Diagnóstico

Severa crisis
del ser nombre vacuo,
figurín de polvo
es tu silencio,
una hondura
cubierta de flamas
viles por inocencias rotas.
Consumada la diáspora
del lenguaje, mutación
invertebrada del universo,
severa crisis cristalizas
el ánimo de vomitar injurias.
Perdona vida, realidad perdona,
el sino estéril de esta vocal,
torpeza cierta, si calambre del corazón
también resquemor de fracasos,
saco despabilado de mutismo.
Severa crisis
columpio al éter sombrío
la lengua ancha de tu adherir
los días al remanso turbio
de las palabras, mitades de silencio
este capital desierto,
de la calle las luces ensordecen el instante.

 

diagnostico

La muerte en la patria del nopal

Verdad también

hoy morir

por falta de esperanza

morir

también

verdad

el luto nacional.

También acierto,

nítido funeral,

el campo santo de mi país.

Silencio, ronda completa

esta flama mortuoria

nuestro presente en cada esquina.

mitocondrialidad-poeticogramatofisica-2

Lago desecado el tiempo

Insalubre estar

dentro de la marcha

que ajetrea cuerpos y labios.

Porque una voz engulle,

sigilosa, el tiento moralista

de la época bárbara: quietud

designar estrelladas maniobras

como si del firmamento

soplos luminosos nos encandilaran.

Pregunta si el tiempo es corto

o nos corta a destiempo, el tiempo

firma y autogafía demencial

en el castillo de los naipes volátiles.

Nos esparce al escondite

esa figuración de tedio laqueado

de memoria y en su pátina

de recuerdos caemos

mitad silencio y estructura

de la sangre raza que nos doblega

a la historia insípida de todas las eternidades.

volando-a-detroit

Cortes al silencio

Esta basura

que inventa

su deshecho,

sostén y ritmo,

palpita verso,

nombre y astilla,

vocal y tiento.

Su mecanismo

—cinismo—

escueto rompe

terquedad colgante

como de ruido

hosquedad, fuga

y trance, corte

mitad sonido

mitad alfabeto.

Si de balcón

tueste de diario

—prensa vendida—

de sinergia fuerza

armónica silla,

verso y verbo,

nombrar el alba

tonada y filia,

licuado cierto

esta basura

que inserta

su deshecho

aquí, donde la

miras, siempre,

con tu silencio.

cuerpos

Irreverencia poetica 13

Nos acalla un hábito

que torpeza es, silencios,

nutrientes al aliento, voz,

que de la hinchazón espiritual

indaga los límites.

Insufla el tono,

soplo, instante, visión

imantada al calce

de los labios. Terquedad

este rumor, como globo

por los cielos, circundante.

irreverencia-poetica-12

Micro poesía 34

El beso coge

del silencio

la forma

y enciende dentro

el ruidoso universo

mutuo del amor.

Solturas inmediatas

circulo floral

 

¿Recordar saltos

al terreno del nombre,

que de figura tiene

siluetas y cenizas, es

colgarse el amuleto del sueño?

Nacimos un día cualquiera

con la cara prófuga del pasado

y la lengua esmaltada de gritos.

Pero sentimos el paso del instante

que devana nuestra alma y soltamos

el ancla del desconsuelo volátil:

eso que son los corazones rotos

y el aliento canoso de cigarrillos,

contra el tonelaje del silencio.

Arrullamos perpetuos el devenir

con nuestras acciones, mas

un eco nos guía al destino

—construcción esférica—

que irrumpe en nuestra morada:

cuerpo que es nuestro vehículo

la palabra inserta en la otredad.

circulo floral

Alphabetum

Acorde al sonido

los actos,

las conquistas

de lejanos tiempos,

hazañas todas, escrituras.

Soledades increpan

muros de viejos nombres,

cansados vestigios de orfandad,

como si eso, mitad realidad

mitad imaginación, escupiera

formas de fuego, y luz, y silencio,

y tenuidad, y ardor de veranos

donde corrían las sonrisas.

Espacio torrente, el arrebol

del tiempo, de la caída del

conocer, del sabio epitafio

—certero achaque biográfico—

contra la hostilidad del orden

como reloj en 1576 marcando

el hacer la vida una cúpula

de hombres y letras y textos.

El bufón, que es el hostigamiento

por falta de ideas, mantiene

un pliego de papiro, rotulado

real, con los ápices mismos

del sentido inverso de una orden:

acomodo entonces de imágenes,

sonoridad, atemperanza, soplo

monárquico, esferas de significados,

toda urdimbre de autores y personajes.

Letalidad la marca, el signo, la vocalidad

del trasiego imantado del verbo, soplo,

acaso nota a píe de página, del desmantelado

acto de un diálogo con los eternos

fulgores de la figuración: contra pelo

de la gramática que impuso el hábito

de quebrar las lenguas, de surcar los lindes

del tedio inmaculado de los espíritus.

Cadencia cero

Esparcir totalidades sin nombre

porque no existen las palabras

cuando se allana el silencio

con el manto del alfabeto. Muda

la estación de radio y los amigos,

mudos en la mudanza, mutismo.

Totalidades en mutación inerme

como pompas de jabón congeladas,

absorción de tradiciones y genealogías.

Añoranza… ¿Acaso remilgo de nombres?

¿Acaso forma de espectro y figura de maniquí?

Totalidades inmersas en lo inverosímil

longeva trampa, torpeza el mudo escrito,

ventisca de ojos y parpadeos, adiós

autores favoritos, hola, desquicio del pasado

narrado por un victorioso tecnócrata.

Espanto todo, totalidades sin cabeza,

rapidez elocuente, contra ataque al fastidio

del lápiz en la mano izquierda del abandono.

Motores lógicos

No hay frases

sino arte de pensar.

No hay símbolos

hay versificación y silencio.

Todo estriba en el acomodo

de los significados… y del sueño.

Poema de la percepción del tiempo inexistente

Orilla y manantial

del ser, contra reflejo,

esparcida la semilla

soplo y caminata, arder

solo el instante amar.

Contracción y esperma

del verbo, del andamio

luminoso, palabra y fertilidad,

cosmos encubierto, amores

al árbol del conocimiento.

Inscripción tu faz, tu letrero

el símbolo partido, la mecha

encendida del saber, terquedad

y descanso, como soleada colina

reverdecida de esperanza y aliño.

¿Cuándo partimos el as del sentido

contra la efigie del sonido? Dejamos,

entre el salto al infinito de la existencia

y la locura de la presencia, las uñas y

los pasos llenos de entredichos.

Merodeamos entonces las esferas

de una geometría universal y silente.

 

Postrer almacén de silencios

Una vez hecho

lo dicho compone

una fragancia

quebradiza y móvil,

llamarada y llamada,

instinto y sueño,

soplo y calor.

Pero lo dicho es

tenue cobija y frágil

cortina, de deseos

huracán, a veces, otras

sin sabor, insalubre peste,

rumor e incendio, escándalo.

Lo dicho posa y deja de ser

al haber sido hecho, al estar

compone un tono y vocaliza

rincones, trances y momentos.

Lo hecho con palabras responde

a una geografía personal próxima

al radio mismo del ser en el tiempo.

La moneda del terror

La rectitud del asombro

parece una rama de sicomoro,

donde hicieron su nido

las golondrinas del fracaso.

Entonces arriba el atardecer del presente

mitad augurio mitad silencio,

cobija las angustias, renueva los pecados,

asombro y rectitud que galopan

en el corcel raquítico del espanto.

Del terror nacen los escondites

y de la vida las muchedumbres,

pero las montañas de fracasos

mantienen la esperanza de una noche

redactar una carta al amor imposible

y pegarse un plomazo en la sien.

Todo convive en la esfera mustia

de hoy, todo es la matriz púrpura

del desconsuelo. Por ello los fanatismos

reducen la experiencia a una aseveración

afirmativa, por ello las luces de las ciudades

esconden un sistema de explotación emocional.

Todos los nombres terminan en complicidad

con el séquito de intenciones y el marasmo

del ruido infértil, porque los ancestros

no tuvieron las mismas vistas o periódicos

y en cambio nosotros claudicamos al placer.

Encima de un hedonismo falsificado

construimos palacios de mentiras

que son historias y nombres y vidas cotidianas

también espejos del encorvamiento moral.

Lazos

Lazo de caídas
la vida
laza los años.
Hilo torrente
lazo de cristales
líquido tiempo
lazaremos los riscos
de la juventud. Artefacto
golpeado presente
lanzaría las esquirlas
infantiles del sol.
Augurio de canciones
lazo de generaciones
marea incesante y gremial.
Ancestral limosna
lazo de colecciones
de armas soledades
atmósferas de lazos de memoria
alquitrán de sueños
como pelicanos en caída
al mar. Lazos de océanos
y volcanes de ka geografía interior
lazando los arrecifes de la imaginación.
Torpedo de amor y lazo de roturas
aroma de polvo y luz y ceniza.
Lazo de fuego que la vida ensancha
o las corrientes del futuro
de los espectros del yo resguardo.
Lazo de aire y lodazal de recuerdos
anteriores al cúmulo de días.
Lazo de los atardeceres
con los abiertos caminos del ser.

Bloqueo

Los sin sabores de la vida,

escribieron noticias,

patrones de actos y pérdidas,

escribieron y son

alas conductoras de tristezas.

Desencanto totalizado

esfera y cromatismo convertido en grisura,

átomos del cansancio, escritura dúctil,

llano del desconsuelo, actúa.

Ejercicio trunco el estimular

los espejos y tendones del ser,

razón encorvada, siniestra imagen,

años, parecer, semanas, torcedura,

días, molecularmente depresiva,

horas, axioma de la melancolía,

minutos, producción de lágrimas,

segundos, amortiguando el invierno.

Actúa precipicio, tonelada no dicha,

actúa fórmula de la vacuidad, influye

toda la sangre, el aliento, los ojos: cansancio.

No es más la burbuja el designio del silencio.

Mutis 出口

De silencio
atisbo
colina
del canto otoño
aroma
del sicomoro
seco el torrente
de los decibeles…
Silente

サイレント
暗示

秋リッジ
香り
プラタナス
急流を乾燥
デシベル…
サイレント

Junto al cansado atisbo

Deambular
la constancia del silencio
como años aciagos
que surcan memorias
como siluetas extranjeras
que marcan límites
como tibieza de baño en invierno.
Todo marchar es atisbo
de los imaginarios deslumbrantes
de los azules cielos que giran
demarcando en el infinito
tiempos escarlatas del fuego.
Así la vida es tropel de voces
así los minutos consumen el reloj
así escondido el tiento invoca
lejanas proezas del sin sentido.

Espirales de papel y silencio

Puertas y signos abren

laberintos y vidas,

diseminación de certezas,

dubitación de tiempos,

recorridas miradas,

extrañamiento.

Todos los vientos existentes

pasan revista a la herencia

imantada

de las letras.

¿Cuánta escritura perdura

en la esfera fulgente de la Historia?

Los hechos trascienden las creencias,

los signos abiertos promulgan interpretaciones.

¿Acaso el olvido es un nombre ancestral

contra el silencioso vestigio del papel encubierto

de la maleza de los sueños y los fantasmas y los hombres

escritores de paisajes y de tierras?

No podemos intuir nada que nos sea ajeno

porque en la intuición se nos va algo,

como algo que se va después de una tormenta,

algo que queda

como roca fósil

algo que estaba y se va

como un beso materno o la muerte.

Las puertas abiertas son otras miradas

el otro que nos increpa y nos induce,

que localiza lo exterior

que rompe el cómodo surco interno

y abre los pasos, las miradas, a un universo

distante que se vuelve cercanía.

Leer es palpar, papeles y silencio

son los ductos de la idea, del lenguaje,

del simbolismo: paradoja es el diálogo

con los muertos que reviven

en sus escritos y en nosotros al abrirlos.

Lecturas próceres: clasicismo

renovación de perfiles de la antigüedad.

Los alfabetos produjeron el acto revolucionario

de la permanencia y los lectores somos

los revolucionarios náufragos

del laberinto del conocimiento.

Lenguaje de Babel

Acometo la estancia del conocimiento

universal

pierdo ahí toda potencia

porque naufrago

lento

entre idiomas y palabras.

Descubro cotidianamente

el nombre de lo inexistente

me nombro hartazgo y despilfarro

pero soy un amasijo de hombres y signos.

Con un simbolismo estéril

-esterilidad de mi raíz heterodoxa-

falacias son mi estirpe

la consigna mustia

como todos esos nombres apilados

esos rostros desconocidos

esos fantasmas que escribieron

lugares y extensiones de tiempos ajenos

al presente que es un fastidio pictórico.

Sólo soy un ignorante que traduce su estupidez

al alfabeto cirílico de una familia patricia,

escribano del desgaste con la existencia a cuestas

igual que las tintas turbias de conchas

escriben en la playa la figura de lo efímero.

Habita en mí el lenguaje de Babel

pero disforme por las marejadas

de huellas indecisas

de caminos no andados

de alientos no entendidos

de imágenes sorpresivas.

Soy la palabra que ronda

los rincones del conocimiento

pero sin tacto ni caricia

sino con la violenta figura

de la oscuridad. Cortina mi presencia

corte rotundo de tiniebla, complot

personalizado, eco ondulatorio

que sigue las pistas de un caos infértil.

Galope de una ráfaga de silencio

sólo soy un ignorante

que descubre inútiles piezas

de lenguajes caducos en el terremoto

de la existencia humana.

 

 

 

 

Apología de la ignorancia lingüística

Me enfrasco en el radicalismo, infertilidad colmada de silencio. Imperfecciones sutiles. Ni siquiera sé hablar español. Es más vivo un conflicto de identidad dialectal, un reborujadero continuo. Soplo entreverando la propulsión de las herramientas, informaciones verbales de lenguas extrañas. Contra el silencio de la incomprensión no es posible redactar más que espejos quebrados de la inmensidad global: inabarcabilidad rotunda de los instantes de encierro, el enclaustramiento personal, 13 años atrás la juventud desvencijada, la fuerza, el poder, la furia, el inmenso torrente psicótico. Psicosis verbal, verbalismo intelectualista. Incomprensión absoluta, todo es una tinta rota como los mares existentes, no los mares, sus abismos. 13 de abril del año 2002. Pócimas de la realidad distorsionada, distorsión, todo eso que cabe aquí con los nombres desconocidos. ¿Qué importa sostener una mínima coherencia lingüística si la razón no pudo sostener la Historia ni la civilización? ¿Qué importa si quiera el ramplonismo racionalista de la prófuga postverbalidad? Mucho menos que un impulso neobarroco, mucho menos que un afán de equilibrio, mucho menos que la caracterización inmensa de una totalidad cognocible. Cognición mutilada, mutilación emocional, psiquísmo improductivo. Si con Wittgenstein eran los juegos del lenguaje deberíamos escribir la oda al traductor de google, la oda a la imperfección computarizada de la traducción autómata. Traducir los gestos es también un eclipse que se colapsa, como marea roja, como abortivo, como silencio: incomprensión que dibuja los rasgos muertos de una esplendorosa hazaña. Esta hazaña, oh informática, oh ciencia del lenguaje, oh despilfarro de horas y minutos o ácidos lisérgicos y hongos alucinantes y peyote y mucho más que un relampago oh traductor de google, seguís siendo una invitación al sencillismo de otras latitudes. Viajera la escritura es una forma de historizar, oh escritura, oh alfabetos, oh ideogramas, oh símbolos resquebrajadores de arquetipos. Pamplinas, no podría si quiera aprender a pensar una forma cortés, no podría si quiera involucrarme moralmente con la palabra, no podría creer que el verbo es divino ni que los protectores de la luz son los ingentes guardias de la palabra. Oh sinvergüenza que dilapida vidas en el compás de los ejércitos ideológicos, sucumbid al estrecho sin sentido de la culpabilidad esperpéntica. ¿Acaso articular la lengua es también un acto de cientificidad? ¿Acaso las uñas enfermas, los dientes amarillos, el estómago ulcerado, son mayores vestigios de la renuncia al tecnocratismo sociocultural? Muchas cabezas podrían nutrir el inmenso atisbo de sentido que vuelve desde los auges de la antigüedad hasta este segundo pero no es una filosofía sino la ignorancia verbal, la ignorancia y arrogante y pedante forma de establecer caracteres en idiomas distantes, con sentidos distintos, bajo connotaciones divergentes. No es un contextualismo coherente, no es la razón erguida ni la palabra límpida ni el eco claro de un poema de Ruben Darío. No es tampoco el apagón afectivo de la droga y el porno y la decadencia juvenil, no es el delito de sentir ni la culpa de saber. Es el árbol mismo del conocimiento en llamas, es la cúspide de lo asignificativo, de la asignificatividad. Tampoco es una teoría, es el esplendor de modificar en un segundo letras por letras, escritura por escritura, sin el vestigio de un tacto vivido, sin la vivencia precisa de lo aprehendido, sin la aprehensión de lo conocido. Es la ignorancia, la falacia, la tautología, la distorsión conducida por al senda del egoísmo, de la raquítica esferalidad teatralmente montada: oh traductor de google, imperecedera machina de todos los tiempos. Ignoro y moriré ignorante de la inmensidad lingüística vigente al día de hoy.

No os entristezcáis mente entorpecida de símbolos

Oh mente

entorpecida

quebradiza de años luz

no os entristezcáis

por la hechumbre de silencio

o la montaña de ruido

no acometáis la tortura

de la nulidad

no sintáis los alfileres discursivos.

Os pido, oh mente

entorpecida ya de papeles

no cabalguéis en los mares gramatológicos

ni seáis cómplice

de la futilidad versificada.

Os pido, mente, oh mente

entorpecida

que sucumbáis a la falacia

que arrojéis vuestro eructo

a la tautología

simple y axiomática.

Dejad cerrada la cortina subjuntiva

como arrecife de alfabetos

pigmentados por el soporte

documentalmente áureo.

Inclinidad vuestra frente

al sueño gris de ignorancias robustas,

derretid el hielo de la inteligente fragua

constipad vuestros linderos,

surcad los lindes de la memoria

pero por favor, oh mente entorpecida

no dejéis que los símbolos

os acuchillen con su luz fascinada.

Os nombro tropel demiúrgico

demagogia intrusa

os conmino a la miseria

de todo filosofía pasada.

Ancestros urbanos

Anterior a las calles

derretidas de angustia

las colinas tronaban

cuentos y silbidos de amores

viejos como el desierto

como los manantiales perfumados de silencio

escribían los rincones universales.

Las calles entonces son ese recuento

que es nulidad todo las veces, aunque

las monedas suenen y el motor cabalgue.

Los ríos y los lagos también murieron con las calles.

 

Un pensamiento tuyo cuando hacíamos el amor sin que notaras que te observaba y te conozco

Pensabas en la geometría del silencio

cuando nos amamos

frente a la película oriental

aburrida como ostra en un tarro de cerveza.