Embodegar una biblioteca por una nueva vida

He hablado otras veces de los libros de la casa donde habito, estos libros de mi extinta Margarita Urías, una impresionante colección. También yo tengo mis volúmenes en esta casa de madera y ladrillo, muestra de mis búsquedas y de mis snobismos literarios e intelectuales. Hoy me toca embodegar, con naftalina y plástico, mi colección pitoleana, hesseiana, lemaziana, ruy sancheziana,  motemayoriana, y un largo etcétera. Y embodego porque me encuentro en un punto de transición a una nueva vida, como estudiante de doctorado en el COLMICH, llevándome entre otras cosas historias literarias, tomos de estética, compilaciones historiográficas y la fuerte esperanza de salvaguardar mi intento académico hasta cumplirlo cabalmente. Por consiguiente, esta catarsis prefigura el acto de memoria que invita a recordar, por ejemplo, la adquisición de Sholojov y El don apacible, en la librería Da Vinci de la ciudad de Xalapa, cuando en ella se encontraban cosas bastante mejores que las de ahora. Recordar también esas caminatas al CIESAS-Golfo cuando trabajaba con el Dr. Mariano Baéz, cuando transcribía la Literatura Universal de Arqueles Vela, editada por Botas, cuando leí La vida es sueño de Calderón de la Barca, junto a textos históricos y mis incursiones graduales en la obra de Sergio Pitol. También esta manía, este consumismo bibliófilo, es un vestigio que me ha permitido hacerme de un acervo documental importante, sin descartar mis afanes lingüísticos y semióticos, de filosofía del lenguaje, de antropología, pero más en los últimos años de literatura e historia española. Entonces se encuentra los libros que se van conmigo a la aventura académica, y los que quedaran en el sótano temporalmente.

Mis búsquedas en la tradición literaria española son islotes insignificantes de vestigios que más que dar una sólida forma a mis ideas muestran una tergiversada maniobra de asimilación ecléctica. Entonces ¿por qué no asumir que los nacionalismos representan diferencialmente categorizaciones absolutistas que rompieron las lógicas geopolíticas para delimitarlas a las dimensiones cartográficas de los derrotados y los vencedores? El particularismo nacional me ha invitado, además a revelar algo más que las maniobras coloniales y asumir que el tiempo histórico también puede aprehenderse desde una particularidad desatendida académicamente. Es entonces el conglomerado intelectual del siglo XVIII uno de mis principales apoyos y resortes en mi aventura académica: español, con Feijoo, Jovellanos, los Moratín, Iriarte, pero sobre todo Luzán, francés, con Voltaire, Rousseau, Diderot, D’Alembert, alemán, con Kant, Fichte y sin ser estrictos con Hegel, italiano, con Vico, Muratori, novohispano, con Clavijero, ante todo, pero también con Humboldt, Alzate, Boturini, entre otros. Y también es la historiografía, aunque desde lo político económico, como Sarrailh, Bazant, Vilar, entre otros.

Es incluso este acto el rememorar que hace 17 años estábamos llegando a esta casa Luisa, Margarita y yo, cuando concursé en el premio de ensayo del CIDE y quedé finalista. Es recordar que tocaba las canciones del disco Enemigos íntimos de Sabina y Páez, como el viaje a las cercanías de San Marcos para buscar orquídeas y fauna para construir nuestro jardín, con esos platanares de ornato que duraron unos años. Es también recordar la caoba que traje de la playa oaxaqueña Ventanilla un año después, ya sin mi madre, que terminó secándose entre 2007 y 2010. Empacar es deslindarse, conquistar, reflejar, momentos, encontrar notas, ver postales viejas, de amores, de amigos, de cuando la vida era un amasijo de amistades, hoy ya distancia y torpeza, desconocimiento. Empaco entonces porque me voy al COLMICH a estudiar el posgrado con todo el gusto y dolor que eso conlleva.

 

 

Lectura en el ahora: de ideas sobre la historia y una comparativa a 7 años Collingwood y Bloch

En 2010 sin saber cómo, cuándo, dónde ni por qué, decidí proponerme formar un perfil de pretendiente historiador. No era sólo por mis inquietudes referentes a Ignacio de Luzán y el siglo XVIII español, sino también por ser hijo de una historiadora y antropóloga mexicana, aunque en el fondo se trataba de realizar una empresa académica en un contexto de deriva, aislamiento, miedos e incertidumbres. Recuerdo que compré el libro de Marc Bloch Introducción a la historia  y lo leí con detenimiento, uno más de mis libros subrayados. En ese entonces no estaba en condiciones de poder realizar ningún tipo de ejercicio del pensamiento en ningún sentido. ¿Cuáles eran los ingredientes? Deseos de realizar una investigación sobre Luzán y su pensamiento, de explicar por qué razones su Poética estaba en la biblioteca de la Facultad de Humanidades, bajo la por entonces infundada razón de que seguramente había sido leído en México o Nueva España, pero ¿cuándo? ¿por quién o por quiénes? El segundo punto era el referente a las celebraciones del centenario de la revolución mexicana y el bicentenario de la guerra de independencia. Historia oficial, sin duda. Pero leí a Bloch con un interés genuino por aprender y descubrir la reflexión sobre la historia. Sin embargo, algo me distrajo ampliamente de mis inquietudes históricas: un trabajo que estuve a punto de dejar, una vida de excesos, el acercamiento a una figura de la literatura contemporánea radicada en Xalapa, la vivencia de experiencias límites que por diversas razones de orillaron a desquiciarme. Hoy estoy vivo, estoy plenamente seguro de que estoy contento con mi vida. Pero el libro de Bloch del que habló, reeditado por el Fondo de Cultura Económica, fue impreso y editado por primera vez en 1952. Ese mismo año el Fondo editaba otro libro que terminé de leer en estos últimos días: Idea de la Historia de R.G Collingwood. ¿Casualidad? ¿Historicismo? Pensamiento filosófico sobre la historia en la primera mitad del siglo XX. Dos latitudes rivales en el siglo XVIII: Inglaterra y Francia, que en el transcurso de los hechos de la segunda guerra mundial estuvieron en el mismo bando contra los alemanes. Dos vidas distintas, la de Bloch cortada, arrancada, por los escuadrones nazis frente a la resistencia francesa a la ocupación alemana; la de Collingwood una vida académica con cierto más sosiego. Esto desde mis escasas, desde mis nulas pesquisas sobre estos autores. Pienso en un ensayo, no este reporte de lectura, donde comparar cuatro formas reflexivas, desde la filosofía, de la historia: no sólo estos dos trabajos que menciono, sino incluyendo La historia como hazaña de la libertad de Benedetto Croce y el trabajo del español José Ortega y Gasset La historia como sistema. Ese posible ensayo hoy no es lo central. Tanto Collingwood como Bloch asumen que la historia remite a lo humano, al tiempo humano, a la acción humana, al pensamiento y de la experiencia humana. Con eso me quedo, me conformo. Si bien pudiera realizar una comparativa de ambos trabajos, ambos previos a la guerra fría, lo interesante para mí es la sincronicidad en el año de edición en español. Relaciones más o relaciones menos, leer a Collingwood no es sólo recorrer una tipificación, un compendio historiográfico, sino también es adentrarse en un sistema de pensamiento, en una definición concreta de la reflexión distintiva entre lo natural y  lo humano, eso que Leví-Strauss estableció muy bien en su apartado Naturaleza y Cultura en Las estructuras elementales del parentesco. De esta forma el recuento collingwoodiano también representa una nutritiva fuente de reflexión de la episteme histórica, del conocimiento y los límites y alcances de la historia como saber, independientemente de Foucault y neoestructuralismo. Collingwood logra un trabajo que responde a la modernidad occidental y su necesidad de historiar, no como un acto de la memoria sino como una posibilidad de conocer el pasado más allá de una causalidad diferencial, como una actividad de testimonio y explicación de lo ocurrido que se relaciona con el presente. La historia es pensamiento, es hacer humano, testimoniado, documentado. Entonces el historiador trabaja con pensamientos pero de distinta forma que el psicólogo. Lo crucial es tanto el recorrido por el pensamiento filosófico sobre la historia como los apuntes metodológicos sobre este tipo de conocimiento, su función, sus rasgos, sus problemas y métodos. A 7 años de haber leído a Bloch, ahora Collingwood me reafirma mi interés por la reflexión de la historia, aunque vivamos en un momento posthistórico. Finalmente mis búsquedas, anacrónicas o no, tienen un sentido en el intento construir una genealogía personal más allá de los autores de moda.

De la indigencia como motor

La vivencia del ostracismo, de la exclusión, en sus modalidades más simples, remite sin duda al valor primero de la indigencia: la no adscripción a institución, grupo o sociedad. El indigente es un huérfano social por decisión propia. Los mecanismos históricos de las sociedades, principalmente los relativos a la moral, introducen en el indigente una movilidad, emocional y factual, que lo induce a traslucir la palidez estructural del convivio, del encuentro. Pero en el atisbo mismo de lo marginal autoimpuesto, se localiza la configuración inherente al silencio. No es entonces una rebeldía ruidosa y modificadora, no es el inclemente instinto de transformación revolucionaria, es, por el contrario, la nitidez de una alteridad elegida como ruta de callar el indómito existir. Y si los márgenes son siempre amplios y carentes de nutrición en la sociedad, no es entonces del salto a una ningunidad o esfericidad del vacío lo que el indigente busca. Es la crítica al mundo, la crítica a la organización de lo social, lo que el indigente encarna.

Desde los rincones y confines del no ser social, desde la anulación impuesta, la indigencia remite a una decisión unívoca, definitiva, a la renuncia del contrato socialmente dado, para sustituirlo por el inminente remanso del fastidio. En el quehacer indigente los días no son tiempo, las horas son quizá soportar el hambre, quizá hacer una diligencia para obtener unas monedas y alcoholizarse, quizá dormir todo cagado u orinado en un parque público. Y si la sociedad funciona en términos de privilegios, reconocimientos y éxito, el indigente sabe que no necesita consistir su andar en otra cosa que en sus necesidades y los despojos de una vida pasada en la que perteneció a ese algo común. La indigencia promulga una desconsideración constante, la de las contradicciones inherentes a la lógica del capital. No es entonces una condición renovadora ni antiautoritaria, sino que es una imposibilidad, una renuncia, un dejarse vencer, por el inmenso aparato de lo social.

 

Lectura en el ahora: El discurso filosófico de la modernidad de Jürgen Habermas

Terminé de leer este impresionante trabajo de Habermas, inquieto por diversas razones. En principio el tema de la modernidad como una categoría de apertura del mundo refiere con nitidez a un conjunto de hábitos, pensamientos, normas y patrones conductuales. ¿Hice mal en leer primero a Lyotard y La condición postmoderna? Sería el momento de refrascarme en esa lectura para contrastar el meollo del planteamiento habermasiano. Como siempre voy algunos pasos atrás de los debates contemporáneos. Pero desde mis escasas incursiones en el estructuralismo distinguí hace tiempo un cierto afán a-histórico en los complejos ideológicos y analíticos estructurales de primer cuño. Quizá el único planteamiento estructuralismo que recuerdo con esbozos y argumentos históricos es el de Leví-Strauss. Pero Habermas ataca con claridad ciertos planteamientos antropológicos. No olvidemos, entonces, que la antropología poseedora fue quizá la primera disciplina en categorizarse como tal. En el peor de los escenarios, el mío, no hay elementos para sanar el debate entre postmodernidad y modernidad. De lo que no cabe duda es que se trata de un epicentro mas de las modas interpretativas occidentales sobre los cimientos de su cultura. El año de edición original en Frankfurt es de 1985, la primera edición en español de 2008 con una reimpresión en 2012. ¿No es algo tarde para México leer a Habermas casi 30 años después? Existe un capitalismo intelectual e ideológico y en las esferas del mercado de las ideas y de los modelos interpretativos no caben la sincronicidad global, el presente totalizado.

Los planteamientos de Habermas me parecen muy claros, con un riguroso sistema crítico, asumiendo una postura política frente a la crítica de la razón de la modernidad. Se distingue una lectura completa, fina y pulimentada, de los autores que comenta, contra argumenta y discute. Su ejercicio filosófico se moviliza completo y franco. No es sólo quizá la filosofía del lenguaje la que ahuyenta a ciertos lectores de los planteamientos de Habermas. Es también su cuestionamiento de las “novedades académicas”. El juego de los sistemas comunicativos y de interpretación de la realidad humana no escapa en absoluto de la la lógica del mercado. La modernidad no ha concluido, se ha fragmentado, particularizado. De ahí que las modas no dejen de tener sentido, comercial, ideológico y cultural, en mí opinión.

Leí a Habermas porque un querido amigo me recomienda libros que él lee. Ya con este van tres que he leído de su cosecha, incluyendo el acercamiento de Sloterdijk al capitalismo global y el proceso de la cultura y la modernidad de Josep Pico. Mi deuda no se remite a otra cosa que a un compañerismo. En un mundo donde todos leen a Foucault, a Derrida y a Heidegger, lee a Habermas. No es extraño, entonces, que este comentario desvariado resignifique la constante búsqueda de un universo expresivo y sus raíces nutrientes. Leer a Habermas siempre ha sido muy grato para mí, aunque no conozca mucho de su producción. Es impactante distinguir su pulimentada maquinaria analítica, pero sobre todo su compromiso intelectual en dos sentidos: en la lectura atenta de sus contemporáneos, para ejercer su crítica, y en el crucial de papel de interpelador de la escuela neo-estructuralista.

Siempre habrá quién esté a favor y en contra, siempre habrá debates. Quizá los hechos recientes, con la subida de Trump al poder, no pueda sino hacer remarcable el hecho del retrocedimiento a un dogmatismo racial sui generis y absolutamente envuelto en un misticismo supremacista. El efecto de leer un trabajo de 1985 tres décadas después no debe impedir comprender que la maquinaria de producción intelectual, de un hombre, en su obra, y de una sociedad, en su mercado editorial, pierda su sentido como eslabón fértil en vías de conquistar un conductismo comunicativo dialógico.

 

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Este marxista frustrado que soy

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Quería ser antropólogo a los 18 años. Quería ser revolucionario. Hubiera leído a Marx y no a Jung. Y ahí es donde está el peso de mi madre muerta, de ella como revolucionaria frustrada. Ella, en palabras de mi abuelo, no supo hacer la revolución, yo lo que no supe hacer fue el amor. Si el meollo fuera social, entonces sí, leer a Marx, conocerlo, aprenderlo, estudiarlo. En cambio el meollo es psicoemotivo, ergo, erotismo, psicoanálisis, lenguaje, pensamiento. Más aún en estos que todos los activistas se refugian en los pensadores izquierdistas o anarquistas, el ser un marxista frustrado no es más que el residuo de la más estúpida formulación filosófica que se me haya ocurrido: la desobjetivación del materialismo histórico. Un buen amigo, Juanito que no Juan Ángel, arremetería contra mí, comenzando por indicarme la lectura de Hegel y luego, quizá, Marx. No es casual entonces que mis observaciones históricas se movilicen en el intersticio del siglo XVIII al XIX, pero en España. Y un buen historiador me diría que lo más relevante en ese momento fue la Constitución de Cádiz. Yo en cambio hurgo en los papeles del pasado para explicar una ausencia dentro de la cultura. Y he ahí otra discrepancia con el marxismo y con Marx: mis objetos se localizan en la super estructura, no en los medios de producción ni el modo. Pero entonces, reitero, más de uno me diría que hay que leer A Gramsci o que me atreviera en todo caso de descartar mis ilusiones postmaterialistas. ¿Todo para que? En la raíz de mis intrépida flojera lectora, no sólo se trataría de leer a Marx, sino de comprender el pensamiento económico neoclásico: Adam Smith y Davi Ricardo, olvidando a los fisiócratas. ¿Qué significa resignarse a ser un historiador de derechas? No es esa mi postura política, si es que la tengo, si es que la ejerzo. Y Juanito podría reiterar que lea a Canetti y su Masa y Poder, y yo más bien me doy cuenta de que me atrevería a indagar en el pensamiento social de Hobbes y de Locke, pero también en los meollos tétricos de otro resto de autores no visitados.

Entonces mi frustración marxista no es más que el residuo de mi fantasías juveniles de transformar el mundo. Otros han vivido, han leído, han cambiado la vida, el cosmos cultural, otros han sido los protagonistas. No interesa mucho el hecho, interesa la herida. Y así como me identifico como un marxista frustrado, soy también un activista frustrado, un escritor frustrado, un poeta frustrado, un pensado frustrado, un padre, un hijo, un hermano, frustrado, un cocinero frustrado, un hombre frustrado. La loza del siglo XXI, que carga mi vida, es una loza de pérdidas y suturas en el alma que no tienen lugar en el mundo espectacular. No puedo, entonces, obviar que aunque quisiera escribir mi primer libro de teoría filosófica, no podría porque debería leer 200 años de obras. Y no podría tampoco olvidar, no puedo. Y en el rictus de mi pensamiento, ese entre congoja y encriptación de vivencias infernales, mi frustración marxista es una frustración de pertenencia a un mundo en el cual parecía haber un lugar para mi.

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La indisociable palidez nacional: de antropólogos y escritores mexicanos en la pugna por la cultura

Me remito a mis divagaciones en torno al problema de la cultura en México, desde mi horizonte de historiador, que ha transitado por la indigencia académica, con estudios truncos de antropología y bonfil-batalla-guillermo-antropologo-mexicanoliteratura. Parecería simple atribuir a dos vertientes ideológicas e históricas la querella cultural que Guillermo Bonfil Batalla estableciera con claridad. Me refiero, ya en mi ahora desfasado y anacrónico presente, a las versiones antagónicas, culturales, políticas e históricas, de la vertiente norteamericana y la vertiente española, como formulaciones y conjuntos eidéticos que sembraron posturas antagónicas en la intelectualidad mexicana del siglo XX. Y si la modernidad nos remite a los proyectos nacionales, en su diversidad y unidad, también nos remite a la Historia y la absorción, mayor o menor, de las fuentes culturales que definen la identidad mexicana.

Si hasta aquí mi balbuceo no puede ser documentado más que por premisas dudosas, no deberemos caer en el absurdo argumentativo ni dejar de considerar la pugna cultural e ideológica que define el proyecto de la cultura moderna en México, es decir, el problema indígena (no del indio de bronce sino del vivo) y el proceso de modernización y occidentalización instaurado en México (dependiente a las metrópolis desarrolladas del orbe euroamericano). Si el indio vivo representó los esfuerzos por moctezuma_ii_emperador_mexicaasimilarlo a la sociedad mexicana, la España muerta, especialmente de los siglos de Oro, representó el auge del hispanismo, en esa querella histórica que viene desde los criollos novohispanos, donde la oposición entre Moctezuma y Cortés no hace más que referir al nudo socio afectivo, al trauma cultural de la conquista, a la dualidad crujiente y definitoria del sino identitario en México. Si el indio muerto fue enaltecido, generando toda una tradición historiográfica que viene desde el siglo XVI y que con Clavijero y Boturini alcanza un apogeo singular, la España saqueadora, el pasado colonial, el influjo etnocentrista de la dominación lingüística española, la lectura de Cervantes, Quevedo, Lope de Vega, Calderón, y demás miembros del conjunto letrado del auge literario áureo español, fungieron como argamasa constructiva de un modelo de pensamiento, de actitud hacia España y de renovación que polarizó las formas de pensamiento. Si la antropología mexicana se funda en la escuela norteamericana la literatura mexicana es indisociable de los siglos de oro. En medio queda el indio vivo, las comunidades desplazadas, rebeldes, insolutas en su precariedad dentro del abigarrado e inútil proceso de modernización de los hombres de razón.

220px-manuel_gamioDesde esta perspectiva, la cultura ofrece, en ese siglo XX mexicano, sus dos vertientes pragmática e ideológicamente antagónicas: la versión de la escuela boasiana de relativismo histórico, de donde se dijo mucho tiempo que Manuel Gamio bebió, y la tradición cultural hispánica, revitalizada en términos estrictos por personalidades de la intelectualidad como Alfonso Reyes o Pedro Henríquez Ureña y José Vasconcelos. Si la antropología mexicana intentó la doble tarea, práctica y teórica, de incorporar al indígena al mundo social mexicano, la literatura mexicana se ancló como proclive al enaltecimiento de los hispano, negando, además, la precariedad histórica de la realidad española. De acuerdo, todo esto son suposiciones, lo afirmo. No sólo en la dimensión cultural o política es posible distinguir este abismo de sentido y significados divergentes entre lo español y lo norteamericano, entre la negación del presente histórico de España, en su desmembramiento y largo proceso de desconstitución imperial, y la negación del indio vivo, de su particularidad y articulación jose_vasconcelos_escritor_mexicanopedro-henriquez-urenaalfonso_reyes_escritor_mexicanoimposible en el asidero de la arena mexicana. No es extraño, en este balbuceo mío, que tanto la negación de la España perdedora como la negación del indio vivo en México, sean ambos dos modelos negativos insertos en la modernidad nacional mexicana. Si los escritores, como Octavio Paz por ejemplo, mantuvieron en sus cúpulas en vínculo certero con la tradición española, los científicos sociales, antropólogos e historiadores, se fincaron en un marxismo recalcitrante y absorbieron el compromiso de darle un sitio, aunque ellos hubieran querido que fuera el mejor sitio posible, a los grupos étnicos mexicanos.

paz_octavio_escritor_mexicanoY la labor, la tarea, fue siempre dual, en cuanto que segmentación de las élites intelectuales, entre las formadas en los united states, y las abanderadas de la tradición hispánica. Y no es gratis que esta dualidad poco evidente, se mantenga en nuestros días, como una compaginación obtusa y ansiosa de las incógnitas culturales mexicanas, puesto que en ambos casos la concreción del proyecto indigenista y del proyecto hispanista mexicanos, se vieron fortalecidos por el comportamiento esquizoide de la política presidencialista priísta del siglo XX, que negociaba con las mafias intelectuales, con los mafiosos de la cultura, el pensamiento y las instituciones, los acuerdos y políticas públicas según sus conveniencias. Y si nos remitimos a lo más tangible de esta querella, sólo deberíamos colocar en una mesa de discusión a un antropólogo de la Escuela Nacional de Antropología con un alumno de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, preguntándoles por su interpretación, académica y disciplinar, sobre España y sobre lo indígena en México.

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Reconocimiento óptico

Caras, rostros, imágenes, nos invaden, todos los días. Vivimos el régimen de la visualidad: fotos, farándula, actores y grupos, Facebook, emojis, rostros. El mar de imágenes infinitas nos circundan, nos impele a identificar, todo es identidad, conquista, nombre, incluso el anonimato tiene rostro. Caminamos por la selva ruidosa del siglo XXI entre luces, pantallas, reflejos, instantes que designan cúspides de sentido, tendencias pasajeras, modas, precipicios masivos de gustos y preferencias. El rostro entonces se convierte en un signo, en una moneda también, bajo la lógica dual de una economía de la imagen, como vertiente también, fetiche y estructura, del intercambio personalizado. Náufragos en un subjetivismo constante, todo es el semblante, el estado puro de una condición que la antropología forense identifica claramente. Si la fisognómica estriba en la identificación del rostro, hoy en día estaríamos en condiciones de preguntar por una fisognómica efímera y vacua, porque todos tenemos una cara, un semblante, un gesto, algo que nos identifica. Al final no es más que la proliferación y confirmación de las expresiones humanas lo que nos deja pensando, atemorizados, en que la cara familiar no es más que la cara compartida.

Caemos en el día a día en un ensamblaje de personalidades, en una costra de personajes y nombres, y todo el tiempo hacemos como que ignoramos la minúscula grandeza de los sin nombre, de los que no ocupan un sitio en la digitalidad. Representar la constancia de lo humano, abigarrar los horizontes propios del sentido, es un ejercicio de occidentalidad inerte y sombrío. Porque en el fondo la esclavitud visual dista mucho de corresponder a la plenitud alfabética o al paraíso cultural. Porque los rostros, las caras, no son más que símbolos en el mercado saturado de ser presencia en este siglo de digitalidades múltiples.

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Mis teorías de hace 8 años

Principios de una filosofía desobjetivante material

 

Lo humano es imposible de trascender humanamente, simplemente se retraduce en hechos humanos.

 

Sí algo es dado por hecho, todo debe ser dado por hecho, así que sí nada es dado por hecho algo es dado por hecho.

 

Por lo tanto sí nada es dado por hecho, todo es dado por hecho.

 

Si nada es dado por hecho y todo es dado por hecho, algo más es no dado por hecho, ya que todo y nada son dados por hecho pero son sólo algos, y no los algos absolutos ni ningunos algos, por lo que el resto de los algos no dados por hecho son o desconocidos, o evadidos, o inexistentes, o inexperienciables.

 

La experiencia está limitada por la realidad terráquea mientras que la tascendencia de lo humano se encuentra en la posibilidad negativa de abarcar ahumanamente[1] la realidad metaterráquea.

 

El principio de trascendencia de lo humano parte de una negatividad trascendental, en tanto lo humanamente posible es únicamente humanamente explicable más no experimentable.

 

Toda teoría es intrascendente en tanto se reduce a una explicación humana de lo humanamente extensivo al humano.

 

El motor de lo humano es la extinción y la ignorancia de su origen y consecuencias.

 

Lo humanamente experimentado y lo humanamente experimentable se reduce a lo humanamente desconocido.

 

Lo actual no existe sino como una representación abstracta de un momento histórico determinado

 

Lo inaccesible engendra el motor de la dominación

 

La dominación es el principio de la cultura

 

La naturaleza humana puede regirse por:

 

La dominación de lo inaccesible (búsqueda indeterminada)

La enajenación sexual de los géneros (búsqueda determinada)

La desenajenación mutacional (búsqueda consciente)

La dominación de lo accesible (búsqueda inconsciente)

 

Todo aquel humano que no quiera morir en este mundo es inconsciente.

 

La realidad meta-terráquea es impracticable, inexperienciable, al ser humano.

Sólo la realidad terráquea permite al ser humano acceder minimamente a la realiadad meta-terraqueá.

Todo conocimiento humano esta sustentado por los hechos experienciables, incluso los hechos metafísicos coercitivos, restrictivos y delimitadores de la experiencia humana.

La dominación es la capacidad de ejercer a lo experienciable el cúmulo de la experiencia humana, ya sea desplegándola, conteniéndola o ignorándola.

La experienciabilidad

Lo inexperienciable

Lo experiencable

Lo ainexperienciable

 

 

Co-presencia

Co-ausencia

Co-referencia

 

Multisofía monosófica

Unisofía polisófica

Hypersofía semiosófica acumulada

La historia puede reducirse a signos redundantes del quehacer humano a partir de la incomprensión de lo humano, de la experienciabilidad humana.

En principio se incomprendía lo externo al humano y lo humano mismo

Se llegó a domesticar lo externo y lo interno del humano

Se desarrollaron sistemas comprensibles de lo externo a lo humano y de lo humano

Se polemizó sobre la relación entre lo humano y lo externo

No existe lo externo a lo humano en tanto que lo humano y las formas de vida diversas, se circunscriben a la especificidad de un contexto (terráqueo).

La pluralidad cultural se reduce a la diversidad biohistórica, mientras que la pluralidad de lo vivo y existido se reduce a la unicidad del contexto terráqueo. La pluralidad existe en tanto motor de autorregulación del proceso de extinción, pero no como realidad última, justificable en la experiencibilidad, ya que la experienciabilidad no es la facultad de experimentar o adquirir experiencia, sino aquello que resulta inasequible para el humano por carecer de su experiencia y de su experimentación.
La antroposofía de la ciencia

La antroposofía de la cultura

La antroposofía de lo experiencible

 

 

Unizoofía del conocimiento

Unizoofía de la sociedad

Unizoofía del tiempo

 

Unizoofía: unizoofico unizooficísmo, unizooficidad, unizooficamente, unizooficable.

 

Unizoofía: sistemas cognitivos derivados de la experiencia única y unívoca de la especie humana.

 

Polizoofía: aprehensión indeducible, experienciable, común a todas las especies animales vivientes.

Sentirse subyugado a las imposiciones morales de una época y martirizarse con ese sentir es corroborar las formas coercitivas de las instituciones.

 

Toda institución supera al individuo más aún si este no participa conscientemente de ella y lo hace de forma enajenada. Por lo tanto el individuo no existe sino en comunidad, en la posibilidad de la construcción recíproca del otro por el otro, con el otro, en el otro y para el otro, donde la conciencia en tanto constructo cognitivo permite el desdoblamiento pluridireccional de las capacidades inherentes a la cultura y a la composición antropofísica.

 

Musicofilología del siglo XX

 

E.D. B.C.II

 

Hace cerca de 44 generaciones atrás, los avances tecnológicos, el desenvolvimiento de las técnicas agrícolas y productivas, así como las revelaciones secretas de algunas sectas religiosas que derivaron de las antiguos grupos conocedores del único vestigio de conocimiento ancestral, tuvieron una reunión para celebrar nuevamente el gran tratado que habría de reestablecer la alianza del sol.

Sin haber olvidado que algunos habían descendido del cielo y que otros hubieron salido del agua, jamás se olvidaron de que los caminantes de la faz de la tierra habrían y han de hermanarse mientras la vida perdure.

Se celebraron intercambios amorosos en memoria de la sangre derramada, de las cenizas ofrendadas y de los intercambios seminales entre hermanos y hermanas.

Se entregaron ofrendas a los dioses en los altares que venían siendo reconstruidos con la laboriosa voluntad de un pequeño grupo de guerreros protectores de la luz, la amistad y el bien. Olvidamos todas las heridas, lágrimas y despechos para mantener comunicación con nuestros ancestros siguiendo el ritmico latido de nuestro esperanzado corazón, a pesar de que fuimos despreciados hace tanto y de tan fuerte manera, a pesar de que nadie hubo confiado en nosotros jamás, a pesar de que supimos que tendríamos que mantenernos en pie de batalla por el resto de nuestras generaciones.

Conseguimos preservar al fuego como herramienta, a la tierra como alimentadora y al cielo como recuerdo luminoso de aquel día.

Actualmente nuestras tradiciones heredadas son poner aretes a las muchachas infantes y dejarles su cabellera larga sin cortarles su virginidad antes de una nupsia sagrada. Además valoramos el uso de plantas medicinales, conocimiento mineralógico, así como el respeto a la muerte silenciosa y no violenta de todos y cada uno de los seres vivientes y por vivir.

Nos protegemos con cánticos emergentes y recordados del brillo azul de la llamarada de fuego, comemos frutos sagrados como Manzanas, Tunas y en ocasiones carne roja pero escasamente de cochino. AL tener sed tomamos agua, al tener apetito comemos, al sentir angustia fumamos o meditamos. No nos gustan demasiado los excesos pero les conocemos bien.

Nazadarayama fue recordada un día que fue de noche en el que hubo un choque intergalactico inusual. Ahora lo único que pedimos es un olvido silencioso, cadente y tonal.

Estudios genealógicos revelaron la presencia de un antiguo codice ubicado en algún museo Inglés, de una celebración especialmente enriquecida por haberse celebrado en una fecha coincidente con un 29 aniversario. Sentimos la necesidad de llevar a cabo una ceremonia para entonar una nueva canción y para conocer el resto de esta investigación, celebrada y desarrollada desde la primavera del año 2002 después de CRISTO.

Se trata de un decubrimiento vandálico-chamaníco sobre el tránsito de un ciclo vital a otro. No nos hacemos responsables de los detalles historiograficos, antropoñlogicos ni psiquicos que puedan derivarse del fruto de nuestro trabajo.

La relación existente entre cuerpo, mente y voluntad fue comprobada gratificantemente y se busca desarrollar una fórmula etnopoética de llevarla a cabo. Esto quiere decir que mediante el conocimiento proporcionado por los avances etnográficos y de la ciencia etnohistórico, en combinación con las reflexiones poéticas del círculo de PRAGA y las notas del curso de Lingüística General de F. Saussure, se ha detectado una forma de conocimiento desprendida de un proceso de inversión factual del materialismo histórico que C. Marx hubo planteado hacía mediados del Siglo XIX, tomando como referencia valiosa los aportes en el campo de la biología y las ciencias naturales, con la sabida discusión, surgida en las universidades alemanas, sobre las ciencias naturales y las del espíritu.

Bajo un planteamiento estructural, más no por ello estructuralista, nos apoyamos en una enfática continuación de la reproducción amorosa, de la investigación cientifica con fines pacíficos y de la creación de nuevos y maravillosos juguetes para las nuevas generaciones. Hemos vislumbrado la creación de una laboratorio con fines de apoyo para nuestra investigación que esta por concluir en este invierno.

Provengo de una familia de medicos, ingenieros y matemáticos, por una parte, y por la otra de educadores e historiadores, que me han instruido y ensañado todas su artes y de3 las cuales yo sólo cuento con un poco de conocimiento.

Pido de la manera más formal y distinguida materiales para la construcción de lo se ha constituido en mi interior, de las ideas que he hallado así como de los artefactos y juguetes que hasta ahora no se han visto sino en la imaginación.

Por ello requiero de acompañantes, de amigos y camaradas para la realización única y exclusiva de todo aquello que mis ojos han visto y no presenciado, de lo que mis manos han alcanzado y no han tocado, de lo que mis pies han andado y no caminado, de lo que mi boca, mi oido y mi alma ha sufrido pero no por ello lastimado nunca, así como de una inmensa dosis vital de plantas medicinales puesto que las inveciones quimicas que han sido descubiertas hasta ahora pueden cuasar males dañiños para la salud y al parecer irreversibles para el buen funcionamiento del cuerpo. El uso moderado, controlado y bajo conocimientos ancestrales de las plantas denominadas como drogas y las campañas en su contra son sólo una invención ética que debe ser conducida con una mejor y más precavida forma discursiva.

No estamos de acuerdo con las políticas inherentes al proceso de tecnocratización unilateral ni con las demandas económicolaborales actuales porque consideramos preciso y pertinente poner de relieve que la barbarie pornográfica, la adulteración de los recursos naturales y el procesamiento alimenticio pueden generar compañias de alto grado monetario a expensas de la salud de todos nosotros. Creemos que la solidaridad entre todos puede coadyuvar a la realización de tan hermoso y grandiosa empresa que cuenta ya con un acervo bibliotecario, con algunos aparatos inventados, también con residencias para la instrucción, además de una trayectoria especialmente importante de sanadores, siendo esta última la más desconocida de todas.

El capitalismo tecnocrático nos ha dejado una ola de terror, miseria y dolor de la que todos somos testigos y por la que ahora luchamos para poblar este mundo, y ningún otro, de nuevas discursos, de nuevas invenciones, y por si fuera poco, de nuevos miembros vitalicios que se han de encargar de preservar nuestros logros, pero no de repetir nuestras hazañas. Estamos en rotundo combate contra las antiguas y pasadas formas de descomposición socioestructural, contra las intentonas pseudoreligiosas y contra el desarrollo de fármacos descompensatorios de la estabilidad entera de todos y cada uno de los organismos vivientes, incluyéndonos.

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[1] DESANTROPOCÉNTRICAMENTE

Dislocación del espíritu creador

No basta con implementar dispositivos creativos y de difusión expresiva, no basta con tener buena ortografía, o mala, no basta si quiera con acumular lecturas o miradas atentas a la tradición pictórica. Precisa, para el espíritu creador, actualmente una compleja red de habilidades, técnicas y métodos, que permitan la expansión del mensaje y del contenido. La dualidad forma-contenido, abigarrada en el saturado ambiente de expresiones contemporáneas, no remite más a las posibilidades de crear una jugada discursiva novedosa, sino remite a la morbosidad instantánea de los hechos y las formas de comunicación. water1

El problema histórico entre tradición y novedad, sucumbe ahora en la multidimensionalidad de los pastiches. La pureza del arte o de las expresiones estéticas, en su dimensión viral, responden al amarillismo cultural, a la tendenciosidad precaria de una moda y su efímero récord de visitas. Está demás pensar y decir con notoriedad las cosas, porque vivimos, aquí en internet, un universo de múltiples formas discursivas, que avasallan el criterio propio, siempre en construcción, al acto de seguir ofrendase desconocidas. Y la construcción de un criterio, personal, se moviliza siempre en todas direcciones, porque en el ácido momento de la renuncia a la verosimilitud moderna, naufragamos en una hostilidad pasajera, un el acto voyeurista, en el esparcimiento fútil, en la campechana de medios, recursos y figuras estereotipadas.

Al encasillar la creatividad en una nulidad comunicativa, como aquí parece en ocasiones mostrarse,water3 no dista nada del aislamiento mental y del despilfarro anti-ideológico que podría muy bien caber en una escritura vacía y tenue, abismalmente diluida en la poltrona del desempleo y la constricción personificada de una esfericidad terca: el recorrido que va de la inventio y la imago a la retórica insalubre y corrosiva, desquiciante y mordaz en su lucha intestina por mostrarse auténtica y original.

Si crear no puede otra cosa más que referencia a las grandes obras y los grandes autores en nuestros días, crear es una abominación constante que rompe para mí debe romper el cerco del automatismo y mostrarse teatralmente, líricamente, pictóricamente, a partir no ya de un canon o un conocimiento preciso del pasado histórico-estético (no solamente), sino que debe nutrir una exploración personal y colectiva que permita oscilar del nihilismo al totalitarismo estético, en aras de fomentar una water2actualidad fenomenológicamente imposibilitada de renuncias.

Al final todo se trata, para mi, de hacer un sitio en el universo tergiversado del lenguaje multiplicado en parcelas y aromáticas tendencias pasajeras. Se trata de embalsamar mi lengua y mis nulos conocimientos teóricos y filosóficos, no sólo como muestra y exposición raquítica del ser no instruido absolutamente, sino como mecanismo factual de exteriorización provisional de una pathos intrincado y fugaz, como el resto de los eventos, que indaga y provoca, desde circunstancias locales, un efecto reflejante creativo, creador, sustancialmente entrometido en la distorsión de los lenguajes, como una falsa episteme estética, no inmersa en la realización y performatividad del inabarcable presente.

¿Arte, muerte o revolución sin devolución?

No inquiero ni supongo el hechizo momento que proseguirá mi intento fallido. Es más, ni siquiera comprendo o asumo una teleología estética y, por tanto, carezco de definición lógica, semántica y conceptual, propia de un ensayo que pueda proporcionar una referencia válida de sentido. Pero si el arte es un instrumento de transformación, o de negación, de la realidad, deberíamos asumir que la proliferación discursiva estetizada no es un asidero seguro cuando de revolucionar el presente se trata. Si desde mi postura, snob, anquilosada y raquítica, no me es dable observar el péndulo transgeneracional del simbolismo actual, más allá de las dimensiones tangenciales de mi pensamiento hay una posibilidad realista de asociar el producir estético con la nutritiva sabia del ser. En esa medida el arte no es ya más que la imitación de lo imitado, es también un refrito renegrido de la polución masiva global. Los recursos no faltan ni las tendencias son absorbidas, pero navegamos en el extravío cotidiano que brota en sus caretas estéticas, en las axiomáticas figuras del discurso transmutado en expresividad comunicativa, carencia misma del estercolero de la aldea global. Desde la productividad fecálica del arte, las aristas posibles de la estratatificación jerárquica del pensamiento deniegan autoridad a la doxa, ámbito que también el arte, y sus técnicas y métodos, ha visto llegar a los extremos del maniqueísmo somnífero y trasnochado de un siglo XXI mutilante, heterofágico, glotón y supurante de basura legitimada institucionalmente como “creación”, “arte”, “literatura”, “teatro”, etcétera.

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Atmósfera derretida en un acto

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Podría creerse que la falta de sentido en el ámbito creativo es una derivación extensa de los fragmentos rotos que sucumben en un intento de teorizar la sensibilidad. Pero no hay un lugar común a la presencia ignota de la inspiración, no al menos en cuanto que deviene en un sin fin de actos, emergencias y situaciones. Propiciar la rememoración con la creación es un cuchilla mental, en mí caso, cuya inflexión de apropiación del significado de la experiencia puede muy bien circunscribirse en un acto reflexivo. En todo caso el semblante de mis carencias ideológicas, especialmente políticas, remite a una constricción volitiva de mi ser en el mundo, un tanto burgués, un tanto parcial, un tanto quebrada de los flujos informativos, de los hechos vigentes. Pero en el acto creativo, en el impulso creador que sigo, que persigo con mi automatismo escritural, no existe una premonición latente ni un fondo instantáneo que surque los océanos del ancho mar digital. En mi feudo creativo las exploraciones realizadas pueden muy bien ser legítimas o no, pero en el peor de los casos se trata del impulso catártico que, orillado a la necedad de un acto distorsionado, promulga los epicentros, ora lúgubres ora luminosos, que demarcan los linderos de mi discursividad.

Mantengo un impulso neto de exposición verificada en donde es posible localizar un influjo constante, en ocasiones falaz y otras veces pleno de sentido. Hay también un intervalo que oscila del lenguaje, del pensamiento, de las dimensiones interpretativas del ser y del mundo, a una estética cardinalmente solitaria, emblema mismo de un arte quebradizo, de una arteria sensible fugitiva, de una espiral ininteligible. Por la construcción sin agenda ni itinerario, mi arte, mi poesía, mis creaciones, no responden a la realidad ajena, al mundo externo, a la metafísica internáutica, sino que son porciones todas de mi interioridad, de mi instintividad creadora, de una especie de vivir el presente que no tiene nada que ver con el presente, una fórmula negativa, por dialéctica, de la asunción del tiempo y de sus marcas en el ahora. Lo instantáneo figura como un producto realizable, pérdida de simbolismo y de abstracción, surco y manantial de frases, versos, prosas, imágenes, orillas mismas del acto de desahogo incesante, infructuoso, ocioso, extravío y sombra de la torcedura del alma que me invoca cada vez a nombrar, a decir, a poner en juego una red de impulsos estéticos de dudosa procedencia.

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Por el desquicio de la luz, negación de la visualidad

face2Debería arremeter mis ideas, mis pensamientos, mis palabras, con un flujo de autores que me pudieran dar orientación a estas intentonas disformes que elaboro desde mi automatismo mecanográfico. Disculpen si los hago perder el tiempo con este, mi ideario sin agenda. Hace 16 años pude muy bien ser acreedor de un embalsamamiento ideológico, pero en contra posición a mis devenires intelectuales, mis orientaciones y preferencias no involucran nítidamente un gramo de cordura. Y aquí, en este intervalo semi racional, escondo mi filosofía y promulgo una esperpéntica mirada a la globalidad y sus digitalismos. La predominancia de los efectos visuales en todas las esferas de la vida no han hecho sino reducir y segmentar las preferencias y orientaciones de la oferta cultural. Es decir que hace 100 años uno se maravillaba con el cine y hoy el cine es una referencia común de nuestros tiempos. El salto mediático que la imagen como emblema de nuestros días permite, no debe hacernos sospechar lo que es el analfabetismo funcional y las derivaciones propias de la pérdida del aprendizaje lecto-escrito. Más allá de una indagación sobre las dimensiones reales de las posibilidades educativas, el océano de luz en el que habitamos los nativos del siglo XXI no puede disociarse de la proliferación visualista de las estructuras mentales, conductuales, comunicativas y face4culturales.

¿Qué no es vivir pegado a la tecnología una forma de dependencia luminosa? ¿No nos frustra, como especie, no poder elaborar un proceso fotosintético y a cambio de eso nuestros impulsos culturales nos han orillado a vivir pegados de entes luminosos? ¿No es nuestro trauma histórico del pecado original el que nos ha recubierto el tejido exoepitelial tecnológico luminoso para hacernos creer que enteramente podemos crear y modificar a partir de elementos enajenantes? Si un litigio en pro de la tecnología nos permitiera aducir que estamos en un universo abierto y ancho al sin número de posibilidades propias de una saturación global expresiva, también podríamos muy bien creer que en el universo cerrado de la actividad humana vivimos actualmente los tiempos más conservadores que jamás hayan existido. Y en el vaivén de la innovación y la tradición, los sujetos comunes y corrientes nos face1inducimos a un cierto compañerismo que permita señalar algunos rumbos. No es más que la explosión masiva y tecnócrata del acto comunicativo, que devela, además, la tendenciosidad visual: toda imagen es objeto de distribución, sin importar su contenido, todo objeto visual llega, penetra, incide en el grueso de la población. ¿Nos importa tener una cultura visual? Más allá de una educación estética o cinematográfica, nuestro cosmos cultural nos ha orillado a la ceguera alfabética y una inclemente pérdida de los sentidos, sobre todo del común.

Si vivimos absortos en la luz (día, computadora, televisión, cinema, fotografía, vídeo) de este aglomerado visual no podemos desligar una fácil y pronta tendencia al deterioro alfabético, más que sonoro. Porque la cultura visual nos induce a creer que atrapamos algo, que cachamos algún sentido, aunque quizá mutilamos nuestras facultades alfabéticas por la accesibilidad de la imagen. Con el face3sonido pasan otros fenómenos, pero que se asocian en ocasiones con el discurso audiovisual.

Si esto es mucho o es poco, si esto es claro o es obscuro, si esto pretende ser algo más que un epitafio ensayado de mis pensamientos, quizá simplemente me falta acercarme al método sociológico y etnográfico de una digitalidad global que nos engulle y desmiente a cada momento.

 

Idola tempus

 

Los ídolos aglomerados del presente

escudriñan su efímera trascendencia.

Un galope propagandístico proclama

la llegada de una nueva ola —que de nueva

tiene lo mismo que el alfabeto griego—

para marcar al ritmo de los atuendos.

¿Perdimos acaso el discernimiento

cuando náufragos nos arrobamos

en lo que un otro distante hace?

Y todos queremos acercarnos —¿queremos?—

a ese mito viviente que reluce en el escenario.

idola tempus

Filosofía del lenguaje 4 Algo de Habermas

Habermas y la filosofía del lenguaje.

Rómulo Pardo U.

Julio 2006.

 

El quehacer humano es versátil. Parte de sus necesidades biológicas para buscar la manera de superar los obstáculos de la naturaleza. Tal es una fuente motora de impulsos que le conducen por los caminos de la apropiación de su entorno inmediato, de sus riesgosas aventuras entre la vida y la muerte. Sin embargo, una vez cubiertas dichas necesidades el humano se pregunta por la trascendencia de su marcha, por sus acciones, por la vida, por la muerte, por la extrañeza que le produce la vinculación con el cosmos. Se ha visto con Villoro en su artículo “Motivos y justificación de la actitud filosófica” que la filosofía es esa actitud de extrañamiento ante la naturaleza dada, ante lo acostumbrado y las formas preestablecidas históricamente por los mecanismos sociales, productivos, simbólicos y materiales. La modificación de la naturaleza mediante el trabajo que en términos de Marx brinda libertad y conciencia es una visión clara y sintética de este fenómeno. Aunque como dice el dicho, no sólo de pan vive el hombre. Se ha visto que en tanto formas motoras del quehacer humano, las tradiciones y costumbres, las figuras rituales del diario vivir, se van diluyendo en la dinámica monótona. ¿Qué es lo que distingue entonces al ser humano de otras especies? De regreso a Villoro se habla en primer lugar de la capacidad de extrañamiento del mundo habitual, rutinario, constante. Ahí donde surge esa extrañeza es donde esta la clave de la actitud filosófica, entrañada por la certidumbre de la duda y su capacidad renovadora. El mundo humano constituido por cosas, por significados, envueltos en opiniones, cubren y disfrazan la realidad verdadera opacando la visibilidad. Por lo tanto “… al reino de la opinión, oponemos la claridad racional de la evidencia”(Villoro.1962:79) nos dice Villoro, con el afán de promover esa visión crítica que ha de dar validez y vigencia a la búsqueda de la verdad a través de la razón.

Así un primer rasgo distintivo de la especie es esa facultad de extrañamiento que lo conduce a la duda. Hasta aquí he buscado responder a la pregunta ¿qué distingue al humano de otras especies?

Cabe decirse que otro rasgo distintivo es el de la capacidad de comunicar mediante un sistema de sonidos articulados la experiencia, el sentir y el pensar. Eso que se conoce con el nombre de lenguaje y que impregna irremediablemente la vida de la especie. ¿El lenguaje es una capacidad? ¿Es una institución? ¿Qué es el lenguaje? Ciertamente hay más de una respuesta pero ante todo, el lenguaje ha de considerarse una necesidad para la vida en sociedad, un acto convencional sujeto a reglas, normas y regulaciones colectivas.

Siguiendo con la tradición del pensamiento habermasiano, el lenguaje es producto de un momento cultural e histórico. Es un mecanismo de comunicación en el que la implementación de los actos comunicativos son su finalidad por excelencia.

En este sentido el lenguaje es una forma abstracta que se concreta al echar ano de ella y que en todo caso tiene una función pragmática. En su libro “Pensamiento postmetafísico” Habermas defiende la idea de un giro pragmático el cual consistiría en los aportes que desde Frege, pasando por Wittgenstein y desembocando en Searle, se han dado desde la filosofía en torno al uso del lenguaje. Las manifestaciones lingüísticas, nos dice Habermas, las describo como actos con los que un hablante puede entenderse con otro acerca de algo en el mundo (Habermas.1990:67).

Habermas es heredero intelectual de la escuela de Frankfurt encabezada por Adorno y Horkheimar que encuentra sus sustentos en la teoría marxista y psicoanalítica principalmente. De tal suerte que la filosofía elaborada por Habermas no hace de lado aspectos de orden históricos, sociales, ideológicos, por mencionar algunos, en cuanto sus postulados buscan reforzar una teoría crítica de la sociedad.

Hasta aquí he querido hacer dos cosas: la primera establecer algunos rasgos distintivos de la especie humana como la actitud filosófica y la capacidad del uso del lenguaje, y por otra parte, introducir en la discusión de estos debates una parte del ideario de Jürgen Habermas.

Esta estrategia de exposición obedece al deseo de aclarar en principio la distinción entre un vinculo cómo el de la filosofía y el lenguaje por un lado, y el quehacer de la filosofía del lenguaje por otro.

Sintetizando lo expuesto, la filosofía se relaciona con el lenguaje mediante su búsqueda constante partiendo de la razón, búsqueda de la verdad a través de mecanismos racionales.

El lenguaje vendría a ser el material con el que se forman las herramientas para el festín de la razón. Festín que se conforma con la simple contemplación estoica o hegeliana de la realidad, con la asimilación, negación, contribución o expansión de tal o cual línea o corriente filosófica. Según entiendo, la relación entre lenguaje y filosofía es reciproca en tanto uno le brinda a la otra los procedimientos racionales para su quehacer –aunque desde una postura analítica será el lenguaje artificial, organizado mediante procedimientos lógicos a priori el que brinde la vía de acceso a la verdad-.

En el contexto de la filosofía alemana Habermas detecta e indaga en su artículo “¿Para qué aún filosofía?” algunos de los cuestionamientos fundamentales para la filosofía alemana. Detecta que la ruptura que se establece a partir de Hegel dentro de la filosofía es fundamental para entender los motivos de 5 distintas escuelas filosóficas en Alemania hacía 1920: la fenomenológica, la existencialista, la de antropología filosófica, la analítica y la de

la teoría crítica.

Cuatro son los problemas que debate Habermas en torna a la tradición filosófica alemana:

 

  1. El debate entre la filosofía y la ciencia en el que el papel de la filosofía parece relegarse a una mera teoría del conocimiento a partir de los avances tecnológicos y científicos, es decir prácticos.
  2. El debate en torno a los filósofos y la filosofía en donde la filosofía se erigió como una disciplina de aportes individuales que a partir de la ruptura promovida por Hegel sufrió un movimiento de apertura académica dejando de ser una actividad de élites intelectuales.
  • El debate entre filosofía y religión que plantea hasta Hegel un vínculo a partir de la metafísica trascendental entre dichos ámbitos, a partir de los sustentos que una aporta a la otra como sería la revelación, la iluminación y/o trascendencia del espíritu.
  1. El debate entre filosofía y tradición que enfatiza el hecho de que con Hegel se inicia la crítica del nexo estrecho entre la filosofía y el orden estatal prevaleciente, ya que esta se desenvuelve como fuente legitimadora de una forma cultural compleja, tradicional y sociocósmica (mítica, religiosa, etc.).

 

De tal exposición yo he querido rescatar una parte de las conclusiones con la cual se conecta la disertación hasta aquí expuesta con la filosofía del lenguaje de Habermas.

“Mientras no se desarrolle para el dominio objetivo de sistemas de acción comunicativa un sistema de conceptos base teóricamente fructífero, y además operativo, que sea comparable con la base conceptual establecida para el dominio objetivo de los cuerpos móviles y acontecimientos observables, tendrá que ejercer influjo retardante una teoría de la ciencia pseudonormativa”(Habermas.1993:83). La cita anterior quiere decir que hay una diferencia relevante entre una filosofía de la ciencia y otra filosofía más cercana a la realidad de los agentes sociales y por lo tanto a la acción comunicativa, al plano pragmático del lenguaje.

Tomando las debidas reservas, me parece sumamente importante resaltar el planteamiento de que el lenguaje en tanto forma convencional no puede desligarse dentro de la filosofía habermasiana, de las implicaciones concernientes a las denominadas ciencias del espíritu por Dilthey. En este sentido, la filosofía del lenguaje en Habermas ha de cubrir una amplia gama de aspectos a considerar, algunos de los cuales ya se han mencionado, implicando una visión del lenguaje próximo a la hermenéutica, es decir, a la capacidad interpretativa, a la relación entre pensamiento y lenguaje, a la asimilación de conceptos, así cómo a la historia textual de la tradición.

Para finalizar y a manera de conclusión, considero que la tradición alemana en el campo filosófico es de mucha utilidad para realizar indagaciones desde una perspectiva estrecha a un enfoque humanista. Sin descartar otros aportes que en apariencia resultan contradictorios sino más bien complementarios. La visión de la filosofía del lenguaje que nos aporta Habermas es una fuente inagotable de reflexiones que hasta este momento me conducen a nuevos puntos de partida para la reflexión así como a renovadas inquietudes y debates sobre el lenguaje.

Estoy convencido de que el lenguaje desde esta perspectiva, se ha de tomar en parte como una moneda común dentro de la vida social. Todo sistema de organización requiere cooperación, jerarquización, división social del trabajo, asignación de roles, que en el caso de las sociedades humanas se logran desplegar y enfatizar mediante el acuerdo común que se manifiesta mediante el lenguaje. La peculiarísima dupla formada así por filosofía y lenguaje, distinguiéndola por supuesto de la filosofía del lenguaje, se ve aún más intrincada cuando se toman en consideración las cuestiones de los sistemas sociales cómo estructuras organizativas sujetas a procesos históricos, económicos, políticos, por nombrar algunos, pero también por las características inherentes a los individuos que conforman dichos grupos y colectividades que sostienen relaciones de diversos tipos y grados. De los siguiente se desprende que una filosofía del lenguaje se ha de encargar de las reflexiones concernientes a los asuntos propios del lenguaje, pero a diferencia de la lingüística que tiene un carácter más inclinado hacia lo gramático, las variaciones y regularidades entre sistema y realización, por nombrar algunos casos, la filosofía del lenguaje mantiene un compromiso con la especulación racional. Parafraseando una cita de Adorno hallada en Habermas la filosofía ha de caracterizarse por el abandono del conocimiento absoluto sin dejar de lado el problema de la verdad.

 

Bibliografía:

 

  • Beuchot, Mauricio. Historia de la filosofía del lenguaje. FCE. México. 2005. pp.290-313.
  • Habermas, Jürgen. Sobre Nietzche y otros ensayos. REI. México. 1993. pp.62-88
  • Habermas, Jürgen. Pensamiento postmetafísico. TAURUS. México. 1990.
  • Villoro, Luis. “Motivos y justificación de la actitud filosófica” en Páginas filosóficas. México. UV. Col. Cuadernos de la facultad de filosofía, letras y ciencias. No15. 1992.73-94.
  • Nieto Blanco. “Habermas y la acción comunicativa” en La conciencia lingüística de la filosofía. Ensayo de una crítica de la razón lingüística. Madrid. Ed. Trotta. 1997.pp.251-263.

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Días sin agenda

Extravío hoy, átomos circunspectos

soñar, tibieza emblemática, ayer, cual

nombrar las aves las estaciones, palpo

inmediato: ser y trotar el devenir, sufragar.

Maremoto de sábanas húmedas contigo,

nosotros, una especie de quiste en la atmósfera,

somos también trinos veraniegos aquí, allá,

ahora que los gritos infantiles inducen dormir.

¿Tendría sepultura el tedio de un esfuerzo consumado?

¿Miramos acaso los juegos? ¿Escupimos frases o mascullamos

testimonios de psicodelias y ausencias? Pensamos…

En el amar los cuerpos emergen tormenta,

huracanes son las estrías del desamor, la carga, lóbrega,

el mutismo del desconcertante instinto, mandálico

efecto la tenacidad que arrebata al viento el horizonte.

Deambular por los salones de la vida, vaya tarea,

sin horarios ni pendientes, vaya que es el lujo de presenciar

el momento. Hoy todas partes tienen fijas las anclas

al globo y sus derivaciones, pero esta historia narra

la figura geométrica del ocioso quebranto del ser.

asalto

Monólogos vespertinos

Escribo la incomprensión y paso

presente al dialecto mural de la vista.

Conquista, este aliento de nada atado,

celofán el recuerdo, la memoria, vocal

y acento, toda torcedura el umbral que

nos intuye, cal y argamasa, construcción

de un yo raquítico y pobre de lecturas.

Arrecian las fracturas longitudinales,

espirales en tiento, sombras de los palacios

del Antiguo Régimen, futurismo terco, el hastío

nombrar los arrabales burgueses de la consciencia.

Asombro, esmero, cubo de pesadillas, soñar

las curvas ahorcando mi silencio, tenue, esporádico,

famélico, como niño de hospicio recién llegado.

La miseria se nombra actitud renuente al estar,

solo, estar, ahí, estar, consigo y con otros, estar

endurecido con astillas prófugas del corazón.

budhist distortion

 

Bibliotrauma

DSCN2678Pensamientos sueltos componen los linderos precisos de mi inteligencia verbal, de mi autismo como autor, deslindado del presente, en vínculo incierto con los acontecimientos. ¿Qué es la actualidad? ¿Qué resguarda la morada de las letras? Pensar que leer es un acto de diálogo virtual es en esencia algo cierto y también una consciencia de acceso a la otredad inmensa. Después de 3 intentos universitarios diversos puedo decir que he acumulado, para bien y para mal, distintos soportes bibliográficos. Y de vez en cuando me obstino en caer en el sin sentido del wanna be, para extraer de mi experiencia un conato de bronca intelectual. Aquí, en los estantes donde no caben las estrellas del momento, me extravío pensando que no seré el autor cotizado ni el pensador renombrado, pero nunca haré a un lado la dosis de originalidad que me puede proporcionar mi experiencia como indigente académico.

Libros de historia, de teoría literaria, de filosofía del lenguaje, del siglo XVIII (franceses, españoles, novohispanos, ingleses), de discurso, de literatura mexicana, latinoamericana y alemana, entre otras cosas, componen el minúsculo atisbo de lecturas pendientes: un abigarrado ejército de autores en mi intento de DSCN2680desfiguración del canon y la tradición estética verbal. Y no desisto porque ahora puedo decir que soy un pequeño historiador y poeta, en ciernes novelista y tal vez ensayista, todo depende del cristal con que se mire. Y no renuncio a mi matrimonio con las letras, existencial y desgarrador, porque en el fondo no es tampoco una cosa adictiva o compulsiva sino un acto de fe y de amor, de vida.

Los libros son un refugio, siempre, nunca una carga, jamás un peso u obstinado embalaje de miserias. Y entre tanto devano con tiento una cierta estrategia personal, de publicación, compaginada con mis proyectos de lectura. No soy parte de la intelectualidad del momento ni tampoco ostento ningún rótulo propio de joven promesa. No creo en los concursos literarios y pienso que hemos perdido el sentido y la significación de las formas luminosas del ser cuando nos acorralamos contra las dosis de realidad que nos impelen a creer en un futuro posible. Pero los libros que están aquí, conmigo, me sacuden y me invitan no tan solo a imaginar el para qué leerlos o el porqué postergar su lectura, sino a identificarme en la búsqueda de algo que no tiene forma ni rostro, mis próximos proyectos creativos.

DSCN2683El pasado mes de junio me titule de licenciado en Historia por la Universidad Veracruzana. Y es en esa dicotomía, en esa dualidad entre lo académico y lo creativo, que me zambullo en un marasmo de constancias falaces y de atormentadas cicatrices escolares: antropología social, teorías de la cultura, rituales económicos, economía, filosofía, historia, lingüística, pensamiento crítico, modernidad, lenguaje, arte, pensamiento, cabalmente una conceptualización de los sitios atravesados que no dicen mucho de mí mismo. Porque nunca he logrado ordenar mis intentos, mis pesquisas, mis falsificadas interpretaciones de lo real y lo ficticio. Porque predomina un desorden que hoy podría ser la puerta para acondicionar una trayectoria personal, propia, individual, en vías de crecimiento. Todo es el marasmo de una tautología y episteme no asimilada, no identificada, no verificable: donde la poesía es un ejercicio escritural y la lectura un vicio ausente, porque en el inmenso mar de los pasados navego ignotos territorios fabricados por especialidades poco útiles al ahora. Obras completas no conozco ninguna. Ninguna tampoco me invita a conocerla del todo. Y me descubro infértil, desértico, árido, en el instante mismo de elección para ubicar mi lenguaje para traducirme. Entonces este circunloquio, este espasmo de vomitar palabras.

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Por una vez en la vida he logrado construir algo que me parece un buen ejemplo de trabajo intelectual. La tesis de licenciatura que presenté me dejo completamente satisfecho. Pero me falta mucho camino por recorrer. La pregunta obligada para mi es ¿ortodoxia o innovación? Y no puedo desistir de las conquistas realizadas ni de los estímulos obtenidos, pero debería ser un poco más sensato y dejar de lado estos juegos retóricos y estilísticos. Aunque no puedo, no sé cómo abandonar mi inmadurez, no sé ni puedo embarcarme nuevamente en un revisionismo a ultranzas. No dejo de improvisar, ni de explorar los vericuetos de esta imaginación adolescente, medio sumergida en el trauma de los libros, de la lectura, de la cultura como una epígono de la consciencia.

 

Teatros

El ser, un prefijo del tiempo,

acto, compañía y salto, un abismo

abre las rutas al fondo

del desbarajuste interno. Colilla

de cigarrillo: emblema torcedura,

el alma alquitranada, de voces

como espejos la salida

enmascarada, ninguna parte.

Por aquellas temporadas

viejas y truncas aeronaves.

Adiós intacto impulso

soplar las hélices del sentido,

manantiales de amor, disfraz

tono de sol y reminiscencia.

Actuación contraria al pudor.

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No autodefinición

Elucubrar constantes espirituales

cada tarde dentro de trances

es componer desde el ruido universal

la sordera de los tiempos. Cansado

escribo una cotidianidad estéril

porque indagué demasiado en las fauces

de los infiernos que habitan la soledad.

Como hormiga obrera deambulo

en la faz cósmica del instante y respiro

lecturas incomprensibles. En mis intentos

todo sucumbe a una fechoría menor, alada,

cicatriz y luto, vivencia y torrente, amasijo

derruido contra el pabellón de la Historia.

Devano aquí un retórica podrida y una poética

baladí, contumaz irreverencia de proporciones

individuales, exclusivas y estridentes, a veces

chirrido demencial y otras un trinar de otoños

cuando la primavera extinguió, en el suturar

el fondo de mi existencia, la esperanza sonora,

vitalidad anulada por el despilfarro verbal.

Cruenta la boca de mi mente masculla porciones

de personajes y libros, de revistas y señales,

que marcan la tormenta misma del acto propio

de la ignorancia: contra ataca la simplicidad

cada vez que rebusco los fusiles y metrallas

de todos los rencores míos por todos los venenos

de todos los tiempos. Y escribo desde una lógica

desvanecida, pordiosera, empobrecida, porque

la estética del dolor compaginó sus renglones

con mi juventud y la poesía es una escapatoria

del mundo inabarcable que me engulle cada segundo.

Micro filosofía de las formas digitales

Pensar en los actos digitales no impide insertarlos en su dimensión sociológica, en tanto productos de un estado civilizatorio, en principio, pero también en términos de los accidentes y las tensiones que producen. Los actos digitales, polidiscursivos, entropicamente organizados, cuentan también con una multifacética taxonomía. En esa medida regresamos a testimoniar el hecho imprescindible del acto de nombrar como un mecanismo inherente a la episteme digital.  En términos sociológicos y culturales se trata, además, de una incitación a lo público, a lo compartido, siempre inserto en al devenir dualista de la criminalidad y la legalidad, de la institucionalidad y la clandestinidad, de la legitimidad y la contingencia. Las posibilidades de análisis, atendiendo a una micro filosofía de las formas digitales, abarcaría no sólo las producciones de sentido, simbolismo y significado, sino la duplicidad y el instinto de copiar los productos humanos. La episteme digital impele a repensar los patrones de dominación, de alternancia y de configuración sociohistórica, siempre que las posibilidades cognitivas desde las digitalidades oscilan en una macro estructuración compleja, atiborrada de estímulos y saturada de mensajes. No es incluso la faticidad del canal comunicativo o la proliferación de los métodos persuasivos, exclusivamente, lo que mantendría la pugna entre las concepciones metahistóricas, metalingüísticas y metafísicas de las digitalidades, en tanto vehículos de estructuración cultural, identitaria y factual, del abigarramiento compendioso del catálogo totalizador internaútico.

En cuanto a las posibilidades interpretativas, algoritmicamente inabarcables, la dialéctica simple objeto-sujeto-síntesis, no puede abarcar un trinomio axiomático deducible, sino que constriñe la cosecha del tejido social a una mecánica de reproductividad cultural, ceñida a las macro y micro tendencias globales: informáticas, geopolíticas, culturales, históricas. Dando paso a una fisognómica histórico-cultural del rostro metafórizado de las digitalidades, metáfora escritura en la dialógica afrenta del ego y al colectivo, los rostros polimorfos de la información, de los hechos humanos, de la saturación discursiva, remiten incuestionablemente a un cúmulo improductivo de formas, de estructuras, de figuras y cuerpos. Estos en su conjunto no estriban exclusivamente en las posibilidades categóricas de lo virtualizado, sino, además, en las confluencias y divergencias entre lo posible digital y lo performativo digitalizado. Si nos atenemos al hecho de la desigualdad social, retomando el nivel sociológico, presente en la distribución, empleo, uso, accesibilidad y participación de la población global en internet, debemos asumir que en términos demográficos la exclusión de diversos sectores sociales de la vida digital, pernea también la lógica inherente, hypercapitalista, de los proyectos en las digitalidades. Pero también es posible distinguir que a través de constructor postdigitales distintos grupos vulnerables, inmersos en un anonimato cultural e histórico desde los planteamiento etnocentristas occidentales, han logrado hacerse un lugar en el mundo, generando sus propias representaciones y constituyendo esfuerzos, como el caso de distintos grupos indígenas, comunidades y tribus urbanas, grupos de intercambio académico, entre otros, que derivan en la composición social del tejido digital.  Si existe una episteme digital, un tejido social digital y un conjunto de hechos digitales, su filosofía debe abarcar el continuo inter-relacionado del proceso constructivo de conocimientos, de las dinámicas sociales y trasngeneracionales conformadoras del universo sociológico digital y de la dialógica estructural de la facticidad digital y sus accidentes.

Horizonte dualidad

Nombrar la lejanía

con trozos incendiados

por los tercos silencios.

Estar frente al eterno huir

del horizonte, mitad cielo,

mitad sol, espacio y signo,

movimiento. Hasta el lindero

preciso de la luna, el día,

hasta la noche inmensa,

la luz y los cantos, mensajes

todos del porvenir y el presente

efímeras porciones de la existencia.

Mi hoy

Me encuentro transitando por una especie de depresión post-tesis, increíble, sorprendente, aterradora. La impulsos para concluir mi primer proceso de investigación profesional parece que darán sus frutos. Pero se trata de una empresa planteada, malamente, con muchos años de antelación. Conocí a Ignacio de Luzán en la biblioteca de Humanidades de la Universidad Veracruzana hace más o menos 8 o 9 años. Por aquel entonces estudiaba lengua y literatura y me encontraba indagando las particularidades definitorias de lo ‘poético’ en su acepción literaria, léxica, semántica y teórica. En esa medida mantenía una búsqueda desde el estructuralismo literario francés pero entendía que lo ‘poético’ podía hacer referencia a la teoría literaria, a la construcción de versos o al adjetivo de poesía. Entonces deambulando estantes de la biblioteca me encontré con la edición de Cátedra de 1974 de La poética o reglas de la poesía en general y de sus principales especies de Luzán. Tomé el libro, abrí la introducción de Isabel M. Cid de Sirgado, la leí, y me fracturé la cabeza al descubrir mis nulos conocimientos. Por aquel entonces me encontraba a punto de iniciar el proceso de tesis en lengua y literatura y quería hacer la investigación sobre Luzán, pero a la par mantenía una actividad de consumo de drogas que me desorientaba y me desorganizaba en muchos aspectos. Inclusive llegué a escribir un breve ensayo sobre la crisis epistemológica que representó la lectura de la poética de Luzán. Todo fue una gradual obsesión que poco a poco tomó una forma abigarrada, hostil e inabarcable.

Terminé dejando lengua y literatura, en medio de una serie de crisis psicóticas y anímicas, que fraguaron mi distanciamiento de las aulas académicas, pero me mantuve escribiendo literatura. Para 2010 había publicado un cuaderno de poemas Reuniones del Milenio que Termina que en 2009 edité con Épica en ciudad de México. La desorientación, pero la constancia escritural, fueron una  moneda de mis días. Entre amores pasajeros, algunos pocos viajes, y lecturas dispersas, Luzán seguía interesándome. Al descubrir que en la biblioteca de Humanidades tenían otra obra del autor aragonés, no dudé en acercarme con el director de la biblioteca para pedirle me facilitara el documento y poder así fotocopiarlo. Entre los trabajos que conseguí de Luzán, su poética la retórica de las conversaciones, también fue indagando sobre los autores de su crítica, que me pudieran facilitar el conocimiento de sus ideas, conocer los comentarios sobre su obra y lentamente, en un proceso de estira y afloja, acomodar mis pensamientos. Volviendo a 2010 por aquel entonces tuve la oportunidad de tener un acercamiento con el maestro Sergio Pitol quien me acogió y me brindó su amistad. En ese momento, al morir Carlos Monsiváis, escribí un texto desgarrador, en medio de una honda tristeza y una psicosis intolerable, donde me propuse, como proyectos personales, tres cosas: escribir mi primer novela, próxima a publicarse en este año, hacer el compendio de las obras historiográficas de mi madre, libro pendiente de publicación pero en proceso editorial con la Universidad Veracruzana, y realizar mi investigación sobre Ignacio de Luzán en tierras mexicanas. Hace algunos meses escribí que estos tres objetivos los estoy cumpliendo a 6 años de habérmelos propuestos. Y esa es la raíz de mi depresión actual, de mi crisis personal, de mi presente sin proyecto.

Hay muchas posibilidades para mi presente, para mi día a día. Tengo algunas ideas, pero el vacío se siente, lo palpo cada vez que me encuentro con la pregunta ¿ahora qué sigue? Actualmente estoy aguardando la resolución sobre dos posibles ponencias para congresos donde aborde la temática misma de Luzán pero en contextos y temporalidades distintas a las de mi investigación, que se circunscriben al inicio del siglo XIX en Nueva España y al Diario de México y su primera época de 1805 a 1812. Afortunadamente he conseguido explorar distintos soportes archivísticos digitales para esta empresa y me siento convencido de que para mi se trata de un nicho intelectual y académico único que puede redituarme con creces. También está el proyecto de la publicación de mi novela, de próxima aparición, que me implicará un trabajo de difusión, venta, presentación, entre otras actividades para dar a conocerla y obtener alguna ganancia de este hecho. Además hay una biblioteca personal, y materna, que debe ser organizada, acomodada. ¿Hay tiempo para todo? Aguardo los trámites para presentar mi examen profesional y me quiebro cuando imagino qué más hacer con este blog mío.

A todos un saludo, desde la incertidumbre de mi hoy.

Alphabetum

Acorde al sonido

los actos,

las conquistas

de lejanos tiempos,

hazañas todas, escrituras.

Soledades increpan

muros de viejos nombres,

cansados vestigios de orfandad,

como si eso, mitad realidad

mitad imaginación, escupiera

formas de fuego, y luz, y silencio,

y tenuidad, y ardor de veranos

donde corrían las sonrisas.

Espacio torrente, el arrebol

del tiempo, de la caída del

conocer, del sabio epitafio

—certero achaque biográfico—

contra la hostilidad del orden

como reloj en 1576 marcando

el hacer la vida una cúpula

de hombres y letras y textos.

El bufón, que es el hostigamiento

por falta de ideas, mantiene

un pliego de papiro, rotulado

real, con los ápices mismos

del sentido inverso de una orden:

acomodo entonces de imágenes,

sonoridad, atemperanza, soplo

monárquico, esferas de significados,

toda urdimbre de autores y personajes.

Letalidad la marca, el signo, la vocalidad

del trasiego imantado del verbo, soplo,

acaso nota a píe de página, del desmantelado

acto de un diálogo con los eternos

fulgores de la figuración: contra pelo

de la gramática que impuso el hábito

de quebrar las lenguas, de surcar los lindes

del tedio inmaculado de los espíritus.

Reseña histórica de la ningunidad

Primera dimensión: el ningunismo, la optatividad identitaria de lo ninguno de lo no existente, deambula como un tejido plasmado en el ejercicio consciente de las volatilidades sublimadas de la sociedad. Un ser ninguno, un ser nadie y nada, es una composición fraguada en las conquistas de una otredad que somete y sobaja al objeto de la ningunidad. Lo ninguno se sopesa siempre, se compara, de ahí su esencia, su ser DON NADIE, su espectral silueta de, hagas lo que hagas, ERES NADIE. El atisbo general de la nigunidad es mucho más que un perfil idóneo o salubre del ethos ideológicamente pragmático, es decir, de ese elemento de exclusión social del otro, del ninguno o ninguna. No es sólo su denigración genérica, sino su anulación, su nulidad como existencia y presente. Ningunidades abismales nos llenan todo el tiempo y acaso nos detenemos a preguntarnos si somos ninguno o ninguna para otros ¿para quiénes?

Segunda dimensión: la ductibilidad del ninguneo es una condición ontológica compleja, que traspasa los ámbitos institucionales para convertirse en una lógica inherente al capitalismo occidental. Si el modelo del pequeño burgués, quien obtiene las ganancias, recrudece la brecha entre los distintos individuos que componen el tejido social, el ninguno es una réplica de la constancia anulatoria del otro. Históricamente este desenvolvimiento se ha traducido, en la tradición occidental, en la centralidad ciertos sujetos sociales —o individuales— y en la anulación de diversas otredades —colectivas o individuales—. De ello se desprende que el filtro primero de la ningunidad es lo social, ejercido como maquinaria de asalta en vías de anular al otro: físicamente, mentalmente, espiritualmente, ideológicamente, económicamente, políticamente, educativamente, culturalmente, etcétera. No hay límites una vez aplicados los criterios de la ningunidad, pues al ser objeto del ninguneo, el ninguno se convierte en una pieza a la cual se adjudica un valor, negativo pero a la vez neutro, para que sus actos, sus palabras, sus relaciones, sus actividades, sus identidades, carezcan de valor según los consensos normativos. Entonces, la performatividad de los ninguneadores se transmuta en una conducta socialmente aceptada, discriminatoria, difamadora, que trascoloca al otro, a un lugar y sitio de ausencia, especialmente de significado.

Tercera dimensión: no es posible abarcar los mecanismos de la experiencia humana en donde la ningunidad se expresa porque abarcan todos los ámbitos de la vida humana. En el caso animal la experiencia puede traducirse en el abandono o sacrificio del individuo débil o anciano, pero en el caso humano la construcción de círculos sociales establece los criterios para ser un ninguno dentro de ciertos sectores. En ocasiones las ofrendase —colectivas e individuales— que son catalogadas de ningunistas pueden encontrar otros rangos de acción, de identidad y participación igualitaria o de mayor reconocimiento en ámbitos y esferas sociales que no estén contaminadas por la actividad de la red ninguneadora. Al final de cuentas es posible asumir, en esta concepción de las relaciones sociales y humanas, que lo ninguno se establece como parámetro de conquista y sometimiento del otro, el cual puede asumir o no su condición, pero sin lugar a dudas una vez puesto en el sitio de la ningunidad, el sujeto comprende, cabalmente, que algo de él es juzgado y sentenciado de forma negativa.

Lo negro racional

Esa razón que tienes

esmaltada, indecisa,

es un trono de silencio,

una valija a tu indiferencia,

que te hace saltar, poco,

a tiempo siempre del café.

Esperas un tronar de significados

pero mantienes empolvados

los estantes de la imaginación,

¿por qué amasas los sentidos

inversos del mal? Nadie escuchó

la figura de tus sentimientos

y te volviste un abrir de cúpulas

hambrientas de luz y carbón.

Si desde el origen de la eternidad

contra atacaste los efímeros galopes

de letras y discursos, no desististe

de nombrar una totalidad quebrada,

mitad voz y mitad boca, para que luego

de la caminata, donde marcharon los

silabarios más antiguos, recogieras

las piezas de tu rompecabezas

y levantaras tu alma al cielo, con

la zozobra del conocimiento y de los astros.

Encima de tu cuerpo, que es también

escritura con mutismo y realidad,

el ocaso del silencio fabrica una desembocadura

fértil y plena, donde conquistas el aliento

de un lenguaje radiante y luminoso, mitad

éxtasis mitad zona de franqueza, y te asumes

viento y remolino de obras, experiencias

y señales, afrontando el temor del ser,

de la existencia los maremotos y significados.

¿Podré?

¿Podré algún día

leer a Góngora y Garcilaso?

¿Podré aprender

a hacer versos menos malos?

¿Podré una vez comprender

la métrica castellana?

¿Podré abandonar esta poética

torcida sin metro ni verso ni rima?

¿Podré en algún momento

decirme poeta? ¿Podré si quiera

decir qué es poema? ¿Podré,

poesía, marcar la quieta onda

de las sílabas? ¿Podré algún día

fraguar un libro que sea poesía?

¿Podré poesía ser poeta contigo?

¿Podré sin ti? ¿Podré quizá

decir poemas de memoria?

¿Podré? ¿Podré? ¿Podré?

Después de leer una tesis doctoral

Qué grata sorpresa

encontrarlo todo,

ese todo que es mi nada

objeto de estudio, sucinto,

pulcro, amplificado y radiante.

Qué asombro y proeza

la discursividad del pasado,

los hombres, las obras,

las interpretaciones,

atisbo de colecta bibliográfica,

más que un rescate una pieza

del conocimiento necesario.

Deseos que ahondan mi ser,

la llamada a profundizar

el entramado libresco:

neoclasicismo

ilustración

siglo XIX

prensa

periodismo.

Indisociable de mis criterios

esto que leí me cimenta,

desbroza mi camino, me alienta.

Soy feliz con el trabajo de las ideas

y me doblego a la fascinación por conocer.