las corrientes. Está demás mencionar a la quebrada línea de escuelas faltas de sentido: Fernández Retamar lo había impugnado en los setentas pero mucho más allá de la grandeza poética del genio uruguayo, mucho más allá de la prosa gentil de London o de las pesquisas durkheimnianas sobre la religión, mucho más allá del atisbo longitudinal del presente colgado al retrete de fin de siglo, hay una especie de aroma que se impregna en todos los días que es siempre desigual pero no confunde el atardecer con el oscuro pasaje de Avellaneda en Buenos Aires.

lugar común del intelectual del siglo XXOlvido-memoria distancia dicotómica. Pocilga tenue el ocaso cansino de autores que se vuelven canon. Eso es. Y pensar que a la distancia todo es siempre la misma reproducción social de la que imaginé hablaba Lévi-Strauss aunque no pudiera afirmar nada menos que el testimonial progreso de la decadencia. Arbitrariedad: diremos que no escribimos en ninguna parte y que no publicamos en ningún lado, es más, no nos diremos escritores. Porque ¿a caso el hecho de encontrar la ruta de investigación de tres siglos de crítica e historia literarias son avales de un pensamiento congruente con el presente? Entonces, a la intemperie de lo institucional, el naufragio no es tan grave.