Cruce los Andes

Los Andes me cruzaron

décadas atrás, contigo,

con tu voz limeña.

Crucé los Andes

también en vida

y su majestuosa melancolía

llenó mi horizonte

de una blancura inigualable.

Crucé los Andes

ellos me cruzaron,

hace millones de vidas,

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La pesadilla 1

soñé soñarte

luego realidad

fuiste, misterio

desde entonces

mitad salto

mitad grito

mitad voz

mitad nadie.

Yo también

ocupar la vista

ocupaba, mirarte

tensó mi alma.

Aducir entonces

locuras indescifrables

la razón también engendra monstruos,

no es el siglo XXI

es el apocalipsis de la razón.

A los días que vinieron

también imanté dolores

y entonces fui caminar

contra el desquicio

espejismos, sí, no existes.

Idealista —sí— un desear

de estrellas fugaces,

imán, torcedura del alma,

vicio infértil, cabalgata

arremolinando juicios

despectivos. Argentinos

o alemanes, qué más da

la patria vendida, por igual,

y esto, ¿qué es esto?

Un soñar negro, más negro

que la negrura de la esclavitud.

Pensarte, ¿toqué tu cuerpo

alguna vez? Mentira,

todos estos silencios

me componen. Ansia de vomitar

desde esa mañana

a los miles de horizontes

componer la versificación

de nada, de nadie, tú

allá, lejana, siempre, idea de nosotros

nunca esgrimida, también hastío

dolorido y odiado, también

columna de cigarrillos, deseo mortal

sí, nosotros, que no es ahora nada,

inexistencia. Así, dejada a la incertidumbre

la memoria, pesadilla, no nada más para mí.