Blancura verbal

Escapa al ruido

muchedumbre simbólica,

escápate conmigo,

lenguaje. Truena sonidos

lengua, habla insomnios y

compón esbeltos diarios,

niega el silencio, verbo

truco del sentir. Envuelve

siempre, el sí del aire,

boca inflexión, voz

inunda el patio

de la barbarie

con flores, flores

versificadas,

metas de días,

verbalmente blanca

cicatriz del tiempo,

escribe contagios

dentro de la urdimbre

conquistada: tiende al ser

si de la espuma de la razón

alimentas los caudales.

El big bang monetario

Tronamos el presente

igual que escupimos

rostros a la esencia

del abismo poético.

Sueños nos endulzan

el tren amargo del ser

porque en la cima,

que es el aturdimiento,

florecen los verbos derrotados.

Desfiguramos caricias

con la manopla oxidada

del desprecio a nosotros mismos,

porque fuimos un manantial de dicha

cuando en el fondo se nutría

nuestra desazón por vivir en el pecado.

Fluye dentro del silencio

el magma estéril que corrompe

juventudes: capitalismo siempre

desde hace siglos, la vocal tensa

del decurso humano, falacias.

Dios vino al mundo para decirnos

ustedes no merecen la justicia de los cielos.

monetary-big-bang

Genealogía de lo inútil

arbolperdido

Constricción, aroma de tedio,

la cicatriz del olvido

nombra asiduos

promontorios oníricos.

Despilfarrar, acto constante,

como industrial mecánica,

la voz interior que, ruta

fructífera, sacude

el lote baldío del ser.

Pensamiento oxidado

como lápiz con punta rota

o intentona de escribir

en la agenda del terror

una nota de alegría.

Soporífera mansión

este redactar en verso

las pocilgas de la existencia.

Ansiedades perdidas

en el quebrantar la silueta

de los rumores, urbanidad

esparcir afectos y perderlos:

terco instinto —¿qué número

sacude la poltrona de la vista?—

esta melodía vacua del significado.

arbolperdido

Este automatismo escritural

Dejaré para otro momento la importancia congruente, la coherencia y el sentido. Ahora sólo escupiré industrialismomis ideas, como intenciones rotas, esquirlas de un pensamiento anquilosado, perezoso, latente y putrefacto. Es mucha la distancia que remueve los escombros mismos del alma, la porción justa que indaga retóricas y funcionamientos perdidos en el extravío del nombrar. Todo lenguaje invoca una residual instancia que revoca los infantiles galopes del ser. Tejo entonces una elucubración factual que renuncia en su esbelto transitar al maremoto del significado, emblema siempre de un acto referencial que no remite siempre a una ontología de la palabra. Pero también es una espumosa y traslúcida memoria la que arremete contra los vericuetos propios del ego y sucumbe al instinto mutilado de una metafísica rota y quebradiza.

Una vez pretendí ser una especie de mago con el bastón de la lengua y entonces noté que transmutar los efectos sonoros del pensamiento a las denominaciones alfabéticas es mucho más que simplemente redundar en la búsqueda de un estilo. La propiedad no implica necesariamente apropiación pero en el decibelaje del ser y las rendijas mismas del existir, la orilla siempre oscura de la innovación reclama un sitio perecedero para poder conquistar los espasmos ajenos. Tonalidades industrialismo2del discurso como muchedumbres hambrientas navegaron las aristas de una filosofía caduca y obstinada, hecha de mitades, consanguínea del florecer ignoto del silencio y la barbarie. Porque en el fondo mismo de este escrito, disforme y bestial, la emblemática ruptura con el paradigma de la claridad es mucho menos que una pieza museográfica enlatada en el sin fin de las posibilidades argumentativas, porque existe, en mi tautología, una especie de afición al mentalismo. Orillado al nombrar los abismos etéreos del sin sentido, escupir entonces no se traduce más que en un automatismo reduccionista, falaz, intencionalmente desvencijado, como extravío de página de libro a mitad de una investigación. Por consiguiente no reitero más que lo enunciado, energúmena señal de la elucubración distante del pensamiento contumaz, raquítica como un famélico que pide limosna.

 

Irreverencia poética 9

Nos pensamos

con la intuición del amanecer,

ocasos nutren el aliento

que somos, cada vez una espiga

de significados nos invoca.

Saltamos al silencioso manto

de la introspección y volamos

al sueño etéreo de las letras.

Inundamos los rincones del cosmos

con la tinta indeleble de la vida,

vivencias nos inculcan añoranzas.

Plasmamos los años en el abanico del ser

¿cuánta nostalgia acumula nuestra piel?

Una memoria, solo, nos induce al horizonte.

irreverencia poetica 9

Teatros

El ser, un prefijo del tiempo,

acto, compañía y salto, un abismo

abre las rutas al fondo

del desbarajuste interno. Colilla

de cigarrillo: emblema torcedura,

el alma alquitranada, de voces

como espejos la salida

enmascarada, ninguna parte.

Por aquellas temporadas

viejas y truncas aeronaves.

Adiós intacto impulso

soplar las hélices del sentido,

manantiales de amor, disfraz

tono de sol y reminiscencia.

Actuación contraria al pudor.

DSCN2692

Poema de la percepción del tiempo inexistente

Orilla y manantial

del ser, contra reflejo,

esparcida la semilla

soplo y caminata, arder

solo el instante amar.

Contracción y esperma

del verbo, del andamio

luminoso, palabra y fertilidad,

cosmos encubierto, amores

al árbol del conocimiento.

Inscripción tu faz, tu letrero

el símbolo partido, la mecha

encendida del saber, terquedad

y descanso, como soleada colina

reverdecida de esperanza y aliño.

¿Cuándo partimos el as del sentido

contra la efigie del sonido? Dejamos,

entre el salto al infinito de la existencia

y la locura de la presencia, las uñas y

los pasos llenos de entredichos.

Merodeamos entonces las esferas

de una geometría universal y silente.

 

Lo negro racional

Esa razón que tienes

esmaltada, indecisa,

es un trono de silencio,

una valija a tu indiferencia,

que te hace saltar, poco,

a tiempo siempre del café.

Esperas un tronar de significados

pero mantienes empolvados

los estantes de la imaginación,

¿por qué amasas los sentidos

inversos del mal? Nadie escuchó

la figura de tus sentimientos

y te volviste un abrir de cúpulas

hambrientas de luz y carbón.

Si desde el origen de la eternidad

contra atacaste los efímeros galopes

de letras y discursos, no desististe

de nombrar una totalidad quebrada,

mitad voz y mitad boca, para que luego

de la caminata, donde marcharon los

silabarios más antiguos, recogieras

las piezas de tu rompecabezas

y levantaras tu alma al cielo, con

la zozobra del conocimiento y de los astros.

Encima de tu cuerpo, que es también

escritura con mutismo y realidad,

el ocaso del silencio fabrica una desembocadura

fértil y plena, donde conquistas el aliento

de un lenguaje radiante y luminoso, mitad

éxtasis mitad zona de franqueza, y te asumes

viento y remolino de obras, experiencias

y señales, afrontando el temor del ser,

de la existencia los maremotos y significados.

Reflexividad irrestricta ahumada

Nos doblegamos al ser

¿lo pensamos?

Acertamos las noches

que fabrican encuentros

como si una gaviota,

marina envestidura,

nos guiará al cofre del tesoro:

pérdida del ego, ser entonces

los restos de vidas y personas.

Esculpimos nuestro personaje

¿lo pensamos? ¿Cómo si los episodios

-nuestros dientes amarillos también-

hilvanan el olvido que nos carcome

-en el presente mismo de la combustión-

los adentros imantados a la nada?

Preguntamos y existimos.

El ego se doblega y el ser se redime,

las almas aguardan, esperan la lucha

contra el incidente luminoso, y reímos.

Cada minuto queda como vestigio de paso,

paso de angustia y placer, porque el ego

-eso que nos nombra, distante, soberbio

pordiosero de nuestra historia-escritura-

está atado a nuestra lengua, es nuestra boca,

la que debemos domeñar y rendir al flujo

racionalista. Reflexionamos, indagamos,

perdimos los indómitos verbos del actuar

en la marea del vértigo, del abismo mental,

pero somos, estamos, pensamos, nos desdoblamos.

Encima del álgebra personal -nosotros, mitad número

mitad numen- acuchillamos páginas con la mirada

y decimos: ¿hoy es más tarde para descubrir

nuestros adentros infectos de envidia o es más

temprano para decir que adentro -interior

remilgoso y pocilga de ausencias-

estamos guarecidos de la tempestad social?

Nadamos circunferencias sonoras,

cada vez, cada mañana, y amanecemos

torcidos del corazón, con una mueca turbia

-escupiendo nuestro espíritu quebrado

de sombras y pasajes frustrantes-

cuando metemos nuestra lengua

en una balada del siglo anterior

para conquistar el fértil y mortal

-tóxico sobrante- torrente de humo

que nos indaga la boca y nos dice:

nunca fue temprano para despilfarrar

el ser que somos ni el ego quejumbroso.

Ramillete de angustias

Vas por la vida

cosechando horarios, tu siembra

la obligación de ser ciudadano,

ser madre, ser empleado, ser ¿cuándo?

Entre los cafés, las oficinas, las máquinas,

el tiempo roza las mejillas de tu infancia.

Contra el cielo plomizo de ausencias,

tu rostro, tu cuerpo, tu rutina de gimnasio,

la bicicleta, la vida sana, no fumar, etcétera.

Ejercitado en el arte de la técnica, tu mutismo

llamado entretenimiento, falsedad, ilusión,

fragmento de realidades distorsionadas.

¿Olvidaste que un día de 1810 duraba 24 horas

igual que un día del año 3 o el día de ayer?

No hay fórmulas para la psicosis pero sí hay

narcóticos, excesos, consumo elevado -de amores,

de drogas, de mercancías, de personas, de órganos,

de genitales, de pantallas, de libros, de revistas,

de familiares, de amigos, de bosques y recursos naturales-

porque en la apología tecnológica

perdemos la vivencia, perdemos el estar,

perdemos el ser -en el y por el tiempo-

como figurines de porcelana en una colección

de los inquisidores del siglo XVII.

Embarazos, cine, helado napolitano,

la gangrena de nuestro presente es nuestro presente

mortalmente angustioso, vívidamente angustioso,

angustia como totalidad llamada: ¿necesito

éxito, triunfos, medicamentos, seguro de vida,

viajes por el Caribe, visita a museos internacionales,

gimnasio, películas, dotaciones de comida gourmet?

Al final todo es un simple frasco

de carne y hueso, todo es la niña que te rompió

el corazón por primera vez, la mujer que te ignoró,

la madre de tus hijos a quien no amas,

el título de doctorado que te dio tu plaza

-la cual odias porque es provinciana-,

la memoria de que tu vida pudo ser distinta:

pero seguiste el molde y encajaste

-hoy eres el encaje de otros-

y te persignas y te escondes en tu exhibición

cotidiana y común. Un auto del año,

el smart phone más impactante,

el colegio privado para tus pequeños,

seguridad social, garantias de por vida,

ochocientos mil pesos para cada miembro familiar

si mueres en un accidente o súbitamente,

tarjetas bancarias, ahorros, planes dentales,

viagra, disformidad emotiva, ansias, siempre

angustia, la peste y la nausea y el rincón repugnante

al lado de tus compinches machistas, sexistas,

racistas, exclusivistas, que ven cadena nacional,

que siguen los deportes, que fungen como árboles.

La enfermedad es mía, la cordura es de nadie.

Y así habitas un paraje, un segundo, un cuerpo,

una edificación -por el inmenso crédito a 15 años-,

todo porque al final del día te recuerdas

parte de una inmensa sociedad imparable:

capitalista, salvaje, explotadora, injusta,

demencialmente narcotizada por doquier.

Entonces el sueño ha dejado de ser reparador,

se ha vuelta una máquina cuyos engranajes

soportan la teatralidad existencial del mundo.

Lazos

Lazo de caídas
la vida
laza los años.
Hilo torrente
lazo de cristales
líquido tiempo
lazaremos los riscos
de la juventud. Artefacto
golpeado presente
lanzaría las esquirlas
infantiles del sol.
Augurio de canciones
lazo de generaciones
marea incesante y gremial.
Ancestral limosna
lazo de colecciones
de armas soledades
atmósferas de lazos de memoria
alquitrán de sueños
como pelicanos en caída
al mar. Lazos de océanos
y volcanes de ka geografía interior
lazando los arrecifes de la imaginación.
Torpedo de amor y lazo de roturas
aroma de polvo y luz y ceniza.
Lazo de fuego que la vida ensancha
o las corrientes del futuro
de los espectros del yo resguardo.
Lazo de aire y lodazal de recuerdos
anteriores al cúmulo de días.
Lazo de los atardeceres
con los abiertos caminos del ser.

Autoconcepción negativa: negatividad constructiva

IMG_20150707_102246

I

Hay un punto en el camino de la vida en el que puedes quedar doblado, torcido, resquebrajado por todo lo que no has conseguido, todo lo que no has hecho, todo lo que te hace arrepentirte de ser quien eres. Imbuido en una moral judeocristiana, más por motivos culturales que familiares, vivir el arrepentimiento como una dosis para la creatividad es un marasmo difícil de asimilar. No importa naufragar en el input deteriorado o concebirse negativamente, como una basura del siglo o un aborto frustrado, sino el eco catártico, el desahogo, el hecho, intrascendente, de la traducción vivencial de un ego, de un ser, de una entidad psíquica única, exclusiva, que se proyecta al universo público.

No es el acto rememorativo o las secuencias intelectuales recorridas, ni siquiera es el hecho de saberse privilegiado y sentirse, por ello, un miserable en el presente. No es tampoco la dosis existencialista o ni siquiera el apabullante escándalo del wanna be a writer o peor aún quizá el ghetto prefabricado en torno de mi persona, lo que me induce a interpretar mi realidad como una almohada pedregosa de sabores exóticos. Ni siquiera es el posible tono difamatorio de algunos de mis escritos o peor aún el emolumento autodifamatorio, lo que moviliza este catartic moment.

II

Cuando tienes 18 años y pasas 10 años viviendo en crisis, ¿qué te queda a los 30? No es tampoco el hecho, proeza o no, de sobrepasar los obstáculos. Es un oscurantismo autoinducido, inductivo de las mareas lunares, epicéntrico de recuerdos intraducibles. No es tampoco esta prosa infértil o la letanía mortífera de sentirse uno menos en el mundo. Es mucho peor que el dobles firme de la juventud que me dijo: no puedes. Y es también el podrido acto de acumulación de poder, es la negación de toda instancia mística y mágico-religiosa, es una especie de ateísmo culpable o de un deísmo falto de congruencia racional. Es también la torcedura de los afectos perdidos, de los seres queridos muertos, de los que aún no se van pero ser irán. Es todo eso y también el odio y el rencor y la frustración y todo lo que significa ser alguien a quien nadie busca un sábado por la noche, a quién nadie llama un día cualquiera, a quien nadie toca la puerta de su casa. Y en esto estriba la ningunidad, un ser ninguno, un ser nadie, ya trascendido el acto del don juanismo, ya fertilizada la semilla desquiciada de un verbo en distorsión. Nunca recibí educación religiosa y no la recibiré. Es eso, lo ninguno, el ningunismo, el representar una ausencia, un algo desagradable, podrido, lúgubre, incomprensible. Y de ahí los huecos y vestigios de otros días cuando la sociedad, cuando las personas, cuando otros se proyectaban en este espejo, ahora disformismo musical.

III

Paseo cantando irreverencias

canto de melodías mutiladas, pastiche

inseminado de distorsión, Mozart y otros,

cumbia, reggeton, jamás rancheras. Las viejas del patrón,

el peor programa musical  de todos los tiempos

la inspiración. Mutilación emocional, declive, existencia

torpeza social inmanente al abismo crudo de no decir nada.

No decir nada, no ser nada, nadie, nadie, nadie, aquí.

Estaba saltando cuando caí y caí tan hondo

y salté tan alto y escuche un trueno y me partió.

Partido como transición de milenio, te extraño madre flor.

IV

Y todas las veces estar arrinconado, ya no con lecturas ni autores, sino con una falsificación por identidad, estar ahí, en el mundo, un ser extraviado, sin núcleo, sin centro, sin sentido, con un corazón que ama, con una deseo que se expande, con la tristeza de la distancia, distancia siempre realidad que amordaza los sueños, que amarra las ilusiones, que derruye los placeres. Llegar siempre al mismo punto, al mismo sitio, a las mismas conclusiones, un círculo, no una espiral. Algo que no ha dejado de ser, algo como una maldición, algo quizá ya de tan viejo, de tan antiguo, peor que obsoleto, cadáver.

Incrédulo mascullo este escrito, este vómito de letras, de palabras. ¿Intención? No puede pensarse el mundo, no puede aprehenderse la realidad, no sin antes atender el complejo personal, la unidad psíquica interna. No puede abstraerse nada sin antes proponer una concreción del adentro. Y en ese devenir, en esa dialéctica ego-grupo-sociadad, me pierdo, todo el tiempo. Por eso, desde esta torre de cristal, desde este asidero insano o torre también de marfil, desde aquí, el juicio extremoso de lo inmediato. La figuración obtusa, miope, lánguida, del no ser, del no pertenecer, del no estar, del estar no como ausente sino de ser ausencia…

Romulaizer Pardo

IMG_20151006_202055

 

Acaso somos

No somos presente

ni agua o silencio

tiempo quizá, quizá trote

quizá momento. No somos

como orugas en su capullo

o ramas del árbol que tuerce

la eternidad de la luz, quizá torrente

seremos una mañana azul vuelta día gris.

No somos átomos ni células del devenir

somos aromas de sábanas compartidas

en el hogar aterciopelado del corazón universal.

Tenía la esperanza de que me buscaras

pero saltaron los años

sin tu presencia, sin ti. No apareciste nunca

en los parajes enarbolados de mis días tristes

pero sale el sol y soy un hombre.

Derrotada la memoria que eres

no me buscaste y no te importó

el sabor de mi boca o el tacto de mi pecho

al desembocar nuestro grito que nos unió.

No me buscaste y yo tampoco

contra el espejismo cierto de una noche

arrecife de muchedumbre bailando

y nosotros ahí, a mitad de un desencuentro de por vida.

Con la mirada flácida y decepcionada

no te ví ni escuche el canto de tus ojos

porque al final no éramos destino

o porque fuimos el destino de la tragedia.

Eres el silencio más grande de mi vida

porque fuiste los gritos y el escándalo

más abrupto de mi existencia.

Te habito cada primavera y excavo

la imagen de tu piel morena

contra el polvo de tu recuerdo.

La primera primavera de este milenio

Inserta la tristeza

en los soles

quebrada

nostalgia

tibia confluencia

amar

no fue vivir

ni fue trepar

los árboles del tiempo.

Rasguño tu mirada

envoltorio cicatriz

mis ojos en tus espejos

como flácidas margaritas

mis dientes construyendo

la mueca gris

de un sábado en la noche

de la primer primavera de este milenio.

Cansada está la tormenta de desgracias

tristeza amargura locura demencia ser.

Todo contra ataca los días y territorios

de tu ausencia turbulenta,

columpio roto, mi sonrisa,

el átomo frío de tu indiferencia,

la canción silencio

eso eres

pero sin ideas ni belleza

simple espectro de mi

nadie que convoca la égida espacial.

Residuos

arqueología de tu nombre

olvido

canción horda de alfileres.

La voz, esa melodía tuya,

una esfera de pasiones que leyó

mis vidas pasadas, ríos de dolor, mi sangre

esta boca que sangró abandono

torcedura del alma

canción llamada eternidad.