Digitalizando un absurdo

Vuelvo a este inquietante sitio en blanco, a figurar como un atleta del teclado. Me he dedicado a empacar mi vida, a envolver y reposar los rincones donde fraguo un nuevo horizonte. Me retiré un poco de aquí, dudo, como otras veces, mantenerme. Pero deseo volver. Escribir me complace al borde de un niño comiendo helado.

En pasados días he mantenido ideas respecto a mejorar mis entradas. ¿Cómo puedo escribir algo si no introduzco más información en mi frecuencia comunicativa? Soy un improvisado, quizá, pero también el mundo es una sopa maruchan fría y podrida. Podría hablar de política, debería hablar de política,d debería leer los periódicos, debería buscar becas para escribir. Intento mantenerme, sostenerme, en el mundo, en la vida, dignamente.

Y todo se convierte en una referencia de la referencia de la referencia: el tuit que otro tuiteo, la frase de otro, el posthistoricismo —tan postestructural—. Pero al final me construyó un muro de ignorancia, de famélicas lecturas mutiladas, de incipientes autores conocidos, de manías y bibliofilías mal aquilatadas, y me encuentro a mitad de ser un joven alguien. Investigo recientemente las razones por las que me cuesta habitar el mundo cercano. Indago los impulsos falsificados de tendones verbales entumecidos por la flagrancia de una inconsciencia lingüística, filosófica, histórica, humanística. A cambio de plasmar en este espacio blanco las lindes que sacuden mi esfumar los días entre cigarrillos y la mudanza, he perdido los horarios desde hace más de 6 meses y ahora me enfrente ante el reto de una disciplina, necesaria, muy superior a toda otra conocida por mí.

Plasmo el absurdo de perder mi público, de caer siempre en esta especie de letargo. Caigo entonces en el abismo de mis recuerdos, de mis otros blogs, de mis intentos, de lo que universo global promueve, induce, conduce, moviliza, porque al final nadie lee esto, nadie o si lo hacen lo desconozco. Al final estoy aquí convencido de cada rincón donde florece mi pesadumbre, de ese spleen tan codiciado entre psicodélico, narcótico y pornográfico, donde me extravío con el tino de un indigente que anda por el mundo de las palabras y los saberes, envuelto en la tinta fluoroscente del contraste de luces en la noche.

Absurdo digitalizar entonces, esta instanta, instantánea. Ahora me volcaré al maruchanismo intelectual, poético y cultural. Agregue agua caliente y consuma. Calor de hogar, hogar entonces pérdida, sí, esto digo hoy, ya que es tarde para leer el New York Times.

 

Despedirse de Rita y Lucha, mis hijas

Me voy a Zamora, sin ellas, triste. Ayer lloré porque estaré lejos de ellas 6 meses. Se quedan en buenas manos. Ayer lloré porque no estoy seguro de si podré llevarlas conmigo después, pero también por la despedida. Mis hijas, mis perritas, mis hermosas bestias. Lloraba y le decía a Lucha que me iba, le decía a Rita, me voy. Llorar no está mal, no está mal despedirse, no es malo cambiar, aunque duela. La historia de Rita, que acaba de cumplir 12 años, es heroica y realmente de admiración. Lucha es la mal educada, como todo segundo hijo. Y yo me encuentro aquí, desconcertado por la empacada, vislumbrando horizontes, intuyendo, viviendo, sintiendo. Sin ser presa de la incertidumbre o la inseguridad, camino, muevo, coloco mis energías.
El viernes encontré un departamento en Zamora, lindo, individual, bien ubicado. Me voy y estoy triste pero estoy contento. Ellas han vivido conmigo y ahora se quedan aquí en Xalapa ¿temporalmente?.

Ayer lloré con Lucha y con Rita y ahora me toca irme.

Rita a la izquierda y Lucha a la derecha, cenando

El pórtico del vuelo

Devana mi presente

enquistes de recuerdos

contra el escalpelo triste

que es mi fantasma.

Fulge la incisiva imagen

otrora orfandad y horrores

hoy proclama de esperanza.

Invadida en este pórtico,

que dejo,

una viga es pedestal

para un nido.

Aves ven en este lugar por abandonar

un lugar para la vida… y sonríe

mi corazón, envuelto en acertijos

históricos y pañales académicos.

Los polluelos crecen y deberán volar:

como yo vuelo, pronto, quizá

como nunca antes, otra vez.

Rebano contra tiempos

en la esfera culminante de los otros

porque en cinta está mi futuro

de una alfombrada señal

que es facto saltimbanqui.

Aventura ahora el insomnio

nuevos salones y viejos ojos

leyendo, aventura paseos,

personas, indagatoria nueva

que es vejez por ser olvido.

Y este nido de aquí es la metáfora

del nido que tuvimos, pero también

realización del nido temporal —abandono—.

Repito contra mi pecho

el signo de una primavera

quinceañera donde bailé

como nadie y entre los fetiches

del sol y de la tierra, del agua

y la madera, esparzo nostalgia

como si comprar tamales de elote

no fuera ya un símil del hogar.

Consanguínea mi paranoia y terror,

mi depresión, mi tristeza, mi ruindad,

emiten una sinfonía monocromática

pero que es la marcha previa

al horizonte nuevo, al vuelo

de los polluelos, próximo.

¿Vivirán? ¿Viviré? Sueño

con una esperanza que no sea política

como si de las fauces de la tragedia

mi destino pariera indómitos festines

luzanianos, literarios, provincianos.

Me voy y en el pórtico de esta casa,

nuestra casa Emi, Lu, Mague,

hay un nido donde unos polluelos crecen.

Vuelo pronto, también, con pendientes

y adeudos morales, con el tino prístino

de un gemido y ese poema de historiadora

que es mi más valioso tesoro, al fin…

Al fin llega un verano y suplanta ese verano.

Llega un ave, confía, arma su nido, sus polluelos

están ahí y les doy avena y temo que su madre

sea cazada por un gato,

que muera de pronto;

me invade la aprehensión de la vida

y los polluelos pían inclementes

—hambrientos y ciegos—

pero el nido soy yo también:

un lugar donde nacer es propicio

y volar la próxima estación del panorama.

Del remilgar improvisaciones líricas o de cómo tornarse un autómata textual

Oh taxista nocturno

que del conocimiento

y la cultura griega

me inquiriste,

¿fue antes la poesía

que la filosofía,

antes la historia

que la gramática?

Desconocer entonces

es también rememorar

los caminos del mediterráneo

y sus olivos y sus vides,

también la tumba de Homero

en las Cícladas, también entonces

Creta y la mitología. Espera oh taxista

no fue precisa la hendidura

donde esparcí los átomos de Demócrito.

Endeudar contigo este verso,

que de silencio es estructura y

de correría imaginario,

es también acompasar una lírica

desvencijada en islotes, ideas, papeles y tinta.

¿Comulgaste, sí, con mi narración,

pero en el atrio de la noche

—estrella y signo, mutación—

te embauque en la liturgia

prosaica de conocimientos olvidados?

Oh, taxista, ruletero xalapeño, perdonad,

olvidad, romped, por su grosor, mi equívoco.

Salto al escondite de un lirismo ramplón.

Perdonadme, no os olvidéis, ni mucho menos

dejaros doblegar por la crisis del pendejismo:

global, nacional, regional y local.

Una vez me nombraron escriba,

porque nunca seré escritor,

porque versifico emociones

distorsionadas

en este caminar las turbias mareas

de un siglo XXI que ya es fin de época,

como épica de nuevas temporadas

—y las generaciones ya son obsoletas

maniobras de luminarias en todos los quehaceres

humanos—… pedazos de noche, también

escondieron en ti

un traqueteo común, cotidiano,

que es la fertilidad de luchar por el pan,

aunque yo no soy católico:

perdonadme, os pido.

Leíamos al saltar el horizonte

Estaba negra

la esfera, que éramos,

saltamos, gritamos, volamos.

Era un teatro.

El aire viajaba, andaba,

nosotros mirábamos,

nos escondíamos,

porque yo caía y tu encendías

el germen mismo del ser.

Y volcamos la existencia

en un salto, ingenuos

siempre nuestros píes.

A veces creo que fue muy pronto

para ser muy tarde, pero te pienso

dentro de unas décadas y te amo.

Restos y memorias de la primera presentación pública del Olvidado Imperio Natdzhadarayama

El pasado 19 de abril en el café teatro Tierra Luna de la ciudad de Xalapa fue presentada la novela El olvidado Imperio Natdzhadarayama. Estuvimos presentes en el estrado Citlalli Hernández, Emilio Sánchez, Agustín del Moral y yo mero, para comentar, ampliar e invitar a la audiencia a adquirir y leer este trabajo de reciente aparición. El tenor del evento fue cálido e íntimo, con sorpresas dentro del público, por la aparición de algunas y algunos interesados en conocer esta narración. Fueron presentadas las imágenes de Azamat Méndez que ilustran el trabajo, como primer punto, para dar paso a los comentarios, iniciando con las damas.

Foto: Fernanda Pardo

 

Los comentarios de la poeta, correctora y estudiosa del lenguaje y la cultura oriunda de Tuxtepec, fueron un atinado esbozo recordatorio sobre los tiempos en los que los amigos nos reuníamos, cuando yo, este Pardo Urías, componía los trazos caprichosos de mi novela. El recuerdo de esos momentos, con Azamat, Jero y ella, estuvieron impregnados por anécdotas de la narración, por esos nombres extraños o poco comunes que aparecen en ella, pero también por un tono íntimo y compartido, fraternal y sereno, desde la indudable experiencia cercana de la confección de la obra, como del proceso creativo y editorial.

 

 

Las participaciones de Emilio Sánchez y Agustín del Moral, fueron singularmente buenas, propositivas, completas e integradoras de una invitación a la lectura.

Iré subiendo gradualmente estas participaciones, por cuestiones de espacio y características de mi cuenta en VIMEO.

 

Foto: Fernanda Pardo

 

Yo leí, al final, este ensayo:

 

 

Primer plano de un territorio imaginario y algunos años de memoria

Rómulo Pardo Urías

 

Texto preparado para la primera presentación pública de la novela El olvidado Imperio Natdzhadarayama en el café teatro Tierra Luna el miércoles 19 de abril de 2017

 

I: Regresión fundacional

 

Ahora desnudaré un juego de sonidos, un juego fonético. El femenino de Darío, nombre persa de medio oriente, fue el motivo crucial derivativo del título. Me enfoqué en la pronunciación italiana como en pizza o civilizazione, como en ragazza o paparazzi. Desglosé el sonido t, fonéticamente sordo, y el sonido d, fonéticamente sonoro, colocando z, vocalizando antes y después. Natd-zha-da-ra-ya-ma: Dariana. Un intento de invocar un vocablo sánscrito o al menos asemejar un estilo sonoro budista o hindú. En 2007 después de un viaje a Sudamérica compuse un demo musical que titulé Broken Ramda Dharma Ígnea Intuición de Nacer. Un desafortunado compendio de canciones, tecladazos al piano, estridencia guitarrística y armónicas mal ejecutadas. El álbum estaba dedicado a Darjana, princesa del imperio Nazadarayama. Anécdotas más, anécdotas menos, gran parte es debido a mi experiencia en torno a Dariana, que no sé si sea Denis o alguien más, imposible no reconocerlo.

La pronunciación de una palabra como la que da título al imperio, que a tantos espanta por su grafía, la corroboré en el traductor de google, escribiéndola en español y dando clic a la pronunciación: Natdzhadarayama. En estos días he estado buscando la explicación fonética, pero ya es demasiado análisis lingüístico para mí. Siguiendo adelante, ahora me desnudo. En el año 2002 fui a un rave con una banda de amigos xalapeños, algunos de la Freinet, y de otras partes y ahí conocí a Dariana, o me reencontré con Denis, no lo sé, que en realidad no sé si sea la chica que yo recuerdo o alguien más. Todo fue un mal viaje de LSD, viviendo la falsa psicodelia electrónica, en un rave donde tocaron Shiva Shandra, que no escuché, y Alien Project entre otros. Era, casualmente, el cumpleaños 29 de mi hermano mayor Emiliano, a quien ví después de dicho rave, que se asombró pues yo estaba muy alterado, aún con el efecto de la substancia. Esa madrugada bailé con todas las fuerzas de mi cuerpo. Un mes después estaba en un vuelo rumbo a San Francisco California para embarcarme a Tokio. Y lo único que recuerdo son los whiskies del vuelo hasta Narita, el aeropuerto principal de la capital nipona, al lado de un compa argentino, llamado casualmente Emiliano, que se encargaba de hacer vídeos, con quien platiqué de lo lindo pues en ese entonces mis intenciones, como la de cualquier estudiante de antropología social desde entonces, era hacer etnografía con vídeo. Al final no fui antropólogo, aunque mi novela tiene algo de multicultural en un tono eurocéntrico, euroasiaticocentrista.

Pero esta desnudes que ahora les presento no es más que una desbalagada intuición por hacer memoria. Quizá también deba mencionar el recuerdo de platicar con Valentina Guadarrama del depilado brasileño en los pasillos de la Facultad de Letras Españolas como algo relacionado con los orígenes, irreverentes y satíricos, de la fábula que da ontología a la narración que hoy presentamos. Depilación testicular ¿es mucho pedir a la imaginación? Lo que no es mucho pedir es que una mujer, embarazada con siete meses, castre a un felino. Y todo es en clave psicoanalítica, pero también fantástica.

Cuando empecé a escribir mi novela leía a Marcel Schwob y me encontraba viviendo la teibolización de la vida, la burdelización del cuerpo, el descaro sin vergüenza de la venalidad sexual, además de atravesar por una crisis psicótica drogadictiva. Al reponerme de eso retomé el trabajo, inconcluso pero esquemáticamente compuesto. Trataron de extorsionarme mientras lo escribía porque había colgado en la red un curriculum vitae con mi teléfono y dirección, trabajaba con Mariano Báez en el Taller Miradas Antropológicas, aún no decidía ingresar a la licenciatura de Historia, construía una amistad cercana con el maestro Pitol, estaba regresando a la vida después de años destructivos. Y en una de esas noches previas del 2010, de intoxicación y autodenonimarme un coctel indescrifrable, aquella primavera de hace 7 años, pasó una estrella fugaz y pedí un deseo: volver a verla. Y según mi memoria la encontré trabajando en el Black Cat, afamado Table Dance xalapeño, aunque nunca estaré seguro si Dariana es quien yo recuerdo que es o si es un producto de mi imaginación o quién diablos sea Dariana, pudiendo ser quizá Denis, no lo sé. Empero, la emperatriz Drendovskaya, con un toque ruso, no es en sí la proyección frustrada de un amor imposible, como el de Dante o Petrarca o tantos otros poetas y literatos en la historia. La emperatriz es más bien el símbolo del abandono resultante de la transitoriedad, de la transformación. ¿No es mucho manosear mis recuerdos? Los primeros en leer el Imperio me dijeron que tenía un aire a Borges pero erótico. Yo me digo a mi mismo, lo único que medio conozco de Borges es el Manuel de zoología fantástica, ha de ser por eso. El trabajo de las ilustraciones es de Azamat Méndez Suárez, amigo cercano y querido, que compuso expresamente las pinturas para acompañar el texto. Junto a este inmenso trabajo pictórico está el prólogo de Reyes Rojas, invitación y preámbulo, de tino circulante y fresca intención, a ubicar las coordenadas de una economía fantástica de lo imperial.

El temor por publicarla autogestivamente nunca desapareció. La novela concursó en la editorial De otro tipo, en la editorial Mala letra, en el concurso Sergio Galindo de aquí en la Universidad, la mandé a dictamen a Sexto Piso, quienes nunca me respondieron si quiera de recibido, también a la editorial Cuadrivio, igualmente sin respuesta, hasta que en 2015 conocí a Marcos Merino, emprendedor de la editorial de Río Blanco, Veracruz, la Cosa Escrita, con quien habíamos llegado a un interesante acuerdo. Se editarían 1000 ejemplares, pagando yo el costo de 600 y él el de 400. Todo estaba, ahora que lo veo, mejor de lo que parecía. Era, creo, demasiado bueno para ser verdad. Marcos trabajó en la edición de la novela y llegó incluso a imprimir los 1000 ejemplares. Faltaban los acabados, el empastado. Él trabajaba con una chica de otra editorial pequeña, que al final nos vio la cara a los dos: desapareció con dinero y compú Mac que Marcos le había dejado, vendió como papel de segunda los ejemplares, dejo embaucados a 5 o 6 editores con múltiples proyectos, armó gran lío, ergo opus frustratio. Entonces, como por ahí de agosto del año pasado, cuando ya debía tener mi libro listo, llegó la noticia, y a buscarle, después de afrontar una gran depresión, después de un fracaso editorial. Gracias a un excelente y querido amigo, Timshel Altamira, contacte a una persona que me recomendó trabajara mi libro con Innovación Editorial Lagares. Me puse en contacto, intercambiamos materiales, obtuve un presupuesto y al final de todo, con una parte del reembolso que muy dignamente ha venido haciendo Marcos a su servidor, comencé los trabajos editoriales. En menos de 5 meses el libro estuvo listo. Y ahora estamos aquí, comentando una osada empresa.

No por llamarme Rómulo debía construir un Imperio, pues más que literario mi nombre es mitológico e histórico, pero escribí el Imperio Natdzhadarayama como una expresión dislocada de lo cotidiano, como una contestación a la barbarie pornonarcótica, inmerso en una búsqueda por la vida, como una esperanza al juego y la diversión con inteligencia. Si mi defensa hasta ahora, es decir esta desnudes que manipulo sin precaución, no es suficiente para transmitir la experiencia de crear, quizá tampoco logre conquistar lectores o desmontar la imagen de loco que tengo al caminar por las calles de Xalapa hablando solo. Quizá no logre incidir en la decisión de alguno de ustedes para adquirir mi libro y ¿saben porqué no? Por que yo escribo, porque no sé vender. ¿Qué sé yo del mercado literario? Lo mío es plasmar traducciones internas en un dialecto dudoso de un español imposible de disociar de la jerga del rock argentino entre 1970 y el año 2000.

 

II: Cumplir un programa intelectual o del cierre de un ciclo vital

 

En 2010 murieron Monsiváis, Montemayor y Saramago ¿o me falla la memoria? En junio de aquel año de centenas anuales en celebración, escribí un esperpéntico ensayo titulado De la heroicidad e idolatría literaria o del arte de combatir con la voz. A propósito del deceso de Carlos Monsiváis. En un tono de absoluto desprecio por la vida, esa vida mía de entonces con tés de floripondio, churros de mota, whiskies y cuerpos operados de Table dance, escribí un panfleto en el que difamaba a distintos jóvenes escritores y poetas xalapeños, al nombrarlos xalapitos, y asumía que el honor es para quien lo merece. Y en esos días tuve la osadía de insistir en acercarme al maestro Pitol, como último mecanismo e intento de dignidad literaria. Al cabo de los años no me queda más que pedir una disculpa pública a los xalapeños escritores y poetas ilustres y agradecer a la vida que el maestro Pitol me haya cobijado cuando nadie daba nada por mí, excepto quizá Adriana, Paty y mis hermanas Luisa y Fernanda. Pero esa anécdota no es la que importa. Ese mismo año grabé un vídeo desnudo que subí a Youtube, con mi cinta negra anudada a la cintura, y en un trance insospechado me autoproclamaba el último esclavo del mundo. ¿Qué más puede hacer un pequeño burgués con el ego herido? Escribí también mi Matricidio literario de un joven desconocido, para exaltar a Marina Orlova, Adriana Lima y Mila Kunis, frente a mis madres literarias, Marguerite Yourcenar, Guadalupe Dueñas y Ruth Benedecith. Y dado que no me es muy recurrente tener una audiencia a quien dirigirme, esta digresión anecdótica no interesa más que por el hecho respectivo al programa intelectual que me propuse en aquel desalineado ensayo mortuorio sobre el irónico Monsí, del cual sigo esperando la contra argumentación. El programa consistía en realizar tres objetivos intelectuales, que desde la trinchera de una espantosa psicosis, despersonalización y horizonte de vida nulo, asemejaban a un marinero de Ulises con los oídos destapados al pasar a través del océano de las sirenas: una verdadera locura. Me propuse realizar una investigación concienzuda sobre el erudito y tratadista aragonés Ignacio de Luzán Claramunt de Suelves y Gurrea, pensador español del siglo XVIII, cuya Poética se encuentra en la biblioteca de la Facultad de Humanidades, por si gustan leerla. Un segundo objetivo era realizar la recopilación, sin saber concretamente como publicarla, de las obras y trabajos diversos de mi difunta madre, Margarita Urías Hermosillo, que mi hermana Luisa ha rescatado como miembro de la guerrilla mexicana en los sesenta, en su obra de teatro El rumor del incendio, y que también perteneciera al grupo de intelectuales agrupados en torno a Enrique Florescano en el Castillo de Chapultepec como Héctor Aguilar Camín, Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco y José Joaquín Blanco, entre otras personalidades de la inteligencia mexicana a mediados de los setentas, aunque eso no importa tanto como el hecho de que ya van a ser 17 años de vivir sin ella. El tercero y último de los objetivos era terminar de escribir mi novelita sobre Natdzhadrayama. En junio del año pasado, después de años de convicción y tenacidad, me titulé como licenciado en Historia, con una tesis sobre Ignacio de Luzán y la República de las letras novohispano-mexicana a inicios del siglo XIX. Ya esa rama dio algunos frutos, sobre todo académicos y de investigación. Respecto a la compilación de las obras de mi mamá, Margarita, están en proceso editorial en la Universidad Veracruzana, que aunque sea de forma digital serán publicadas, esperando quizá en un futuro tener el libro impreso. Y aquí está mi novela, con las tribulaciones narradas, con toda esa retahíla de anécdotas, con años —ya sin substancias— de vida, esfuerzo, pérdidas, amor, dolor, tristeza, trabajo, constancia, reencuentros, trabajo y mucha perseverancia.

 

III. Paréntesis de lectura

 

Quizá mis libros están destinados a una dimensión micro poblacional receptivamente, pero no sé absolutamente cuál es la diferencia entre ser políticamente incorrecto y ser original. No dudo que en mí caso ambas cualidades puedan estar unidas ¿He sido hoy políticamente incorrecto? De ser así, les pido que olviden un poco los restos de la moral victoriana que hay en el ambiente. Cuando pensé este proyecto narrativo lo vislumbré como saga, como una continuación de episodios, de libros y narraciones. Tal vez por los contenidos simbólica y explícitamente sexuales mi narrativa puede leerse desde el psicoanálisis o desde una antropología simbólico-pornográfica, aunque tendría que ser una especie de psicoanálisis filtrado por Star Wars, el clasicismo francés del siglo XVII y sus libertinos, Mozart y su Requiem, y otras pistas culturales que me nutrieron. Antes de ingresar a estudiar Historia en 2012 me autodenominaba indigente académico. ¿Soy ahora un indigente editorial o tal vez emocional? No hay que leerlo todo para empezar a escribir, dice Gabriel Zaid, pero para publicar ¿Qué se necesita? He aquí un mural de retazos propios, que decodifican parcialmente, la transformación en fantasía de una pesadilla que este abril cumple 15 años de haber nacido, hoy ya pasado, ya distancia, ya recuerdo.

 

IV. Esbozando una literatura no oficialista

 

Vivimos en el auge de la productividad y la voracidad de becas, concursos, premios, adscripciones institucionales, reconocimientos y demás instancias que conforman una economía formal, instituida, de la creación en sus distintos ámbitos y niveles. Si en la academia existe el Sistema Nacional de Investigadores y en la creación artística y literaria el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, si la muchedumbre de premios en distintas escalas (local, regional, nacional, internacional, etcétera) implica una segmentación de las obras “aptas” y reconocidas para su publicación y mercantilización, si el estrellato, grandeza, fama y éxito se valoran a través de los lentes de la productividad, es precisamente porque la lógica del capitalismo cultural se inscribe en un modelo de sociedad dudosamente sensible, pensante y auténtica, creo yo. Porque me parece que en esta vida de letras, de ideas y pensamientos, uno debe pertenecer a una tradición, grupo o sociedad preestablecida o de lo contrario ser un ilegítimo creador miembro del grueso margen creativo. También existe el riesgo, siempre viable, de la autoedición o la autogestión, que remite en ocasiones a la publicación de obras caprichosas, quizá como esta, cuyo valor se restringe a un corto y reducido grupo de conocidos, familiares, amigos, personas cercanas y quizá uno que otro interesado. Por algo se debe empezar, pero sin duda se trata de dos caras de una misma moneda: ser un creador legitimado por las instituciones y el oficialismo cultural o ser un autogestivo marginal ilegítimo en el mundo de la creación. Dos rutas para un mismo fin: tener un público, ser escuchado, leído, atendido, hacerse un lugar en el mundo.

¿Por qué decir que mi obra es literatura no oficial? Es no oficial porque en ningún momento he buscado, perseguido o fomentado, en mi quehacer literario, su vínculo cierto, seguro y fiable, con alguna tradición cultural o ideológica preestablecida e institucionalizada en la cual cobijarme. Soy en ese sentido, un creador independiente, para bien y para mal. Uno de los primeros lectores críticos de mi novela me comentó, si quieres ser un autor leído y estudiado en las Facultades de Letras quítale lo sexual a tu novela. No es que escriba, piense o construya desde la nada, es más bien asumirme como el transgresor del que hablaba Susan Sontag en La imaginación pornográfica en 1967, que va a donde otros no van y hace lo que otros no hacen, en mi caso leer lo que otros no leen y tratar de escribir lo que otros no escriben, pero también desde la aseveración que hace esta escritora norteamericana respecto a los rasgos interesantes en común entre la pornografía, como género literario, y la ciencia-ficción. No es que mi novela sea pornográfica por violentar sexualmente, sino porque explicita un discurso donde el sexo es evidente y notorio, pero también sugerencia e invitación interpretativa, ¿metapornografía? Para Sontag la pornografía tiene tres modalidades: es parte de la historia social, es un fenómeno psicológico (una deficiencia o deformidad sexual) y es una modalidad o convención menor dentro de las artes. Y desde la vivencia común de la discursividad pornográfica, como un hijo de clase media mexicana de finales del siglo XX con acceso a internet y televisión satelital, cobrar consciencia de lo porno, de eso que llamo la teibolización de la vida, no es tan solo un motivo para rescatar a Sontag, así como reconocer mi deuda con George Bataille, Wilhelm Reich, Evelyn Reed y Beatriz Preciado. Es también la razón por la cual construir una fantasía, una imaginación, donde lo erótico, donde lo sexual, sea un componente del lenguaje y la narración, sea una realización simbólica. Lingüineto Violatore, ese historiador del siglo XXX de la ciudad de Mineí con un nombre italianizado que investiga sobre la civilización natdzhadarayamamita, es el símbolo completo de una contradicción vivenciada con la psicosis: el lenguaje que rompe sus surcos racionales, la razón que tiene conductos ciertos, un nombre que representa y refiere violencia verbal, pero que más bien remite a las dimensiones de las hazañas del logos, del saber, de la búsqueda del conocimiento, una contradicción en los términos. No es entonces gratuito que la narración comience con una castración, no es gratuito que haya una Banda de la Chichi Maravillosa, en inglés al estilo de las bandas de rock de los sesentas, no es gratuito que la líder de un ejército femenino sea cocinera, amante y hechicera. Lo gratuito es este desnudar los cabos y las piezas, los accidentes y las formas, porque si la literatura es escritura, y puede ser memoria, si me muevo en el terreno testimonial y autobiográfico, lo hago para reiterar que escribo para no olvidar, como lo hizo Carlos Castaneda cuando conoció a Don Juan Matus, porque al final no son sólo los juegos del lenguaje, no es sólo el simbolismo, es también el ingreso a lo posible, a la imaginación en sus distintas facetas. Además preciso reconocer mi adeudo con el ruso Yuri Olesha y su novela infantil Los tres gordinflones, de la extinta editorial Raduga/Progreso, que fue una de mis primeras lecturas conscientes en la vida y de la cual absorbí la dimensión de revueltas sociales que en algunos de los pasajes del imperio quedan plasmados, obsequio de una alumna de mi madre que estudio en la Unión Soviética, seguramente historia o ciencias sociales, y que me brindó en mi cumpleaños número 9 en 1990, o sea, en pleno final de la guerra fría.

Hoy se habla de una sociedad postmoderna, postpornográfica, postglobalizada, posthistórica, postcultural, postneoliberal, postdigital. Si mi novela fantasea con la tecnocracia interplanetaria dentro de 900 años, en el siglo XXX, si existen los exoplanetas, si hay vida en otras regiones cósmicas, ¿no es un hermoso nombre, eufónico nombre, el de Natdzhadarayama, para nombrar una posibilidad de un mundo paralelo? ¿O se trata simplemente de un cuento chino, del exotismo oriental?

 

V. Remate en la esperanza

 

Publico mi novela para, primero, someterla al gusto y criterio de los lectores, y, segundo, como una forma de dignidad personal. Todo el tiempo dudo de mi afán literario, de si renunciar a la vida académica o a la creativa, de si vale algo, si cambia algo, si transforma y genera algo, mi hacer con la escritura. Escribo porque no puedo vivir sin escribir, pero tampoco puedo vivir de mi escritura. Tengo 35 años y de muchas formas llevo 17 años comenzando mi carrera literaria e intelectual. He vivido duelos y muertes, he vivido éxitos y fracasos, he vivido viajes (internos y externos), he vivido amores y desamores. Quizá no venda ni alcance la gran audiencia, eso no importa hoy. Para mí importa escribir, porque no puedo ser ni existir sin escritura, porque no puedo dejar de traducirme en palabras, no puedo vivir sin letras sin símbolos ni lenguaje, porque quizá una parte del don de la escritura, don del que me habló el maestro Pitol hace prácticamente 7 años, está de alguna forma en mí. Publico esta novela porque tiene sentido para mi hacer humano, porque uno necesita un público, escuchar comentarios, para crecer como autor y como persona, porque no es cuestión de premios, reconocimientos, genealogías o instituciones, el arte, la creación, la originalidad. Mi novela, capricho autogestivo o no, también es publicada como un acto de reconocimiento y de fe. Reconocimiento de una obra, de un trayecto vital, de una vivencia, de la traducción personalísima de un mundo, un estilo, un estar en el universo. Fe de transmitir y comunicar, de emocionar y transformar a otros y en otros, algo. Publico mi novela con esperanza, por mis propios medios, no como un acto de rebeldía o de cuestionamiento, no como una excentricidad o exquisitez, sino como posibilidad de compartir, de contrastar, de asumir, que la construcción de una vida, de una trayectoria, de una carrera, se nutre de pequeños y grandes actos, que sin la otredad necesaria, no sería más que un monólogo. También con la esperanza de la valentía, del entusiasmo, de la dignidad, hoy les doy a conocer mi narrativa. Espero que esta desnudes, esta memoria y su distorsión, no les haya causado desagrado, y si encuentran algo en Natdzhadarayama, por mínimo que sea, no olviden que como dijo Ignacio de Luzán sobre la poesía, extensivo a la literatura, “su esencia consiste en la invención, en las fábulas y en aquella facultad que tienen los poetas [y los escritores, diría yo] de dar alma y sentido a cosas inanimadas y de crear como un nuevo mundo distinto” (Luzán: 1974: p. 93).

Foto: Fernanda Pardo

Improvisación lírica

Quedo destartalado

como camino llovido.

Es un talud de emociones

mi rostro, compaginación

estéril, visión estrecha

de los anteriores mitos.

Torcedura desierta

este verso no medido,

poética de lo insalubre

el rincón donde Borges

o T.S. Eliot no son abiertos.

Pérdidas, siempre, en el

mercado de las emociones.

Farandulera mi mano,

redactando pocilgas

dentro del cubo infinito

del atrofiamiento político.

Todo fuera como la percepción

de la célula, pero no es más

que la putrefacción del ego

lo que promulga la ausencia,

esta que sorbe las babas

del tiempo, entre extravío

y sueño quebrado de nostalgia.

celula

Así era la cicatriz

Enfermedad y resto

locura siempre

el átomo insuflado

de dolor y soledad.

Locomotora de silencio

llamar al ocaso mitad

del ser y ser mitad

del horizonte, certeza.

Líquida marea espiritual

esta alma en grisura tersa

llamada a testimoniar

el paso de los astros.

manopla

Resignificación obtusa

Esta oscura visión,

entre nombre y papel,

ronca el devenir cantado

de consciencias llovidas

cuando los atardeceres,

de la Historia amantes,

rondaban escenarios.

Trozos de tinta seca

son la enramada sinuosa

donde abyecto queda,

como de puma abierta la boca,

ese tentáculo mitad nombre

mitad añoranza. Porque esculpe,

silueta la atmósfera impenetrable,

lánguidas voces el destino,

contra sentido siempre, marca y signo,

la escueta luz, irradiación y sombra

en una concurrida factura de los años.

Su oscuridad, visión quebrada, nos habla

por los codos de una metafísica corroída

que prorrumpe cierta hacia la inmensidad

absorta, como lengua y tropel hambriento,

de estos ejércitos que firman —signatura

eólica de costas desvencijadas— las nupcias

inmoladas al dios del estiércol citadino.

Osada neurona su recuadro, renegrido

insuflar tediosas cicatrices en el alma,

circundante foso, de tinta la mano envuelta,

como si todo los sonidos de la eternidad

hubieran conspirada en el alzamiento

del sombrío anclaje que remonta la marea,

figura y toque, licuada en el idéntico colectivo

que es el paso del pensamiento al papel.

Understanding recalls

Desgano animado

Porqué una vez contaron

los corales del océano,

una vez predijeron

la temporada asesina,

una vez fecharon el ciclo

de la mutación. Sombras,

nos invocamos en silencio,

el torpe residuo del enajenante

dogma, si quebranto fanatismo

si dicha desdén, jamás incertidumbre.

Los rincones esbeltos del ser,

una configuración autómata,

lengua y cicatriz, parco romper

las hojas del abecedario,

inflexión y supura, ver encandiladas

las avalanchas del sentido. Atrás

nuestro plagiar los días y el fracaso ajeno,

propiedad y dureza, esta marea de papeles.

bingo faces2

Generación imaginaria

dilusion2

Arrinconar el aliento

al paso, los cansados

mantras invocando

el ardor de la eternidad.

Lacustres monotonías

este mundillo perecedero.

Memoria, si de fragilidad

tiento brote y colapso,

arbusto imaginario

del paso del tiempo.

Nos esconde una figura

la esbelta nomenclatura

del tiempo, nos induce

a la guerra el soplar

las velas del cumpleaños.

Si de mentira certeza

constricción volitiva,

la duda nos carcome

como ácido y somos

el terreno del oxido generacional.

dilusion2

 

 

 

 

 

 

Irreverencia poética 10

¿Pensamos en el fin

como un voz que abre

el agujero del soñar?

Nos inculcamos panfletos

y denigramos el día,

pero decimos: ¿acaso

las nubes irradiarán las señales

del universal salto? Pensamos.

Entonces los días abren el corazón

y por la rendija amorosa,

aliento y cosmos compartido,

indagamos el signo atómico del ser.

Irreverencia poética 10

Algo de realidad/Some reality

Buscando el símbolo

Seeking the symbol

nombrado soledad

named loneliness

reflejo del pasado

reflection of past

el silencio aguarda

the silence wait

a ser el ancla del instante

to be the instant’s anchor.

Tecajetes_Xalapa_2016_1

Poetuits de Livia Díaz editado por La Cosa Escrita una contribución a la poesía mínima

IMG_0176

Una apuesta a la reflexividad poética desde el quehacer cotidiano entrega este librito de la colección Postal editada por la joven editorial La Cosa Escrita. El trabajo comprende poemas mínimos de un proyecto comunicativo vía redes sociales, cuyos rasgos absorben al lector y desmantelan de golpe el flujo de la consciencia mustia o burguesa, emblemática de las artes, la cultura y el pensamiento. Sin ir lejos en el aliento, la micropoesía de Livia Díaz nos acomete en una singularidad estilizada como aforismos, donde el deambular pasajes vitales, accidentadas escenas o reflexiones impactantes, por crudas, verdaderas y certeras, nos induce a una ágil confección literaria y a un universo que oscila de lo íntimo a lo público y de lo hostil a lo esperanzado. Las escasas páginas no escasean en su búsqueda poética, dignificando la estética verbal que trasciende la solemnidad e irradia destellos de impulsos creativos excelentemente planteados, construidos y expresados. ¿Dónde encontrar esta apuesta a la micro poesía? Sus motivos se encuentran en el día a día de una escritora y periodista que desde el escenario veracruzano nos invita a indagar en sus letras y expresiones. La reseña, por obvias razones mínima, no puede dejar de lado que existen en estas páginas tópicos políticos, oníricos, honoríficos, periodísticos, generacionales e identitarios, que van haciendo una definición, por lo demás breve aunque concisa, de un cuadro de mosaicos donde la ciudad y el viento, la barbarie y el ser poeta, entre otras instancias, quedan definidos como las aristas del cubo del cosmos que Livia comparte.

IMG_0177

La aventura de leerlo es amena y breve, sin dejar de ser profunda, y sacude, como ola de mar en la playa, para dotar de una significación especial dos hechos aparentemente triviales: una tuitera que rescata de su timeline los tuits escritos bajo el hashtag #LaPoesiaNoSeVende frente a lo abigarrado comunicativo de la red social y este rescate particularizado, y el hecho de regalarnos una pieza que invita a leerse como un horizonte abierto donde el paisaje notorio amerita el detenimiento.

Gracias al trabajo de Marcos Merino y la editorial La Cosa Escrita, tenemos en nuestras manos el trabajo de micro poesía de Livia Díaz que como recomendación de lectura que ahora comparto con mi auditorio.

IMG_0178

Uno de los poetuits de Livia Díaz

IMG_0179

Otro Poetuit de Livia Diaz

 

La barca del desconsuelo

Mecer en el quebranto

del destino el aliento

con ternura, principio

en do mayor, teatro

y escena: existir. Pensamiento

viejo hábito, nombres estructuran

la alquimia del silencio.

Dejamos atrás la alegría

en la fosa propia del recital:

augurio estéril, estos viajeros,

mar de angustias, abajo y encima,

nosotros también en la hoguera, gemimos.

Anterior al hospital de la memoria

un elixir compone retazos primaverales.

Éramos un vestigio de luz para otros

y en otros adquirimos relevos al dolor.

Partimos al puerto de la inocencia,

después del asombro, y remamos

mustios, contra la marea solitaria

de una vieja historia de desamor.

 

la barca del desconsuelo

Irreverencia poética nova

Una instancia antigua

palpó los cuerpos

asiduos al sufrimiento.

La llamarada de recuerdos

ardía plena, todo fue contraste

y mutismo. Arriba —¿dónde estaba

la puerta del laberinto?—

perfumes violentos arrebataron

la cálida ternura materna

de la guerra demencial.

Nos perdimos siempre, aquí,

en el intervalo fortuito:

destinos del salto,

inmensidad y caída,

soplo en el arrabal del ego.

Merodeamos al salir

los copos imaginarios

llamados evacuación del presente.

irreverencia poética 7

Piltrafa estética

Aglomerada fuga insípida,

porque verbalmente escupíamos

el tendedero de cicatrices y mocos.

Embeleso triste el rumiar los rincones

coloridos, desconsuelo su faz y atisbo

certeza, su moribunda mafia: fantasía animada

de ayer y hoy, caleidoscopio inservible de la calle.

Anterior a los besos tiernos, esos primores

azucarados de otros labios, la rendija

oscuridad de la siesta eterna,

apotegma vacuo y llanero

como el mar negro desecado

o la infancia prostituida. Pecamos, dolemos,

una añoranza conquistó la fama,

a mitad del escenario, tú, erguimiento

locuaz y perfectible, oh danza que vida arrebatas,

algoritmo no descubierto, oh hazaña

de la mujer por la mujer y del hermano

por la vida y la esencia del rito mortuorio.

Cabalgata a los fondos mismos

del espumoso delirio cotidiano. Nunca

supimos decir algo con certeza ni sentido

y en cambio significamos una podredumbre

errante y contaminada. Adiós poltrona

de los años juveniles, dejamos en ti

una espiral de intentos torcidos,

nos torciste, siempre en la esquina del gol

televisado y definitorio. Adiós, cruento instinto

de sufrir y crueldad tremebunda. Hoy

acariciamos el terciopelo de la ignorancia,

arrebatamos al horizonte una sincopa

derruida de árboles y hojarasca,

perdimos siempre, contigo, lluvia

de personas y fracturas emotivas. Adiós.

DSCN2686

 

 

 

Pedal

Aprieta más la desdicha

que la lucha

cuando olvido es

el saber y la libertad

mantiene secuestros.

Aladas lacónicas verdades

a medias todas, en falda todas,

verifican lo marchito.

¿Parte el día los nombres de la luz

como si fuéramos vegetales

en la hortaliza de la existencia?

Pedal el asiento mismo

donde la dictadura del ego

convoca al siniestro impacto

de la guerra: espejismo y espejo

la circunferencia y ombligo

de la postración en letras y hojas.

¿Cómo dejamos el aula odiosa

si ni siquiera preguntamos

ni orientamos la voz al instante

mismo de la creación?

Cansados dejamos arriba del mar

un cuchitril llamado cielo

que nos aflora con lágrimas

pero decimos siempre

una vez que algo nos ha tocado.

DSCN2685

No poesía

Esta cadencia monótona

no es rima ni verso

no es nada descriptible o soleado.

Todos los días grises de la vida

conspiran porque hoy es más rancia

la existencia, porque encima

de las lucubraciones indagatorias

-esos rumores de muchedumbre

hostil al tacto de la mañana- canta

una perla de silencio las agonías anquilosadas

de la demiurgia del ser: todo un envase

demacrado por el cartón del alma.

Enquistada la vista, remite a una rama

torcedura del árbol del conocimiento,

pero entre las acciones del ayer

navega torpe el cansancio del mañana.

Esta monotonía que no es poesía

porque la rima golpea, es el tedio

del acto más torpe del mundo:

la verbalización de un estado mental

raquítico, que deviene una llamarada

de aburrimiento continuo todas las tardes del sol.

Noticia de un tesista de Xalapa

carita marionetaMe devano la cabeza, el pensamiento, contra el filo de una tesis abominable, intensa, ampliamente documentada. Dudo de mis intentos creativos, igual que dudo de la bondad humana. Mantengo cerrado el frasco del olvido, porque creo que la tinta merece más memoria que silencio. avisoEntre ladrillos de conocimientos, mi afán libresco, mi imposibilidad de acceso a la gran audiencia, mis flagelos personales autoinducidos que disocian mi vida creativa, literaria, de mi vida académica, profesional. Mucho más que un hobbi, que un pasatiempo, escribir para mi es la vida. Pero termino embargando mis reflexiones, mis textos, por una estilística grandilocuente, exagerada, ininteligible. Siempre me falta preparación, siempre. Ante mí se levanta la senda absoluta del conocimiento. Mi escritura intenta ser una traducción infiel de una arista presente que arruina la escenografía global.

sala de conferenciasPor si esto fuera poco, o de escasa relevancia, mantengo una proliferan compra de libros que no puedo leer. Como compulsión, como un fetichismo, como una manda, adquiero libros. Quisiera ampliar los contenidos de este sitio, ampliarme, crecer. Pero tengo mi tesis, inabarcable, indómita, absoluta también. escritorio falazHasta que no la termine no estaré en paz, no podré dedicar mi atención a otra cosa. Eso me pasa por documentar ampliamente un hecho tan particular. Me arroba el trabajo intelectual, la contratación de ideas y opiniones, la construcción del conocimiento. Pero los días me endilgan su ligereza o pesadez, cada vez que voy a la cocina, armo un café y regreso a mi sitio de trabajo. Ahora, este balbuceo, este acto de impronta comunicativa, abre un mes nuevo en mi historial bloglibrero absortouístico. Para bien. Con dos meses intensos en visitas, satisfecho, me queda aún el aliento de dos proyectos editoriales cercanos: con Rodrigo Porrúa la publicación de mi ebook Advenimiento de la espera, poema extenso dividido en tres partes e ilustrado por mi amigo Sebastian Fund, y la publicación de mi novela con La Cosa Escrita de Marcos Merino, novela en ocasiones irreverente, en ocasiones seria, como un remedo de retazos este Olvidado Imperio Natdzhadarayama, ilustrado por otro amigo Azamat Méndez Suárez.

El teatro y su doble

 

Pixel moment 8

Foggy night in town

image

La exposición pictórica de mi amigo Tobias Grosin

Aquí estoy. Xalapa, 19:00 hrs. Llegué temprano y tomé un espreso doble cortado. Conozco dos hechos novedosos: la cafeteca Bosque de Niebla y las pinturas de mi querido Tobias.

image

Me encuentro entonces con una multitud de flujos de energía, sorprendido gratamente, contento del reencuentro. Exploro el lugar con un aliento de curiosidad e inspección emotiva. Descubro los elementos de la naturaleza: fuego, tierra, agua, viento. También indago la simplicidad y el trazo sin adornos ni garigoleos barrocos.

image

Toda la gama de colores invocan una atmósfera genéricamente infantil, por directa y radiante. Despierto a estos flujos energéticos como quien se adentra en la luz del amanecer después de un largo sueño.

image

Todo es luz y fuego. Seres entreverados del cosmos, siluetas y personajes que llaman a dimensiones personales y universales. La experiencia es grata, íntima, envolvente, fantástica.

image

Y la cafeteca sensacional. De fondo Herbie Hancock, David Bowie, algo de funk. Great sound. Más allá de recordar una psicodelia estridente la contemplación del trabajo de Tobias remueve fibras cósmicas, pero también terráqueas.

image

Todo concluye en este itinerario personal, recorrer de una tarde a principios de otoño, este octubre salido del tedio sabatino.

image

Heme aquí con el estupendo Tobías.

image

Reporte intracósmico en un acto de propulsión amistosa. Desde una joven cafeteca xalapeña, reportó para ustedes el Romulaizer.

Algo de arte en esta Xalapa que odio

IMG_20130718_202336