2.2 ENSAYO DE ACERCAMIENTO A LA HISTORIOGRAFÍA DE LA VIDA COTIDIANA Y PRIVADA A PARTIR DEL TRABAJO LA VIDA COTIDIANA EN LA ESPAÑA DE LA ILUSTRACIÓN DE FERNANDO DÍAZ-PLAJA


El trabajo a continuación representó la última entrega de la Experiencia Educativa Historiografía Contemporánea impartida por el catedrático Raúl Romero Ramírez.

2.2.1 INTRODUCCIÓN

 

A continuación se presenta un breve ensayo de aproximación a la corriente de historiografía contemporánea conocida como historia de la vida cotidiana. Se considera la realización de este ensayo con la finalidad de conocer someramente esta corriente historiográfica. Para ello ha sido seleccionado el capítulo La educación. La cultura del trabajo realizado por el historiador español Fernando Díaz-Plaja titulado La vida cotidiana en la España de la ilustración[1], editado en España en 1997 y que muestra características esenciales de la corriente historiográfica que se abordará. Como primer paso del trabajo se realizará un esbozo sintético de los postulados generales de la historia de la vida cotidiana a partir de la lectura de algunas obras representativos como lo son Historia y vida cotidiana[2] de Agnes Heller, La vida cotidiana en el mundo moderno[3] de Henri Lefebvre y aspectos de la denominada historia de la vida privada, en tanto avanzada del estudio de lo cotidiano, retomando ideas de Geroges Duby y Phillippe Ariès desde el texto Historia de la vida privada[4].

En un segundo momento me avocaré a realizar una descripción de la estructura del trabajo de Díaz-Plaja, abordando generalidades de la obra, su capitulación, ideas principales y contenidos, con el fin de tener un contexto general del capítulo que se plantea analizar en un siguiente apartado. De esta forma quedará evidenciada la lógica interna del libro y sus elementos constitutivos, con lo cual estaré en condiciones de analizar a profundidad el capítulo en cuestión. En el siguiente punto se efectuará el análisis del capítulo específico y elegido, titulado La educación. La cultura con el fin de detectar las características historiográficas de la vida cotidiana, sus aportes, contenidos y aspectos, en referencia a las lecturas del primer apartado del trabajo. Esto permitirá concretar la lectura y establecer los puntos necesarios para efectuar una síntesis historiográfica y delinear algunas conclusiones, a reserva de que se presentará también una ficha historiográfica del capítulo analizado como anexo al ensayo presentado.

El intento permitirá explorar las dimensiones y posibilidades, tanto historiográficas como disciplinares, de la corriente de la vida cotidiana en el contexto de los estudios históricos, permitiendo colocar en su sitio y orden lo particular de este enfoque, sus alcances, dimensiones y trayectoria. Los autores consultados permiten un acercamiento de conjunto y general sobre esta corriente historiográfica de la segunda mitad del siglo XX.

 

2.2.2 HISTORIAR LA VIDA COTIDIANA. UNA VERSIÓN HISTORIOGRÁFICA DE LO EFÍMERO Y LO INSIGNIFICANTE

 

El surgimiento de la llamada historia de la vida privada responde a una serie de inquietudes de diversos estudiosos, principalmente europeos, que centraron sus inquietas reflexiones alrededor de un cúmulo de datos, experiencias y hechos, en apariencia disímbolos de los contenidos disciplinarios de las ciencias humanas o sociales. El fenómeno fue abordado, en principio, en Francia por Henri Lefebvre y en Hungría por Agenes Heller, con una fuerte base de reflexión y discusión marxista, desde un momento inserto en la guerra fría y posterior a la reconfiguración del mundo capitalista occidental, específicamente europeo, después de la segunda guerra mundial. Y no es curioso ni contingente que desde una lógica reinterpretativa del pensamiento de Carlos Marx, frente a lo que H. Lefebvre nombra como el fracaso del socialismo bajo la conducción de Stalin y lo que Heller denomina extrañamiento de la vida cotidiana, se involucre profundamente en el eje disciplinar de la versión cotidiana de la historia, aunque desde sistemas interpretativos con atributos propios y divergentes entre sí como lo son los de los autores mencionados. ¿Qué es la vida cotidiana? ¿Cuál es su relación con la historia? ¿Cómo se configura este acercamiento al terreno de la actividad humana? Las respuestas a continuación se enmarcan en un acto de revisión, pero también están inscritas en el acto reflexivo de la modernidad, de lo contemporáneo, desde ópticas analíticas tanto históricas como sociológicas. Tómese en cuenta que el libro consultado de Lefebvre fue publicado originalmente en francés en 1968 mientras que el texto de Heller, originalmente en húngaro, fue publicado en 1970.

Por otro lado, si bien la lectura de Heller y Lefebvre ha sido parcial permite apuntalar ideas afines y posturas en torno a distintas facetas de la vida del hombre, ora desde una reflexión que abarca la conciencia de la producción en un sentido amplio, ora desde las formas que el hombre emplea para conocer la cotidianidad, pero bajo la rúbrica constante de un afán de renovación tanto académica como epistemológica, en la medida en la que se suscita una ampliación de los contenidos disciplinares. Al respecto Lefebvre es muy claro al señalar, desde una postura primordialmente, mas no exclusivamente, sociológica, que las dimensiones de las ciencias humanas parcelan la realidad bajo la lógica que mantiene vigente la división entre la idea y la realidad, que desde Hegel y pasando por Marx establece una serie de valores legítimos para el estudio del hombre y sus sociedades. En el caso de Heller, siguiendo los pasos de su maestro Georg Lukacs, la elaboración de lo cotidiano mantiene viva la especificidad y particularidad de lo humano en una dimensión que implica una valoración de lo individual y de lo social, mediado por lo grupal y lo comunitario.

Retomando a grandes rasgos la argumentación que establece el autor francés se involucran en sus reflexiones elementos de filosofía cuando se considera a la vida cotidiana como algo no filosófico. En ese sentido Lefebvre apuntala un grupo de dicotomías que permiten comprender la acción y el campo de la vida cotidiana. En tal situación la filosofía se referirá a lo abstracto, lo racional y lo verdadero, lo total. Por su parte la vida cotidiana es real, en tanto conjunto de actividades modestas en apariencia, conjunto de productos y obras del ser humano. Las dicotomías establecidas abarcan la dualidad de la razón filosófica y de la realidad social, donde lo filosófico es superior, espiritual, racional, teórico, cultura, mientras lo no filosófico es inferior, material, práctico, inculto. De ahí que como dice Lefebvre el hombre cotidiano se encuentra perdido, trabado, atado con mil nudos, enfrentado mil coacciones minúsculas[5] y de esa forma sean sus propiedades, sus bienes y sus satisfacciones las que lo encierran.: “…Lo cotidiano, en su trivialidad, se compone de repeticiones: gestos en el trabajo y fuera del trabajo, movimientos mecánicos (los de las manos y los del cuerpo, y también los de las piezas y los dispositivos, rotación o ida y vuelta), horas, días, semanas, meses, años; repeticiones lineales y repeticiones cíclicas de la naturaleza y tiempo de la racionalidad, etcétera…”[6].

Este devenir, esta repetición, se instala en la imagen, la imaginación y el imaginario, como una forma del flujo temporal, heracliteo, para constituirse en memoria y recuerdo, en conocimiento. El ámbito de lo cotidiano se cifra en lo número y lo dramático, en el dinero, los minutos, los metros, los kilogramos, las calorías, es decir, en lo objetual, lo vivo, lo pensante. Así, el intento de Lefebvre es inscribe, en sus propias palabras, en conseguir realizar una demografía de las cosas, una medición de su número y de la duración de su existencia. Por lo tanto, en lo cotidiano cabe el nacimiento, la vida, la muerte, las formas de vida y sobrevivencia, los placeres y los sufrimientos: “Lo cotidiano fragmenta la unidad de lo real y lo racional que proclaman las ciencias humanas en su ocupación de la vida real, parcerlarias y que dejan fuera a la filosofía. Lo cotidiano es la alimentación, la ropa, el amueblamiento, la casa, la vivienda, la vecindad, el entorno”.[7] Lo inscrito en lo cotidiano incluye la valoración de sujetos como el campesino, el obrero, la mujer o la clase media. Lo cotidiano, por tanto, incluye y abarca el trabajo, la vida privada, el ocio y el empleo del tiempo.

En otro contexto, Agnes Heller ofrece elementos que complementan la argumentación de Lefebvre. Para la autora húngara es en lo específico y particular del hombre y sus actos, de su transcurrir, que lo cotidiano se presenta con una forma “heterogénea y compuesta por la organización del trabajo, la vida privada, las distracciones y el descanso, la actividad social sistematizada, el tráfico y la purificación”.[8] Sus reflexiones iniciales apuntan al hombre como una totalidad en dos sentidos: en el sentido de que todo hombre vive la vida cotidiana y en el sentido de que la vive en forma entera. Así, la vida cotidiana está jerarquizada y se relaciona estrechamente con el proceso de maduración del hombre en tanto que esto responde a la adquisición de todas las habilidades imprescindibles para la vida cotidiana de la sociedad dada. Será en lo cotidiano donde se aprenda la manipulación de las cosas, las normas y los valores grupales y sociales, donde serán asimiladas las formas de tráfico y de comunicación, las costumbres y todos aquellos elementos de la vida en sociedad. Al respecto es importante distinguir que la autora establece a los grupos y comunidades como nexo y vínculo entre los individuos, particulares y específicos, y la sociedad como un conjunto amplio y segmentado. La vida cotidiana será la esencia y el centro del acaecer histórico y la forma donde se vive la individualidad, como mencionamos específica y particular, en tanto motivo y acción de la satisfacción de las necesidades del yo y del grupo.

El trabajo, las necesidades, los sentimientos y pasiones, como formas de consciencia del nosotros, integran a los individuos y permiten su desarrollo, siempre bajo el principio de libertad en un sentido ético y moral.

La vida cotidiana tendrá ciertas características como la espontaneidad, la repetición, motivaciones efímeras, la probabilidad, etcétera. Se plasma en ella la experiencia y lo posible, las actividades y sus consecuencias, sin que esté presente la planificación ni el cálculo. De tal forma, lo cotidiano se acerca a un laboratorio no científico, donde se viven y ejercen las fuerzas más simples para la vida humana: “…en la cotidianidad podemos efectivamente orientarnos y obrar con ayuda de estimaciones probalitarias, mientras que por debajo de esa línea, en la esfera de la mera probabilidad, no podemos todavía conseguirlo y no lo necesitamos ya por encima de la correspondiente frontera superior, en la esfera de la seguridad científica…”[9].

El economicismo está presente en la vida cotidiana y para Heller hay un pensamiento cotidiano donde se realizan las actividades de la cotidianidad unidas con la acción cotidiana. En ese tener lo cotidiano es práctico y pragmático y se encuentra impregnado de fe y de confianza. Las formas de conocimiento de lo cotidiano serán la analogía, el uso de precedentes, la imitación y la entonación. El terreno de lo cotidiano es movedizo y cambiante, pero se ata fuertemente a la capacidad de actuar y decidir: “…lo característico del pensamiento cotidiano es la ultrageneralización o generalización excesiva, ya en formas <>, ya como consecuencia de la experiencia individual. Los juicios ultrageneralizadores son todos juicios provisionales que la práctica confirma o, por lo menos, no refuta, mientras, basados en ellos, podemos obrar y orientarnos…”[10].

Hasta aquí quedan expuestas generalidades que marcan la reflexión y el estudio de lo cotidiano, sus linderos y campos de acción, sus definiciones y su alcance.

Convenientemente precisa mencionar que el estudio de la vida privada es una derivación del estudio de la vida cotidiana y que se enmarca en contextos más cercanos al fin de siglo. Si bien se trata de visiones distintas, están cercanas en sus raíces. La vida privada, siguiendo algunas ideas esbozadas por Georges Duby, comprende la infancia, la vida familiar y la muerte y es diferente de la vida cotidiana en cuanto que no estudia ni la vivienda, ni la habitación ni el lecho. Tampoco busca ser una historia del individualismo. Duby encuentra en lo privado un vínculo con lo íntimo, con lo secreto, con lo que se mantiene oculto para la mayoría, para el resto. En ese sentido lo privado se opone a lo público: “En lo privado se encuentra encerrado lo que poseemos de más precioso, lo que sólo le pertenece a uno mismo, lo que no concierne a los demás, lo que no cabe divulgar, ni mostrar, porque es algo demasiado diferente de las apariencias cuya salvaguarda pública exige honor”.[11] De esta forma queda establecida la lucha entre lo público, lo compartido, y lo privado, lo secreto, traducida en la lucha entre hombres y mujeres, entre viejos y jóvenes, entre amos y sirvientes. Y con esto, el espacio de acción de lo privado también queda establecido: el casa, el taller, la tienda, la oficina o la fábrica, el café o el club.

Apuntalando más elementos de la vida privada, para Phillippe Ariès hay una serie de aspectos y transofrmaciones sociales desde mediados de la Edad media hasta el siglo XVIII que irán definiendo un cambio en la sociabilidad para definir la separación entre lo privado y lo público. El espacio comunitario se opone al espacio íntimo y en el transcurso de los siglos XVI y XVII se esbozan procesos importantes y aspectos que cambian la configuración de lo privado. Entre ellos se encuentra una mayor presencia del Estado en las relaciones sociales, el desarrollo de la alfabetización y difusión de la lectura mediante la imprenta y las nuevas formas de religión establecidas en estos siglos. De aquí se desprenden cambios importantes en el nivel de las mentalidades: la presencia de una literatura de la civilidad con un cambio de los códigos medievales y caballerescos a códigos de buena crianza y cortesía, el uso del diario íntimo o lo que Ariès llama literatura autógrafa, la amistad como “un sentimiento más civil, un trato afable, una fidelidad apacible, del cual existe, además, toda una gama de variedades y de intensidades”[12], la presencia de nuevas maneras de concebir y disponer de la vida diaria y la historia de la casa y sus transformaciones. Este cuerpo de elementos se unieron en tres fases que refieren el paso gradual de una sociedad donde lo privado y lo público están unidos a otra donde se encuentran separados. Primeramente hay una conquista de la intimidad, un individualismo de costumbres. Posteriormente nacen los grupos de convivencia social o pequeñas sociedades donde se conversa, se lee, se comentan y discuten lecturas, se canta o se toca música. Finalmente el cambio en el sentido de la familia, de unidad económica medieval a lugar de refugio del exterior con una carga afectiva, será el tercer momento que permeará el cambio de la vida privada y su escisión de la vida pública. De ahí que el argumento interpretativo final de Ariès sea el cambio de sociabilidad que va de una sociedad anónima, de la calle, el patio del palacio, la plaza y la comunidad a una sociabilidad restringida que se confunde con la familia y el individuo.

Quedan expuestas, por tanto, ideas generales del estudio de la vida privada y aunque no serán abordadas más de sus especificidades en este trabajo, su relevancia es principal para comprender la evolución de los estudios de lo cotidiano que se verán en el trabajo de Fernando Díaz-Plaja.

 

2.2.3 INDAGANDO EN LA ESTRUCTURA DEL LIBRO LA VIDA COTIDIANA EN LA ESPAÑA DE LA ILUSTRACIÓN

 

En el prólogo al trabajo de Díaz-Plaja se habla de la existencia de dos Españas, divididas a partir del siglo XVIII entre una España moderna, europea, y otro antigua, africana. El principio argumentativo es que el siglo XVIII marca una división en la identidad española, en tanto entroniza en la corte a los Borbones y con ello las formas e ideas provenientes de Francia. Por ello, el siglo XVIII es definido por el autor como el siglo de la razón y la filosofía, ambas formas que dividen a España entre el pueblo que sigue las tradiciones católicas y la aristocracia influida por las ideas de la ilustración que cuestiona al clero y la religión.

Por otra parte, el texto fue publicado en 1997 y cuenta con 13 capítulos en donde se registran diversos hechos, considerando que de la mano “de las opiniones intelectuales entraban también las modas, que alcanzaban a todos los estadios de la vida diaria de los españoles, desde la decoración de la casa a la diversión, pasando por la comida, la forma de enamorar, la de hablar, la de rezar y, sobre todo, la más aparente, la de vestirse”.[13] Los capítulos tienen temas particulares cada uno y el orden en que aparecen es el siguiente: el matrimonio, el desafío y el duelo, la religión, el atavío, Madrid se viste de capital, el hogar, la huida de lo natural: hacia fuera, la huida de lo natural: hacia dentro, la educación-la cultura, el trato social, la enfermedad y su cura, el transporte y la diversión. De esta manera el libro recorre ambientes y pasajes, situaciones y momentos, que marcan esa forma de vida implicada en el período ilustrado en España. A lo largo del libro es posible leer fragmentos de textos de la época, tanto de diarios como El pensador o Juzgado Casero, como de textos literarios de autores como Gaspar Melchor de Jovellanos, Ramón de la Cruz o Nicolás Fernández de Moratín, pero también hay una variedad de imágenes pictóricas que retratan desde la vida cotidiana de los monarcas, como Carlos III o Felipe V, hasta pasajes realizados por Goya sobre la educación o las sanciones a un niño, pasando por imágenes de majas y aristócratas, paisajes de Madrid o de personas tomando el Chocolate. El retrato de la vida cotidiana en su conjunto está delimitado por esta multiplicidad de formas y expresiones de la época que van estableciendo el recuerdo de las conductas individuales y sociales, de las prácticas, del uso del tiempo, de las convenciones y normas, de los mecanismos de esparcimiento, de las actividades y las ideas, por nombrar algunos aspectos.

Son apreciables en las distintas temáticas los elementos que corresponden a lo apuntado previamente de Lefebvre y Heller. La sociedad y los individuos en sus distintas facetas marcan la pauta de temas como el cortejo, la cercanía de la iglesia con la población mediante formas de castigo y ejemplos y normas, el uso de pelucas en las cortes y sus opositores o las costumbres de vestido según las clases sociales, en donde es observado el detalle de los actos de la sociedad española, sus rituales, sus pensamientos y prácticas. Llaman la atención pasajes como el del baño o el del tomar chocolate, así como aquellos referidos a las formas de curación frente a las enfermedades, el uso del tabaco como planta recreativa y la actividad fumadora, hasta los tipos de carruajes y coches y diligencias con la expansión de las vías carreteras por Carlos III. En todos estos ejemplos está fuertemente impregnada la experiencia reconstruida de los momentos que compusieron el día a día en la época ilustrada, mostrando la diversidad social por clases (nobles, clérigos, campesinos, plebeyos, hidalgos, etcétera), las actividades que acompañaban las formas productivas del antiguo régimen español (como las corridas de toros o la comida y los tipos de fondas para comer) y los significados de éstas en su relación con otras naciones europeas y al interior mismo de España. Con este panorama del trabajo es momento de involucrarse directamente con un breve análisis del capítulo elegido sobre la educación y la cultura antes de plantear algunas conclusiones.

 

2.2.4 EDUCACIÓN Y CULTURA EN LA VIDA COTIDIANA DE LA ESPAÑA ILUSTRADA

 

El capítulo revisado sobre educación y cultura plantea diversas cuestiones referentes al terreno de las ideas, de las prácticas, de los usos y costumbres, que prevalecieron en España durante el siglo XVIII. De entrada se observa la importancia que tiene en la época la educación infantil, que debe correr pareja entre la de tipo religioso y la de contenidos y conocimientos como la gramática, el álgebra o la historia y la geografía. Así mismo, hay presentes testimonios que hacen mofa de la educación de la nobleza en tanto clase frívola y superficial, que sabe mucho de cosas insignificantes, como el vestido o el uso de coches, pero sabe poco de ciencias, letras, artes e incluso de religión. Recurriendo a autores del período, como Gaspar Melchor de Jovellanos, José Cadalso o Campomanes, se logra asimilar el terreno que implica la formación de las personas en la sociedad española, dividida en alta y baja, en nobleza y plebeyos. Es interesante ver un fragmento de una Real Cédula emitida por Carlos III en donde menciona que no es motivo de deshonra el ser sastre o zapatero.

Así mismo cobra relevancia el papel que tiene la mujer en el terreno de la crianza, sobre todo a raíz de la moda del uso del biberón en sustitución al pecho materno. Si bien el autor menciona que para ese momento la mayoría de las mujeres españolas daban pecho a sus hijos, existe una controversia por las ventajas que implica el uso del biberón en tanto permite a la mujer deshacerse del fastidioso quehacer nutricio e ir a la comedia, al baile, a conversar o de paseo. También se muestra el papel del género masculino, que funge como guía de las riendas culturales del país y que mediante el uso de la razón ha descubierto una forma de oponerse a la superstición y la ignorancia, con el fin de modificar la mentalidad del pueblo español. Pero esto es cuestionado por el autor, ya que al respecto menciona cómo hay presente una mezcla entre el dogma y las costumbres religiosas y el valor de la razón, manifestándose un conflicto entre las tradiciones antiguas y las de nuevo cuño. Esto plasmará una brecha generacional entre lo viejo y lo joven, lo antiguo y lo moderno o nuevo.

Otro de los testimonios documentales a los que recurre el autor habla claramente de cómo debe iniciarse a los niños en el terreno educativo, bajo el modelo del despotismo ilustrado y la rígida disciplina que ese modelo conlleva. El autor rescata fragmentos que hablan de que el niño de 7 años ya puede hacer uso de la razón y debe iniciarse en la religión. A los 8 años se le debe enseñar a leer y escribir y se aclara el tema del llamado ceceo para que no sean confundidas la s con la c ni con la z. A la edad de 9 años el niño debe aprender aritmética y álgebra, además de los rudimentos de la geometría. Será a los 10 años que se inicie en el estudio de la geografía. Entre los 10 y los 12 se recomendaba que los niños de la España ilustrada aprendieran historia sagrada y profana, al tiempo que se advertía que no debían leer libros caballerescos ni comedias profanas. Finalmente de los 12 a los 14 debían aprender lenguas extranjeras. Con estas pautas, realizadas por un autor anónimo, se buscaba reforzar la oposición al fanatismo y la superstición mediante la razón y el dogma, pero también se observa la importancia y el papel que tiene la pedagogía y la propia idea de infancia y educación para la época. Al respecto se señala que las clases elevadas estaban exentas de una severidad pedagógica vigente. A la nobleza se le tilda de holgazana y frívola como ya se menciono. Sin embargo, para los nobles era posible contratar a un abate para la educación de sus hijos.

En otro campo de ideas, y de forma muy breve, se habla sobre las universidades, mencionándose que el acceso estaba limitado a hijos de familias acomodadas que pudieran pagar sus gastos, su matrícula y su hospedaje. Esto va de la mano con la importancia de la filosofía para la época, entendida como algo mucho más abarcador de lo que se entienda actualmente, ya que en el terreno filosófico cabían la ciencia, las letras, la observación de la sociedad para mejorarla moralmente y culturalmente y también la erudición. Se menciona la sátira realizada por Cadalso en su libro Eruditos a la violeta en donde se burla de la proliferación de los filósofos y de sus prácticas. Pero esta tendencia a la filosofía, era parte de las modas importadas de Francia que predominaban el ambiente, junto con sus libros y publicaciones. Sin embargo, el autor desvela nuevamente la presencia de contradicciones en las prácticas y mentalidad de la época y señala: “Pero quizá lo más curioso de esa época, cuando lo moderno llega velozmente (en veinte años con Carlos III se han dado más pasos adelante en higiene, medicina y transporte que en los cien años anteriores), es que esas innovaciones coinciden y alternan con viejas creencias de bisabuelos”.[14]

Otro elemento importante para la educación ilustrada española fueron las llamadas Sociedades económicas Amigas del País. Se trataba de agrupaciones hasta cierto punto privadas e independientes con interés por las letras, las ciencias y la economía. Se menciona que para 1735 ya estaba fundada la Sociedad Vascongada de Amigos del País y que para 1748 se habían fundado otras en Vizcaya, Navarra y Guipúzcoa. Eran eminentemente organizaciones grupales para fomentar el conocimiento y el desarrollo agrícola e industrial. Estaban compuestas por clérigos, nobles, comerciantes, propietarios y aquellos miembros de la sociedad de consideración pública. En 1775 se fundará la Real Sociedad de Madrid, igualmente con fines educativos. Algo a destacar es la llamada Sociedad de Damas, que fuera la primera asociación civil femenina en España hacia 1784. Otras formas de agrupaciones eran las llamadas Academias, como la del Buen Gusto, de corte francés, o la de Fonda de San Sebastián, más bien de corte italiano.

En el apartado final de este capítulo se observa la relación entre la mujer y la cultura, tomándose por ejemplo la intervención de Jovellanos en la Sociedad Económica de Amigos del País madrileña sobre si deben o no permitir el ingreso de mujeres en ella. Se mencionan dos ejemplos claves, el de Isidora Guzmán y Lacerda, quien alcanzará el Doctorado en Filosofía por la universidad de Alcalá y la condesa de Benavente, como dos figuras femeninas instruidas, ilustradas, inmersas en la vida cultural y en el desarrollo intelectual de ese momento.

A lo largo del capítulo se presentan, también, fragmentos de obras y fuentes, documentos reales y privados, pero también imágenes pictóricas que retratan las formas prácticas de la vida de entonces. En estas imágenes podemos apreciar trabajos de Francisco de Goya o retratos de escritores importantes como el propio Jovellanos o Leandro Fernández de Moratín, Tomás de Iriarte o Antonio Ulloa. Es posible ver ejemplos de los escudos de armas de algunas Sociedades Económicas o paisajes como el del Real Colegio de Guardamarinas de San Fernando. Dentro de las fuentes escritas hay una diversidad de testimonios como periodísticos, del Diario Noticioso, el Pensador o el Diario de Barcelona, en contrapunto con fragmentos de una Real Cédula o el reglamento de un colegio junto con otras fuentes más de carácter literario.

Con esta intervención queda revisado el capítulo en sus contenidos, que posibilitan una inmersión en las formas en las que se vivía la infancia, cómo se educaba o cuáles eran las ideas para hacerlo, los distintos roles educativos según el género o la clase social, pero también la constante de la razón y el llamado afrancesamiento cultural de ese momento.

 

2.2.5 CONCLUSIONES

 

A lo largo de este ensayo de aproximación ha sido posible identificar elementos propios de la corriente historiográfica que aborda la vida cotidiana y privada. Sin lugar a dudas se trata de un enfoque que rompe con un tradicionalismo académico y la idea clásica de los objetos de estudio disciplinares, para ensanchar el campo de observación y análisis bajo una lógica que involucra aspectos derivados no sólo de contextos sociales ampliados sino de conductas, comportamientos, prácticas y actividades, que atañen al terreno de lo que Lefebvre nombra irónicamente lo insignificante de la vida. La revisión efectuada permite valorar el hecho de que los estudios de la vida cotidiana ofrecen aportes desde dimensiones múltiples tanto sociales como políticas y económicas, culturales y simbólicas, con lo que es posible tener un acercamiento a niveles del hacer y del actuar más cercanos a la realización de las fuerzas y mecanismos de una sociedad en su nivel rutinario y ordinario. El ejemplo retomado de Díaz-Plaja es una muestra factible de cómo se puede articular un estudio de la vida cotidiana, qué debe considerarse para hacerlo y cómo puede hacerse tal reconstrucción. Considero como piezas claves los aportes de Heller cuando nombra las formas en las que el hombre vive lo cotidiano, como algo pragmático y efímero, como algo que no es acumulativo y que es cambiante, en lo que puede considerarse una historia de los elementos inmediatos de la experiencia social.

Si bien la revisión no permitió profundizar más a fondo en esta corriente, los resultados expuestos logran mostrar una panorámica en donde se sintetiza a la vida cotidiana como una forma del quehacer humano abierto, diverso y próximo a una contemplación de lo más transitorio en una sociedad dada. El caso de la educación y la cultura ilustrada española nos muestra el empoderamiento y el valor de sujetos históricos que hasta mediados del siglo XX parecían no tener cabida en el estudio de la Historia, como los niños o las mujeres. En este mismo sentido el valor de objetos extraordinarios por su carácter común es relevante ya que abre rutas interpretativas nuevas y capaces de adentrarse en dimensiones complejas, como las costumbres para comer, el uso de materias primas, las formas de diversión, los rituales amorosos (civiles y religiosos), entre otros aspectos.

Dentro de las consideraciones finales cabe mencionar el hecho de que la observación de la vida cotidiana implica una ruptura de la óptica clásica que atribuye sólo a ciertos objetos la capacidad de ser conocidos. No por en balde tanto Lefebvre como Heller recurren a consideraciones del pensamiento de Marx, aunque desde distintos flancos, para consolidar un proyecto académico que fructifiqué en una renovación necesaria. El escenario de la guerra fría y las distintas interpretaciones marxistas, y fruedianas también, de la sociedad aplicadas después de la segunda guerra mundial plantearon cuestionamientos importantes en el proyecto de la modernidad occidental y las expresiones de sus fuerzas y mecanismos sociales, pero también de interpretación de la realidad. En este sentido la dimensión de lo cotidiano abarca tanto aspectos teóricos como prácticos, elementos de distintas disciplinas y conjuga un afán integrador de elementos humanos que hasta su reflexión no habían sido interrogados, simplemente eran vividos, actuados, y por ende, no había una consciencia cabal, retomando a Lefebvre, sobre ellos. Por lo tanto, el estudio de la vida cotidiana plantea, a su vez, un estudio de las formas en las que se materializa la consciencia de una sociedad, sin caer en un estudio de sus formas materiales, pero también en donde quedan registros de sus niveles inconscientes, de sus residuos y recovecos vitales donde se piensa, se siente, se ama, se es humano de manera cotidiana.

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

 

 

Ariès, Phillippe. “Para una historia de la vida privada” en Historia de la vida privada. Tomo 3. TAURUS. Madrid, España. 1987. Pp.7-19.

 

Díaz-Plaja, Fernando. “La educación. La cultura” en La vida cotidiana en la España de la ilustración. EDAF. Madrid, España. 1997. Pp.173-210.

 

Duby, Georges. “Prefacio a la Historia de la vida privada” en Historia de la vida privada. Tomo 1. TAURUS. Madrid, España. 1987. Pp.9-11.

 

Heller, Agnes. “La estructura de la vida cotidiana” en Historia y vida cotidiana”. Grijalbo. Barcelona, España. 1971. Pp.39-69

 

Lefebvre, Henri. “Capítulo 1 Presentación de una investigación y de algunos hallazgos” en La vida cotidiana en el mundo moderno. Alianza. Madrid, España. 1972. Pp.7-88

[1] Díaz-Plaja, Fernando. La vida cotidiana en la España de la ilustración. EDAF. Madrid, España.

1997.

[2] Heller, Agnes. Historia y vida cotidiana. Grijalbo. Barcelona, España. 1971.

[3] Lefebvre, Henri. La vida cotidiana en el mundo moderno. Alianza. Madrid, España. 1972.

[4] Duby, Georges y Phillippe Ariès. Historia de la vida privada. 5 Tomos. TAURUS. Madrid, España. 1987.

[5] Lefebvre, H. op.cit. p. 27

[6] Lefebvre, H. op.cit. p. 29

[7] Lefebvre, H. op.cit. p. 33

[8] Heller, A. op.cit. p. 40

[9] Heller, A. op.cit. p. 57

[10] Heller, A. op.cit. p. 61

[11] Duby, G. “Prefacio a la Historia de la vida privada” en Historia de la vida privada. Tomo 1. TAURUS. Madrid, España. 1987. p.10

[12] Ariès, P. “Para una historia de la vida privada” en Historia de la vida privada. Tomo 3. TAURUS. Madrid, España. 1987.p. 12

[13] Díaz-Plaja, F. Op.cit. p. 14

[14] Díaz-Plaja, F. Op.cit. p.195

 

Ficha historiográfica
Guillermo Díaz-Plaja

 

La vida cotidiana en la España de la ilustración

 

Capítulo 9: La educación. La cultura

Historiografía contemporánea. Historiografía del siglo XX.

Historia de la vida cotidiana y de la vida privada.

Vida cotidiana en España durante el siglo XVIII.

Tema: Educación y cultura en España durante el siglo XVIII, Ilustración española, razón, enseñanzas, instrucción, despotismo ilustrado, vida cotidiana.

Sujetos históricos: niños, mujeres, hombres, nobles, clérigos, filósofos, sociedades económicas amigas del país, monarquía española borbónica,

Móviles históricos: transformación de la mentalidad española mediante el empleo de la razón como medio de combatir el fanatismo y la ignorancia, desarrollo cultural y económico de España, alfabetización y educación del pueblo español, imitación de las ideas francesas, mostrar los elementos de la vida cotidiana en las formas en las que se consideraron la educación y la cultura para la España ilustrada, fanatismo e ignorancia contra razón y educación, contradicciones ideológicas entre las costumbres viejas y las nuevas costumbres, brecha generacional, mejoramiento de las condiciones de vida y disminución de las diferencias sociales entre los de abajo y los de arriba.

Constantes históricas: la educación como proceso de mejoramiento moral, cultural y económico, apoyo en el conocimiento para la mejora de la sociedad, reformulación de la religiosidad a partir de nuevos patrones, prácticas y cánones, la educación como un valor de la modernidad, lo viejo, lo anterior, debe suprimirse y superarse, los niños y las mujeres no tienen el mismo valor social que los hombres,   distinción de clases sociales entre nobleza y pueblo, régimen monárquico español, importación de ideas francesas e italianas, la razón permite tener educación y cultura.

Axiología: racionalismo, ilustración, pedagogía, infancia, desarrollo económico, mejoramiento de la sociedad, fanatismo, superstición, valores religiosos, afrancesamiento cultural, nobleza holgazana, ciencia, letras, observación de la sociedad, aprendizaje, asociaciones, sociedades, unión, conocimiento, desarrollo moral de las personas.

Metodología: empleo de fragmentos documentales de la época, empleo de ilustraciones pictóricas de la época, ejemplificación, observación, análisis, exposición de casos, síntesis, comparación y contraste de casos, exposición de ideas e imaginarios, descripción de la vida cotidiana.

Fuentes: periódicos de la época (Diario Noticioso, El Pensador, Diario de Barcelona, etc.), pinturas de Francisco de Goya, retratos de personajes y escritores (Leandro Fernández de Moratín, Tomás de Iriarte, Gaspar Melchor de Jovellanos), fragmentos de documentos históricos (Real Cédula de Carlos III, Reglamento del Colegio de Pobres de la Universidad de Cervera), empleo de fuentes literarias (Cadalso, Jovellanos, Ramón de la Cruz), emblemas de Sociedades Económicas Amigas del País (de Valladolid y Azcoitia).

 

 

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