Lectura en el ahora: novela naturalista japonesa El Edredón de Tayama Katai

Uno de los dramas más complicados y recurrentes, más rotundos y plenos, es la salida de los individuos de su ceno familiar. Si existe una forma social, sus funcionamientos consistirán, no obstante la legitimidad de la violencia, en la posibilidad de reproducirse, de perpetrarse. Ya en mi adolescencia pensaba en escribir un guión sobre un problema de este tipo, cuando abandonaba la tutela y guía de mi primer gran maestro, el que fuera mi entrenador, tutor e introductor en el karate coreano o Tae Kwon Do. Porque si salir del seno familiar es abrirse a la circunspección de una otredad validada en función de su calidad educativa, de su dúctil y esbelta adecuación, de la inserción constante en el proceso formativo del ser (colectivo e individual), el tema central es el vínculo cierto alumno-maestro. Reproducir costumbres, ideas, formas, saberes, etcétera, más allá de memorizarlos o ejecutarlos sin reparos, es, además, uno de los soportes del actuar colectivo. Por el otro supe mi nombre y es a través del otro que me distingo único y singular. Además de eso, mi obcecada intuición torpe sobre los orientes posibles, que me rondan desde pequeño, que me escriben y me palpan y me agitan, son también otros de los ecos inscritos en la fugacidad de este comentario: el libro de las mutaciones, el arte de la guerra, el tratado de los cinco anillos, el Tao Te King, pero siempre, desde la mutilación propia, desde este desquiciante terreno occidentalizado, mío, inservible, fútil, rancio, ya escueto de tecnofobia y amaneceres en Tokio a las 4:30 am.

Tampoco deberé pensar en las formaciones económicas precapitalistas, de Hobsbawn y Marx, o el modo de producción asiático. No, tampoco es la revolución industrial en Japón o el quiebre de la sociedad tradicional de dinastías que desconozco. Mucho menos se trata del recuerdo del palacio de Hiroshima o de los paseos por Kyoto, 15 años atrás. Es también menos que la consciencia de los estilos literarios decimonónicos y su difusión por el orbe. Se trata de una novela japonesa, peculiaridad cultural que invita a olvidar también ese abanico que obtuve a cambio de un beso y un collar rarámuri en Saiki, de una bellísima y hermosa nipona, rubia, trabajadora, pueblerina, que regalé hace años. Es la narrativa de Tayama Katai, autor desconocido. En una edición limpia del Colegio de México, es además el periplo de indagar latitudes literarias dentro de las posibilidades de las librerías de viejo xalapeñas.

Y me doy cuenta de que este tema, maestro-aprendiz, me persigue, de muchas formas. No olvido la muerte de José Knecht cuando trataba de salvar a su aprendiz de ahogarse, aunque se trata de otra alumnaje, de otra forma de ser maestro. En el caso de la novela japonesa, estamos frente a una relación maestro-alumna, una relación triple de asimetría: el hombre, experto, conocedor y maduro, la mujer, deslumbrante, inocente y apresurada. Es la historia de una mujer que en el Japón de principios del siglo XX quiere ser escritor y su maestro, Tokio, que es un autor mediano, con un sueldo, con una familia. Ella lo busca, él rehusa aceptarla, pero la acepta. El viaje comienza y en la narración de los accidentes, tribulaciones y desasosiego de la vida cambiante, de ella y de él —que se ubica enamoradizo de su aprendiz— la trama va incluyendo personajes que deambulan por pasajes ignotos hasta representar nudos narrativos que dan un toque sorpresivo al desenlace. Ella, aprende, lee, se comporta, pero vive de una forma contraria a las tradiciones de las generaciones que la preceden. El maestro la comprende, la estimula, la desea eróticamente. Todo se desvanece al enamorarse ella de un joven en Kyoto. Y el maestro se convierte en su complice, primero, pero después en el atormentado receptáculo de dudas, intrigas, sospechas. Por un lado su relación es va diluyendo, al diluirse el furor y la pasión por la literatura, en una misteriosa sinuosidad amorosa, triangular, que pone en jaque al maestro y el motivo de tener una alumna. Él la defenderá frente a su padre, a su familia, acomodada y provinciana, pero todo es en vano: ella no logra ser novelista, no culmina su educación, vuelve al terruño, a ser una mujer más dentro de la jerarquía familiar. Él, maestro, defensor y secreto amante erotizado por la joven de 19 años, termina derrotado como mentor, pero también harto y fastidiado, colapsado, con la certeza de una vida común, cotidiana, corriente y pesada, que abomina.

En el inter aparece la esposa del escritor maduro, sus hijos, en las noches de alcoholismo con sake, en las noches de pérdida de sentido, en el caos de la incertidumbre sobre la pureza, la castidad de su alumna. Aparece el hombre que sacude a la aprendiz, ramplón, de mediana inteligencia, desertor de estudios religiosos, más valentón que realmente valiente, más ignorante, resignado, entregado e inexperto, más intempestivo y juvenilmente acelerado, pero obtuso y arrogante. También aparece la cuñada de Tokio, esa mujer de barrio tradicional que recibe a la discípula, aun estando en contra de sus formas y modos de vida. En las escenas finales conocemos al padre, agro empresario japonés, acomodado, sensato y cortado con la tijera del viejo molde. Y todo es un desenlace dramático, donde los sentidos terminan por jugar malas pasadas y la frustración impregna el ambiente con una nostalgia potencialmente irreparable.

Lectura en el ahora: La modernidad de lo barroco de Bolivar Echeverría

Una tarde noche de otoño del año 2000 caminaba por una de las recientes construidas edificaciones de la aquella ascendente y alternativa Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo en la ahora Ciudad de México, cuando enfrente de mí quedaron presentes un grupo de libros  del pensamiento contemporáneo en oferta. Eran ediciones españolas de Altaya, pero sin tener la más mínima consciencia de nada adquirí La condición postmoderna de Lyotard. La leí años después, para un trabajo de literatura y artes mexicanas en algo desembocado en un viaje a La Habana. Modernidad es el punto. en 2001 cursé una clase de epistemología de las ciencias sociales y obligadamente leímos el libro editado por Gedisa El final de los grandes proyectos, vaticinio de los ecos postmodernos en la discursividad humana. Para ese momento Enrique Dussel ya había publicado en La colonialidad del saber su estupendo ensayo sobre eurocentrismo y modernidad, aunque mis vestigios, torpes en muchas dimensiones, me condujeran a él mucho tiempo después, cuando leía La poética o reglas de la poesía en general y de sus principales especies por allá del 2007 o 2008. De 1998 es la edición de Bolivar Echeverría que ahora he leído, la cual remite a este andar, ya desfasado y anacrónico, de mis pesquisas en las modernidades. No es una casualidad garante de fertilidad filosófica la que me induce a redundar en esta obra maestra del pensamiento transitivo al siglo XXI, puesto que su profundidad y urgencia explicativa, conducen invariablemente a los siglos XVI y XVII. No es gratuito tampoco que si en el pensamiento de Ignacio de Luzán no hay lugar para Sor Juana Inés de la Cruz, en el pensamiento mexicano, donde Sor Juana es Reina, no haya lugar para Luzán. Si asumir cuatro ethos históricos de la modernidad mexicana, barroco, clásico, romántico y realista, impele a revocar los síntomas axiológicos y materiales de la modernidad capitalista, también remite a un ejercicio demostrativo amplio y específico, donde se preve la transmodernidad de Dussel: para Echeverría la primera modernidad, esa que oscila del postridentismo, la contra reforma y la compañía de Jesús, como conglomerado de prácticas (intelectuales y económicas), que dotan de fisonomía el largo siglo XVII. Y así también remite a una conducta de mestizaje, de mezcla. La modernidad barroca no requiere de una representación ni de un referente real, sino que se desnuda en la alegoría, el adorno y el exceso, donde el remanso del atiborraje y el silencio bullicioso, recomponen la dimensión estética y artística, a expensas de la ruta religiosa y del rito católico. Echeverría consigue radiografiar los lindes de formulaciones histórico-culturales definitorias de una elaboración social propia, identidad y símbolo, construcción y recurso, ¿latinoamericano? mexicano, seguro. Lo impropio de mi reseña es que ya la modernidad parece un ethos transitorio que por mas que se reflexiona no conduce a ninguna parte. Al final de cuentas naufrago en lecturas que me invocan un pathos, el mío, ya fuera de sitio, en el acomodo laberíntico del cosmos humano.

 

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Lectura en el ahora: Naciones y nacionalismos de Ernest Gellner

Decididamente estoy intentado construir un andamio intelectual para mi proyecto de investigación en cierto posgrado, aunque con certeza mi indisciplina vigente no es más que una esfumada silueta rotunda de la crisis que vivo. Y si pensar lo nacional —hoy postnacionalizado— implica intuir una modificación completa en los hábitos identitarios, económicos, políticos y empresariales, la lectura de Gellner remite con nitidez a un programa antropológico —por étnico y cultural— de análisis nacionalista. No es extraño que en 1983 se editara una obra como esta, pero si lo es que llegara a México hasta 1999, para no dejar de lado las inclinaciones editoriales que amalgaman las capas y los tejidos ideológicos, para mostrar como novedad algo que, en realidad, ya ha sido discutido y comentado hasta el agotamiento. No obstante, la propuesta de Gellner enfatiza claramente un postulado importante respecto al nacionalismo: la interconexión entre la cultura, el estado y la educación, como un trinomio de las sociedades industriales, que configuran y enlazan los aspectos principales de la modernidad nacional. En la medida que se trata de establecer una cultura homogénea, aun fincada en tradiciones —históricas y literarias—, en tanto refiere a la composición de un territorio definido y estable en su denominación de Estado, en tanto se trata de la posibilidad social, y sociológica, de generar especialistas a partir de una especialización común —para el autor el alfabetismo—, la nación engloba estas dimensiones como sus elementos intrínsecos, aunque el nacionalismo y lo nacional no remita a una forma de organización social natural. Resaltan también los comentarios anti-marxistas de Gellner, que nos hablan de que su lectura de Weber es más un lugar común en la fundamentación constructiva del análisis del capitalismo occidental, que de una posición crítica del mismo, aunque deberíamos sopesar el momento histórico del marxismo occidental, en la década de los 80’s en Inglaterra, aunque ahora nos resulte inútil evocar un librito adquirido de Perry Anderson. No es gratuita la conjugación del análisis antropológico y sociológico que Gellner materializa, al cristalizar una óptica que ofrece algunos ejemplos, aunque su planteamiento sea más bien teórico. Sin lugar a dudas, la reflexión nacionalista de finales del siglo XX debió encontrar en trabajos como este —descartando que el mismo 1983 se publico el libro de Benedict Anderson Comunidades imaginadas Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo— debieron nutrir una fase intelectual controversial, si no olvidamos la caída del muro de Berlín en 1989 y el proceso neoliberal de globalización y trasnacionalización, que configura, con el pitido ejemplo de la Comunidad Europea (aunque no tengo esta certeza), un escenario político, ideológico, económico y cultural, que quizá en este momento post-histórico (aunque ya he olvidado la lectura de Sloterdijk) se encuentra en vías de extinción, transformación o radicalización.

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Lectura en el ahora 5: varios autores narrativa mexicana siglo XX

Poetuits de Livia Díaz editado por La Cosa Escrita una contribución a la poesía mínima

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Una apuesta a la reflexividad poética desde el quehacer cotidiano entrega este librito de la colección Postal editada por la joven editorial La Cosa Escrita. El trabajo comprende poemas mínimos de un proyecto comunicativo vía redes sociales, cuyos rasgos absorben al lector y desmantelan de golpe el flujo de la consciencia mustia o burguesa, emblemática de las artes, la cultura y el pensamiento. Sin ir lejos en el aliento, la micropoesía de Livia Díaz nos acomete en una singularidad estilizada como aforismos, donde el deambular pasajes vitales, accidentadas escenas o reflexiones impactantes, por crudas, verdaderas y certeras, nos induce a una ágil confección literaria y a un universo que oscila de lo íntimo a lo público y de lo hostil a lo esperanzado. Las escasas páginas no escasean en su búsqueda poética, dignificando la estética verbal que trasciende la solemnidad e irradia destellos de impulsos creativos excelentemente planteados, construidos y expresados. ¿Dónde encontrar esta apuesta a la micro poesía? Sus motivos se encuentran en el día a día de una escritora y periodista que desde el escenario veracruzano nos invita a indagar en sus letras y expresiones. La reseña, por obvias razones mínima, no puede dejar de lado que existen en estas páginas tópicos políticos, oníricos, honoríficos, periodísticos, generacionales e identitarios, que van haciendo una definición, por lo demás breve aunque concisa, de un cuadro de mosaicos donde la ciudad y el viento, la barbarie y el ser poeta, entre otras instancias, quedan definidos como las aristas del cubo del cosmos que Livia comparte.

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La aventura de leerlo es amena y breve, sin dejar de ser profunda, y sacude, como ola de mar en la playa, para dotar de una significación especial dos hechos aparentemente triviales: una tuitera que rescata de su timeline los tuits escritos bajo el hashtag #LaPoesiaNoSeVende frente a lo abigarrado comunicativo de la red social y este rescate particularizado, y el hecho de regalarnos una pieza que invita a leerse como un horizonte abierto donde el paisaje notorio amerita el detenimiento.

Gracias al trabajo de Marcos Merino y la editorial La Cosa Escrita, tenemos en nuestras manos el trabajo de micro poesía de Livia Díaz que como recomendación de lectura que ahora comparto con mi auditorio.

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Uno de los poetuits de Livia Díaz

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Otro Poetuit de Livia Diaz

 

Lectura en el ahora 1: Hermann Hesse

 

Actualmente me encuentro leyendo este libro

Hesse Portada

Filosofía del lenguaje 4 Algo de Habermas

Habermas y la filosofía del lenguaje.

Rómulo Pardo U.

Julio 2006.

 

El quehacer humano es versátil. Parte de sus necesidades biológicas para buscar la manera de superar los obstáculos de la naturaleza. Tal es una fuente motora de impulsos que le conducen por los caminos de la apropiación de su entorno inmediato, de sus riesgosas aventuras entre la vida y la muerte. Sin embargo, una vez cubiertas dichas necesidades el humano se pregunta por la trascendencia de su marcha, por sus acciones, por la vida, por la muerte, por la extrañeza que le produce la vinculación con el cosmos. Se ha visto con Villoro en su artículo “Motivos y justificación de la actitud filosófica” que la filosofía es esa actitud de extrañamiento ante la naturaleza dada, ante lo acostumbrado y las formas preestablecidas históricamente por los mecanismos sociales, productivos, simbólicos y materiales. La modificación de la naturaleza mediante el trabajo que en términos de Marx brinda libertad y conciencia es una visión clara y sintética de este fenómeno. Aunque como dice el dicho, no sólo de pan vive el hombre. Se ha visto que en tanto formas motoras del quehacer humano, las tradiciones y costumbres, las figuras rituales del diario vivir, se van diluyendo en la dinámica monótona. ¿Qué es lo que distingue entonces al ser humano de otras especies? De regreso a Villoro se habla en primer lugar de la capacidad de extrañamiento del mundo habitual, rutinario, constante. Ahí donde surge esa extrañeza es donde esta la clave de la actitud filosófica, entrañada por la certidumbre de la duda y su capacidad renovadora. El mundo humano constituido por cosas, por significados, envueltos en opiniones, cubren y disfrazan la realidad verdadera opacando la visibilidad. Por lo tanto “… al reino de la opinión, oponemos la claridad racional de la evidencia”(Villoro.1962:79) nos dice Villoro, con el afán de promover esa visión crítica que ha de dar validez y vigencia a la búsqueda de la verdad a través de la razón.

Así un primer rasgo distintivo de la especie es esa facultad de extrañamiento que lo conduce a la duda. Hasta aquí he buscado responder a la pregunta ¿qué distingue al humano de otras especies?

Cabe decirse que otro rasgo distintivo es el de la capacidad de comunicar mediante un sistema de sonidos articulados la experiencia, el sentir y el pensar. Eso que se conoce con el nombre de lenguaje y que impregna irremediablemente la vida de la especie. ¿El lenguaje es una capacidad? ¿Es una institución? ¿Qué es el lenguaje? Ciertamente hay más de una respuesta pero ante todo, el lenguaje ha de considerarse una necesidad para la vida en sociedad, un acto convencional sujeto a reglas, normas y regulaciones colectivas.

Siguiendo con la tradición del pensamiento habermasiano, el lenguaje es producto de un momento cultural e histórico. Es un mecanismo de comunicación en el que la implementación de los actos comunicativos son su finalidad por excelencia.

En este sentido el lenguaje es una forma abstracta que se concreta al echar ano de ella y que en todo caso tiene una función pragmática. En su libro “Pensamiento postmetafísico” Habermas defiende la idea de un giro pragmático el cual consistiría en los aportes que desde Frege, pasando por Wittgenstein y desembocando en Searle, se han dado desde la filosofía en torno al uso del lenguaje. Las manifestaciones lingüísticas, nos dice Habermas, las describo como actos con los que un hablante puede entenderse con otro acerca de algo en el mundo (Habermas.1990:67).

Habermas es heredero intelectual de la escuela de Frankfurt encabezada por Adorno y Horkheimar que encuentra sus sustentos en la teoría marxista y psicoanalítica principalmente. De tal suerte que la filosofía elaborada por Habermas no hace de lado aspectos de orden históricos, sociales, ideológicos, por mencionar algunos, en cuanto sus postulados buscan reforzar una teoría crítica de la sociedad.

Hasta aquí he querido hacer dos cosas: la primera establecer algunos rasgos distintivos de la especie humana como la actitud filosófica y la capacidad del uso del lenguaje, y por otra parte, introducir en la discusión de estos debates una parte del ideario de Jürgen Habermas.

Esta estrategia de exposición obedece al deseo de aclarar en principio la distinción entre un vinculo cómo el de la filosofía y el lenguaje por un lado, y el quehacer de la filosofía del lenguaje por otro.

Sintetizando lo expuesto, la filosofía se relaciona con el lenguaje mediante su búsqueda constante partiendo de la razón, búsqueda de la verdad a través de mecanismos racionales.

El lenguaje vendría a ser el material con el que se forman las herramientas para el festín de la razón. Festín que se conforma con la simple contemplación estoica o hegeliana de la realidad, con la asimilación, negación, contribución o expansión de tal o cual línea o corriente filosófica. Según entiendo, la relación entre lenguaje y filosofía es reciproca en tanto uno le brinda a la otra los procedimientos racionales para su quehacer –aunque desde una postura analítica será el lenguaje artificial, organizado mediante procedimientos lógicos a priori el que brinde la vía de acceso a la verdad-.

En el contexto de la filosofía alemana Habermas detecta e indaga en su artículo “¿Para qué aún filosofía?” algunos de los cuestionamientos fundamentales para la filosofía alemana. Detecta que la ruptura que se establece a partir de Hegel dentro de la filosofía es fundamental para entender los motivos de 5 distintas escuelas filosóficas en Alemania hacía 1920: la fenomenológica, la existencialista, la de antropología filosófica, la analítica y la de

la teoría crítica.

Cuatro son los problemas que debate Habermas en torna a la tradición filosófica alemana:

 

  1. El debate entre la filosofía y la ciencia en el que el papel de la filosofía parece relegarse a una mera teoría del conocimiento a partir de los avances tecnológicos y científicos, es decir prácticos.
  2. El debate en torno a los filósofos y la filosofía en donde la filosofía se erigió como una disciplina de aportes individuales que a partir de la ruptura promovida por Hegel sufrió un movimiento de apertura académica dejando de ser una actividad de élites intelectuales.
  • El debate entre filosofía y religión que plantea hasta Hegel un vínculo a partir de la metafísica trascendental entre dichos ámbitos, a partir de los sustentos que una aporta a la otra como sería la revelación, la iluminación y/o trascendencia del espíritu.
  1. El debate entre filosofía y tradición que enfatiza el hecho de que con Hegel se inicia la crítica del nexo estrecho entre la filosofía y el orden estatal prevaleciente, ya que esta se desenvuelve como fuente legitimadora de una forma cultural compleja, tradicional y sociocósmica (mítica, religiosa, etc.).

 

De tal exposición yo he querido rescatar una parte de las conclusiones con la cual se conecta la disertación hasta aquí expuesta con la filosofía del lenguaje de Habermas.

“Mientras no se desarrolle para el dominio objetivo de sistemas de acción comunicativa un sistema de conceptos base teóricamente fructífero, y además operativo, que sea comparable con la base conceptual establecida para el dominio objetivo de los cuerpos móviles y acontecimientos observables, tendrá que ejercer influjo retardante una teoría de la ciencia pseudonormativa”(Habermas.1993:83). La cita anterior quiere decir que hay una diferencia relevante entre una filosofía de la ciencia y otra filosofía más cercana a la realidad de los agentes sociales y por lo tanto a la acción comunicativa, al plano pragmático del lenguaje.

Tomando las debidas reservas, me parece sumamente importante resaltar el planteamiento de que el lenguaje en tanto forma convencional no puede desligarse dentro de la filosofía habermasiana, de las implicaciones concernientes a las denominadas ciencias del espíritu por Dilthey. En este sentido, la filosofía del lenguaje en Habermas ha de cubrir una amplia gama de aspectos a considerar, algunos de los cuales ya se han mencionado, implicando una visión del lenguaje próximo a la hermenéutica, es decir, a la capacidad interpretativa, a la relación entre pensamiento y lenguaje, a la asimilación de conceptos, así cómo a la historia textual de la tradición.

Para finalizar y a manera de conclusión, considero que la tradición alemana en el campo filosófico es de mucha utilidad para realizar indagaciones desde una perspectiva estrecha a un enfoque humanista. Sin descartar otros aportes que en apariencia resultan contradictorios sino más bien complementarios. La visión de la filosofía del lenguaje que nos aporta Habermas es una fuente inagotable de reflexiones que hasta este momento me conducen a nuevos puntos de partida para la reflexión así como a renovadas inquietudes y debates sobre el lenguaje.

Estoy convencido de que el lenguaje desde esta perspectiva, se ha de tomar en parte como una moneda común dentro de la vida social. Todo sistema de organización requiere cooperación, jerarquización, división social del trabajo, asignación de roles, que en el caso de las sociedades humanas se logran desplegar y enfatizar mediante el acuerdo común que se manifiesta mediante el lenguaje. La peculiarísima dupla formada así por filosofía y lenguaje, distinguiéndola por supuesto de la filosofía del lenguaje, se ve aún más intrincada cuando se toman en consideración las cuestiones de los sistemas sociales cómo estructuras organizativas sujetas a procesos históricos, económicos, políticos, por nombrar algunos, pero también por las características inherentes a los individuos que conforman dichos grupos y colectividades que sostienen relaciones de diversos tipos y grados. De los siguiente se desprende que una filosofía del lenguaje se ha de encargar de las reflexiones concernientes a los asuntos propios del lenguaje, pero a diferencia de la lingüística que tiene un carácter más inclinado hacia lo gramático, las variaciones y regularidades entre sistema y realización, por nombrar algunos casos, la filosofía del lenguaje mantiene un compromiso con la especulación racional. Parafraseando una cita de Adorno hallada en Habermas la filosofía ha de caracterizarse por el abandono del conocimiento absoluto sin dejar de lado el problema de la verdad.

 

Bibliografía:

 

  • Beuchot, Mauricio. Historia de la filosofía del lenguaje. FCE. México. 2005. pp.290-313.
  • Habermas, Jürgen. Sobre Nietzche y otros ensayos. REI. México. 1993. pp.62-88
  • Habermas, Jürgen. Pensamiento postmetafísico. TAURUS. México. 1990.
  • Villoro, Luis. “Motivos y justificación de la actitud filosófica” en Páginas filosóficas. México. UV. Col. Cuadernos de la facultad de filosofía, letras y ciencias. No15. 1992.73-94.
  • Nieto Blanco. “Habermas y la acción comunicativa” en La conciencia lingüística de la filosofía. Ensayo de una crítica de la razón lingüística. Madrid. Ed. Trotta. 1997.pp.251-263.

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Gibran Jalil Gibran quote

“Fama

Hay algo más noble y más grande en nuestra vida que la fama. Y ese algo consiste en los hechos elevados que la provocan”

Gibran Jalil Gibran, Los tesoros de la sabiduría, Madrid.: EDAF, p.63

Emmanuel Kant quote

“Después del instinto de nutrición, por medio del cual la Naturaleza conserva a cada individuo, el instinto sexual, en cuya virtud se conserva la especie, es el más importante. La razón, una vez despierta, no dejó de extender su influencia sobre éste. Pronto encontró el hombre que el estímulo del sexo, que en los animales descansa en un impulso pasajero, por lo general periódico, en él era posible prolongar y hasta acrecentar por la imaginación, la cual lleva su negocio con mayor moderación pero, al mismo tiempo, con mayor duración y regularidad, a medida que el objeto es sustraído a los sentidos, evitándose así el tedio que la satisfacción de un puro deseo animal trae consigo.

Emmanuel Kant,, “Comienzo presunto de la Historia Humana (1786)” en Filosofía de la Historia. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica, 2010. p. 73.

Eusebio Leal Spengler quote

“El subdesarrollo genera una amnesia social que favorece la expansión de conceptos tales como: «tenemos poco, o casi nada», «lo nuestro vale menos», «nuestras antigüedades son meras curiosidades ante otras que son las verdaderas».  Por lo que llevo dicho, estas iniciativas están urgidas de sustentarse en nuevos conceptos de autoestima y en la prédica insistente de que cuanto poseemos, o poseen otros, no ha de ser comparado miméticamente. Hallar y defender el encanto de la diversidad, promoviendo así el respeto de la posesión del otro, es una base ética que nos salva de esa oleada de mercaderes que desean comprarlo todo  y que desde hace siglos van de una a otra latitud arrebatando, a cambio de cuentas de vidrio y fragmentos de espejos, las pieles, los colmillos, los objetos depositados por la piedad de las tumbas. Oleada que no se detuvo ante templos, columnas, claustros íntegros de viejos monasterios; fenómeno que en su día asoló el legado de las civilizaciones clásicas de Europa, Asia y el antiguo Egipto, y luego de comenzada la modernidad se abatió sobre África y América”.

Eusebio Leal Spengler, La luz sobre el espejo, Ediciones Boloña, 1996, La Habana, Cuba, p. 80.

Joseph Bram quote

“Las especulaciones etimológicas parecen tener hasta la fecha una fascinación particular para animosos sabios marginales. Recurren a la evidencia etimológica quienes aspiran a hallar las ‘las diez tribus perdidas de Israel’, a derivar el idioma de los indios algonquines del idioma de los exploradores noruegos, a demostrar la ascendencia celta druídica de los constructores de las pirámides de Egipto, y a probar el origen sudamericano de los habitantes de la Polinesia”,

Joseph Bram, Lenguaje y sociedad, Paídos: Buenos Aires, 1961, p.31

Karl Mannheim quote

“Nada que tenga un positivo valor para la investigación científica ha sido orillado a través de este modo de proceder con la noción de ideología. La gran revelación que proporciona es que toda forma de pensamiento histórico y político está esencialmente condicionada por la situación vital del pensador y su grupo. En nuestra tarea desembarazar esta intelección de su incrustración política unilateral y elaborar de una forma sistemática la tesis de que la manera como se considere la historia y como se construya una situación total a partir de hechos dados depende de la posición que se ocupe dentro de la sociedad”

Karl Mannheim, Ideología y utopía, Aguilar: Madrid, 1958, p 191.

Todorov quote

“Ninguna  mala interpretación ha  pesado tanto tiempo en el pensamiento de Rousseau que aquella por la cual se le atribuye el proyecto de desterrar las artes y las ciencias de la urbe. Esto no serviría  para nada, afirma por el contrario Rousseau en sus respuestas, pues el mal ya está hecho; más grave aún, tal expulsión no dejaría de tener un efecto negativo, pues se agregaría la barbarie a la corrupción: aunque procedan de la degradación del hombre, en la situación actual las ciencias y las artes son barreras contra una degradación mayor”

Tzvetan Todorov, Frágil felicidad, Barcelona: Gedisa, 1997, p. 22.

Julio Seoane Pinilla Quote

“Ni más ni menos la Ilustración supuso, y eso nadie lo niega hoy, la aparición de los conceptos, metáforas e imágenes que hoy nos sirven para proveer a nuestro mundo y para proveer a nuestras vidas en él; quizás la única pérdida, como ya mencioné en el apartado segundo, ha sido que nos ha dado por estudiar de manera casi exclusiva los conceptos de índole teórica que nos legó, olvidando las metáforas e imágenes -también teóricas, por qué no- que igualmente nos ofrecía como componentes de la dieta que estaba proponiendo. De tal modo no es equivocado decir que nuestra dieta teórica está poco equilibrada”.

 

Julio Seoane Pinilla, La ilustración olvidada, México, D.F. Fondo de Cultura Económica, 1999. p.49

Claude Lévi-Strauss quote

“Cuanta vez está en el terreno de su labor, el etnólogo se ve entregado a un mundo donde todo le es ajeno, a menudo hostil. No tienes más que ese yo, del que dispone todavía, que le permita sobrevivir y realizar su investigación; pero es un yo física y moralmente dañado por la fatiga, el hambre, la incomodidad, la pérdida de los hábitos adquiridos, el surgimiento de prejuicios de los que no tenía sospechas; y que se descubre a sí mismo, en esta coyuntura extraña, tullido y estropeado por todas las sacudidas de una historia personal responsable en un principio de su vocación pero que, además, afectará en adelante a su curso. En la experiencia etnográfica, por consiguiente, el observador se capta como su propio instrumento de observación; de toda evidencia, tiene que aprender a conocerse, a obtener de un sí mismo, que se revela como otro al yo que lo utiliza, una evaluación que se tornará parte integrante de la observación de los otros. Toda carrera etnográfica tiene su principio en ‘confesiones‘ escritas o calladas”

Claude Lévi-Strauss, Antropología estructural, México, 1981, Siglo XXI editores, p. 39.

Eric Wolf quote

“Fue así como las ciudades industriales llegaron a ser sedes de grandes mercados de trabajo en los que diversos grupos y categorías -hilanderos manuales y mecánicos, operadores de telares mecánicos y manuales, hombres, mujeres y niños, antiguos artesanos y nuevos inmigrantes- competían por los empleos disponibles. Estos mercados de trabajo creaban una oposición constante: oposición entre artesanos desplazados por las máquinas y operadores de esas máquinas; oposición entre supervisores de producción y productores; oposición entre hombres, cuyo trabajo era más caro, y mujeres y niños; oposición entre empleados y desempleados, especialmente durante las crisis cíclicas de 1826 y del decenio de 1840; y oposición entre trabajadores ingleses e inmigrantes irlandeses”

Eric R. Wolf. Europa y la gente sin historia. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica. 1987. p. 335.

Pedro Henríquez Ureña quote

“El desorden político, llevado al punto del desconcierto en 1808, había de traer la revolución; y México, como todos los países hispanoamericanos, hubo de surgir a la vida independiente cuando la decadencia de la cultura le había restado fuerzas intelectuales de organización.

Literariamente, los primeros veinte años del siglo XIX en México son pobres, pero de grande interés por su significación social, y sobradamente justifican cuanta atención se conceda a sus producciones. Éstas, por lo demás, eran abundantísimas en cantidad; y si bien para el propósito de dar idea de lo más característico de ellas bastan los pocos autores de quienes hemos escogido textos para esta primera parte de la Antología, el carácter histórico de la obra exige que se dé noticia de otros muchos escritores de la época que estudiamos, tanto mexicanos como extranjeros. A ese fin responde el presente índice biográfico.

Nota preliminar al “Índice biográfico de la época”, Antología del Centenario, México, 1910, vol. II, pp. 661-665″

Pedro Henríquez Ureña, Estudios Mexicanos, México, D.F.: Fondo de Cultura Económica. 1984. p. 145.

Ernst H. Gombrich quote

“Desde luego, todas las culturas disponen de esas privilegiadas fuentes de metáforas que facilitan la comunicación entre sus miembros y provocan, por cierto, tantos quebraderos de cabeza a los traductores. Las costumbres, los oficios y, por supuesto, las leyendas y creencias comunes a la tribu van íntimamente unidas al lenguaje y a las formas del pensamiento de cualquier civilización. ¿Cómo vamos a entender las metáforas de la poesía y literatura indias sin conocer el significado que tiene la vaca para el habitante de una aldea india en su vida y su culto? ¿Cómo vamos a entender la cultura islámica sin conocer en alguna medida el Corán? Pues la religión constituye una zona central de metáforas para la mayoría de las culturas.”

Ernst. H. Gombrich, Tras la historia de la cultura, Barcelona: Ariel, 1977, p.81

Reseña del libro Debates sobre España El hispanoamericanismo en México a fines del siglo XIX de Aimer Granados 2010

Acabo de leer el libro Debates sobre España El hispanoamericanismo en México a finales del siglo XIX del autor Aimer Granados. Un trabajo interesante para mi por indagar los vínculos culturales, ideológicos, históricos y sociales entre México y España. La profundidad del análisis abre rutas que permiten realizar juicios interpretativos derivados de la formación ideológica del hispanoamericanismo a finales del siglo XIX. El tránsito al siglo XX visto desde el proyecto ideológico-cultural hispanoamericano estuvo modelado por la idea de un imperio espiritual español, ibérico, donde España rescataba su hegemonía cultural, frente a sus últimos fracasos imperialistas con la guerra hispano-norteamericana de 1898, para sostener el impulso de la civilización latina como una herencia de los países hispanos en América. El libro es un rescate interesante por mostrar sesgos históricos poco conocidos dentro de las generalidades culturales mexicanas. ¿Mi interés por los vínculos México-España? Podrían quedar definidos de muchas formas pero crucialmente lo están a raíz de mi investigación de tesis que averigua la recepción y lectura de uno de los más importantes tratadistas españoles del neoclasicismo literario en el tránsito de Nueva España a México al iniciar el siglo XIX.

La lectura de Granados me ha permitido conocer un momento de una discusión y debate que osciló entre las construcciones, dispares, de las identidades colectivas de orden nacional, las ideas del evolucionismo social y el positivismo, la importancia de la raza y el racismo como formas explicativas del atraso civilizatorio, bajo la distinción civilización y barbarie, pero también entre la pugna presente, frente a la penetración yanki en Latinoamérica, del proyecto civilizatorio sajón, considerado hegemónico a finales del siglo XIX (y quizá aún hoy), y el proyecto civilizatorio latino.

Ha sido importante para mí hilar el tejido, mediante la lectura de Granados, de complejos simbólicos e interpretativos que se localizan en el surgimiento identitario propio del nacionalismo mexicano, dividido en dos interpretaciones polares entre sí: el origen de México rescatando a Cortés, la hispanofilia, y el origen de México rescatando a Cauhtémoc, la hispanofobia. Las dos corrientes que ideológicas, la indigenista y la hispanista, son muy bien analizadas por el autor de este trabajo, publicado en 2010 bajo el sello del Colegio de México y la Universidad Autónoma Metropolitana Cuajimalpa. Debe haber otros títulos interesantes en esta colección «Ambas Orillas» en donde podemos rastrear, con nitidez, que los intercambios entre México y España, en distintos niveles, no han cesado. Debates sobre España Aimer Granados COLMEX-UAMC

Humberto Maturana quote

“Los seres humanos vivimos un mundo de explicaciones y descripciones en el lenguaje de nuestras experiencias cuando las ponemos de manifiesto en el lenguaje, e incluso nos matamos para defender nuestras explicaciones cuando estamos en desacuerdo respecto a ellas. Es más, ya que las explicaciones son reformulaciones de experiencias con elementos de experiencia en las coherencias operacionales de las experiencias, vivimos distintos mundos cuando ponemos de manifiesto en nuestra práctica de vivir distintas coherencias operacionales al adoptar en nuestro vivir diferentes sistemas de explicaciones. Esta no es una declaración vacía puesto que el lenguaje está constituido como un dominio de coordinaciones consensuales de acciones en los dominios de coherencias operacionales de los observadores, y si dos observadores aceptan explicaciones distintas, viven en distintas áreas de coherencias operacionales en sus dominios de experiencias. La vida nos sucede, la experiencia nos sucede, los mundos que vivimos nos suceden, cuando lo ponemos de manifiesto en nuestras explicaciones. Además, ya que cada sistema o mecanismo opera solamente si las coherencias operacionales que requiere son satisfechas, la vida y la experiencia nos suceden como nos suceden sólo en la medida en que las coherencias operacionales que las constituyen son satisfechas”.

Humberto Maturana R. La realidad: ¿objetiva o construida? I. Fundamentos biológicos de la realidad. Barcelona:Anthropos, Universidad Iberoamericana, ITESO, 1997. pp.98-99.

Hace unos años me denominada indigente académico

Leo apenas los problemas de esencializar al momento de emprender algún estudio. También existen riesgos a la hora de generalizar. Las dificultades para establecer un método en vías de construir conocimiento, del tipo que sea, es uno de los retos disciplinares más auténticos. Me encuentro escribiendo una ponencia para un congreso de estudiantes de historia y no pude evitar aseverar que existe una epistemología de la modernidad industrial. Quizá desde mi lectura de Lyotard, ya ahora caduca, no puedo sino asumir que el giro interpretativo estaba de mi lado, para mal. No podría establecer nítidamente una certeza o un conjunto de certezas espitemológicas. Podría más bien mencionar las rutas de autores que he seguido, parcialmente. Digamos que en lo profundo he perdido el ímpetu y la temeridad intelectual. ¿Epistemología? Posibilidad de teoría del conocimiento. Pensé que escribí una novela epistemológico-pornográfica, de corte fantástico. Pero entender los mecanismos mediante los cuales se construye el conocimiento, no sólo desde los principios cartesianos del cogito ergo sum, ni tampoco desde el determinismo existencialista, implicaría para mi leer todo lo que he postergado. Dentro de lo que sí me he movido es dentro de la lógica de las ciencias sociales y las humanidades, más apto para las segundas que para las primeras. Recuerdo entonces el juego dicotómico de las ciencias del espíritu y las ciencias de la naturaleza de Dilthey. Sólo podría agregar que he intentado varias veces incursionar en Las palabras y las cosas de Michel Foucault, sin éxito alguno. ¿De dónde provienen entonces mis capacidades interpretativas? Quizá cuando estudiaba antropología y leí La descripción densa de Clifford Geertz logré interiorizar, en el sentido vigotskiano, la concepción semiótico-discursiva de la cultura. El curso lo daba Margarita Zárate en la Universidad Autónoma Metropolitana. Y ahora, después de 14 años, que estoy emprendiendo mi tesis de licenciatura y leo a Roger Chartier y a Robert Darnton o a Peter Burke, me doy cuenta de que mis logoestructuraitineriarios académicos han entorpecido mis posibilidades analíticas. Chartier, Darnton y Burke se la pasan hablando del giro lingüístico, de la historia cultural, que bebió de la antropología simbólica postmoderna norteamericana, especialmente de las posturas de Clifford Geertz y su texto mencionado anteriormente. Y en el intervalo entre Geertz y los historiadores culturales, nada menos que la lingüística estructural: Saussure, Greimas, Barthes, Todorov.

Pero no Foucault.

Las coordenadas longitudinales, geoambientales, de la intelectualidad del siglo XX, del escolasticismo de la espitheme de la modernidad industrial -recordando por completo el intento fallido de leer a Touraine y su Sociedad post-industrial– invoca nitidamente los acomplejamientos personales, las búsquedas mal hechas, los aprendizajes saboteados por episodios de psicotización drogadictiva, es más, el escueto y simplón acto esencialista y generalizador que moviliza mi método constructivo epistemológico humano. Es una muchedumbre de ausencias mis itinerario hasta ahora seguido. No olvido, sin embargo, que los más cerca que estuve de conocer y estudiar el presente, este presente global postdigital, fue cuando estudiaba antropología y me acercaba peligrosamente a la antropología simbólica.
Mis experiencias académicas hasta ahora, me han permitido notar que las distinciones nacionales, de las distintas escuelas del pensamiento, son contempladas, asumidas, ejercidas, practicadas, toleradas, sentenciadas, compartidas, escrutadas, distintivamente según cada disciplina. Y no es raro, además, pensar en el impulso del estado postrevolucionario mexicano y sus proyectos educativos durante el siglo XX, por lo menos hasta los gobiernos neoliberales iniciados por Miguel de la Madrid en 1982, siempre que se trata de un motor que impulsó la presencia, significación, transformación, consolidación y efervescencia de ciertas disciplinas, de ciertos conocimientos, para distintos proyectos sociales. Sin duda, las migajas de las escuelas intelectuales que he conocido, sobre todo la norteamericana de antropología cultural, la francesa de estructuralismo -sociológico,antropológico, literario y lingüístico, la alemana de psicoanálisis, la española de literatura e historia, y la latinoamericana -de literatura, historia y sociedad-, no han hecho más que ennegrecer mis facultades argumentativas, aunado a las duras y extendidas temporadas de consumo de Chaotism machinedrogas, sobre todo alucinógenas, que derivaron, prácticamente siempre, en brotes psicóticos: hongos alucinógenos, floripondio, peyote, ácido lisérgico, marihuana, alcohol en exceso y de distintos tipos, cocaína, crack, aire comprimido, insecticida, éxtasis (pocas veces), y quizá algunas otras substancias que he olvidado. Entre la claridad, la disciplina, y el desorden, el caos, ha transitado mi pensamiento. Entre la luz y la negrura, entre la paz y la guerra, entre la cima y la cresta, entre el cielo y la ultratumba, mi ideario, mis autores, mis predilecciones, mis filias y fobias, mis tendencias, mis arbitrariedades lectoras, intelectuales. Y omito la filosofía, rotundamente, porque al final de cuentas mi humanismo, postdigital, no desea ser más pretencioso de lo que en este escrito ha sido.

Pierre Bourdieu quote

“Algunos escritores, como Leconte de Lisle, llegan incluso a considerar el éxito inmediato como «una señal de inferioridad intelectual». Y la mística tributaria de Cristo  del «artista maldito», sacrificado en este mundo y consagrado en el más allá, no es sin duda más que la transfiguración en ideal, o en ideología profesional, de la contradicción específica del modo de producción que el artista puro pretende instaurar. Estamos en efecto en un mundo económico al revés: el artista sólo puede triunfar en el ámbito simbólico perdiendo en el ámbito económico (por lo menos a corto plazo), y al contrario (por lo menos a largo plazo).”

Pierre Bourdieu, Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario. Barcelona: Anagrama, 1997. p.130.

 

Micro poética del desconsuelo

Una tradición poética se levanta con Aristóteles, Horacio, Nicolás Boileau, Ludovico Antonio Muratori, Ignacio de Luzán, Johann Friedriech Hegel, y luego pensar que los estructuralistas del siglo XX no pudieron omitir la función poética del lenguaje. No, Roman Jakobson no estaba equivocado, pero no se trata de una simple teoría verbal, no, tampoco es el rinconcito donde escribiste tus primeros versos. No es El cementerio Marino de Paul Valery, no es Ezra Pound, no, no es El arte del Ingenio de Gracian ni tampoco es el sentido de la teoría verbal que busque la belleza. No, es más bien el llanto, el dolorido momento de ver que no sabes cuál es la sílaba tónica ni tampoco comprender la variación de los diptongos, no es el acento diacrítico ni tampoco la eufonía o el epifonema. No es la definición antropológico-filosófica del hombre de Cassirer como un ser mitopoético. No es la poesis o la autopoesis de Humberto Maturana. Nada, este lenguaje, esta teoría, estetiza un  berrinche, un drama de control como de los que habla Victor Turner. Es la experiencia misma de los atardeceres en Lisboa, pero sin barcos ni fado ni Madredues, ni la chica que tenía un años más que tú cuando intentaron ser novios pero al final te perdiste en las drogas. Eso es, el desconsuelo de la juventud dilapidada, de la esperanza rota, la estética del llanto, del dolor, de la tristeza, como si fuera hermosa la depresión, pero también es la lógica paradójica oriental de la que habló Erich Fromm en El Arte de Amar, también es el perdido recuerdo de Las penas del joven Werther leído una primavera. Es también la ominosa omisión del Arco y la lira, de Quadrivium, la omisión de Octavio Paz, como trampolín a la ignorancia, también desconsoladora. Esta teoría verbal es lo opuesto a un dildo en una escena pornográfica, en una alcoba de solterona, es lo opuesto a la consolación masturbatoria. Es igual al auge rotulado del absurdo mítico levistraussiano, camusiano, satreano, como el juego de espejos de Lacan pero sin la crítica de Freud. Eso es esta teoría verbal, este escueto pasadizo de sin sabores: mejor hubieras estudiado física cuántica y te habrías forjado una identidad de vídeo juego. El desconsuelo de la miseria, de la trágica inmanencia edípica-eléctrica, son todas las lágrimas vertidas por una caída a los 4 años en reconocido parque local, son todos los desamores por las morenas, rubias, trigueñas de fuego, con bustos perfectos, caderas perfectas, simétricos y hermosos rostros, es, finalmente, la puja por la evasión dolorosa, es decir, el dolor que no cesa, el fin que no alcanza, que no llega, que no termina. Esta teoría verbal es la apoplegia del simbolismo antropológico de Geertz pero con las teorías culturales de Boas, Kroeber, Herskovits, es la mismísima escuela de antropología norteamericana, sin Ralph Lintón por favor. Como toda teoría verbal, su práctica es definitoria del precepto desconsolador, del dolorcito voluptuoso de una amanecer en una ranchería. El desconsuelo queda escrito así como una teoría del dolor irreparable.

Antonio Caso quote

“¿Es posible explicarlo todo? Ya poseemos, de antemano, una parte de la respuesta, porque sabemos que explicar es identificar, ni más ni menos que identificar; pero no hemos averiguado si es posible identificarlo todo. De lo que no dudamos es de que, en tanto podamos identificar, explicaremos. Nos falta averiguar si el Universo, en sus múltiples y variadísimas manifestaciones, es capaz de someterse a una identificación radical. Meyerson opina que la historia entera de las ciencias nos demuestra con claridad lo reacio de la realidad para plegarse a nuestra exigencia de identificación. Esto es, podría el Universo no ser explicable en su conjunto, y ofrecernos algo en sí no identificable, o sea, irracional.

Antonio Caso, El materialismo y los hechos psicológicos, México, D.F., UNAM, 1985, p.141

Bossuet quote

“Aun cuando la historia fuese inútil para los demás hombres, importaría mucho que la leyeran los príncipes. No hay en verdad medio más adecuado de conocer cuánto pueden las pasiones y los intereses humanos, los tiempos y las circunstancias, los buenos y los malos consejos. Las acciones humanas forman el tejido de la historia, en la que todo parece dispuesto para el uso de los príncipes. Si para bien reinar les es indispensable la experiencia, nada hay más provechoso para su instrucción que el unir con los ejemplos de siglos pasados su experiencia de todos los días”.

Bossuet, Discurso sobre la historia universal, Editorial Garnier Hermanos, París, 1913, p. 1.

Benedetto Croce quote

“Surge una tercera concepción de la crítica: la crítica como interpretación o exégesis, que se hace la pobrecita ante la obra de arte, limitándose a la humilde profesión del que quita el polvo a las cosas, las coloca con buena luz, cuenta anécdotas del tiempo en que fue pintado un cuadro o las cosas que representa éste y explica las formas lingüísticas, las alusiones históricas y los supuestos previos históricos o ideales de un poema. En un caso o en otro, cumplida su misión, esta crítica deja que el arte obre espontáneamente en el espíritu del que contempla o del que lee, que juzgará como le diga su gusto íntimo que deba juzgar”.

Breviario de estética, Espasa-Calpe, Madrd, 1967, p. 79.

Octavio Paz quote

“Para recrear la discontinuidad, el arco iris se disgrega (origen del cromatismo, que es una forma atenuada de la continuidad natural); el veneno niega por su función su naturaleza (es una sustancia mortífera que da vida); y la comadreja se transforma, en ciertos mitos exaltados y siniestros tintes sexuales, de homólogo de la enfermedad y la ‘mujer fatal’ en nodriza e introductora de la agricultura”

Octavio Paz, Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de esopo, Joaquín Mortiz, 1969, p. 47

Paul Ricoeur quote

“Con la escritura, las cosas comienzan a cambiar; y no hay  situación común al escritor y al lector; al mismo tiempo, las condiciones concretas del acto de mostrar ya no existen. Sin duda, esta eliminación del carácter mostrativo u ostensivo de la referencia hace posible el fenómeno que llamamos literatura, donde toda referencia al mundo dado se lleva hasta sus condiciones más extremas esencialmente con la aparición de ciertos géneros literarios, generalmente ligados a la escritura , pero no necesariamente tributarios de la escritura. La función de la mayor parte de nuestra literatura parece ser la de destruir el mundo”

Del Texto a la Acción Ensayos de Hermenéutica II/Fondo de Cultura Económica/2004