Blancura verbal

Escapa al ruido

muchedumbre simbólica,

escápate conmigo,

lenguaje. Truena sonidos

lengua, habla insomnios y

compón esbeltos diarios,

niega el silencio, verbo

truco del sentir. Envuelve

siempre, el sí del aire,

boca inflexión, voz

inunda el patio

de la barbarie

con flores, flores

versificadas,

metas de días,

verbalmente blanca

cicatriz del tiempo,

escribe contagios

dentro de la urdimbre

conquistada: tiende al ser

si de la espuma de la razón

alimentas los caudales.

Quien esté alfabetizado que tire la primera letra

Arrojadla y bebed,

complicidad, espuma de voz y

quebrantada tormenta

inocua, silencios, caminos,

marcas: siempre costado del saber.

¿Pecamos contra el arrebol de la eternidad

en la expresión y el nombre? Reminiscencia

esperma de verbo y luz, como conflicto

entre el ser y su lenguaje, fugitiva memoria

los rostros infames de lenguas muertas u olvidadas:

olvido, eso que es nombre de lo cotidiano

indistinción negativa, el salto a la vocal y su torcedura.

Periplo no del sueño

no del signo

del andamio

andado: meta y logos

insufrible torno

de dicciones en la gramática del tiempo.

Ancestralmente elucubramos

designios anteriores al saltar

las lunas las estaciones,

porque las estrellas compitieron

para llevar grabadas nuestra alma.

Mitad aliento mitad mirada

como nocturnidad en la playa

caer al instinto dicho: comunicarnos

tal vez fue el error que nos volvió humanos.

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Señalizar la huida

Los materiales con que embalsamas

tu verso y tu lenguaje

carecen de silueta, prófuga la andanza

evocativa del ser reclama

el cimanorraje propio del mutismo.

Callas las alegrías y reanudas la pesadumbre,

hoguera final el verbo y la esfera

de tus ancestros: anterioridad impoluta

clave de sol y tendones cardíacos —el espectáculo—

de tu faz y tu tez de poetastro, raquítico.

Pero sucumbes y nos conduces a los rincones

del exitoso trance armado, sin metro ni rima,

sin tonos ni acentos, es más, sin la armadura

tenue de las caídas históricas… ¿qué te precede?

¿Acaso luz y pantanos emotivos, luminiscencias

remotas del tiempo ígneo y prístino o

el vuelo cortado de un silabario perdido?

Tu arqueología es el imán de la desdicha,

rota en el punto del nacimiento, crueldad

añoranza y fácil remiendo de ausencias,

caminas siempre con la boca torcida por el cigarrillo

y relatas tiempos en los campos de batalla

del presente. Tu eres cotidianamente el sastre de las limosnas

que erigen el templo conciso de la expresión no fecunda.

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Como sin nombre I

Contrasentido insuflado

la vetusta marea

de la síncopa emotiva.

Añoranza, plano duro,

del tú un ramo, yo

partido, vestigio y andanza.

La existencia truculenta del verbo

un atisbo multifacético.

 

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Si rima un eco es una cloaca mental

Al frente de un ejército ignoto

farsa y símbolo estrecho quebranto

sumerge el antídoto del flagelo

mentalizado como verbo, seña y mutis

devenir intransitable, sonoro, escurridizo.

Peldaños que son libros, documentos

que son años, martilleo generacional

la tinta escurrida, el plácido árbol

del conocimiento, manantial y conquista,

látigo y fulgor llamado pensamiento.

Ungido trayecto de nombres y vocablos

como haz de luz, empolvado, materia

y forma, simbiosis de estructuras, lacónica

espacialidad de una esfera ambigua: rincón

que de los turbios axiomas consagra sus niveles.

Pulcra el alba retuerce los protocolos de

la eternidad errante, lampiña orquesta

trastocando la música celeste en nubarrones

de sentido. Porque se crispa la estrella del ingenio

contra el chispeante maremoto verbal, igual

que el futuro, nombre y destierro, compone

la sinfonía deísta de la incredulidad -igual

que un verano caluroso y una cosecha perdida-

nombrada espejo gris y turbulencia precisa.

Si rima un eco es una cloaca mental

igual que los reflejos encriptados del porvenir,

azulejos del alma, cerillas de recuerdos, hoguera

pasión que surca los abismos del terremoto de vivir.

Obsolencia del poema

Así, caduco y febril,

mortuoria ínsula

verbal, arquetipo roto,

insignia del desprecio de lo humano

y sus tangencias corvas de silencio.

Así, mutismo y hielo, constancia

del torrente metálico, micro carbónico,

nano mecánico, insuflada imagen

de lo perecedero, perecido el aposento

el compás del ritmo solar: luna menguante.

Así, rompecabezas incompleto, mutilación

como barbarismo prefijo

del corolario geriátrico

axioma decadente como decadencia

de todos los imperios, en fin rotura,

sangre coagulada

y seca de la palabra y sus flagrancias, soledades.

Changoidismo de una existencialidad en el genitalismo global

changuita peson negroMientras perdura el genitalismo global, la exposición exponencial de arrecifes corporales erotizados, el mito del chango que explota contra los nubarrones verbales del ser. La existencialidad maciza que conduce a los delirios del mítico animalismo humano es una copla atemorizada de salitre y sabanas africanas. No es más que la selva digital la que esconde los semilleros. Imagio mundi, imagio homine. Ninguna pieza del rompecabezas de la evolución puede sobresaltarse. Mutilatio cultis o de como sobrevivir en el ácido torrente de la virtualidad, digitalismo y exposición completa de los miembros: genitalismo ramplón, exacerbación pornotópica, explicatividad sonámbula: animalidad excretora de las reminiscencias prófugas, fugitividad de los changos, nuestros ancestros. Ahí, entre la muchedumbre de los eventos eternos, ese impulso de gritar, escandalizando los añorados retratos de la civilización. Antimutismo, mutilatio verba, contra ataque a la imaginación derrocada de los reinos del placer.

El hiperrealismo expone con toda certeza remilgosas figuras que aceitan el engranaje existencial. monkey gunVívida la cúpula de los tiempos establece terrenos propios a la exégesis mutilada. En fin, el pensamiento parece ser el mismo del planeta de los simios, el mismo que una figura del reaggeton o peor aún, el colonialismo del ego, de la presencia esencializada interior: animales de gimnasio, animales armados, animales sexuales, animales que no son changos, aunque lo parezcan. La animalidad se oponía a la razón, la ilustración buscaba el freno de los instintos. Las normativas religiosas no son otra cosa que los frenos a los impulsos animales. No es en balde mi esperpéntica changoidea, es mucho menos que un refrito de la lectura Naturaleza y Cultura de Leví-Strauss. Es por un sentido dionisiaco, un sentido que trasgrede el orden civilizatorio, increpando los cimientos mismos de mi tendenciosidad, lo que me remite a una pérfida apologética: si vivimos la genitalidad en la digitalidad de la globalidad el changoidismo representa un movimiento animalizado del mítico retorno a un epoquismo pasado. Don’t try to fool me. When the monkey man arrives we will be having oral sex and touching our skin. chango espantandoPero no se puede remitir a elaboraciones culturales, no se puede pensar, si quiera, en una mitología cultural del arquetipo del chango. No, tampoco es el signo del calendario chino de mi difunta madre, mono, el que escupo aquí. Es mucho más que eso, mucho menos que un motivo, una motivación, que se erige ramplonamente como fantasma de una vivencia nocturna, como residuo de una figuración erótica, como frustración psicodélica de una noche de primavera, una primavera: la mutación generacional en el tránsito de siglo. Y todos esos jóvenes protestando, no son acaso reprimidos por lingua changoidumtodos esos semi changos policiacos. No es entonces la represión, el instinto de sobrevivencia, la álgebra política, formas del animalismo. Si la sensates existía es quizá hoy cuando se convierte en demencia, es más, el genitalismo global es una fórmula simple de hedonismo, el changoidismo es una fórmula simple de exposición. Gritemos. vamos, adelante, sí, gimamos contra las pantallas luminosas. Escritura falaz, es más, falacia y tautología de la existencia sentenciada a una pocilga emotiva, eso es, changoidismo, elaboración raquítica del chango smokingser, esencialista, reduccionista, historicista, es más, no siquiera una simbólica ejecutoria del vacío sino un vacío ejecutorio del simbolismo informe. Esquina de los trinches cognitivos, trinche mental, experiencia, mutilatio verba. Non homine ad terra sino más bien el paso del chango, uh, ah. Alone, the monkey girl, with the very best breast ever build by nature, kiss him and suddenly the nightmare begins. We wish to be somewhere where we can be loved and we can’t loved those things that threaten us.

 

 

 

 

 

 

 

 

Apología de la ignorancia lingüística

Me enfrasco en el radicalismo, infertilidad colmada de silencio. Imperfecciones sutiles. Ni siquiera sé hablar español. Es más vivo un conflicto de identidad dialectal, un reborujadero continuo. Soplo entreverando la propulsión de las herramientas, informaciones verbales de lenguas extrañas. Contra el silencio de la incomprensión no es posible redactar más que espejos quebrados de la inmensidad global: inabarcabilidad rotunda de los instantes de encierro, el enclaustramiento personal, 13 años atrás la juventud desvencijada, la fuerza, el poder, la furia, el inmenso torrente psicótico. Psicosis verbal, verbalismo intelectualista. Incomprensión absoluta, todo es una tinta rota como los mares existentes, no los mares, sus abismos. 13 de abril del año 2002. Pócimas de la realidad distorsionada, distorsión, todo eso que cabe aquí con los nombres desconocidos. ¿Qué importa sostener una mínima coherencia lingüística si la razón no pudo sostener la Historia ni la civilización? ¿Qué importa si quiera el ramplonismo racionalista de la prófuga postverbalidad? Mucho menos que un impulso neobarroco, mucho menos que un afán de equilibrio, mucho menos que la caracterización inmensa de una totalidad cognocible. Cognición mutilada, mutilación emocional, psiquísmo improductivo. Si con Wittgenstein eran los juegos del lenguaje deberíamos escribir la oda al traductor de google, la oda a la imperfección computarizada de la traducción autómata. Traducir los gestos es también un eclipse que se colapsa, como marea roja, como abortivo, como silencio: incomprensión que dibuja los rasgos muertos de una esplendorosa hazaña. Esta hazaña, oh informática, oh ciencia del lenguaje, oh despilfarro de horas y minutos o ácidos lisérgicos y hongos alucinantes y peyote y mucho más que un relampago oh traductor de google, seguís siendo una invitación al sencillismo de otras latitudes. Viajera la escritura es una forma de historizar, oh escritura, oh alfabetos, oh ideogramas, oh símbolos resquebrajadores de arquetipos. Pamplinas, no podría si quiera aprender a pensar una forma cortés, no podría si quiera involucrarme moralmente con la palabra, no podría creer que el verbo es divino ni que los protectores de la luz son los ingentes guardias de la palabra. Oh sinvergüenza que dilapida vidas en el compás de los ejércitos ideológicos, sucumbid al estrecho sin sentido de la culpabilidad esperpéntica. ¿Acaso articular la lengua es también un acto de cientificidad? ¿Acaso las uñas enfermas, los dientes amarillos, el estómago ulcerado, son mayores vestigios de la renuncia al tecnocratismo sociocultural? Muchas cabezas podrían nutrir el inmenso atisbo de sentido que vuelve desde los auges de la antigüedad hasta este segundo pero no es una filosofía sino la ignorancia verbal, la ignorancia y arrogante y pedante forma de establecer caracteres en idiomas distantes, con sentidos distintos, bajo connotaciones divergentes. No es un contextualismo coherente, no es la razón erguida ni la palabra límpida ni el eco claro de un poema de Ruben Darío. No es tampoco el apagón afectivo de la droga y el porno y la decadencia juvenil, no es el delito de sentir ni la culpa de saber. Es el árbol mismo del conocimiento en llamas, es la cúspide de lo asignificativo, de la asignificatividad. Tampoco es una teoría, es el esplendor de modificar en un segundo letras por letras, escritura por escritura, sin el vestigio de un tacto vivido, sin la vivencia precisa de lo aprehendido, sin la aprehensión de lo conocido. Es la ignorancia, la falacia, la tautología, la distorsión conducida por al senda del egoísmo, de la raquítica esferalidad teatralmente montada: oh traductor de google, imperecedera machina de todos los tiempos. Ignoro y moriré ignorante de la inmensidad lingüística vigente al día de hoy.