Como sin nombre I

Contrasentido insuflado

la vetusta marea

de la síncopa emotiva.

Añoranza, plano duro,

del tú un ramo, yo

partido, vestigio y andanza.

La existencia truculenta del verbo

un atisbo multifacético.

 

composición collage1

 

Balada del antes y el después

Blandir el eco

tu nombre, cierto

insigne amor,

nosotros: torrente

cúspide de cielo.

Antes de ti

la nada, ningún foso

de vida galopante,

ninguna esquirla

de latido, corazón

batido contra la raza

del abandono: dolor

inquebrantable esperanza,

tu boca y el beso tuyo.

Cansancio previo

de años almacenado

que infiltró los tendones

de la miseria. Después tú,

nueva, noticia, novísimo impulso

nosotros, besarnos, como niños

inexpertos amar, te amo entonces.

 

Libertad (es)

Sospecha los ayeres

pero camina, mantén

encendida la cama,

los días que escriben

compases de vals, invoca

aromas y baladas, prosigue

entretejiendo colores. Eres

una conquista cósmica,

universo y aditivo al sendero

del amor. Nunca es demasiado pronto

ni tarde para distinguir el silencio.

Devana tus pensamientos

fabrica tu ritmo, indulta tu tiempo,

para las ramas del sentido encender

con el fósforo de pieles recorridas.

Deambular las mareas de amistades

como océano de memorias es calibrar

entonces el signo mismo de tu presente.

Averigua acaso si las golondrinas murieron

pero no desistas de sonrisas o claveles.

Encima del día a día se levantan las cúpulas

de la sorpresa y en la muchedumbre del trote,

que es trotar los años cuando el corazón es roto,

zambulle los fragmentos de tu alma en el devenir

inmenso de la conflagración luminosa: el cosmos

mismo contratando el instante de tu plenitud.

La tensión

Aquí esperando

un soplo

mitad tú

mitad nosotros

increpo al cosmos

su sino profético

de amar,

ámbar reproche

un hueco -tú mirada-

esparcido contra el pecho

-¿sorpresas? gris periódico-.

Cántico rotulado de alegría

compás, fruta -melodía-

el trueno: un nosotros

aguarda la fragilidad.

Tormenta -arítmia de baile

adolescente- terquedad

como ropa sucia

o plantón de trastres: huelga

generalización nihilista y panfletaria.

Es decir: ya son las horas nocturnas

pero no puedo creer tu recuerdo.

Pero te vivo, te pienso, te imagino.

Indagatoria: la marcha de nuestro balcón

tuyo, amistades y secretos: rotos.

También decir adiós merece escribir un tratado.

Los segundos en la lata del silencio

Pasan

porque una vez un gorrión

volaba

pero pesan

contra los dentados pliegues

del canto mismo del árbol.

Recio enlatado, mutismo, nunca

estar inmerso en la colina del sol

¿por qué los atardeceres nos gustan tanto?

Acaso saber que la vida es gris, triste, miserable,

pero explota alegre y demencial, todo olvido

es presente, cuando deja de existir.

Como arena de playa, llena de colillas, amargura

expresso cortado, just a cloud please, té a la inglesa,

prefigurando los símbolos del mañana.

Torpeza de los estratos débiles del pensamiento

aforismo estar en tus pechos reclinado

para demarcar las atmósferas de tus esferas.

Lontananza esparcida en tu mirada, mi mirada, tuya

esta casa que soy todos los domingos. Sin ti, una vez,

pensé que era hora de ir a la ducha, pero falle, como Jordan

pero al revés y todos me omiten, me olvidan, nombre perdido

soy gamuza de sensaciones torcidas, imán de aire, vientos y sueño.

Así, la lata, es todo un candado que resguarda los trineos del amor.

 

Un poco menos la distancia entre nosotros

Vengo de una noche tan grande como dolorosa

Marca y hueso, presencia evanescente, hoy.

Vengo de andar por las huellas de caminos infelices.

Vengo también de planetas y estrellas distantes,

Como sueños que eran añoranza de ternura y paz.

La vida conquista con su fuerza y esplendor, alegría

Siempre traslúcida, ventanal de sorpresas sobrepuestas

En la escena de los álgidos puentes de la existencia.

Vengo de los abismos oceánicos de la indiferencia.

No soy un pedazo de carne y tendones ni una sonrisa inocente

Quebrantada, no más. Soy quizá una tarde de cocina

Una noche estrellada con guitarra, soy también

Una pradera que está reverdeciendo, y canto.

Soy un atisbo de regocijo contigo en frente, te encuentro

Y la palma de mi destino se torna espiral de colores.

Tú, una pregunta, la seguridad de lo desconocido.

Tú, eso que moviliza mi voluntad, hoy.

Te encuentro en el sobre abierto de la fortuna, y me siento agradecido.

Vengo de la grandiosa marcha de la infelicidad

Y al encontrarte distingo los contornos ciertos de la armonía universal.

Tenía la esperanza de que me buscaras

pero saltaron los años

sin tu presencia, sin ti. No apareciste nunca

en los parajes enarbolados de mis días tristes

pero sale el sol y soy un hombre.

Derrotada la memoria que eres

no me buscaste y no te importó

el sabor de mi boca o el tacto de mi pecho

al desembocar nuestro grito que nos unió.

No me buscaste y yo tampoco

contra el espejismo cierto de una noche

arrecife de muchedumbre bailando

y nosotros ahí, a mitad de un desencuentro de por vida.

Con la mirada flácida y decepcionada

no te ví ni escuche el canto de tus ojos

porque al final no éramos destino

o porque fuimos el destino de la tragedia.

Eres el silencio más grande de mi vida

porque fuiste los gritos y el escándalo

más abrupto de mi existencia.

Te habito cada primavera y excavo

la imagen de tu piel morena

contra el polvo de tu recuerdo.

La primera primavera de este milenio

Inserta la tristeza

en los soles

quebrada

nostalgia

tibia confluencia

amar

no fue vivir

ni fue trepar

los árboles del tiempo.

Rasguño tu mirada

envoltorio cicatriz

mis ojos en tus espejos

como flácidas margaritas

mis dientes construyendo

la mueca gris

de un sábado en la noche

de la primer primavera de este milenio.

Cansada está la tormenta de desgracias

tristeza amargura locura demencia ser.

Todo contra ataca los días y territorios

de tu ausencia turbulenta,

columpio roto, mi sonrisa,

el átomo frío de tu indiferencia,

la canción silencio

eso eres

pero sin ideas ni belleza

simple espectro de mi

nadie que convoca la égida espacial.

Residuos

arqueología de tu nombre

olvido

canción horda de alfileres.

La voz, esa melodía tuya,

una esfera de pasiones que leyó

mis vidas pasadas, ríos de dolor, mi sangre

esta boca que sangró abandono

torcedura del alma

canción llamada eternidad.

En las librerías de viejo

De pronto tus libros están ahí, pero no son los tuyos,

y yo, que los acomodé tantas veces y ahora no puedo,

los veo y pienso que no he leído nada, que soy un absurdo

lector de refritos y estilos ya superados. Ahí están, esos libros

que también están en la casa, que hablan de ti, que dicen

Margarita. Y las fechas y las vivencias me dicen también

que amigos llegan y otros se van, pero tú, ahí, los libros

las novedades repetidas en las librerías de viejo.

La tradición de adquirir ejemplares buenos me es dudosa.

No soy un buen coleccionista, pero te veo todo el tiempo,

leyendo esas novelas o poemas o ensayos o lo que sea

que leías cuando eras joven y radiante y entregada y eras tú.

Contra el polvo de tu biblioteca, ahora mal acomodada,

yo he traído a los españoles que quizá hubieras reprobado.

También he escrito y escrito y escrito y como tú no publico.

Pero no es el fin del mundo sino el fin de tu neurosis viva en mí.

No es más que eso y creer que un día pude entender algo tuyo

pero no es eso sino los años estos sin ti que so yo todo el tiempo.