Decir de uno los abismos

Vuelvo al punto

donde inmersa lucha

cifra interiores flacos.

Caminé ruidoso

por el vendaval 

y la juventud no perdona

los amores imposibles.

Decir los abismos

como la vida dicha

resto y desgarre,

entre las ramas

del árbol ancestral.

Ser caída y rincón,

nombrar los dialectos 

del insomnio, espejo

la órbita del tiempo.

Lectura en el ahora: visitando a Ortega y Gasset

Comienza aclarando mi falta de método respecto a la invención intelectual, mi falta de eso que Ortega y Gasset distingue, la distinción entre leer y estudiar. La más reciente lectura fue la de Collingwood, también sobre filosofía de la historia. No es tampoco mi conocimiento historiográfico del siglo XX ni mucho menos el excelente libro La cultural del 900, en su reflexividad historiográfica, lo que me orilla a entonar que el pensamiento histórico, para mí ya anclado en Bloch y los dos filosófos recientes, me zambullen en una intencionalidad reconstructiva trocada en esta proclama en tiempos posthistóricos. No es tampoco la esfera del capital de Sloterdijk ni la filosofía contemporánea lo que me inclina a dilucidar, expresivamente, las migajas filosóficas del pensador español que retengo con insuficiencia. Tampoco es ese incultura que ubica nuestro filósofo ibérico respecto a la especialización, hoy más alta, profunda y precisa que nunca. Sí, para Ortega y Gasset la especialización remite a una incultura, pero también reflexiona sobre la importancia y el valor de la tradición, como obstáculo y como posibilidad de innovar. Si para Habermas existe una lógica en el discurso filosófico de la modernidad, parte de tal lógica refiere a la crítica y el  arte, en una modalidad de sustitución de modas, de escuelas, de posturas que cuestionan lo precedente para renovarse en lo “nuevo” —léase moderno como uno de sus sinónimos—. Lo trascendente no es tampoco la verdad o la realidad, no es la ciencia —con una lógica propia— sino los histórico, lo humano, lo que podría remitir al determinismo cultural —también hoy, cuando todos pretenden ser creadores culturales— del tiempo, de los actos y de las construcciones. Cifrar en términos de historicismo el devenir del tiempo implica valorarlo como un instrumento humano, con una teleología especialmente en tanto asume la conexión, la relación, la interdependencia del pasado con el presente y con el futuro, no en un esquema determinista —o prospecto—, sino como una lógica donde se intuyen novedades y costumbres, cambios y persistencias, hazañas de libertad y opresión. No es que la historia sirva para conocer el pasado y proyectar el futuro, sino que la historia construye la posibilidad existencial del presente y la causalidad del futuro, desde la vertiente que ocupa lo pretérito como hechos inacabados. Si Ortega y Gasset discute y cuestiona el fin de la historia, de Hegel y de Comte, lo hace también valorando que la filosofía de la historia no es historia de la filosofía, sino que el filósofo debe transitar por todos los momentos filosóficos previos, vivirlos, aprehenderlos, transitar por ellos, para construir su sistema filosófico. No es la historia un ente pasivo, obsoleto, de hechos muertos. La historia vive, está viva, en nosotros, en lo humano.

Pensar en las posibilidades del determinismo cultural como instrumento reflexivo me orilla a la interpelación con la dimensión antropológica de la cultura, donde no sólo la “alta cultura” es cultura. Esta hazaña de la antropología, especialmente del siglo XX, ha constituido uno de los máximos elementos de proliferación creativa —aunque habría de cuestionar, axiológicamente y estéticamente, ciertas formas de creación—. No es extraño que para los postmodernos, cuando los primeros en tomar esa actitud me parece fueron los antropólogos norteamericanos de finales de los sesentas, el lenguaje y la cultura se relacionen de una forma interdependientes: por ejemplo con la interpretación semiótica que designa a la cultura como una serie de intercambios comunicativos, códigos y formulaciones socialmente internalizadas y compartidas. En todo caso se renuevan las discusiones y ahora no es tiempo más que de enfatizar que la filosofía de la historia y la historia de la filosofía deambulan, en el pensamiento de Ortega y Gasset, entre la composición flexible de una axiología del tiempo humano y una aprehensión de la phisis y su designación y vivencia. No soy filósofo, no soy historiógrafo. Soy más bien un inquieto residuo del siglo anterior. ¿Por qué leer a Ortega y Gasset? Debería tratarse del simple ejercicio reflexivo y de la intención, profesionalmente no conquistada en lo personal, de escribir sobre el pensamiento histórico de la primera mitad del siglo XX, frente al estructuralismo histórico que terminó desembocando en la postmodernidad y ese conductismo reiterativo de lo post, de lo pasado, que remite a una contemporaneidad nueva y discursos, filosóficos, académicos y culturales, ampliamente difundidos. En todo caso para mi se trata de la hiper fragmentación del tiempo, o eso que llamo distemporaneidad, por una parte, y de la recursividad aglomerativa de la neometafísica digitalista, proclive a una vivencia de la digitalidad, informática. A este régimen corresponde una pornonarcotecnodemocracia en su dimensión política, mientras que en términos del actuar cultural,  es una pluriculturalidad luminocentrica relativista. ¿Que tiene que ver Ortega y Gassset con todo esto?  Pensar lo histórico, más allá de las herencias intelectuales y academicistas de las epistemes de la modernidad, implica redimensionar lo humano en su destiempo presente.

Distemporaneidad, solipsismo y enquiste cultural

Me comentan lo hermético que puede ser mi intento por reflexionar. En sí es también un acto improvisado. Escribo y pienso desde lindes que rozan el abismo digital. Algunos dirán que se trata de una postura indie frente a la creación literaria. Es también la reminiscencia del fin de las ideologías y el sincretismo abismado de una versión postmodernista del ser. También es una contra cultura del trauma de la modernidad: fracaso de la historia, no su fin como lo dijera Fukuyama, triunfo del materialismo —cultural y monetario—, vivencia de un pathos inservible, de unicel, desechable. No es entonces gratuito intuir la ausencia de ritos de paso en mi vida, mi existir como un indigente de la cultura y el pensamiento. Escribo entonces, pero pienso también, que me devano los sesos contra el espejismo de una identidad fragmenta: fragmentación de soplar lecturas e hilvanar los silencios de tradiciones también fracasadas. 

Dentro de la distemporaneidad, o esa hyper fragmentación del tiempo, no es sólo la capacidad solipsista, o la ausencia de diálogo, no es sólo el monólogo o la tendencia a cifrar la experiencia del pensamiento, del actuar del hacer con el lenguaje, sino es más bien la infértil traducción del ser mutilado. Destiempo, cifrase monumental del anything goes, postmodernidad anquilosada, transitoriedad reflexiva del silencio, del ruido, del andar prófugo por las laberintos de otras cronologías. Al final no es tampoco el mérito de un racionalismo ortodoxo o de una racionalidad vigente. Es más bien el producto de una podredumbre intelectual. En todo caso se trata del medio instantáneo de confeccionar los accidentes del absurdo. El el distemporáneo instante promulgamos la existencia fútil de enclenques sistemas paradigmáticos de observación de la realidad. Podría muy bien emprender una epistemología del arrinconamiento ideológico, pero no desisto de la reproducción social. Y en clave transgeneracional aumento los espectros de autores, de obras, de mecanismos propios de acercamiento al universo españolizado de la humanidad.

Carecer de tiento y de métrica, explotar los pasajes torcidos que van de la poética a la historiografía, de la narrativa en su dimensión realista y ficcional, es un ejercicio que denota los axiomas propios de una enquistada fórmula de aprehender la composición eidética del sentido y del estar inserto en el micro cosmos humano. Tal micro cosmos, quebrado de su ontología naturalista y proclive a una metafísica metaficcionalizada postmaterialista, es también la oportunidad de acometer empresas matlshusianamente disímiles del signíco enunciado referencialmente construido respecto a la muchedumbre pornonarcotecnocrata. Podría simplificarlo todo a la interpretación, mutilante, del individualismo neoliberal. Neoliberalmente no es la libertad o el espacio y territorio de una geografía longitudinalmente intelectualista lo que arroba los instintos de la indigencia cultural. Todo es un presente roto, un sistema roto, un imagen rota, un psiquismo roto, una modernidad rota, traumatizante y traumadora del ser: egoísta y colectivamente fragmentación de lo uno y de lo diverso.

La pornonarcotecnocracia

El problema de vivir en un universo humano saturado y saturante, además de plantear la posibilidad de interpretar desde la química general los intercambios y flujos informativos, impide de muchas formas la traducción completa de la experiencia informática. Dicen algunos que vivimos en la República del dato, mientras que amplios sectores de experiencias y prácticas culturales y simbólicas, obstruyen la singularidad por su condición homogeneizante. Mi planteamiento, desde mis postura de indigente cultural, critica la dinámica del trending, la viralización y la postmasificación de los hechos virtualizados, en tanto generan islotes referenciales de una contemporaneidad dudosa. Prefiero decir que vivimos un universo distemporáneo, o sea, disforme y saturado de múltiples tiempos o expresiones temporales humanamente registradas. En ese sentido, el atómico particularísimo que defiendo implica la trascendencia del acto etnográfico clásico, pero también declara, sin rubor, el desconocimiento total de las posturas filósóficas presentes. En todo caso, la distemporaneidad moviliza un campo de presentes ampliados, no un presente, sino presentes diversos. Independientemente de mis teorías del tiempo —histórico y cultural— me preocupa la descripción de un ethos rotundamente explicitado, tanto en su nivel pragmático como experiencial y simbólico verbal, heredado de procesos sociales, culturales, estéticos y mentales de la segunda mitad del siglo XX. Pero pienso en antinomias que en este momento no deberán involucrar concretamente el universo mercadotécnico, económico y propagandístico de la infancia, los deportes y el ocio (en su acepción moderna, vacua y carente de significante en una economía social del actuar). La antinomia pornografía/feminismo representa quizá la mas dura prueba de verificación simbólico-cultural en un entramado de formulaciones que abarcan prácticas estéticas, ejercicio de violencia, identidades sexuales, flujos visuales y otros tipos de conductas —intra y extra femeninas—. Otra antinomia presente es la de narco/logos, presumiblemente en función del fracaso de la razón instrumental, en principio, pero también como movimiento, desde la falsa psicodelia globalizada, hacia la potenciación del ego psíquico distorsionado, intoxicado, anestesiado, abandonado al flujo incesante de la dosificación del placer y la miseria. Finalmente, la última antinomia refiere a la dualidad técnica/arte, desde la ruptura formativa, en términos morales y éticos, presente en la sociedad tecnificada, siempre que lo técnico especifica la instrumentalidad y operatividad funcionalista y ejecutiva, mientras que el arte remite, mas allá de su acepción estética, a una disciplinariedad, trascendental del academicismo, formativa, valorativa de una tradición y una innovación dialogicámente, donde el principio sustantivo es la transición de un sujeto histórico, individual y colectivo, a un estadio de ciudadanía legal, fundamentada en derechos, responsabilidades y obligaciones contractualemente comprobables. 

Estas antinomias representan un dispositivo presente en nuestra temporalidad distemporánea. Conforman, como dije, islotes de sentido, significantes en le economía social de la información y la actuación, que traslucen representaciones, prácticas, signos y elaboraciones pragmáticas, donde lo político, en su sentido de polis, es decir, organización, induce a una antinomia mayor, vigente: anarquía/cratos. Mi análisis, espontáneo y a partir de observaciones mutiladas, plantearía una urdimbre tomando por principal esta antinomia, la del poder y su ejercicio o la del poder y su disolución. Si lo anárquico, o esa ausencia de Dios, de amo, de estado, es una vía legítima, por contestar al poder hegemónico, las otras tres antinomias movilizan fibras del tejido comunicativo globalizante, industrializadas, mecanizadas, que revocan el espejismo del pensamiento religioso, dotando de la certidumbre irracionalista, necropática y antivital, la conducta humana, cifrada en un psíquismo biocognitivista, en un extremo, contra este necrocultismo violentado y atroz. La pornonarcotecnocracia implica el dominio, la prevalencia, la coagulación, de un proyecto y planificación ingenuamente dispersada a través de expresiones editoriales, fotográficas, discursivas, viodeográficas, entre otras. No es argumentar en otro sentido más que en el de la desobjetivación material, en dirección a una hyperobjetivación materialista. El régimen, entonces, induce a una composición órgnica del exceso (sexual, drogadictivo, tecnológico) como dispersión aglutinante de la urdimbre donde disolver el poder o someterse a él, implica actitudes medias, como asimilarse al poder, transformar el poder, fomentar el poder, instruirse en el poder. También se trata del ejercicio y monetarización simbólica de la desigualdad, la injusticia y el fratricidio, oposición también de los derechos fundamentales del hombre Igualdad, libertad fraternidad. Si la moneda es la desigualdad, lo es también la opresión y la represión, la negación del lo libre como mecanismo, como acto, como estratagema social masiva, en pro de un atomismo individualista, a favor de mi interpretación distemporánea del presente. La administración pornonarcotecnocrática del tiempo, que es desde donde se obtiene el espejismo homogeneizante del ser atomizado, es un factor de distribución económica, estratificación social y conductismo factual.

Lectura en el ahora: de ideas sobre la historia y una comparativa a 7 años Collingwood y Bloch

En 2010 sin saber cómo, cuándo, dónde ni por qué, decidí proponerme formar un perfil de pretendiente historiador. No era sólo por mis inquietudes referentes a Ignacio de Luzán y el siglo XVIII español, sino también por ser hijo de una historiadora y antropóloga mexicana, aunque en el fondo se trataba de realizar una empresa académica en un contexto de deriva, aislamiento, miedos e incertidumbres. Recuerdo que compré el libro de Marc Bloch Introducción a la historia  y lo leí con detenimiento, uno más de mis libros subrayados. En ese entonces no estaba en condiciones de poder realizar ningún tipo de ejercicio del pensamiento en ningún sentido. ¿Cuáles eran los ingredientes? Deseos de realizar una investigación sobre Luzán y su pensamiento, de explicar por qué razones su Poética estaba en la biblioteca de la Facultad de Humanidades, bajo la por entonces infundada razón de que seguramente había sido leído en México o Nueva España, pero ¿cuándo? ¿por quién o por quiénes? El segundo punto era el referente a las celebraciones del centenario de la revolución mexicana y el bicentenario de la guerra de independencia. Historia oficial, sin duda. Pero leí a Bloch con un interés genuino por aprender y descubrir la reflexión sobre la historia. Sin embargo, algo me distrajo ampliamente de mis inquietudes históricas: un trabajo que estuve a punto de dejar, una vida de excesos, el acercamiento a una figura de la literatura contemporánea radicada en Xalapa, la vivencia de experiencias límites que por diversas razones de orillaron a desquiciarme. Hoy estoy vivo, estoy plenamente seguro de que estoy contento con mi vida. Pero el libro de Bloch del que habló, reeditado por el Fondo de Cultura Económica, fue impreso y editado por primera vez en 1952. Ese mismo año el Fondo editaba otro libro que terminé de leer en estos últimos días: Idea de la Historia de R.G Collingwood. ¿Casualidad? ¿Historicismo? Pensamiento filosófico sobre la historia en la primera mitad del siglo XX. Dos latitudes rivales en el siglo XVIII: Inglaterra y Francia, que en el transcurso de los hechos de la segunda guerra mundial estuvieron en el mismo bando contra los alemanes. Dos vidas distintas, la de Bloch cortada, arrancada, por los escuadrones nazis frente a la resistencia francesa a la ocupación alemana; la de Collingwood una vida académica con cierto más sosiego. Esto desde mis escasas, desde mis nulas pesquisas sobre estos autores. Pienso en un ensayo, no este reporte de lectura, donde comparar cuatro formas reflexivas, desde la filosofía, de la historia: no sólo estos dos trabajos que menciono, sino incluyendo La historia como hazaña de la libertad de Benedetto Croce y el trabajo del español José Ortega y Gasset La historia como sistema. Ese posible ensayo hoy no es lo central. Tanto Collingwood como Bloch asumen que la historia remite a lo humano, al tiempo humano, a la acción humana, al pensamiento y de la experiencia humana. Con eso me quedo, me conformo. Si bien pudiera realizar una comparativa de ambos trabajos, ambos previos a la guerra fría, lo interesante para mí es la sincronicidad en el año de edición en español. Relaciones más o relaciones menos, leer a Collingwood no es sólo recorrer una tipificación, un compendio historiográfico, sino también es adentrarse en un sistema de pensamiento, en una definición concreta de la reflexión distintiva entre lo natural y  lo humano, eso que Leví-Strauss estableció muy bien en su apartado Naturaleza y Cultura en Las estructuras elementales del parentesco. De esta forma el recuento collingwoodiano también representa una nutritiva fuente de reflexión de la episteme histórica, del conocimiento y los límites y alcances de la historia como saber, independientemente de Foucault y neoestructuralismo. Collingwood logra un trabajo que responde a la modernidad occidental y su necesidad de historiar, no como un acto de la memoria sino como una posibilidad de conocer el pasado más allá de una causalidad diferencial, como una actividad de testimonio y explicación de lo ocurrido que se relaciona con el presente. La historia es pensamiento, es hacer humano, testimoniado, documentado. Entonces el historiador trabaja con pensamientos pero de distinta forma que el psicólogo. Lo crucial es tanto el recorrido por el pensamiento filosófico sobre la historia como los apuntes metodológicos sobre este tipo de conocimiento, su función, sus rasgos, sus problemas y métodos. A 7 años de haber leído a Bloch, ahora Collingwood me reafirma mi interés por la reflexión de la historia, aunque vivamos en un momento posthistórico. Finalmente mis búsquedas, anacrónicas o no, tienen un sentido en el intento construir una genealogía personal más allá de los autores de moda.

Maruchanismo intelectual y cultura inmediatista

Importa poco realmente el criterio que pueda construir respecto a la sociedad de la información y sus dimensiones. La inabarcabilidad del presente humano abigarra los rincones por donde pueda ejercerse una crítica que no derive en una doxa baladí y ramplona. Como el vericueto de la deep web o peor aún los icebergs informáticos, las modas, las tendencias, desde una horizontal verticalidad cada vez más arraigada, en las prácticas violentas y el falso empoderamiento de las minorías, el presente, que para mí es ya por muchas razones una distemporanéidad, refleja las esquirlas nucleares y colectivas de los conglomerados humanos aptos para la falacia de la sobrevivencia. No es tan sólo la carencia de una planificación inclusiva, por parte de los comandantes políticos globales, es también la negación, en los hechos, de las múltiples agendas globalizantes, desde la ONU y otras instituciones, que derriban en su cisma paradigmas del siglo XX que deberían haberse erradicado pero que se han radicalizado: la pobreza, el analfabetismo, la crisis de salud, la violencia de género. Y todos podemos opinar, todos tenemos algo que decir, pero lo decimos para olvidarlo, para dejar huella en el foro global, no en nuestro actuar cotidiano. Y en esa espiral de modas, de tendencias y paradigmas, vigentes a la reapropiación de los clichés en una retorización reinterpretativa a partir del anything goes y del retro motive, no hay capacidad de avanzar, de recorrer caminos, de incidir en la transformación humana.

Las sopas maruchan están prefabricadas, listas para agregar agua caliente y comer. El maruchanismo intelectual, esa especie de inteligencia basura, de acuerdo tácito a partir del gusto y la moda vigente, de las tendencias, el famoso trending, incluye una mutilación simbólica del capital cultural en todas partes. Y lo implica por una fractura de la diversidad, no en su expresión, sino en su composición. En pocas palabras es hablemos todos de lo mismo, aunque opinemos diferente. No es entonces tampoco la consagración a un foro y público, no es entonces la significación estructural de las ideas o la impronta por plasmar novedades. No es, lo sabemos, la modernidad industrial. Y debemos informarnos y procurar tener un criterio que para como está la vida en este tiempo es en pro de la humanidad extensiva a una cuidadosa tarea vital o en pro de la barbarie capitalista postneoliberal globalizante. Divago entonces, pero esto del maruchanismo intelectual, extensivo a la cultura, las artes, la educación, deviene del programa económico neoliberal como un mecanismo de presionar los influjos pensantes: o te amoldas, aunque seas marginal, o te desechamos. No hay espacio para la construcción de grandes debates, como dijeron en 1999 con El final de los grandes proyectos, pero tampoco hay espacio ni tiempo para la configuración espaciada del ser y sus rincones. Entonces las esquirlas son de tradiciones, de ideas, de interpretaciones, pero que se ramifican en prácticas podridas. Esquirlas de algo que fue, dicen algunos, la posthistoria. Es un atomismo individualista, una nuclearidad egopática: ¿Quién eres? ¿Qué has hecho? ¿Cuánto has ganado? ¿Cuáles son tus credenciales? Maruchanismo intelectual porque agregando al o los autores de moda, porque insertándose en la agenda (multinacional, global, nacional, regional), porque actuando de acuerdo a principios de idolatría de personalidades (y de absurdos cinturones ideológico-culturales), se puede acceder a la mitopoiética instancia de ser alguien en la digitalidad postglobalizada. Solo agregué agua caliente (o ideas calientes, o instituciones calientes, o porno caliente, o algo caliente del momento) y vea acrecentar la forma expansiva de su nombre en el mundo.

 

De la indigencia como motor

La vivencia del ostracismo, de la exclusión, en sus modalidades más simples, remite sin duda al valor primero de la indigencia: la no adscripción a institución, grupo o sociedad. El indigente es un huérfano social por decisión propia. Los mecanismos históricos de las sociedades, principalmente los relativos a la moral, introducen en el indigente una movilidad, emocional y factual, que lo induce a traslucir la palidez estructural del convivio, del encuentro. Pero en el atisbo mismo de lo marginal autoimpuesto, se localiza la configuración inherente al silencio. No es entonces una rebeldía ruidosa y modificadora, no es el inclemente instinto de transformación revolucionaria, es, por el contrario, la nitidez de una alteridad elegida como ruta de callar el indómito existir. Y si los márgenes son siempre amplios y carentes de nutrición en la sociedad, no es entonces del salto a una ningunidad o esfericidad del vacío lo que el indigente busca. Es la crítica al mundo, la crítica a la organización de lo social, lo que el indigente encarna.

Desde los rincones y confines del no ser social, desde la anulación impuesta, la indigencia remite a una decisión unívoca, definitiva, a la renuncia del contrato socialmente dado, para sustituirlo por el inminente remanso del fastidio. En el quehacer indigente los días no son tiempo, las horas son quizá soportar el hambre, quizá hacer una diligencia para obtener unas monedas y alcoholizarse, quizá dormir todo cagado u orinado en un parque público. Y si la sociedad funciona en términos de privilegios, reconocimientos y éxito, el indigente sabe que no necesita consistir su andar en otra cosa que en sus necesidades y los despojos de una vida pasada en la que perteneció a ese algo común. La indigencia promulga una desconsideración constante, la de las contradicciones inherentes a la lógica del capital. No es entonces una condición renovadora ni antiautoritaria, sino que es una imposibilidad, una renuncia, un dejarse vencer, por el inmenso aparato de lo social.

 

Este marxista frustrado que soy

luminiscense-dolar

Quería ser antropólogo a los 18 años. Quería ser revolucionario. Hubiera leído a Marx y no a Jung. Y ahí es donde está el peso de mi madre muerta, de ella como revolucionaria frustrada. Ella, en palabras de mi abuelo, no supo hacer la revolución, yo lo que no supe hacer fue el amor. Si el meollo fuera social, entonces sí, leer a Marx, conocerlo, aprenderlo, estudiarlo. En cambio el meollo es psicoemotivo, ergo, erotismo, psicoanálisis, lenguaje, pensamiento. Más aún en estos que todos los activistas se refugian en los pensadores izquierdistas o anarquistas, el ser un marxista frustrado no es más que el residuo de la más estúpida formulación filosófica que se me haya ocurrido: la desobjetivación del materialismo histórico. Un buen amigo, Juanito que no Juan Ángel, arremetería contra mí, comenzando por indicarme la lectura de Hegel y luego, quizá, Marx. No es casual entonces que mis observaciones históricas se movilicen en el intersticio del siglo XVIII al XIX, pero en España. Y un buen historiador me diría que lo más relevante en ese momento fue la Constitución de Cádiz. Yo en cambio hurgo en los papeles del pasado para explicar una ausencia dentro de la cultura. Y he ahí otra discrepancia con el marxismo y con Marx: mis objetos se localizan en la super estructura, no en los medios de producción ni el modo. Pero entonces, reitero, más de uno me diría que hay que leer A Gramsci o que me atreviera en todo caso de descartar mis ilusiones postmaterialistas. ¿Todo para que? En la raíz de mis intrépida flojera lectora, no sólo se trataría de leer a Marx, sino de comprender el pensamiento económico neoclásico: Adam Smith y Davi Ricardo, olvidando a los fisiócratas. ¿Qué significa resignarse a ser un historiador de derechas? No es esa mi postura política, si es que la tengo, si es que la ejerzo. Y Juanito podría reiterar que lea a Canetti y su Masa y Poder, y yo más bien me doy cuenta de que me atrevería a indagar en el pensamiento social de Hobbes y de Locke, pero también en los meollos tétricos de otro resto de autores no visitados.

Entonces mi frustración marxista no es más que el residuo de mi fantasías juveniles de transformar el mundo. Otros han vivido, han leído, han cambiado la vida, el cosmos cultural, otros han sido los protagonistas. No interesa mucho el hecho, interesa la herida. Y así como me identifico como un marxista frustrado, soy también un activista frustrado, un escritor frustrado, un poeta frustrado, un pensado frustrado, un padre, un hijo, un hermano, frustrado, un cocinero frustrado, un hombre frustrado. La loza del siglo XXI, que carga mi vida, es una loza de pérdidas y suturas en el alma que no tienen lugar en el mundo espectacular. No puedo, entonces, obviar que aunque quisiera escribir mi primer libro de teoría filosófica, no podría porque debería leer 200 años de obras. Y no podría tampoco olvidar, no puedo. Y en el rictus de mi pensamiento, ese entre congoja y encriptación de vivencias infernales, mi frustración marxista es una frustración de pertenencia a un mundo en el cual parecía haber un lugar para mi.

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Lo difícil no es perder a tu audiencia sino volver

Meses sin escribir, sufriendo, deprimido. Ahora en crisis, tremendo. ¿Olvido tan pronto lo que me alimenta? No puedo vivir sin escribir, no por eso seré escritor. Y pienso en los textos que emergen de mis adentros, ahora con una trayectoria mucho más lúcida, no por eso más madura. No importa el hecho del reconocimiento social, aunque en ocasiones es importante socializar los hechos. Al final de cuentas aquí estoy, y el mundo, allá, yo distante, él en crisis.

Vuelvo con un torrente torpe, torcido, de mi ser y estar en el mundo, de mi participar, de mi contender por un puesto en la pelea de la vida. Muero hoy también, vivo, lloro, me revuelco, pierdo, no sé, es un espasmo el recuerdo de mi formación.

En noviembre recogí un certificado mío de cuando estudié antropología y no pude evitar recordar lo que me hizo dejar de estudiarla. Y como ahora pretender meter mis papeles a un reconocido doctorado no pude sino sentir el peso de los años. Es una doble cuchilla la que vivo: la de ser un simple licenciado, sin puesto ni plaza ni sueldo, la de ser un joven creativo fuera de las circuitos oficiales. Tienes talento me dicen. ¿De qué sirve tener este blog? Dudo mucho que no sea más que una forma catártica de obsoletas proporciones. No es que m perezca increíble que haya jóvenes talentos multipremiados, multiaclamados, multicitados y traducidos. Yo no figuro, no soy, no estoy, no pertenezco. ¿Lo he intentado?

Y como este escupitajo gramático me impone la ardua precisión de establecer una pauta, ¿tengo futuro? No es un desaliento, no es una situación revolvente, no es sólo la posibilidad del fracaso. Es todo eso y lo que resta de mi existencia. Quizá debería abandonar las letras, no sirvo para expresar la belleza, los sentimientos, la pesadumbre, el amor, el odio, la muerte, la divinidad, para sentir tampoco sirvo metido en dinámicas sociopatas absolutas. Soy un fumador y como tal, una clase en peligro de extinción que se mata a sí misma. Perdí, pierdo el fondo, la superficie y el tacto. Todos moriremos, ¿todos seremos alguien en el mundo? Es también ser el entrometido de la historia. Si hubiera dedicado mi juventud a las artes marciales quizá hubiera sido distinto. Pero ya no sé cómo traducir el mundo, ni mis sensaciones. Absorto estoy, pero vuelvo aquí. Perdonen el vómito.

 

egopaticamente

Archivar los espejos

Todo dice —nombre,forma—

contiendas del ser. Ego

roto el inmenso mapa

del desencanto, furia, si vocal,

torrente si imagen, río descolgado

en las persianas de madera, de humo

afluente. Sobre la silla, vieja de relatos,

inmensas cúspides reducen a un soplo

la narrativa de la suciedad —ropa en desorden—.

Cuando cae el silencio, como estrella fugas en la noche,

cae en la brisa del estar

la molienda de lenguajes extraviados y muertos.

Así por doquiera los reflejos inducen a creer en otras

pantallas, como itinerario improvisado

en el viaje polvoso de las páginas de la existencia.

archivar-espejos

 

Diagnóstico

Severa crisis
del ser nombre vacuo,
figurín de polvo
es tu silencio,
una hondura
cubierta de flamas
viles por inocencias rotas.
Consumada la diáspora
del lenguaje, mutación
invertebrada del universo,
severa crisis cristalizas
el ánimo de vomitar injurias.
Perdona vida, realidad perdona,
el sino estéril de esta vocal,
torpeza cierta, si calambre del corazón
también resquemor de fracasos,
saco despabilado de mutismo.
Severa crisis
columpio al éter sombrío
la lengua ancha de tu adherir
los días al remanso turbio
de las palabras, mitades de silencio
este capital desierto,
de la calle las luces ensordecen el instante.

 

diagnostico

Por eso parte

Desdice montículos en páginas

esa conquista, cicatriz, reflujo

e insomnio, que es la derrota.

Si como cielo azul, pintada la boca

de nostalgia, esgrime una vista

de fugaz acento el columpio oxidado

sigue pasajes de parques

existencia misma, quebranto,

miel de otoño, la pinta rubricada del agua:

cristal preñado de vaho, lontananza de silencio.

Aquí hubo tiempo y ternura,

hoy nariz de cirugía y poltrona de crisis,

pero hay fracasos hoy

como ramillete de novia pobre

y el arroz, vuelo y platillo, no está cocido

está quemado por los siglos de los siglos.

por-eso-parte

La indisociable palidez nacional: de antropólogos y escritores mexicanos en la pugna por la cultura

Me remito a mis divagaciones en torno al problema de la cultura en México, desde mi horizonte de historiador, que ha transitado por la indigencia académica, con estudios truncos de antropología y bonfil-batalla-guillermo-antropologo-mexicanoliteratura. Parecería simple atribuir a dos vertientes ideológicas e históricas la querella cultural que Guillermo Bonfil Batalla estableciera con claridad. Me refiero, ya en mi ahora desfasado y anacrónico presente, a las versiones antagónicas, culturales, políticas e históricas, de la vertiente norteamericana y la vertiente española, como formulaciones y conjuntos eidéticos que sembraron posturas antagónicas en la intelectualidad mexicana del siglo XX. Y si la modernidad nos remite a los proyectos nacionales, en su diversidad y unidad, también nos remite a la Historia y la absorción, mayor o menor, de las fuentes culturales que definen la identidad mexicana.

Si hasta aquí mi balbuceo no puede ser documentado más que por premisas dudosas, no deberemos caer en el absurdo argumentativo ni dejar de considerar la pugna cultural e ideológica que define el proyecto de la cultura moderna en México, es decir, el problema indígena (no del indio de bronce sino del vivo) y el proceso de modernización y occidentalización instaurado en México (dependiente a las metrópolis desarrolladas del orbe euroamericano). Si el indio vivo representó los esfuerzos por moctezuma_ii_emperador_mexicaasimilarlo a la sociedad mexicana, la España muerta, especialmente de los siglos de Oro, representó el auge del hispanismo, en esa querella histórica que viene desde los criollos novohispanos, donde la oposición entre Moctezuma y Cortés no hace más que referir al nudo socio afectivo, al trauma cultural de la conquista, a la dualidad crujiente y definitoria del sino identitario en México. Si el indio muerto fue enaltecido, generando toda una tradición historiográfica que viene desde el siglo XVI y que con Clavijero y Boturini alcanza un apogeo singular, la España saqueadora, el pasado colonial, el influjo etnocentrista de la dominación lingüística española, la lectura de Cervantes, Quevedo, Lope de Vega, Calderón, y demás miembros del conjunto letrado del auge literario áureo español, fungieron como argamasa constructiva de un modelo de pensamiento, de actitud hacia España y de renovación que polarizó las formas de pensamiento. Si la antropología mexicana se funda en la escuela norteamericana la literatura mexicana es indisociable de los siglos de oro. En medio queda el indio vivo, las comunidades desplazadas, rebeldes, insolutas en su precariedad dentro del abigarrado e inútil proceso de modernización de los hombres de razón.

220px-manuel_gamioDesde esta perspectiva, la cultura ofrece, en ese siglo XX mexicano, sus dos vertientes pragmática e ideológicamente antagónicas: la versión de la escuela boasiana de relativismo histórico, de donde se dijo mucho tiempo que Manuel Gamio bebió, y la tradición cultural hispánica, revitalizada en términos estrictos por personalidades de la intelectualidad como Alfonso Reyes o Pedro Henríquez Ureña y José Vasconcelos. Si la antropología mexicana intentó la doble tarea, práctica y teórica, de incorporar al indígena al mundo social mexicano, la literatura mexicana se ancló como proclive al enaltecimiento de los hispano, negando, además, la precariedad histórica de la realidad española. De acuerdo, todo esto son suposiciones, lo afirmo. No sólo en la dimensión cultural o política es posible distinguir este abismo de sentido y significados divergentes entre lo español y lo norteamericano, entre la negación del presente histórico de España, en su desmembramiento y largo proceso de desconstitución imperial, y la negación del indio vivo, de su particularidad y articulación jose_vasconcelos_escritor_mexicanopedro-henriquez-urenaalfonso_reyes_escritor_mexicanoimposible en el asidero de la arena mexicana. No es extraño, en este balbuceo mío, que tanto la negación de la España perdedora como la negación del indio vivo en México, sean ambos dos modelos negativos insertos en la modernidad nacional mexicana. Si los escritores, como Octavio Paz por ejemplo, mantuvieron en sus cúpulas en vínculo certero con la tradición española, los científicos sociales, antropólogos e historiadores, se fincaron en un marxismo recalcitrante y absorbieron el compromiso de darle un sitio, aunque ellos hubieran querido que fuera el mejor sitio posible, a los grupos étnicos mexicanos.

paz_octavio_escritor_mexicanoY la labor, la tarea, fue siempre dual, en cuanto que segmentación de las élites intelectuales, entre las formadas en los united states, y las abanderadas de la tradición hispánica. Y no es gratis que esta dualidad poco evidente, se mantenga en nuestros días, como una compaginación obtusa y ansiosa de las incógnitas culturales mexicanas, puesto que en ambos casos la concreción del proyecto indigenista y del proyecto hispanista mexicanos, se vieron fortalecidos por el comportamiento esquizoide de la política presidencialista priísta del siglo XX, que negociaba con las mafias intelectuales, con los mafiosos de la cultura, el pensamiento y las instituciones, los acuerdos y políticas públicas según sus conveniencias. Y si nos remitimos a lo más tangible de esta querella, sólo deberíamos colocar en una mesa de discusión a un antropólogo de la Escuela Nacional de Antropología con un alumno de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, preguntándoles por su interpretación, académica y disciplinar, sobre España y sobre lo indígena en México.

moctezuma_ii_cortes_mexico_sigloxvi

Teoría del instinto mutilado 3

capitalismo1

Archivado en la superficie

del sueño eterno

hay una tormenta enclenque

de voces y cuerpos, que ronca

en nuestra memoria su balada.

Perderíamos el abismo de la quebrantada

aflicción que somos en otros

todo el tiempo, como somos

en nosotros un ápice de significados: morimos ciertos

entre cristalinas fugas de motivos y risueños rencores.

capitalismo2

Ninguna canción puede arropar

la estulticia que nos impone el surco del lenguaje,

porque somos vendidos y nuestro ahorro

es una economía lingüística obstinada,

terquedad como de berrinche infantil,

que zurce dentro nuestro

un alimento canoso que es fastidio y venalidad.

Porque la dicha de vivir es nombrar el aposento

cruel del sin sentido,

capitalismo3como nombre sin forma y sin cabida es,

mitad de aliento y cansancio, nuestra mirada

que rompe las estrías del alma y amasa

un espectro de papeles moneda y retazos eróticos.

Entonces naufragamos en una capitalismo

cuya crueldad nos indica ganancias,

como ramaje ancestral. ¿Dónde conquistar

el folio preciso de la indecisión si somos

péndulos en el arcilloso terreno de la certidumbre? Esas monedas

que nos inculcan fastidios nos esconden en su ramillete

de sobras y pesadez, nos introducen en la semilla

de toda injusticia y nos desfiguran el torrente vital,

como experimento genético perdemos el control

de nuestras inquietudes prístinas y somos sometimiento inflexible.

capitalismo

Reconocimiento óptico

Caras, rostros, imágenes, nos invaden, todos los días. Vivimos el régimen de la visualidad: fotos, farándula, actores y grupos, Facebook, emojis, rostros. El mar de imágenes infinitas nos circundan, nos impele a identificar, todo es identidad, conquista, nombre, incluso el anonimato tiene rostro. Caminamos por la selva ruidosa del siglo XXI entre luces, pantallas, reflejos, instantes que designan cúspides de sentido, tendencias pasajeras, modas, precipicios masivos de gustos y preferencias. El rostro entonces se convierte en un signo, en una moneda también, bajo la lógica dual de una economía de la imagen, como vertiente también, fetiche y estructura, del intercambio personalizado. Náufragos en un subjetivismo constante, todo es el semblante, el estado puro de una condición que la antropología forense identifica claramente. Si la fisognómica estriba en la identificación del rostro, hoy en día estaríamos en condiciones de preguntar por una fisognómica efímera y vacua, porque todos tenemos una cara, un semblante, un gesto, algo que nos identifica. Al final no es más que la proliferación y confirmación de las expresiones humanas lo que nos deja pensando, atemorizados, en que la cara familiar no es más que la cara compartida.

Caemos en el día a día en un ensamblaje de personalidades, en una costra de personajes y nombres, y todo el tiempo hacemos como que ignoramos la minúscula grandeza de los sin nombre, de los que no ocupan un sitio en la digitalidad. Representar la constancia de lo humano, abigarrar los horizontes propios del sentido, es un ejercicio de occidentalidad inerte y sombrío. Porque en el fondo la esclavitud visual dista mucho de corresponder a la plenitud alfabética o al paraíso cultural. Porque los rostros, las caras, no son más que símbolos en el mercado saturado de ser presencia en este siglo de digitalidades múltiples.

face

Redundar la reiteración

Aquí, que es ahora,

yace un instante,

que es paso, salto

y vacuidad, intensa

maroma sin ninguna

nada, soplido, ser,

aquí —también es

este punto— la precisión

precisa precisar precisos

señalamientos, aquí,

fugitiva fuga del estar.

circo

Cosmos amarillo

Escondite la luz

como cobija invernal

la vida

marcando silencios

amalgamados

a la rendija del porvenir.

Emblema el tropiezo

que es nuestra mirada

que mira soplando

lenguajes al firmamento.

Perderemos siempre la calma con su resplandor.

cosmos-amarillo

Lo que se dice se va pero se queda

Se va

pero se queda

un dejo de sombras

y ficciones, cortejo

maniobrado y luz.

Se va

pero se queda

como marea

tibieza cierta

si ocupación de bocas

si voces y cariños.

Se queda

pero se va

espejos siempre

los ojos, del infinito

la insulsa fractura

nuestra, marea y signo,

igual se va

pero se queda.

centromontevideo2-copia

Mis teorías de hace 8 años

Principios de una filosofía desobjetivante material

 

Lo humano es imposible de trascender humanamente, simplemente se retraduce en hechos humanos.

 

Sí algo es dado por hecho, todo debe ser dado por hecho, así que sí nada es dado por hecho algo es dado por hecho.

 

Por lo tanto sí nada es dado por hecho, todo es dado por hecho.

 

Si nada es dado por hecho y todo es dado por hecho, algo más es no dado por hecho, ya que todo y nada son dados por hecho pero son sólo algos, y no los algos absolutos ni ningunos algos, por lo que el resto de los algos no dados por hecho son o desconocidos, o evadidos, o inexistentes, o inexperienciables.

 

La experiencia está limitada por la realidad terráquea mientras que la tascendencia de lo humano se encuentra en la posibilidad negativa de abarcar ahumanamente[1] la realidad metaterráquea.

 

El principio de trascendencia de lo humano parte de una negatividad trascendental, en tanto lo humanamente posible es únicamente humanamente explicable más no experimentable.

 

Toda teoría es intrascendente en tanto se reduce a una explicación humana de lo humanamente extensivo al humano.

 

El motor de lo humano es la extinción y la ignorancia de su origen y consecuencias.

 

Lo humanamente experimentado y lo humanamente experimentable se reduce a lo humanamente desconocido.

 

Lo actual no existe sino como una representación abstracta de un momento histórico determinado

 

Lo inaccesible engendra el motor de la dominación

 

La dominación es el principio de la cultura

 

La naturaleza humana puede regirse por:

 

La dominación de lo inaccesible (búsqueda indeterminada)

La enajenación sexual de los géneros (búsqueda determinada)

La desenajenación mutacional (búsqueda consciente)

La dominación de lo accesible (búsqueda inconsciente)

 

Todo aquel humano que no quiera morir en este mundo es inconsciente.

 

La realidad meta-terráquea es impracticable, inexperienciable, al ser humano.

Sólo la realidad terráquea permite al ser humano acceder minimamente a la realiadad meta-terraqueá.

Todo conocimiento humano esta sustentado por los hechos experienciables, incluso los hechos metafísicos coercitivos, restrictivos y delimitadores de la experiencia humana.

La dominación es la capacidad de ejercer a lo experienciable el cúmulo de la experiencia humana, ya sea desplegándola, conteniéndola o ignorándola.

La experienciabilidad

Lo inexperienciable

Lo experiencable

Lo ainexperienciable

 

 

Co-presencia

Co-ausencia

Co-referencia

 

Multisofía monosófica

Unisofía polisófica

Hypersofía semiosófica acumulada

La historia puede reducirse a signos redundantes del quehacer humano a partir de la incomprensión de lo humano, de la experienciabilidad humana.

En principio se incomprendía lo externo al humano y lo humano mismo

Se llegó a domesticar lo externo y lo interno del humano

Se desarrollaron sistemas comprensibles de lo externo a lo humano y de lo humano

Se polemizó sobre la relación entre lo humano y lo externo

No existe lo externo a lo humano en tanto que lo humano y las formas de vida diversas, se circunscriben a la especificidad de un contexto (terráqueo).

La pluralidad cultural se reduce a la diversidad biohistórica, mientras que la pluralidad de lo vivo y existido se reduce a la unicidad del contexto terráqueo. La pluralidad existe en tanto motor de autorregulación del proceso de extinción, pero no como realidad última, justificable en la experiencibilidad, ya que la experienciabilidad no es la facultad de experimentar o adquirir experiencia, sino aquello que resulta inasequible para el humano por carecer de su experiencia y de su experimentación.
La antroposofía de la ciencia

La antroposofía de la cultura

La antroposofía de lo experiencible

 

 

Unizoofía del conocimiento

Unizoofía de la sociedad

Unizoofía del tiempo

 

Unizoofía: unizoofico unizooficísmo, unizooficidad, unizooficamente, unizooficable.

 

Unizoofía: sistemas cognitivos derivados de la experiencia única y unívoca de la especie humana.

 

Polizoofía: aprehensión indeducible, experienciable, común a todas las especies animales vivientes.

Sentirse subyugado a las imposiciones morales de una época y martirizarse con ese sentir es corroborar las formas coercitivas de las instituciones.

 

Toda institución supera al individuo más aún si este no participa conscientemente de ella y lo hace de forma enajenada. Por lo tanto el individuo no existe sino en comunidad, en la posibilidad de la construcción recíproca del otro por el otro, con el otro, en el otro y para el otro, donde la conciencia en tanto constructo cognitivo permite el desdoblamiento pluridireccional de las capacidades inherentes a la cultura y a la composición antropofísica.

 

Musicofilología del siglo XX

 

E.D. B.C.II

 

Hace cerca de 44 generaciones atrás, los avances tecnológicos, el desenvolvimiento de las técnicas agrícolas y productivas, así como las revelaciones secretas de algunas sectas religiosas que derivaron de las antiguos grupos conocedores del único vestigio de conocimiento ancestral, tuvieron una reunión para celebrar nuevamente el gran tratado que habría de reestablecer la alianza del sol.

Sin haber olvidado que algunos habían descendido del cielo y que otros hubieron salido del agua, jamás se olvidaron de que los caminantes de la faz de la tierra habrían y han de hermanarse mientras la vida perdure.

Se celebraron intercambios amorosos en memoria de la sangre derramada, de las cenizas ofrendadas y de los intercambios seminales entre hermanos y hermanas.

Se entregaron ofrendas a los dioses en los altares que venían siendo reconstruidos con la laboriosa voluntad de un pequeño grupo de guerreros protectores de la luz, la amistad y el bien. Olvidamos todas las heridas, lágrimas y despechos para mantener comunicación con nuestros ancestros siguiendo el ritmico latido de nuestro esperanzado corazón, a pesar de que fuimos despreciados hace tanto y de tan fuerte manera, a pesar de que nadie hubo confiado en nosotros jamás, a pesar de que supimos que tendríamos que mantenernos en pie de batalla por el resto de nuestras generaciones.

Conseguimos preservar al fuego como herramienta, a la tierra como alimentadora y al cielo como recuerdo luminoso de aquel día.

Actualmente nuestras tradiciones heredadas son poner aretes a las muchachas infantes y dejarles su cabellera larga sin cortarles su virginidad antes de una nupsia sagrada. Además valoramos el uso de plantas medicinales, conocimiento mineralógico, así como el respeto a la muerte silenciosa y no violenta de todos y cada uno de los seres vivientes y por vivir.

Nos protegemos con cánticos emergentes y recordados del brillo azul de la llamarada de fuego, comemos frutos sagrados como Manzanas, Tunas y en ocasiones carne roja pero escasamente de cochino. AL tener sed tomamos agua, al tener apetito comemos, al sentir angustia fumamos o meditamos. No nos gustan demasiado los excesos pero les conocemos bien.

Nazadarayama fue recordada un día que fue de noche en el que hubo un choque intergalactico inusual. Ahora lo único que pedimos es un olvido silencioso, cadente y tonal.

Estudios genealógicos revelaron la presencia de un antiguo codice ubicado en algún museo Inglés, de una celebración especialmente enriquecida por haberse celebrado en una fecha coincidente con un 29 aniversario. Sentimos la necesidad de llevar a cabo una ceremonia para entonar una nueva canción y para conocer el resto de esta investigación, celebrada y desarrollada desde la primavera del año 2002 después de CRISTO.

Se trata de un decubrimiento vandálico-chamaníco sobre el tránsito de un ciclo vital a otro. No nos hacemos responsables de los detalles historiograficos, antropoñlogicos ni psiquicos que puedan derivarse del fruto de nuestro trabajo.

La relación existente entre cuerpo, mente y voluntad fue comprobada gratificantemente y se busca desarrollar una fórmula etnopoética de llevarla a cabo. Esto quiere decir que mediante el conocimiento proporcionado por los avances etnográficos y de la ciencia etnohistórico, en combinación con las reflexiones poéticas del círculo de PRAGA y las notas del curso de Lingüística General de F. Saussure, se ha detectado una forma de conocimiento desprendida de un proceso de inversión factual del materialismo histórico que C. Marx hubo planteado hacía mediados del Siglo XIX, tomando como referencia valiosa los aportes en el campo de la biología y las ciencias naturales, con la sabida discusión, surgida en las universidades alemanas, sobre las ciencias naturales y las del espíritu.

Bajo un planteamiento estructural, más no por ello estructuralista, nos apoyamos en una enfática continuación de la reproducción amorosa, de la investigación cientifica con fines pacíficos y de la creación de nuevos y maravillosos juguetes para las nuevas generaciones. Hemos vislumbrado la creación de una laboratorio con fines de apoyo para nuestra investigación que esta por concluir en este invierno.

Provengo de una familia de medicos, ingenieros y matemáticos, por una parte, y por la otra de educadores e historiadores, que me han instruido y ensañado todas su artes y de3 las cuales yo sólo cuento con un poco de conocimiento.

Pido de la manera más formal y distinguida materiales para la construcción de lo se ha constituido en mi interior, de las ideas que he hallado así como de los artefactos y juguetes que hasta ahora no se han visto sino en la imaginación.

Por ello requiero de acompañantes, de amigos y camaradas para la realización única y exclusiva de todo aquello que mis ojos han visto y no presenciado, de lo que mis manos han alcanzado y no han tocado, de lo que mis pies han andado y no caminado, de lo que mi boca, mi oido y mi alma ha sufrido pero no por ello lastimado nunca, así como de una inmensa dosis vital de plantas medicinales puesto que las inveciones quimicas que han sido descubiertas hasta ahora pueden cuasar males dañiños para la salud y al parecer irreversibles para el buen funcionamiento del cuerpo. El uso moderado, controlado y bajo conocimientos ancestrales de las plantas denominadas como drogas y las campañas en su contra son sólo una invención ética que debe ser conducida con una mejor y más precavida forma discursiva.

No estamos de acuerdo con las políticas inherentes al proceso de tecnocratización unilateral ni con las demandas económicolaborales actuales porque consideramos preciso y pertinente poner de relieve que la barbarie pornográfica, la adulteración de los recursos naturales y el procesamiento alimenticio pueden generar compañias de alto grado monetario a expensas de la salud de todos nosotros. Creemos que la solidaridad entre todos puede coadyuvar a la realización de tan hermoso y grandiosa empresa que cuenta ya con un acervo bibliotecario, con algunos aparatos inventados, también con residencias para la instrucción, además de una trayectoria especialmente importante de sanadores, siendo esta última la más desconocida de todas.

El capitalismo tecnocrático nos ha dejado una ola de terror, miseria y dolor de la que todos somos testigos y por la que ahora luchamos para poblar este mundo, y ningún otro, de nuevas discursos, de nuevas invenciones, y por si fuera poco, de nuevos miembros vitalicios que se han de encargar de preservar nuestros logros, pero no de repetir nuestras hazañas. Estamos en rotundo combate contra las antiguas y pasadas formas de descomposición socioestructural, contra las intentonas pseudoreligiosas y contra el desarrollo de fármacos descompensatorios de la estabilidad entera de todos y cada uno de los organismos vivientes, incluyéndonos.

paseo

 

 

[1] DESANTROPOCÉNTRICAMENTE

Información, suturación y localización

ojo2La retícula informativa del presente compone tejidos que van movilizando niveles de atención, de audiencias, de intereses. Por una parte existe en la digitalidad global una fértil tendencia a la charlatenería y por otra la compaginación pendular del registro del tiempo y sus hechos en las distintas latitudes del orbe planetario del siglo XXI. El problema en sí estriba en las grandes cadenas de información que ostentan una corporatividad saturante. La información no es conocimiento ni su moneda es otra que el efímero sentido ostensible en su comunicación.

Vivir en un entorno digital saturado, en donde es posible que ocasionalmente haya una dislocación estructural de los contenidos, nos implica considerar las dimensiones de una economía semántica que deriva en prácticas, gustos, hechos compartidos, referencias, símbolos, entre otras formas. En sí la saturación explica la ausencia de proyección generalista pues esta saturación digital nos impele a la fragmentación del mundo y a su circuito epicéntrico. Lo saturado en sus taxonomía está escrito, expresado, comunicado, pero también olvidado, enfrascado en una retícula informativa que demerita la originalidad en aras de una tendenciosidad fastuosa y abigarrada.

La vivencia de lo informativo en su dimensión saturada también define las posibilidades de ojoestructurar, identificar y localizar los nudos semánticos y las redes y tejidos en donde ejercen mayor o menor influencia. Si nos atenemos a una filosofía de las formas digitales, a una virtualidad exacerbada, nos implicamos certeramente en una discusión sobre el ethos anónimo, sobre el acto postmaterialista de la cultura y las ramificaciones sociohistóricas que los argumentos e ideologías vigentes ostentan. Axiológicamente parece que la vida en la red y sus digitalismos nos inducen a un estado de esquizofrenía conductual, siempre que lo que no está en internet no existe, y, por consiguiente, precisa registrarse, guardarse, almacenarse, para socializarse, difundirse y comunicarse. Los hechos trascendentes, entonces, inducen a la vivencia de la época posthistórica de la que habla Sloterdijk, pero también a un posicionamiento, opositor o favorecedor, de las agendas diversas y válidas en nuestros días. Pensar entonces en la construcción de un espacio cultural en la red o de un proyecto creativo, como este que intento, es políticamente incorrecto siempre que no se atiene a agenda alguna. Pero la reflexión y el pensamiento sobre la digitalidad y sus formas, rechaza toda aprehensión ojo3filosófica y es renuente a una exteriorización comunicativa simple y mecánica.

Si la saturación informativa puede formular lagunas, territorios desolados y tendencias proclives a la ignorancia, tal ignorancia no representa en sí un absoluto categórico sino que representa las dimensiones vacías, los huecos y las fisuras de conocer y abordar una metafísica moderna, definida por el progreso o los nacionalismos, puesto que las aristas comunicativas, vinculadas necesariamente con amplias cartografías referenciales, impiden que la construcción discursiva sea generalizada y que más bien se trate de discursos específicos con pesos ideológicos y culturales concretos.

Polvosa circularidad

Pulsos trozan

atmósferas precarias,

esas desdichas,

ruindad, ancestrales.

Lóbrega flexibilidad

el antes del sol,

licuada la máquina

creativa, cerebro maquillado

de ignorancia. Eso, polvo,

que es nuestra mancha,

deseo e hito, marcial

recuerdo de tristezas.

Antídoto de la memoria

oscura personificación

este desquite del eterno

fluir, marchita la raíz

nuestro canoso pensamiento

designa los hilos de su perpetuidad.

ellacirculo2

Dislocación del espíritu creador

No basta con implementar dispositivos creativos y de difusión expresiva, no basta con tener buena ortografía, o mala, no basta si quiera con acumular lecturas o miradas atentas a la tradición pictórica. Precisa, para el espíritu creador, actualmente una compleja red de habilidades, técnicas y métodos, que permitan la expansión del mensaje y del contenido. La dualidad forma-contenido, abigarrada en el saturado ambiente de expresiones contemporáneas, no remite más a las posibilidades de crear una jugada discursiva novedosa, sino remite a la morbosidad instantánea de los hechos y las formas de comunicación. water1

El problema histórico entre tradición y novedad, sucumbe ahora en la multidimensionalidad de los pastiches. La pureza del arte o de las expresiones estéticas, en su dimensión viral, responden al amarillismo cultural, a la tendenciosidad precaria de una moda y su efímero récord de visitas. Está demás pensar y decir con notoriedad las cosas, porque vivimos, aquí en internet, un universo de múltiples formas discursivas, que avasallan el criterio propio, siempre en construcción, al acto de seguir ofrendase desconocidas. Y la construcción de un criterio, personal, se moviliza siempre en todas direcciones, porque en el ácido momento de la renuncia a la verosimilitud moderna, naufragamos en una hostilidad pasajera, un el acto voyeurista, en el esparcimiento fútil, en la campechana de medios, recursos y figuras estereotipadas.

Al encasillar la creatividad en una nulidad comunicativa, como aquí parece en ocasiones mostrarse,water3 no dista nada del aislamiento mental y del despilfarro anti-ideológico que podría muy bien caber en una escritura vacía y tenue, abismalmente diluida en la poltrona del desempleo y la constricción personificada de una esfericidad terca: el recorrido que va de la inventio y la imago a la retórica insalubre y corrosiva, desquiciante y mordaz en su lucha intestina por mostrarse auténtica y original.

Si crear no puede otra cosa más que referencia a las grandes obras y los grandes autores en nuestros días, crear es una abominación constante que rompe para mí debe romper el cerco del automatismo y mostrarse teatralmente, líricamente, pictóricamente, a partir no ya de un canon o un conocimiento preciso del pasado histórico-estético (no solamente), sino que debe nutrir una exploración personal y colectiva que permita oscilar del nihilismo al totalitarismo estético, en aras de fomentar una water2actualidad fenomenológicamente imposibilitada de renuncias.

Al final todo se trata, para mi, de hacer un sitio en el universo tergiversado del lenguaje multiplicado en parcelas y aromáticas tendencias pasajeras. Se trata de embalsamar mi lengua y mis nulos conocimientos teóricos y filosóficos, no sólo como muestra y exposición raquítica del ser no instruido absolutamente, sino como mecanismo factual de exteriorización provisional de una pathos intrincado y fugaz, como el resto de los eventos, que indaga y provoca, desde circunstancias locales, un efecto reflejante creativo, creador, sustancialmente entrometido en la distorsión de los lenguajes, como una falsa episteme estética, no inmersa en la realización y performatividad del inabarcable presente.

Vuelo a ningún ocaso

Del absorto camino

pedazo

tiento

del colapso, instinto,

como de vidas menguantes,

ojos, azul regazo: espacio

horizontal del insomnio.

Torpeza siempre,

espera, soltura en el aire,

tener el frío acento del invierno

incrustado en el pétalo de la flor.

Aroma

de la colina y la infancia

cocinar acaso

palabras en un almacén de sentido.

birdy

Mística derretida de un escopetazo retórico

¿Cuántos enigmas quedaron pendientes al trastocar el salto de siglos a una mediocre rendija de luces que tintinean en el espacio? Como si de caídas y cosquilleos fuera la vida, acaso seña y soplo energizado, existe una avalancha infértil que convoca al pudor y la venganza. Pero si la moralidad resume las licencias del ser, los escondites del signo remiten a una arborescencia fugitiva de la cultura, porque en el bosque incierto de las mentalidades universales no existe una eternidad. Lo específico no es accesorio sino definitorio de proscritas modas. Al final de este pasaje intraducible mantenga usted la calma o si desea perderla no acometa a besos a su amada porque quizá mañana le diga que usted es muy guapo pero que consiguió a otro rico.

Existen mapas perdidos de todas las historiografías de la imaginación, como existen laberintos de sueños y existen amores posibles. También el cuarto repleto de libros asume un alquitranado buque, como si dentro de este palacio minúsculo y serrano —que es una biblioteca— se levantara inconsciente una mansedumbre a la contemplación anacrónica instante. Y en la cristalina oscuridad del mañana un ápice de cordura remueve las mordeduras de la carne inocente, escribe también un testamento a las conquistas humanas y, en su destartalada memoria, una mujer, que rezonga, es como una fritanga china ingerida por miles de millones de personas. Al momento no sabemos tampoco si hay vida en otras regiones cósmicas pero quizá también deberíamos dejar de alimentar los egos nacionales y permitir que las fronteras, inexistentes, fueran abiertas al compás de los intereses populares. Sin embargo, todo es un mercado, ahora global, irruptor y transgresor de la cordialidad y la armonía, de la justicia y del repartimiento equitativo de la riqueza. Simplemente un marxista frustrado no es más que un ideólogo mártir de la cruel sopa de lo imposible. Ante el llano indómito de la saturación comunicativa, el totalitarismo expresivo nunca puede sino mostrar los fragmentos dúctiles de lo que sigue siendo la praxis humana.

ojera

Bio identificación o identidad en trance

Romulo5

¿Qué soy?

Romulo11

Cuando empujo mi voz

hacia el mundo,

¿qué hago?

Sopla la vida

su balada, perpetuidad.

Romulo6

¿Cómo existe

afuera el universo?

Nadie compone

mi fauna interior,

soledad mayúscula

el destino de mis aguas.

Por la primavera una vez escupí    Romulo7

antiguos traumas que orillan mi presencia

a sinuosos riscos mentales.Romulo2

Pérdida y práctica, todo terreno

que engulle los testigos y las notas.

Apuntes deteriorados del silencio

esperar el autobús con el sigilo

de un gato.

¿Quién apuntó en mi boca el recadoRomulo8

no absorbido de la nomenclatura celeste?

Perder entonces el espasmo, el ímpetu, como un tropel de idolatrías:

el consabido revolver la magnesia y la gimnasia.

Tiento febril este aliento canoso de amistades.

Hueco si mutismo, ardor si torpedo y dardo la palabra.

 

Romulo9

¿Qué soy? ¿Soy? ¿Estoy aquí?

Nunca predije el final de un futuro promisorio,

pero enuncié las fauces del destino

y la sombra de los atardeceres

son soles de vidas pasadas.

Reencarnación el tianguis de palabras,

antídoto al marasmo del entretenimiento, esta razón empecinada y garigoleada.

Romulo10

Había una frase en inglés que me gustaba,

pero me pregunté ¿quién soy? ¿merezco esto?

La diatriba del aire me configura al momento,

cuando hierve mi garganta en el decibel austero

y calla mi penumbra lo que dice mi tono de re menor.

Aquí, donde naufrago, esparzo bocanadas entibiadas de…

Todos los días son el mismo día final.

Romulo1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lectura en el ahora 3: Jean Paul Sartre

Enemigos

Quizás no eran mis enemigos

pero lo eran tal vez, quizás

no fueran hostiles o envidiosos,

pero lo eran. Quizás mi boca

no supo nombrarlos

quizá tampoco estuve cerca de ellos.

Quizá no tenían intenciones

de lastimarme siempre,

una y otra vez,

pero lo hacían.

Quizás simplemente

fui ingenuo

al creer que seríamos amigos,

pero eran mis enemigos,

siempre

cuando entre ellos se apoyaban

y a mi me orillaban a recluirme.

Quizá no estábamos destinados

a compartir la mesa y los libros,

la música y los momentos, porque

en la superficie decían que estaban

conmigo, pero contra mí estaban,

siempre, en sus actos y en sus decires.

Quizás no eran mis enemigos,

pero lo eran

cuando me expulsaban

de sus días y las noches

eran, sin mí, una colmena

de éxitos para ellos.

Me conocían, poco es cierto,

y sabían de mí

pero nunca me invitaron

a publicar con ellos

ni a sus fiestas

ni a sus reuniones

ni a un picnic sabatino

y yo, torcido siempre

en esta soledad

inmensa, ingenuamente dudé

que fueran mis enemigos.

enemigos

Atmósfera derretida en un acto

perdida1

Podría creerse que la falta de sentido en el ámbito creativo es una derivación extensa de los fragmentos rotos que sucumben en un intento de teorizar la sensibilidad. Pero no hay un lugar común a la presencia ignota de la inspiración, no al menos en cuanto que deviene en un sin fin de actos, emergencias y situaciones. Propiciar la rememoración con la creación es un cuchilla mental, en mí caso, cuya inflexión de apropiación del significado de la experiencia puede muy bien circunscribirse en un acto reflexivo. En todo caso el semblante de mis carencias ideológicas, especialmente políticas, remite a una constricción volitiva de mi ser en el mundo, un tanto burgués, un tanto parcial, un tanto quebrada de los flujos informativos, de los hechos vigentes. Pero en el acto creativo, en el impulso creador que sigo, que persigo con mi automatismo escritural, no existe una premonición latente ni un fondo instantáneo que surque los océanos del ancho mar digital. En mi feudo creativo las exploraciones realizadas pueden muy bien ser legítimas o no, pero en el peor de los casos se trata del impulso catártico que, orillado a la necedad de un acto distorsionado, promulga los epicentros, ora lúgubres ora luminosos, que demarcan los linderos de mi discursividad.

Mantengo un impulso neto de exposición verificada en donde es posible localizar un influjo constante, en ocasiones falaz y otras veces pleno de sentido. Hay también un intervalo que oscila del lenguaje, del pensamiento, de las dimensiones interpretativas del ser y del mundo, a una estética cardinalmente solitaria, emblema mismo de un arte quebradizo, de una arteria sensible fugitiva, de una espiral ininteligible. Por la construcción sin agenda ni itinerario, mi arte, mi poesía, mis creaciones, no responden a la realidad ajena, al mundo externo, a la metafísica internáutica, sino que son porciones todas de mi interioridad, de mi instintividad creadora, de una especie de vivir el presente que no tiene nada que ver con el presente, una fórmula negativa, por dialéctica, de la asunción del tiempo y de sus marcas en el ahora. Lo instantáneo figura como un producto realizable, pérdida de simbolismo y de abstracción, surco y manantial de frases, versos, prosas, imágenes, orillas mismas del acto de desahogo incesante, infructuoso, ocioso, extravío y sombra de la torcedura del alma que me invoca cada vez a nombrar, a decir, a poner en juego una red de impulsos estéticos de dudosa procedencia.

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