Lentitudes

Juventudes de silencio

compran fiebres exitosas

entretejidas minúsculas

capas de sentido —átomo

de miserías— el conquistar

los infértiles atisbos del ser.

Nombre y consagración

efecto de cadencia, candela

insospechada, esto que dice

la pausa del destino —pausada

esfera de las totalidades—

una emblemática torpe, torcida.

Así es estar rancio en el universo

—poliversal— de los hitos verbales

porque al final de los ayeres

esparcimos amistad en pesados

mantos de recuerdos: cicatrices

somos cada vez que ensillamos

tientos peligrosos en el tacto

de la cobija humecida de niñez.

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Ya estoy absurdamente ido

por el espejo que fui

contra el bestial nombre.

Esparso saltos de ruindad

en la atmósfera

porque a cambio de unas monedas

mi alma gime rota en una esquina

del universo.

Ya lejos de correr camino

transitando edades

con las mismas obsesiones

que a los 9 años

aunque siendo realista

nada es más:

decirle a la mujer que deseas

te amo.

¿Qué importa la cartografía antigua

si todo el tiempo es una pérdida

obsesa de senos capitalistas?

Ya más que correr camino

fumando a tientas mi futuro,

dijo un conocido más vale fumar

que ser fumado

yo digo

me esfumo del día aquí y ahora

fumé y no soy fumado

puedo beber humo tranquilamente.

Ptolomeo no es la fuente

de la imbecilidad

no, tampoco lo es

el imposible horizonte

cultural de Descartes.

Soy yo, aquí, con plumas

rojas enrojeciendo mi anima,

porque al final me iré de este asiento

y caerá en mi el idiograma del amor.

Otra vez, sí, siempre, Japón, aunque

no sea momento de esclarecer los ángulos

de la perpetuidad. Adiós, ya fumo, ya me voy,

más que correr camino, lejos de eso, aquí

estaba dispuesta la maquinaria de una irreverencia

fotográfica y mi sentido es ausencia

hoy, día de cuetes en un paraje del universo.