Distemporaneidad, solipsismo y enquiste cultural

Me comentan lo hermético que puede ser mi intento por reflexionar. En sí es también un acto improvisado. Escribo y pienso desde lindes que rozan el abismo digital. Algunos dirán que se trata de una postura indie frente a la creación literaria. Es también la reminiscencia del fin de las ideologías y el sincretismo abismado de una versión postmodernista del ser. También es una contra cultura del trauma de la modernidad: fracaso de la historia, no su fin como lo dijera Fukuyama, triunfo del materialismo —cultural y monetario—, vivencia de un pathos inservible, de unicel, desechable. No es entonces gratuito intuir la ausencia de ritos de paso en mi vida, mi existir como un indigente de la cultura y el pensamiento. Escribo entonces, pero pienso también, que me devano los sesos contra el espejismo de una identidad fragmenta: fragmentación de soplar lecturas e hilvanar los silencios de tradiciones también fracasadas. 

Dentro de la distemporaneidad, o esa hyper fragmentación del tiempo, no es sólo la capacidad solipsista, o la ausencia de diálogo, no es sólo el monólogo o la tendencia a cifrar la experiencia del pensamiento, del actuar del hacer con el lenguaje, sino es más bien la infértil traducción del ser mutilado. Destiempo, cifrase monumental del anything goes, postmodernidad anquilosada, transitoriedad reflexiva del silencio, del ruido, del andar prófugo por las laberintos de otras cronologías. Al final no es tampoco el mérito de un racionalismo ortodoxo o de una racionalidad vigente. Es más bien el producto de una podredumbre intelectual. En todo caso se trata del medio instantáneo de confeccionar los accidentes del absurdo. El el distemporáneo instante promulgamos la existencia fútil de enclenques sistemas paradigmáticos de observación de la realidad. Podría muy bien emprender una epistemología del arrinconamiento ideológico, pero no desisto de la reproducción social. Y en clave transgeneracional aumento los espectros de autores, de obras, de mecanismos propios de acercamiento al universo españolizado de la humanidad.

Carecer de tiento y de métrica, explotar los pasajes torcidos que van de la poética a la historiografía, de la narrativa en su dimensión realista y ficcional, es un ejercicio que denota los axiomas propios de una enquistada fórmula de aprehender la composición eidética del sentido y del estar inserto en el micro cosmos humano. Tal micro cosmos, quebrado de su ontología naturalista y proclive a una metafísica metaficcionalizada postmaterialista, es también la oportunidad de acometer empresas matlshusianamente disímiles del signíco enunciado referencialmente construido respecto a la muchedumbre pornonarcotecnocrata. Podría simplificarlo todo a la interpretación, mutilante, del individualismo neoliberal. Neoliberalmente no es la libertad o el espacio y territorio de una geografía longitudinalmente intelectualista lo que arroba los instintos de la indigencia cultural. Todo es un presente roto, un sistema roto, un imagen rota, un psiquismo roto, una modernidad rota, traumatizante y traumadora del ser: egoísta y colectivamente fragmentación de lo uno y de lo diverso.

La pornonarcotecnocracia

El problema de vivir en un universo humano saturado y saturante, además de plantear la posibilidad de interpretar desde la química general los intercambios y flujos informativos, impide de muchas formas la traducción completa de la experiencia informática. Dicen algunos que vivimos en la República del dato, mientras que amplios sectores de experiencias y prácticas culturales y simbólicas, obstruyen la singularidad por su condición homogeneizante. Mi planteamiento, desde mis postura de indigente cultural, critica la dinámica del trending, la viralización y la postmasificación de los hechos virtualizados, en tanto generan islotes referenciales de una contemporaneidad dudosa. Prefiero decir que vivimos un universo distemporáneo, o sea, disforme y saturado de múltiples tiempos o expresiones temporales humanamente registradas. En ese sentido, el atómico particularísimo que defiendo implica la trascendencia del acto etnográfico clásico, pero también declara, sin rubor, el desconocimiento total de las posturas filósóficas presentes. En todo caso, la distemporaneidad moviliza un campo de presentes ampliados, no un presente, sino presentes diversos. Independientemente de mis teorías del tiempo —histórico y cultural— me preocupa la descripción de un ethos rotundamente explicitado, tanto en su nivel pragmático como experiencial y simbólico verbal, heredado de procesos sociales, culturales, estéticos y mentales de la segunda mitad del siglo XX. Pero pienso en antinomias que en este momento no deberán involucrar concretamente el universo mercadotécnico, económico y propagandístico de la infancia, los deportes y el ocio (en su acepción moderna, vacua y carente de significante en una economía social del actuar). La antinomia pornografía/feminismo representa quizá la mas dura prueba de verificación simbólico-cultural en un entramado de formulaciones que abarcan prácticas estéticas, ejercicio de violencia, identidades sexuales, flujos visuales y otros tipos de conductas —intra y extra femeninas—. Otra antinomia presente es la de narco/logos, presumiblemente en función del fracaso de la razón instrumental, en principio, pero también como movimiento, desde la falsa psicodelia globalizada, hacia la potenciación del ego psíquico distorsionado, intoxicado, anestesiado, abandonado al flujo incesante de la dosificación del placer y la miseria. Finalmente, la última antinomia refiere a la dualidad técnica/arte, desde la ruptura formativa, en términos morales y éticos, presente en la sociedad tecnificada, siempre que lo técnico especifica la instrumentalidad y operatividad funcionalista y ejecutiva, mientras que el arte remite, mas allá de su acepción estética, a una disciplinariedad, trascendental del academicismo, formativa, valorativa de una tradición y una innovación dialogicámente, donde el principio sustantivo es la transición de un sujeto histórico, individual y colectivo, a un estadio de ciudadanía legal, fundamentada en derechos, responsabilidades y obligaciones contractualemente comprobables. 

Estas antinomias representan un dispositivo presente en nuestra temporalidad distemporánea. Conforman, como dije, islotes de sentido, significantes en le economía social de la información y la actuación, que traslucen representaciones, prácticas, signos y elaboraciones pragmáticas, donde lo político, en su sentido de polis, es decir, organización, induce a una antinomia mayor, vigente: anarquía/cratos. Mi análisis, espontáneo y a partir de observaciones mutiladas, plantearía una urdimbre tomando por principal esta antinomia, la del poder y su ejercicio o la del poder y su disolución. Si lo anárquico, o esa ausencia de Dios, de amo, de estado, es una vía legítima, por contestar al poder hegemónico, las otras tres antinomias movilizan fibras del tejido comunicativo globalizante, industrializadas, mecanizadas, que revocan el espejismo del pensamiento religioso, dotando de la certidumbre irracionalista, necropática y antivital, la conducta humana, cifrada en un psíquismo biocognitivista, en un extremo, contra este necrocultismo violentado y atroz. La pornonarcotecnocracia implica el dominio, la prevalencia, la coagulación, de un proyecto y planificación ingenuamente dispersada a través de expresiones editoriales, fotográficas, discursivas, viodeográficas, entre otras. No es argumentar en otro sentido más que en el de la desobjetivación material, en dirección a una hyperobjetivación materialista. El régimen, entonces, induce a una composición órgnica del exceso (sexual, drogadictivo, tecnológico) como dispersión aglutinante de la urdimbre donde disolver el poder o someterse a él, implica actitudes medias, como asimilarse al poder, transformar el poder, fomentar el poder, instruirse en el poder. También se trata del ejercicio y monetarización simbólica de la desigualdad, la injusticia y el fratricidio, oposición también de los derechos fundamentales del hombre Igualdad, libertad fraternidad. Si la moneda es la desigualdad, lo es también la opresión y la represión, la negación del lo libre como mecanismo, como acto, como estratagema social masiva, en pro de un atomismo individualista, a favor de mi interpretación distemporánea del presente. La administración pornonarcotecnocrática del tiempo, que es desde donde se obtiene el espejismo homogeneizante del ser atomizado, es un factor de distribución económica, estratificación social y conductismo factual.

Desgano animado

Porqué una vez contaron

los corales del océano,

una vez predijeron

la temporada asesina,

una vez fecharon el ciclo

de la mutación. Sombras,

nos invocamos en silencio,

el torpe residuo del enajenante

dogma, si quebranto fanatismo

si dicha desdén, jamás incertidumbre.

Los rincones esbeltos del ser,

una configuración autómata,

lengua y cicatriz, parco romper

las hojas del abecedario,

inflexión y supura, ver encandiladas

las avalanchas del sentido. Atrás

nuestro plagiar los días y el fracaso ajeno,

propiedad y dureza, esta marea de papeles.

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La pieza

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¿Qué forma atañe

al trastornar los tiempos

si del conocimiento fluyen

los silencios? Nos incumbe

una porción ínfima de cielo,

como el pestañeo primero

del día, que nos incumbe

siempre en la visión futura.

Si del presente parte

la longitud del nombre,

de su faena surge

el alfabeto entero,

íntegro trozo de pensamiento,

hombre de siempre, cabalgar

rincones con el olvido firme,

tiento a veces, amores si de la boca nacen

reminiscencias rosas, como de nubes

atardeceres. Como de absorto invierno

la flacidez infinita de juventudes tercas,

de la canción renuente la primavera,

como de un rompecabezas la pieza

que forma torpe en sí encierra

íntegra pieza junto con otras, junto con otras

mundo y completa parte de una secreta

voz que funge de amalgama y llave,

llave ensamblada con el herraje de las ideas.

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Bibliotrauma

DSCN2678Pensamientos sueltos componen los linderos precisos de mi inteligencia verbal, de mi autismo como autor, deslindado del presente, en vínculo incierto con los acontecimientos. ¿Qué es la actualidad? ¿Qué resguarda la morada de las letras? Pensar que leer es un acto de diálogo virtual es en esencia algo cierto y también una consciencia de acceso a la otredad inmensa. Después de 3 intentos universitarios diversos puedo decir que he acumulado, para bien y para mal, distintos soportes bibliográficos. Y de vez en cuando me obstino en caer en el sin sentido del wanna be, para extraer de mi experiencia un conato de bronca intelectual. Aquí, en los estantes donde no caben las estrellas del momento, me extravío pensando que no seré el autor cotizado ni el pensador renombrado, pero nunca haré a un lado la dosis de originalidad que me puede proporcionar mi experiencia como indigente académico.

Libros de historia, de teoría literaria, de filosofía del lenguaje, del siglo XVIII (franceses, españoles, novohispanos, ingleses), de discurso, de literatura mexicana, latinoamericana y alemana, entre otras cosas, componen el minúsculo atisbo de lecturas pendientes: un abigarrado ejército de autores en mi intento de DSCN2680desfiguración del canon y la tradición estética verbal. Y no desisto porque ahora puedo decir que soy un pequeño historiador y poeta, en ciernes novelista y tal vez ensayista, todo depende del cristal con que se mire. Y no renuncio a mi matrimonio con las letras, existencial y desgarrador, porque en el fondo no es tampoco una cosa adictiva o compulsiva sino un acto de fe y de amor, de vida.

Los libros son un refugio, siempre, nunca una carga, jamás un peso u obstinado embalaje de miserias. Y entre tanto devano con tiento una cierta estrategia personal, de publicación, compaginada con mis proyectos de lectura. No soy parte de la intelectualidad del momento ni tampoco ostento ningún rótulo propio de joven promesa. No creo en los concursos literarios y pienso que hemos perdido el sentido y la significación de las formas luminosas del ser cuando nos acorralamos contra las dosis de realidad que nos impelen a creer en un futuro posible. Pero los libros que están aquí, conmigo, me sacuden y me invitan no tan solo a imaginar el para qué leerlos o el porqué postergar su lectura, sino a identificarme en la búsqueda de algo que no tiene forma ni rostro, mis próximos proyectos creativos.

DSCN2683El pasado mes de junio me titule de licenciado en Historia por la Universidad Veracruzana. Y es en esa dicotomía, en esa dualidad entre lo académico y lo creativo, que me zambullo en un marasmo de constancias falaces y de atormentadas cicatrices escolares: antropología social, teorías de la cultura, rituales económicos, economía, filosofía, historia, lingüística, pensamiento crítico, modernidad, lenguaje, arte, pensamiento, cabalmente una conceptualización de los sitios atravesados que no dicen mucho de mí mismo. Porque nunca he logrado ordenar mis intentos, mis pesquisas, mis falsificadas interpretaciones de lo real y lo ficticio. Porque predomina un desorden que hoy podría ser la puerta para acondicionar una trayectoria personal, propia, individual, en vías de crecimiento. Todo es el marasmo de una tautología y episteme no asimilada, no identificada, no verificable: donde la poesía es un ejercicio escritural y la lectura un vicio ausente, porque en el inmenso mar de los pasados navego ignotos territorios fabricados por especialidades poco útiles al ahora. Obras completas no conozco ninguna. Ninguna tampoco me invita a conocerla del todo. Y me descubro infértil, desértico, árido, en el instante mismo de elección para ubicar mi lenguaje para traducirme. Entonces este circunloquio, este espasmo de vomitar palabras.

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Por una vez en la vida he logrado construir algo que me parece un buen ejemplo de trabajo intelectual. La tesis de licenciatura que presenté me dejo completamente satisfecho. Pero me falta mucho camino por recorrer. La pregunta obligada para mi es ¿ortodoxia o innovación? Y no puedo desistir de las conquistas realizadas ni de los estímulos obtenidos, pero debería ser un poco más sensato y dejar de lado estos juegos retóricos y estilísticos. Aunque no puedo, no sé cómo abandonar mi inmadurez, no sé ni puedo embarcarme nuevamente en un revisionismo a ultranzas. No dejo de improvisar, ni de explorar los vericuetos de esta imaginación adolescente, medio sumergida en el trauma de los libros, de la lectura, de la cultura como una epígono de la consciencia.

 

Reflexividad irrestricta ahumada

Nos doblegamos al ser

¿lo pensamos?

Acertamos las noches

que fabrican encuentros

como si una gaviota,

marina envestidura,

nos guiará al cofre del tesoro:

pérdida del ego, ser entonces

los restos de vidas y personas.

Esculpimos nuestro personaje

¿lo pensamos? ¿Cómo si los episodios

-nuestros dientes amarillos también-

hilvanan el olvido que nos carcome

-en el presente mismo de la combustión-

los adentros imantados a la nada?

Preguntamos y existimos.

El ego se doblega y el ser se redime,

las almas aguardan, esperan la lucha

contra el incidente luminoso, y reímos.

Cada minuto queda como vestigio de paso,

paso de angustia y placer, porque el ego

-eso que nos nombra, distante, soberbio

pordiosero de nuestra historia-escritura-

está atado a nuestra lengua, es nuestra boca,

la que debemos domeñar y rendir al flujo

racionalista. Reflexionamos, indagamos,

perdimos los indómitos verbos del actuar

en la marea del vértigo, del abismo mental,

pero somos, estamos, pensamos, nos desdoblamos.

Encima del álgebra personal -nosotros, mitad número

mitad numen- acuchillamos páginas con la mirada

y decimos: ¿hoy es más tarde para descubrir

nuestros adentros infectos de envidia o es más

temprano para decir que adentro -interior

remilgoso y pocilga de ausencias-

estamos guarecidos de la tempestad social?

Nadamos circunferencias sonoras,

cada vez, cada mañana, y amanecemos

torcidos del corazón, con una mueca turbia

-escupiendo nuestro espíritu quebrado

de sombras y pasajes frustrantes-

cuando metemos nuestra lengua

en una balada del siglo anterior

para conquistar el fértil y mortal

-tóxico sobrante- torrente de humo

que nos indaga la boca y nos dice:

nunca fue temprano para despilfarrar

el ser que somos ni el ego quejumbroso.

Oración

No busqué a Dios

busqué a sus hijos

y encontré miseria

encontré corrupción

encontré excusas

pretextos de papel y tinta.

No busqué tampoco en las letras

sino en las ideas y los pensamientos.

Dios no estuvo aquí

cuando los imbéciles decían su nombre,

cuando lo usaban de excusado,

cuando fingían la bondad

y por detrás quemaban niños y mujeres.

No, a Dios no busqué porque lo hubiera encontrado.

Busqué en sus hijos. De ahí nacieron mis infiernos.

Ramillete de angustias

Vas por la vida

cosechando horarios, tu siembra

la obligación de ser ciudadano,

ser madre, ser empleado, ser ¿cuándo?

Entre los cafés, las oficinas, las máquinas,

el tiempo roza las mejillas de tu infancia.

Contra el cielo plomizo de ausencias,

tu rostro, tu cuerpo, tu rutina de gimnasio,

la bicicleta, la vida sana, no fumar, etcétera.

Ejercitado en el arte de la técnica, tu mutismo

llamado entretenimiento, falsedad, ilusión,

fragmento de realidades distorsionadas.

¿Olvidaste que un día de 1810 duraba 24 horas

igual que un día del año 3 o el día de ayer?

No hay fórmulas para la psicosis pero sí hay

narcóticos, excesos, consumo elevado -de amores,

de drogas, de mercancías, de personas, de órganos,

de genitales, de pantallas, de libros, de revistas,

de familiares, de amigos, de bosques y recursos naturales-

porque en la apología tecnológica

perdemos la vivencia, perdemos el estar,

perdemos el ser -en el y por el tiempo-

como figurines de porcelana en una colección

de los inquisidores del siglo XVII.

Embarazos, cine, helado napolitano,

la gangrena de nuestro presente es nuestro presente

mortalmente angustioso, vívidamente angustioso,

angustia como totalidad llamada: ¿necesito

éxito, triunfos, medicamentos, seguro de vida,

viajes por el Caribe, visita a museos internacionales,

gimnasio, películas, dotaciones de comida gourmet?

Al final todo es un simple frasco

de carne y hueso, todo es la niña que te rompió

el corazón por primera vez, la mujer que te ignoró,

la madre de tus hijos a quien no amas,

el título de doctorado que te dio tu plaza

-la cual odias porque es provinciana-,

la memoria de que tu vida pudo ser distinta:

pero seguiste el molde y encajaste

-hoy eres el encaje de otros-

y te persignas y te escondes en tu exhibición

cotidiana y común. Un auto del año,

el smart phone más impactante,

el colegio privado para tus pequeños,

seguridad social, garantias de por vida,

ochocientos mil pesos para cada miembro familiar

si mueres en un accidente o súbitamente,

tarjetas bancarias, ahorros, planes dentales,

viagra, disformidad emotiva, ansias, siempre

angustia, la peste y la nausea y el rincón repugnante

al lado de tus compinches machistas, sexistas,

racistas, exclusivistas, que ven cadena nacional,

que siguen los deportes, que fungen como árboles.

La enfermedad es mía, la cordura es de nadie.

Y así habitas un paraje, un segundo, un cuerpo,

una edificación -por el inmenso crédito a 15 años-,

todo porque al final del día te recuerdas

parte de una inmensa sociedad imparable:

capitalista, salvaje, explotadora, injusta,

demencialmente narcotizada por doquier.

Entonces el sueño ha dejado de ser reparador,

se ha vuelta una máquina cuyos engranajes

soportan la teatralidad existencial del mundo.

Auto saber en destiempo

¿Nos preguntamos

si quiera estar aquí?

¿Soltamos los lazos

al torbellino de las masas?

Quedamos fabricados por torceduras

del alma, por andamios quebradizos,

porque el polvo de los cines de los ochentas

son ahora esterilidad y pulcritud.

Porque en el abismo torrente del hoy

circundamos los fosos del desconsuelo,

llamado ego -maquinaría robusta de quiebres-

y lánguidos espetamos a las visitas

que rechazaron la cena nórdica.

Encima de la TV quedó la alcancía

rota por dentro, hueca de reservas afectivas,

porque dedicamos más tiempo a ver películas

que a decir -hola, buenas tardes, ¿necesita un beso?-

y afrontamos las consecuencias de los libros

instalados en nosotros como reglas que miden,

barajando, los dúctiles canales de otras vidas.

Egos en almíbar titilan en sus pantallas,

ocasionan siniestros emotivos, desfalcan

le economía afectiva, rompen ideales, crean

prototipos de mujeres pechugonas y nalgonas.

Mientras las estrellas constelan el cielo

y los cielos descifran el sol

y el sol calienta los manglares del Amazonas

y el Amazonas es devastado por el hombre

y el hombre persigue destructivo a las mujeres

y las mujeres dan a luz a criaturas débiles

y los débiles mantienen la esperanza de alcanzar

-oh pirateria y clandestinidad,

oh negocios del mercado negro-

a esas otras estrellas de las pantallas -estrellados

los camiones de transporte y las personas muertas-

todos los días del año, como sanguijuelas

eternas del poltrón dorado de la miseria.

Acaso ¿partimos las migajas para distribuir

los esqueletos mismos de la negación?

¿Fingimos todos los inviernos el mismo insaciable

placer existencial por la muerte injusta,

por los pecados no dichos, por las cenas onerosas?

Despilfarramos todas las esperanzas en el primer amor

pero qué demonios, somos felices unos años

y terminamos como asnos inmersos en una rutina institucional.

 

Nanomicrocogntividad

¿Entendiste?

Ahora

masculla

la emoción,

rompe

el surco,

tú: antigua conciencia;

surco

el infinito instante.

Muere sabiendo una totalidad minúscula.

Micro panfleto del presente absurdo

populiEscuchad, si queréis un Lamborghini, una pieza de Mozart o quizá el eco de la poesía indescriptible de Paul Valery. No, el constante martilleo de la ilustración es una égida de nombres que sucumben los tientos faltos de felicidad, pero si pudierais ser cómplices de un pensamiento como el de Cassirer o Kant os lo dejo a vuestra elección. Retículad el simbolismo, es mucho pediros que uséis el método de damero, pero recordad que los años están compuestos de hechos y que al hacer nos volvemos otros, siempre otros, más que una lata de ostiones ahumados o los dedos amarillos por el amster01cigarrillo. Pensad que un día algunos de vuestros amigos serán importantes. No impliquéis los ditirambos poéticos de Anacreonte en una sopa de letras. Es también la reticencia a convertiros en canciones de cuna. Pero tal vez una mañana podéis escuchar a Alien Project y decir: estamos inclementes en el arrecife del instante inmediato. Soporífera la señalización urbana provoca accidentes y nosotros somos como nubes en el vendaval de cicatrizados amores anteriores al cocktail de camarones. Escuchadme si queréis saber que la palabra revolución puede ser una muletilla del desconsuelo pequeño burgués, aunque si una noche escribieres una nota de reconocimiento a vuestra generación no omitáis que sois parte de un enlatado pastiche donde la remolacha filosófica es la vertiente y fetiche mercantil de los óxidos nitríticos del pensamiento autorizado.

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