Porciones

Importa de los años

el saltar las épocas.

No es dura la dicha

es duro nombrar

atisbos de porvenir.

Importa de la vida

la siembra y la cosecha.

Importante insignificar

en otros todo el tiempo

lo mismo que en nosotros

lo contrario: contrariedad

importar saber gozar

el instante fino, finito

grano de amistad sonrisa.

Solturas inmediatas

circulo floral

 

¿Recordar saltos

al terreno del nombre,

que de figura tiene

siluetas y cenizas, es

colgarse el amuleto del sueño?

Nacimos un día cualquiera

con la cara prófuga del pasado

y la lengua esmaltada de gritos.

Pero sentimos el paso del instante

que devana nuestra alma y soltamos

el ancla del desconsuelo volátil:

eso que son los corazones rotos

y el aliento canoso de cigarrillos,

contra el tonelaje del silencio.

Arrullamos perpetuos el devenir

con nuestras acciones, mas

un eco nos guía al destino

—construcción esférica—

que irrumpe en nuestra morada:

cuerpo que es nuestro vehículo

la palabra inserta en la otredad.

circulo floral

Saturación de palabras

Enquistados trozos del diccionario

me hablan, dictan una ignorancia.

Sopesar por doquier

—calle, callejón y rima—

lo imposible de un álgebra del desquite,

porque si enquista la vida un alguien

en nosotros, nosotros somos enlatados

para el refrigerio amoroso —y la otredad

famélica nos escupe las pistas de nuestra investigación—.

Perdemos comúnmente el sentido

¿por qué cariño, piensa el vagabundo

si su indigencia es tibieza —oh ruda proclama urbana—

que desenvuelve el antídoto del éxito?

Rudeza innecesaria, digo cuando evoco

el chicle de mi primer amor —la madre partida—

y entonces gimo con los dedos —aquí

donde parece una máquina que me conoce todo

menos el corazón— arrastrando conmigo una lata

de ostiones ahumados —tan deliciosos como siempre—.

Acallo encima de mis concepciones la égida misma

del tronido instantáneo que es mi boca, mi dedo

—mi pensamiento que mustio rumia una frase no hecha—

porque esto no es poesía ni poema ni literatura ni estilo:

es una maquinaria, un laborismo verbal, un obraje

reclusión en el lenguaje, tropelía y axioma falso, inservible,

rata metafísica en la alcantarilla del ser —concretamente

evado los nombres de estrellas de los años cuarenta

porque creí que la farándula era la naturaleza propia del dolor—.

colorfullturn

Lazos

Ahí donde escondemos

el trino infantil, donde

nuestras cobijas zurcen

laminas emotivas, ahí

parecemos payasos dominicales

contra el espejo turbio

de la otredad, y caemos siempre

en un abismo de ideas y frases

ininteligibles. Somos residuos

en otros todo el tiempo, como golondrinas

con el nido destruido, migramos

a la lentitud del saludo y esparcimos

recuerdos a la faz del vínculo.

Reseña histórica de la ningunidad

Primera dimensión: el ningunismo, la optatividad identitaria de lo ninguno de lo no existente, deambula como un tejido plasmado en el ejercicio consciente de las volatilidades sublimadas de la sociedad. Un ser ninguno, un ser nadie y nada, es una composición fraguada en las conquistas de una otredad que somete y sobaja al objeto de la ningunidad. Lo ninguno se sopesa siempre, se compara, de ahí su esencia, su ser DON NADIE, su espectral silueta de, hagas lo que hagas, ERES NADIE. El atisbo general de la nigunidad es mucho más que un perfil idóneo o salubre del ethos ideológicamente pragmático, es decir, de ese elemento de exclusión social del otro, del ninguno o ninguna. No es sólo su denigración genérica, sino su anulación, su nulidad como existencia y presente. Ningunidades abismales nos llenan todo el tiempo y acaso nos detenemos a preguntarnos si somos ninguno o ninguna para otros ¿para quiénes?

Segunda dimensión: la ductibilidad del ninguneo es una condición ontológica compleja, que traspasa los ámbitos institucionales para convertirse en una lógica inherente al capitalismo occidental. Si el modelo del pequeño burgués, quien obtiene las ganancias, recrudece la brecha entre los distintos individuos que componen el tejido social, el ninguno es una réplica de la constancia anulatoria del otro. Históricamente este desenvolvimiento se ha traducido, en la tradición occidental, en la centralidad ciertos sujetos sociales —o individuales— y en la anulación de diversas otredades —colectivas o individuales—. De ello se desprende que el filtro primero de la ningunidad es lo social, ejercido como maquinaria de asalta en vías de anular al otro: físicamente, mentalmente, espiritualmente, ideológicamente, económicamente, políticamente, educativamente, culturalmente, etcétera. No hay límites una vez aplicados los criterios de la ningunidad, pues al ser objeto del ninguneo, el ninguno se convierte en una pieza a la cual se adjudica un valor, negativo pero a la vez neutro, para que sus actos, sus palabras, sus relaciones, sus actividades, sus identidades, carezcan de valor según los consensos normativos. Entonces, la performatividad de los ninguneadores se transmuta en una conducta socialmente aceptada, discriminatoria, difamadora, que trascoloca al otro, a un lugar y sitio de ausencia, especialmente de significado.

Tercera dimensión: no es posible abarcar los mecanismos de la experiencia humana en donde la ningunidad se expresa porque abarcan todos los ámbitos de la vida humana. En el caso animal la experiencia puede traducirse en el abandono o sacrificio del individuo débil o anciano, pero en el caso humano la construcción de círculos sociales establece los criterios para ser un ninguno dentro de ciertos sectores. En ocasiones las ofrendase —colectivas e individuales— que son catalogadas de ningunistas pueden encontrar otros rangos de acción, de identidad y participación igualitaria o de mayor reconocimiento en ámbitos y esferas sociales que no estén contaminadas por la actividad de la red ninguneadora. Al final de cuentas es posible asumir, en esta concepción de las relaciones sociales y humanas, que lo ninguno se establece como parámetro de conquista y sometimiento del otro, el cual puede asumir o no su condición, pero sin lugar a dudas una vez puesto en el sitio de la ningunidad, el sujeto comprende, cabalmente, que algo de él es juzgado y sentenciado de forma negativa.

Exploración

Exploración de miradas

de márgenes ambiguos,

exploración de silencios,

quiebre de soledad y vacío.

Como otredad descubierta

exploración y amalgama

de vistas, corazonada,

flechazo al corazón radiante.

Lazos

Lazo de caídas
la vida
laza los años.
Hilo torrente
lazo de cristales
líquido tiempo
lazaremos los riscos
de la juventud. Artefacto
golpeado presente
lanzaría las esquirlas
infantiles del sol.
Augurio de canciones
lazo de generaciones
marea incesante y gremial.
Ancestral limosna
lazo de colecciones
de armas soledades
atmósferas de lazos de memoria
alquitrán de sueños
como pelicanos en caída
al mar. Lazos de océanos
y volcanes de ka geografía interior
lazando los arrecifes de la imaginación.
Torpedo de amor y lazo de roturas
aroma de polvo y luz y ceniza.
Lazo de fuego que la vida ensancha
o las corrientes del futuro
de los espectros del yo resguardo.
Lazo de aire y lodazal de recuerdos
anteriores al cúmulo de días.
Lazo de los atardeceres
con los abiertos caminos del ser.

A una chica dolida en primavera

Si la primavera trae consigo

la desgracia desértica del desamor

y tus ojos sucumben a la lluvia del llanto

no esperes que el otoño cobije tu nostalgia.

Los años y las tempestades forjan una malla

de recuerdos y colapsos nerviosos,

como los deseos de ser besado, como desear estrechar

la mano tibia de un acompañante.

Si la primavera no trae consigo flores y esperanzas

sino el rugido torrente de la desilusión

aguarda que la luna llena escriba los tendones del olvido.

¿Es mucha la impaciencia del árbol y la vegetación

cuando florecen? Es mucho el desatino de no ser amada.

Mucho también el raquítico desprecio que parece eternidad.

Una noche o un día o una tarde o una mañana son espacios

todos donde el prado del destino moviliza

los actos ínfimos del azar: una tarde quizá un Cupido lea

tu soledad soleada y desemboque en tu playa, de tristeza

y desamparo emotivo, llamada mirada taciturna

y aparezca

un alguien amor,

un algo amoroso,

un por qué y un para qué contar ansiosa los segundos,

un viajero de ti, de tus rincones y tus secretos.

Si la primavera trae consigo alfileres de melancolía

y el dolor de una ausencia revuelca tus ideas

no esperes que la brisa del mar o la luz de las estrellas

atestigüen a tu favor cuando desees volver la página

del libro que eres, si eres una tragedia innecesaria.

Si la primavera llega, recuerda, que los cerezos

y las flores esculpen delicadeza

pero que la savia de tus sentimientos

no depende de un otro,

de otredad ninguna,

sino que está fluyendo

sin fin

sin tope

aunque duela esa ternura que se fue.

Recuerda que el atardecer

conmueve porque se marcha desgarrado

el sol hacia el aposento lunar.

 

La no cabida

Caber, pertenecer, ser parte. Es natural del proceso de identidad la constitución de grupos sociales con afinidades selectivas. En los fundamentos sociales, la familia y otro tipo de instituciones son los primeros vínculos del individuo con el entorno de la otredad, múltiple y diversa. El proceso de individuación es dualista: interior y exterior. Es preciso para cada persona construir un mundo colectivity 1.2PZ345emotivo, simbólico, informativo, personal, pero también vincularse, anudarse y relacionarse con el mundo exterior. El descubrimiento de las capacidades sociales, es una condición sine qua non para el sano desenvolvimiento humano. La inserción social implica el conocimiento de normas, convenciones, patrones de conducta, sistemas simbólicos y mecanismos coercitivos que moldean el comportamiento. Caber en un universo social, grupal, inmiscuirse en la colectividad, es un principio de salud en el comportamiento. No hacerlo es un síntoma de una tendencia posiblemente patológica. Sin el otro, por quien conocemos nuestro nombre y sabemos de nosotros, no estamos en condiciones de explorarnos y de conocernos. No es el mito del individuo del liberalismo capitalista, ese del sueño americano, el que se monta encima de un egoísmo contundentemente consumista, sino el mito del individuo global, postliberalcapitalista. Las posibilidades de vinculación social, especialmente las comunitarias, incluyen intercambios recíprocos, actividades mutualistas, unidad en fines y medios para alcanzar metas comunes. De ahí que la anulación social del individuo, de sus preferencias y de sus sistemas emocionales y simbólicos, sea un mecanismo de abducción a corrientes aglomeradoras que supeditan la acción personal a un conjunto de prácticas enajenantes. El fanatismo en sus diversas modalidades, deportivo, religioso, político, estético, etcétera, es uno de los mecanismos de nulidad social, de anulación individual. El no caber en el mundo, el no pertenecer a algo, el carecer de elementos para construir y desarrollar una identidad, bajo un modelo dialéctico entre la tradición y la modernidad inherente a toda actividad humana, remite a estados de conciencia faltos de integridad, de sabiduría y de conciencia. La anulación del otro, como objeto y fin de un proceso enajenante y enajenador, es una meta cultural de nuestros tiempos.

fanatic moveLas formas en las que se expresa la anulación del sujeto, individuo o persona, dentro del colectivo, pueden enmarcarse en posturas tales como la patología social o las conductas antisociales y/criminales; el deseo del grupo, micro o macro estructurado, de eliminar las pulsiones individuales, por ejemplo el caso del complot contra el genio por parte de los otros pertenecientes al gremio; el impulso constituido de fuerzas supra individuales, con fines que son ajenos a los beneficios mediatos e inmediatos de los miembros, como el caso de los fanatismos; la implementación de modos de conducta ambiguos y ambivalentes por las instancias que regulan la sociedad; o en el mejor de los casos las dificultades del individuo por trascender su ego y romper con los cercos que le impone avizorarse en el otro. Si el reflejo, desde el mito de Narciso, es un elemento constructivo, en el caso antiguo por mortal y cuestionable, en el moderno como instancia comunicativa, reflejar-se es pertecener-se, ser parte. Un tú es un yo y un yo es un tú. Lo colectivo moviliza los terrenos de las voluntades en unión. El recrudecimiento de los mecanismos y procesos de anulación del individuo y sus grupos, es un claro síntoma de la descomposición del tejido social en tres direcciones: la falta de inventiva moral, mental y comunicativa en el desdoblamiento del ego y sus potencialidades, más que en el desdoblamiento egoísta y sus deficiencias; el abigarrado y excesivo, además de creciente, universo de los estímulos culturales, tecnológicos y entretenedores que implican una saturación determinista, reduccionista y simplificadora de la experiencia humana, como procedimientos de aplanamiento ideológico, emocional y conductual; la reiterada presencia de disputas y antagonismos históricos heredados que implican un resurgimiento total de creencias, valores, conductas, premisas, lógicas y actos vinculados a problemáticas insolubles que remiten a una ceguera tanto de las cúpulas, llámese institucionales, políticas o empresariales, como de la población, llámese ciudadanos, pueblos o colectivos.

La no cabida, la no pertenencia, el presente como un exilio del ser, más que una enfermedad es un síntoma de nuestros tiempos.

Technocracy man

Desde la alopecia emocional e intelectual

muralidad1.2.3No es sólo un problema de definiciones, no es ni siquiera la inquieta y versátil lubricidad del logos occidental. No es una interpretación esquemática del simbolismo histórico ni la prófuga instancia de una mitología cultural. Es mucho más que un re-nombrar lo re-aparecido, mucho más que distinguir el cauteloso afán tecnocrático en sus conservadurismos. No es simplemente el fracaso de las alternativas (sociales, culturales, políticas, económicas) ni los rincones en los que se fraguan los instantes proyectados del sometimiento. No es si quiera la proliferación masiva de las huellas humanas ni tampoco la dimensión catalizadora de la saturación global. No es ningún juicio a priorístico ni tampoco una deducción derivada de la observación empírica. No es si quiera el intento, trunco y mutilado, de una ingeniería social que pudiera erguirse como solvente de la podredumbre del tejido social. Es, también, mucho más que un lenguaje entorpecido por los garigoleos retóricos o las reinvenciones epistemológicas. Parece como diría Baudrillard que ya todo ha pasado y en ese juzgar desde el paso dado, la forma esquiva es una vorágine de pensamientos truncos. Pero no hay esperanzas más que las colectivas, no hay, por si fuera poco, una dirección salvaguarda de los vestigios de la humanidad: no hablemos de la privatización del agua o los recursos naturales, no mencionemos a la infancia como sujeto histórico de la esclavitud contemporánea (esclavitud mediática, laboral, sexual, icónica, lúdica), no consideremos tampoco los regímenes depredadores del entorno (humano, natural, psicosocial) ni nos restrinjamos a la escueta valoración de las élites gubernamentales globales (que resguardan proyectos dualistas por su condición de beneficio y daño). Es más, ni siquiera creamos que nosotros, este demos global, pueda figurar en los terrenos fértiles de la propaganda aceptada. Es muralidad1.1.2como la metáfora que usó Marx sobre las abejas y el trabajo, pero ahora, ya con las versiones neomalthusianas (que deben existir pero que desconozco): la naturaleza convertida en un ente distorsionado por la enajenación histórica humana no responde más a conductas y patrones verificables fuera de su contenido necropático. Necropatía o sea una emoción de la muerte, un sentir lo moribundo, lo que se apaga, contra un ethos vital, un actuar siguiendo las normas de lo vivo. Por ello, mucho más tétrico aún, el resurgir religioso, el fanatismo exacerbado, lo que Fromm llamará el miedo a la libertad, a pensar por uno mismo, a ser uno mismo, a vivirse y asumirse uno mismo, es el simple acto evasivo que no parece estar presente. Evasión constante (narcótica, televisiva, deportiva, artística), ejercicio procastinador derivado como facto improductivo: el hecho de lo pasado remueve la conciencia de que ya no hay nada adelante y por lo tanto el presente es una eternidad vacua en la que no hay más que interacciones (para algunos, hallazgos de una otredad inmensa y saturada, la otredad global). No sin desprender el exiguo remanente de este discurso, proclamador de la esterilidad como totalidad circunfleja del ahora, la teatralidad esférica de un otro desconocido, no ya desde la jerarquización civilizatoria frente al salvajismo, es una artilugio mental que construye una despilfarradora fotografía del abismado terreno del no sé quiénes son los demás, del egopatismo egopático de la egopatía: el sentir el yo en sus dimensiones expandidas, la experimentación sesgada de un infinito mar de significados revueltos en el camino de la identidad constructiva, de la personalidad ampliada, del ego como núcleo semántico, bajo disfraz o no, que recoge, igualmente de forma renovada, la clásica versión oficialista de los elegidos y el resto del mundo. Finalmente, el hecho es marcado por la voz presente de los sin historia y por la hegemonía, totalizante, de los grandes nombres. Si los grandes proyectos concluyeron, diría yo sólo en apariencia, no concluyó la nómina de los grandes personajes. Todo esto es parte de la digitalización de histórica del cosmos humano, si no estás en internet (sea como sea) no existes.

muralidad1.2.1