Del relativismo del tiempo humano

El problema de lo posthistórico ¿pasa por la reflexión acerca de la naturaleza del tiempo? La denominación contemporáneo abarca entonces una presente unitario y diverso al tiempo, pero su especificidad remite a una condición ontológica del tiempo que prevalece como compostura propia de un estado aprehensivo concreto. Es decir que el tiempo contemporáneo es el tiempo compartido, no así el tiempo relativizado. Este tendría que ser más bien distemporáneo. Habría entonces una dialéctica contemporáneo-distemporáneo-transtemporáneo. La síntesis transtemporánea implicaría reconceptulizar los posthistórcio y redefinir lo historizante, modificando la teleología relativista, postmoderna, por una teleología transtemporalizada, de naturaleza rehistorizante.

La falsificación globalista de los grandes sectores intelectuales de un presente cada vez más ancho, amplia e inabarcable, es también parte del espejismo transitivo de los siglos, donde la realidad se ficcionalizó y la ficcionalidad se hiperealizó. En la lógica trascendental de los opuestos binarios, también el fin de la historia es una atomización particulariza traspolada al arte, a la modernidad, a la teoría social, a la filosofía, a la consciencia humana, extensible, según opino, al proceso civilizatorio tout court. 

Lo distemporáneo remitiría, así, a la hiperfragmentación subjetivista, donde la dualidad cualidad y cantidad representa la potencia vocal, en términos de voz, del proceso comunicativo. El presente postinternético responde, de igual forma, a una radicalidad de la desigualdad en todas sus facetas.

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