Cajetillas vacías: un escritorio sin armonía

Sigo desempleado. Mis proyectos personales no han salido bien. Estoy algo deprimido. Parezco un mal emprendedor, un mal gestor cultural. No sé cómo distanciarme del pasado inmediato, donde todo es un peso que trasciende esperanzas y luces. La vista de mi escritorio es un reflejo del caos en el que ahora estoy. Me ubico en la pérdida y con algo de aliento intento renovar la marcha. No todo es desilusión y decepción. Convencido de que no hay mal que por bien no venga, exploro ideas, intento remontar la situación. Un mar de cajetillas vacías habita en mi escritorio, como vestigio arqueológico de mis días, como tormenta de nicotina pasada, como ansiedad encapsulada, como filamento mismo de una personalidad extraviada. Leer y escribir son mucho más que mi exigencia de excentricidad e innovación. Dentro de mí hay una montón de incertidumbres. Me doblego lento por el peso de la frustración y convido a mi boca otra bocanada. Mientras el mundo gira.

 

Intentaría escribir otras cosas, debería trastocar mis búsquedas, mi estilo cybernético, mis inquietudes y pasatiempos. No puedo conformarme con mis simples invenciones, con mis elucubraciones que están tan desconectadas de todo, tan alejadas del presente, tan disímiles de la realidad. Pero más allá de enfrascarme en un monólogo estéril, descubro la búsqueda de sentido como una ánfora vacía, como esa boca repleta de humo, sin contenido. Me desvencija el torrente de formas discursivas que doblegan mi voluntad, mis proyectos intelectuales frustrados, mi falta de protagonismo (y mi deseo del mismo), mi ramplón esfuerzo. En ese ir y venir de mi aquí a la otredad realista, este blog, este intento de mantener un disciplina escritural, me cuestiona. Porque aquí hay más que una bitácora, más que una especie de diario. Aquí hay propuesta, intentona creativa, acción discursiva, irreverencia poética, eso sí, mucha poesía. Aquí, en este mi sitio donde convergen mundos sin explorar, los horizontes de significado se abrigan con lentitudes y plasman una especie de buque personalísimo, identidad que desfigura los restos digitales y permea el hábito mental con toques de estrépito imaginativo. Pero omito, al escribir aquí, mi escritorio, desorden, huella, señal y signo de mi condición. Omito mi tiradero, mi paso indescifrable por la senda del hoy, mi resquicio falto de sensatez, mi estruendoso andar, que no dice mucho. Porque desde una retórica estructuralmente corrosiva, mis ideas, mis pensamientos, distan mucho de argumentar lúcidamente. Son más bien monótonos reflejos del paso del tiempo, reminiscencias hostiles del estar en el mundo, desconectado, circunstancialmente solitario, empecinado, volatilmente absorto en las posibilidades infinitas del esconderse detrás de una maquinita de luz.

banderazo

 

Lectura en el ahora 4: Carlos Montemayor

Lectura en el ahora 3: Jean Paul Sartre

Idola tempus

 

Los ídolos aglomerados del presente

escudriñan su efímera trascendencia.

Un galope propagandístico proclama

la llegada de una nueva ola —que de nueva

tiene lo mismo que el alfabeto griego—

para marcar al ritmo de los atuendos.

¿Perdimos acaso el discernimiento

cuando náufragos nos arrobamos

en lo que un otro distante hace?

Y todos queremos acercarnos —¿queremos?—

a ese mito viviente que reluce en el escenario.

idola tempus

Días sin agenda

Extravío hoy, átomos circunspectos

soñar, tibieza emblemática, ayer, cual

nombrar las aves las estaciones, palpo

inmediato: ser y trotar el devenir, sufragar.

Maremoto de sábanas húmedas contigo,

nosotros, una especie de quiste en la atmósfera,

somos también trinos veraniegos aquí, allá,

ahora que los gritos infantiles inducen dormir.

¿Tendría sepultura el tedio de un esfuerzo consumado?

¿Miramos acaso los juegos? ¿Escupimos frases o mascullamos

testimonios de psicodelias y ausencias? Pensamos…

En el amar los cuerpos emergen tormenta,

huracanes son las estrías del desamor, la carga, lóbrega,

el mutismo del desconcertante instinto, mandálico

efecto la tenacidad que arrebata al viento el horizonte.

Deambular por los salones de la vida, vaya tarea,

sin horarios ni pendientes, vaya que es el lujo de presenciar

el momento. Hoy todas partes tienen fijas las anclas

al globo y sus derivaciones, pero esta historia narra

la figura geométrica del ocioso quebranto del ser.

asalto

Autopoética de un lenguaje

Movilizar el lenguaje para mí es un acto de elaboración, en ocasiones automática. Las dimensiones que te brinda el conocimiento del pasado en cuanto a los recursos estilísticos, las tendencias y las modas estéticas, ideológicas, poéticas, etcétera, en ocasiones se transforman en enjambres de frases, ideas o figuras discursivas. Se trata para mi de elaborar el pensamiento. Y en un tono revisionista la inmensidad literaria producida en el tiempo implica generar elecciones y selecciones de obras, autores y épocas. Para mí se trata no sólo de plasmar un itinerario, ora falaz ora verídico, o de indagar los vericuetos inherentes al acto creativo, al desempolvamiento del ser o a su negrura prófuga y certera. El acto de escritura, que desde hace algunos años es en mí caso un acto de mecanografiado intencional, no debe disociarse de una exploración interior en diálogo comunicante con un conjunto de otredades  que nutran la búsqueda.

El presente abigarrado de tendencias, ocurrencias, modas, formas pasajeras y transitorias de pensar, de crear, de construir, de escribir y de creer, remite a una instancia contraria a un asidero, remite al vacío del que nos habla Baudrillard, a la fabulación inmensa de una legitimidad cognitiva fluctuante, incierta, por perecedera y disímbola del enquiste de la eternidad en su dimensión transitiva. Lo textual, en una elaboración finita y cerrada, purista, induce al acto de corroboración emotiva, de la ficcionalización y la realización propia, que desde una óptica fracturada indaga los caminos y las brechas del universo: mediatizado, inmediato, distante, abismal. En los intervalos del tedio digital, del abigarramiento del input creativo-expresivo, el lenguaje se convierte en una instancia del desconsuelo, reflejo de la realidad (ficticiamente elaborada) o resquicio de la ficción (buscando la realidad), que en su escueto semblante, de una finitud con posibilidades infinitas, absorbe partículas de experiencias. El tedio digital, la construcción fraudulenta del ser en la digitalidad es un sensacionalismo morboso llevado al extremo de una seriedad cancerígena, por aparente y viral, por destructiva del constatar las presencias y enaltecer lo efímero.

SI hay una filosofía del acto creativo, de haberla, no puede describirse en sí misma como una instrumentación simple de la palabra. El lenguaje, rotunda fertilidad ontológica, atraviesa imperecedero lo humano, atisba el fértil manto que cobija el impulso expresivo. Sin lenguaje no hay expresión. El conocimiento entonces de las formas del lenguaje permite la generación de nuevas jugadas en el tablero creativo. Pero no es una innovación pelona o una invención original la que incide en el presente digital para re-elaborar discursos y formas, sino que se trata de hacer nuevas jugadas desde el ángulo de acción no sólo del significado o la estructura, sino desde las posibilidades que un ancha experiencia lectora, estética, histórica, semántica, filosófica, promueven en el individuo creador. No es el lenguaje per se lo que intuye las fibras del impulso creador, no es el mito del dios que crea ex nihilo lo que compone la osada marca de la creación expresiva, sino el mito de la nada abismal que desborda al ser y el impone la labor de ordenar la fractalidad de ese abismo para clasificar su experiencia como si fuera una fuente donde un pez deseara evolucionar a cuadrúpedo y tuviera que mutar entre el agua y el borde del recinto acuoso.

Todas estas palabras carecen de significado referencialmente en cuanto que no son más que la exploración ensayística de un ego, mí mismidad parlante, que surca su intencionalidad creadora con el filo propio de una inocua fugacidad, terca, amañada, corruptora del realismo posible y de la ficcionalización posible. Si encima de todo la verosimilitud perdura, como elemento de una imantada tarea de desahogo discursivo, es en el intersticio de lo verosímil y lo veritativo, donde mi pensamiento encuentra una recóndita cordura, amasada en la filosofía del lenguaje, que rencorosa de la narratología invade mis residuales instintos literarios.

 

budhist

Mi hoy

Me encuentro transitando por una especie de depresión post-tesis, increíble, sorprendente, aterradora. La impulsos para concluir mi primer proceso de investigación profesional parece que darán sus frutos. Pero se trata de una empresa planteada, malamente, con muchos años de antelación. Conocí a Ignacio de Luzán en la biblioteca de Humanidades de la Universidad Veracruzana hace más o menos 8 o 9 años. Por aquel entonces estudiaba lengua y literatura y me encontraba indagando las particularidades definitorias de lo ‘poético’ en su acepción literaria, léxica, semántica y teórica. En esa medida mantenía una búsqueda desde el estructuralismo literario francés pero entendía que lo ‘poético’ podía hacer referencia a la teoría literaria, a la construcción de versos o al adjetivo de poesía. Entonces deambulando estantes de la biblioteca me encontré con la edición de Cátedra de 1974 de La poética o reglas de la poesía en general y de sus principales especies de Luzán. Tomé el libro, abrí la introducción de Isabel M. Cid de Sirgado, la leí, y me fracturé la cabeza al descubrir mis nulos conocimientos. Por aquel entonces me encontraba a punto de iniciar el proceso de tesis en lengua y literatura y quería hacer la investigación sobre Luzán, pero a la par mantenía una actividad de consumo de drogas que me desorientaba y me desorganizaba en muchos aspectos. Inclusive llegué a escribir un breve ensayo sobre la crisis epistemológica que representó la lectura de la poética de Luzán. Todo fue una gradual obsesión que poco a poco tomó una forma abigarrada, hostil e inabarcable.

Terminé dejando lengua y literatura, en medio de una serie de crisis psicóticas y anímicas, que fraguaron mi distanciamiento de las aulas académicas, pero me mantuve escribiendo literatura. Para 2010 había publicado un cuaderno de poemas Reuniones del Milenio que Termina que en 2009 edité con Épica en ciudad de México. La desorientación, pero la constancia escritural, fueron una  moneda de mis días. Entre amores pasajeros, algunos pocos viajes, y lecturas dispersas, Luzán seguía interesándome. Al descubrir que en la biblioteca de Humanidades tenían otra obra del autor aragonés, no dudé en acercarme con el director de la biblioteca para pedirle me facilitara el documento y poder así fotocopiarlo. Entre los trabajos que conseguí de Luzán, su poética la retórica de las conversaciones, también fue indagando sobre los autores de su crítica, que me pudieran facilitar el conocimiento de sus ideas, conocer los comentarios sobre su obra y lentamente, en un proceso de estira y afloja, acomodar mis pensamientos. Volviendo a 2010 por aquel entonces tuve la oportunidad de tener un acercamiento con el maestro Sergio Pitol quien me acogió y me brindó su amistad. En ese momento, al morir Carlos Monsiváis, escribí un texto desgarrador, en medio de una honda tristeza y una psicosis intolerable, donde me propuse, como proyectos personales, tres cosas: escribir mi primer novela, próxima a publicarse en este año, hacer el compendio de las obras historiográficas de mi madre, libro pendiente de publicación pero en proceso editorial con la Universidad Veracruzana, y realizar mi investigación sobre Ignacio de Luzán en tierras mexicanas. Hace algunos meses escribí que estos tres objetivos los estoy cumpliendo a 6 años de habérmelos propuestos. Y esa es la raíz de mi depresión actual, de mi crisis personal, de mi presente sin proyecto.

Hay muchas posibilidades para mi presente, para mi día a día. Tengo algunas ideas, pero el vacío se siente, lo palpo cada vez que me encuentro con la pregunta ¿ahora qué sigue? Actualmente estoy aguardando la resolución sobre dos posibles ponencias para congresos donde aborde la temática misma de Luzán pero en contextos y temporalidades distintas a las de mi investigación, que se circunscriben al inicio del siglo XIX en Nueva España y al Diario de México y su primera época de 1805 a 1812. Afortunadamente he conseguido explorar distintos soportes archivísticos digitales para esta empresa y me siento convencido de que para mi se trata de un nicho intelectual y académico único que puede redituarme con creces. También está el proyecto de la publicación de mi novela, de próxima aparición, que me implicará un trabajo de difusión, venta, presentación, entre otras actividades para dar a conocerla y obtener alguna ganancia de este hecho. Además hay una biblioteca personal, y materna, que debe ser organizada, acomodada. ¿Hay tiempo para todo? Aguardo los trámites para presentar mi examen profesional y me quiebro cuando imagino qué más hacer con este blog mío.

A todos un saludo, desde la incertidumbre de mi hoy.

Distemporáneidades

El diálogo sostenido entre tiempo y realidad oscila, navegante de una multitud de sentidos, en un océano de interpretaciones. Nos extraviamos de pronto en una ola de significados, porque el silencio no existe más, aunque en la totalidad de las voces presentes haya registros inexistentes. Y caemos, lento, en un marasmo de obras, de pensamientos, de autores, de sistemas y códigos. Un torbellino de existencias arremete contra el tiempo, saturada realidad de muchedumbres y de alientos que circundan los fosos de la expresividad. ¿Por qué no incitamos un eco de otredades múltiples sino que nos perdemos en el designio y tortura de una simple y unívoca seña? El tiempo, su maquinaria cultural, sus acertijos, nos devastan. La pesadilla malthusiana vuelta realidad es un almacén de palabras, de imágenes, de subjetividades. Nosotros conquistamos los espacios, los lindes precisos de una elección definida, a veces arbitraria, a veces selectiva.

No existe entonces el pasado ni el presente ni el futuro, sino que habitamos distemporaneidades polihédricas, multifacéticas, pluridimensionales, en un tejido de luz y de contrastes, abismal, imperecedero, voraz. Porque nutrimos el tejido vivo de la digitalidad y sus facetas, pero también volcamos nuestra persona, nuestro ser en el mundo, desde una presencia que se convierte en diálogo o perece en la marginalidad del soliloquio. Con el esmero ortográfico de la gramática de la existencia global, podemos saber qué pasa en Hong Kong o indagar el clima en Australia o enterarnos de las informaciones de las dictaduras en Argentina y Chile o simplemente escuchar a un afroamericano rapear. Y la diversidad incluye tener acceso al pensamiento presocrático o al milenarismo chino y al mismo tiempo poder leer el último artículo del columnista del New York Times. Todo además se convierte en un aposento orgiástico, la orgía de lo humano, culturalmente traducido en actos de habla. Todo es comunicación, pero lo distemporáneo se asemeja a un enjambre de nudos y listones, que conforman una urdimbre donde lo presente es inaccesible y lo pasado se subdivide en tendencias y mitos, en arqueologías disímbolas por la proliferación subjetivista.

Aquí estamos, a veces extraviados, a veces satisfechos, a veces en busca de un incentivo que nos expurgue el aburrimiento o nos ofrezca un arte o un culto o un mito para saborear el atardecer o un libro o una película o una obra teatral o simplemente la sonrisa del objeto del deseo, de la mujer o el hombre amado. Y todo es sin tiempo porque todo es una exterioridad y el interior se convierte en una fábrica simbólica de arrecifes de significados. Y moriremos, también.

6 minutos

Rápido construir los tendones

de visiones arquetípicas

porque el cielo padece las mareas

contra el espejismo turbio

que es el reloj conquistando el presente.

Lástima de cuerpo y de fotografía

pero ¿hubo acaso una sílaba demente

cuando en el salón decías el nombre

de tu peor pesadilla? Canta la tarde

su aposento nublado y llueve.

Dentro de los vasos y los sentidos

hay un líquido mañoso y caracolino

gradual y lento, humedad de ancestros

y vocerío de lo no hecho, de lo no dicho.

Cuando perder el carisma es una consigna

redactar hacia dentro los canales  del olvido

es radiografía una carrera de miradas agitadas.

Pasión común

Un torpedo emocional

circundando el foso

del presente

irrumpe y taladra

los días, entonces, ¿qué

parece una marmota

sonriente? Un día soleado.

Pero si el odio, submarino

de vivencias y frustraciones,

colapsa la estructura del pasado,

no dilapidamos los átomos miserables

del unicel amoroso al proclamar

que una tarde de invierno

los riscos del dolor esculpían

la figura misma de un recuerdo.

¿Pensamos entonces que esto

puede ser escritura o sentimiento?

Ninguna espora de melancolía,

por más abismal que sea su explicación,

conquista la insigne multitud del pensamiento.

Y yo

Mi país se pudre

y yo escribo,

ni contra algo

ni para alguien,

escribo.

Una dialéctica rota

llamada modernización

rompe a mi país,

y yo fumo, porque deseo morir

joven, porque no creo en el futuro,

ninguno para mi ni para otros.

Mi país, mi mundo, mi realidad,

se pudre, enmohecida entre

sanguinolentos charcos de almas,

y yo camino esquizofrénico,

trozo y despojo de un siglo XX,

porción devaluada del presente.

Mi planeta se inunda de residuos

y yo pienso que la existencia

nunca fue hecha para ser feliz

y que la vida no es una sonrisa.

Escribo mientras otros son asesinados,

pienso para no ser oído, para no ser

escuchado, camino, con mi condición

psiquiátrica, luchando, y yo noto,

distingo, que vivo fuera del tiempo

socialmente construido. Toda ruindad

mi fantasía expurga, pero soy sólo

una basura que respira CO2

con el fin de un día

no poder pagar la quimioterapia.

La podredumbre de la crisis vigente ¿traerá generaciones más humanas?

Indubitablemente habitamos una crisis aguda que arroja evidencias en todos los flancos. Habitamos esta crisis desde el hecho de no estar preparados para las crisis por mantener erguida la creencia de una supuesta estabilidad, igual que una supuesta normalidad, igual que una supuesta hegemonía, igual que una supuesta metafísica. Habitamos la crisis donde todo se rompe o todo está roto, donde todo es fuerzas en pugna, donde todo es movimiento y estancamiento, hervidero y suministro de tensiones diarias. Habitar la crisis es también asumir una cierta inteligencia, al menos en en su dimensión múltiple y compleja, como mecanismo apto para sobrevivir. Habitamos la crisis también desde nuestros temores o nuestras condiciones de clase o educativas. Habitamos la crisis y no podemos negar que también las incertidumbres son parte de ella. Pero al habitar la crisis contemporánea ¿estamos conscientes de que algo más humano quedará en el futuro? ¿Construimos acaso un futuro? ¿Las próximas generaciones serán más humanas que nosotros?

Neomicro I

Ayer era la luz
hoy es el camino
ayer fue la tormenta
hoy un nuevo amanecer.
Ayer las lágrimas sedientas
hoy respirar el alma natural.

Parte presente

Los días,

oh corceles de viento,

circundando

la polución

de mi memoria,

trágica

como si Esquilo o Netzahualcoyotl

fueran los narradores

de mi presente.

 

Micro mitopoiesis del presente

¿Habéis escuchado el rugido de los segundos? Escritura como monumental historiografía jesuita, diálogo y sordera de la tempestad neoclásica, la sombra figurativa de los soles y las estrellas quedan cubiertas con chispas de chocolate pero ¿acaso sois los cómplices del códice espumoso de la memoria? No sabemos si os vimos o si os invocamos, porque cantamos después de que el alba pudiera ser el margen de la constricción existencial. No escupimos desde nuestro nihilismo panfletario un código fortuito sino que investimos los dorados ciclos del maíz en el firmamento, acaso con el latinismo infértil de los hijos extraviados del Anahuac. Si supierais que os decidimos sacrificar en nombre de unas garnachas y que al final de todo la cinematográfica presencia de vuestro inmolado testimonio no es más que una regla fija del sin sentido aforístico, ese aliento que nutre las cabalgatas apaches en el desierto de Arizona en el siglo XIX y todo lo demás que podemos describir de las tendencias constreñidas del simbolismo instantáneo: las dos orillas de los labios que se cierran y los párpados caídos y la lengua húmeda y los señuelos al cruzar la calle que son los niños con algodones de azúcar y globos y sonrisas. Pero sabemos que vosotros, que estáis inmersos en el alcantarillado público y las gestiones de la gran vía que transitará las consciencias globales, sois espumosos vasos comunicantes y que además planeáis un acto público: ergo sum, ergo si os place leed con minucia la atenta disculpa de los chóferes que transitan por Amsterdam y que también son musulmanes. Seréis la cuchilla que mida la argamasa del silencio.

Observación 1

El presente no existe, no hay presencia en el mundo, es decir, todo es una ilusión. La realidad superó la ficción. La existencia es un eco torcido de proyecciones, no hay presente, repito, no hay instancias duraderas. Vivimos la explosión del ego, vivimos la esplendorosa señalización de la personalidad. Somos exposiciones y nos exponemos.

Paradoja de tiempo

este proyecto vivencial

globo de identidades

fragmentos múltiples

señuelos de nombres.

 

Termino el año escribiendo

Navego por el conflicto de escribir en este blog debido a que actualmente mantengo actividad de tesista y prestador de servicio social para una institución educativa. Me mueve ese conflicto o más bien me frena a proseguir con el esfuerzo por tener este espacio vivo. Pero no desisto ni desistiré. A veces creo que la vida está escindida de muchas maneras, que lo que hacemos en un tiempo y en un espacio no tiene que ver con lo que hacemos en otro. Son tiempos de incongruencia severa en todos los ámbitos. Y entre los niveles de conflictividad que puedo soportar me sumerjo factualmente en el momento presente. Me mantengo y me mantendré escribiendo y quizá por encima de todo logré sostener el esfuerzo por hacerme un lugar en el mundo. Al final es eso lo que busco, un sitio, un lugar, aunque a veces mis esfuerzos parecen más monólogos de diálogos abiertos. No creo que llegué pronto mi momento de fama y de prestigio, pero no por eso renunciaré a esta pasión que me arroba el espíritu.

Una vez un hombre de letras, sabio y mayor me dijo que escribir es un don. Yo de cierta forma lo sabía. El don de la palabra, el don del lenguaje, es uno de los atributos más preciados y mejor insertos en una dinámica mágico ritual como la de la antigua Grecia. No es gratuito que se hablé del rapto de las musas ni tampoco que el poeta y el chaman griego sean seres incomprensibles que hablan con los dioses. No es gratuito que Homero fuera ciego pero que tuviera el don de la palabra. Y tampoco es gratis el hecho del lenguaje constructivo que propongo, a veces más exótico que realista. Escribo y termino el año escribiendo porque creo que es vital para nuestros tiempos construir algo, por mínimo que sea. Y mis propuestas, por más incorrectas o atrevidas que sean buscan proponer lecturas, buscan construir, buscan armar hacia adelante desde el algoritmo infinito del presente. Termino el año escribiendo aquí, en este espacio mío que es para ustedes.

Feliz fin de año a media semana Doctores y Doctoras, testigos de este crudo nudo de urdimbres.

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Romulaizer Pardo