2.5 ANÁLISIS HISTORIOGRÁFICO DEL APARTADO “TERCER MOMENTO. LO INDÍGENA MANIFESTADO POR LA ACCIÓN Y EL AMOR” Y “CONCLUSIÓN” DEL LIBRO LOS GRANDES MOMENTOS DEL INDIGENISMO EN MÉXICO DE LUIS VILLORO


Este ensayo formó parte de las actividades de la Experiencia Educativa Historiografía Mexicana del siglo XIX y XX impartida por el catedrática Cesar Augusto Ordónez López.

2.5.1 INTRODUCCIÓN

 

A continuación serán planteadas algunas ideas relativas a la lectura de Luis Villoro y su texto. Primordialmente el intento aquí realizado busca dar una configuración parcial con base en la revisión del último apartado del texto, que corresponde al indigenismo conocido hasta la década de los 50’s del siglo pasado en el contexto nacional. Es importante mencionar que en la nota introductoria a la edición de 1984 del CIESAS, Luis Villoro comenta que la obra no ha sido modificada a raíz de los nuevos aportes al indigenismo en México -como los de Gonzalo Aguirre Beltrán, Ricardo Pozas o Guillermo Bonfil- y que no sería posible realizar tales modificaciones pues alterarían la unidad del trabajo en cuestión, convirtiéndolo así en otro trabajo. Nos parecía importante este aviso especialmente por el hecho significativo de que la visión que rescata Villoro del indigenismo, más histórica y filosófica que antropológica, debe confrontarse, necesariamente, con las posturas indigenistas antropológicas, algunas de las cuales rescata el autor, pero estrictamente las de principios de siglo XX.

A su vez consideramos importante realizar un breve trabajo de investigación complementaria sobre el indigenismo en México durante la primera mitad del siglo XX, para contextualizar las ideas del autor, sin descuidar por ello el postulado necesario de una breve síntesis histórico-biográfica del filósofo mexicano, con la finalidad de acercarnos mayormente a su sistema de ideas y a sus posturas intelectuales, con el fin de explicitar, posteriormente, las ideas ubicadas en el apartado leído, bajo la lógica de que dicho apartado corresponde al momento más actual en la diacronía del trabajo, cuyo esquema analítico y explicativo del indigenismo arranca en el período colonial, atraviesa el siglo XIX y concluye con los intentos indigenistas renovados del XX.

 

2.5.2 PERFIL HISTÓRICO-BIOGRÁFICO

 

El nacimiento de Luis Villoro ocurre en Barcelona, España en 1922, aunque es hijo de padres mexicanos. Realizó sus estudios profesionales en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde también cumplió sus estudios de maestría y se doctoró en Filosofía. Fue discípulo directo de José Gaos y formó parte del grupo Hyperión, junto con Leopoldo Zea, Emilio Uranga, Jorge Portilla y Joaquín Sánchez MacGregor. Ha sido reconocida su labor académica y de investigación con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Historia (1986) y el premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades (1989). En el año 2002 recibió el doctorado honoris causa de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. A partir de 1948 inicia sus labores académicas y en 1978 ingresa al Colegio Nacional. Previamente, en 1974, es miembro fundador de la Universidad Autónoma Metropolitana y desde 1971 investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM. Con este perfil, sus áreas de investigación abarcan historia de las ideas, ideología y poder, teoría del conocimiento y filosofía histórica.

En términos del contexto histórico que acompañará el proceso formativo de Villoro precisa rescatar, al menos, tres elementos que circulan en el ambiente intelectual mexicano de la primera mitad del siglo XX: la transformaciones en el quehacer historiográfico derivadas de la Revolución mexicana, el desarrollo desde 1917 de un interés político hacia los grupos étnicos y su inclusión en el proyecto de integración nacional emanado del triunfo revolucionario y la influencia del historicismo encabezado por José Gaos y los refugiados españoles a partir de 1939.

En términos historiográficos, siguiendo algunos apuntes esbozados por Guillermo Zermeño[1], a partir de la Revolución mexicana se detectan transformaciones importantes en el estudio de la historia. Uno de los más importantes es la creación de una ciencia histórica acorde con los lineamientos rankeanos entre 1910 y 1960 y la constitución de una historiografía científica mediante un proceso de profesionalización de la Historia-ciencia entre 1920 y 1940. En este mismo sentido, la historiografía de la Revolución estará asociada al rescate del pasado para consolidar los nuevos proyectos políticos, identitarios y sociales del futuro, donde la influencia y permanencia del positivismo se expresará en una corriente de empirismo tradicional y otra más de pragmatismo político[2]. La Revolución trae consigo a nuevas generaciones de historiadores y de estudiosos que buscan nuevas respuestas ante los problemas que requieren solución. Así, la nueva escuela promovida por la revolución establecerá la institucionalización de la Historia[3] y redifinirá su quehacer, alcances y problemáticas.

Por otra parte en 1917 el antropólogo mexicano Manuel Gamio estará a cargo de la Dirección de Estudios Arqueológicos y Etnográficos[4], teniendo bajo su responsabilidad un proyecto desarrollado en el valle de Teotihuacan, en donde se ensayan los primeros intentos de un nuevo indigenismo, distinto al del siglo XIX que estuviera marcado por los ideales liberales y etnocéntricos -positivistas o evolucionistas- derivados de la idea lineal de progreso. Frente a esos modelos decimonónicos, Gamio, alumno del antropólogo Franz Boas, ostentará una postura inscrita en la corriente del relativismo histórico, heredera del historicismo alemán. Pero en 1925 José Vasconcelos, Secretario de Educación, desaparece dicha dirección y enfatiza los esfuerzos en el Departamento de educación y cultura para la raza indígena, creado en 1921 y cuya misión principal es la de castellanizar a los indios[5]. Indudablemente el indigenismo cobra relevancia para el proyecto de nación posrevolucionario y para ello recurre a la antropología con el fin de legitimar sus prácticas y sus discursos.

Para 1940 tenemos dos hechos de suma importancia para este análisis: la reciente creación del Colegio de México[6] -dirigido por los españoles refugiados- y la creación del Instituto Indigenista Interamericano[7]. En 1948 será creado el Instituto Nacional Indigenista[8], desde donde se consolidé la acción estatal del indigenismo. Para ese momento, el historicismo como corriente académica se perfila ya, con la historia de las ideas, el subjetivismo y el existencialismo, como una forma de estudiar la cultura mexicana planteando métodos y enfoques derivados de la filosofía que se aplican al relato histórico[9].

Algunas características y aportes del historicismo rescatados por Conrado Hernández López[10] quedan establecidas de las siguiente manera: se pone importancia en la circunstancia y la perspectiva, en tanto sitúan al individuo en su tiempo y su mundo; está presente una relación dialéctica entre ideas y creencias; se plantea el problema de la identidad; y se propone el estudio de la historicidad, bajo el entendido de que existen cambios en la consciencia histórica que ocurren en el terreno de la cultura.

Dentro de este panorama se inscribe también el proceso de profesionalización de la Historia que rescata Zermeño, donde apreciablemente hay un giro notorio: se crean nuevos centros de estudios académicos de historia, se fundan revistas y publicaciones de difusión e intercambio institucional y se consolida, mediante la producción ensayística de corte humanista, la exploración de temas sobre las culturas nacionales, el diagnóstico de las identidades culturales y los problemas contemporáneos en su dimensión histórica[11].

 

2.5.3 ACERCAMIENTO A LOS GRANDES MOMENTOS DEL INDIGENISMO EN MÉXICO

 

La obra, publicada por primera vez en 1950 contiene una temporalidad que atañe a la conceptualización del indio y a las distintas posturas ideológicas sobre él desde 1521 hasta 1950. Parte de la época colonial rescatando ideas de Hernán Cortes y de Bernardino de Sahagún. Realiza, posteriormente, un balance del cambio suscitado en el paradigma indigenista en el México independiente y sus representantes, concretamente Francisco Javier Clavijero, Fray Servando Teresa de Mier y Manuel Orozco y Berra. Finalmente realiza el balance del indigenismo en la primera mitad del siglo XX, constituyéndose este último apartado -titulado “Tercer momento. Lo indígena manifestado por la acción y el amor”- en el objeto de este análisis.

¿Qué rescatar de una lectura parcial y fragmentada? Al tratarse de un ejercicio de analisis historiográfico precisa destacar algunos elementos de importancia capital para el mismo. En este sentido seguimos algunas recomendaciones establecidas por Javier Rico Moreno[12] para el análisis. Rescatamos la idea de que el análisis del texto historiográfico estará constituido por los siguientes elementos: sujeto de la enunciación historiográfica, objeto de la narración, actores, factores históricos, escala temporal, modelo explicativo, configuración del relato, silencios, lector destinatario, intertexto, procedimiento, propósitos, esquema referencial y retórica. Cada uno de estos elementos es difinido por el autor como parte del primer momento analítico. El segundo momento, de crítica, estará compuesto, además, del conocimiento de la tradición historiográfica y de las obras insertas en ella.

Este autor equipara la crítica historiográfica con la crítica literaria y menciona la importancia de ubicar al autor en un horizontes histórico cultural. Esto es lo que hemos tratado de efectuar en el apartado anterior del perfil histórico-biográfico. Dado que nuestro ejercicio es parcial y no exhaustivo, nos concentraremos en establecer el objeto de la narración y en las fuentes, descartando por ahora un análisis más completo.

En esta dirección Villoro inicia mostrando cómo se conceptualiza al indio como un ser que vive al margen de la civilización, sin conocer el progreso ni tener cultura. Ha sido dominado históricamente y es explotado. Rescata, de entrada, las ideas de 4 autores que van a marcar la transición de la mentalidad del siglo XIX al XX. Se trata de Francisco Pimentel, Francisco Bulnes, Andrés Molina Enriquez y Alberto María Carreño. En estos autores el problema indígena, según Villoro, el obstáculo para su incorporación al proyecto nacional, ha sido el partido conservador y los grupos criollos. La explicación encuentra su raíz en la pugna entre lo europeo y la criollo independentista. Frente a este primer momento nacionalista surge el ideal de nación encabeza por el mestizo -entre el indio y sus defectos y el criollo y sus virtudes-, representado por el programa político del partido liberal, que con el surgimiento de la figura de Juárez establece una cima para la burguesía nacional mestiza. La solución para el problema indígena en este contexto es su occidetanlización, que abandone sus costumbres, su lengua y sus tradiciones y logre alcanzar la identidad y progresos que dicha clase, la mestiza, le ofrece en su programa. Pero lo mestizo no es una simple denominación racial sino que también responde a un grupo social, a un proyecto político y económico, proyecto nacional al cual hay que incorporar al indio. Sin embargo, esta incorporación no está definida desde el punto de vista indígena sino desde los principios y valores mestizos. Por ende el indio representa la alteridad, lo Otro: “El indio es lo ajeno al mestizo, el Otro por excelencia. Allá está, separado, hosco, extraño. Su mundo, sus valores, son radicalmente distintos, permanecen hostiles a todo el universo en que vive el mestizo. Lo indígena es lo no mestizo propiamente dicho, la alteridad más radical”[13].

Sin embargo, a estas alturas hay un cambio en la visión del indígena, cambio trascendental que marca nuevos rumbos en el pensamiento indigenista. Lo indígena ya no está anclado a la historia sino que se ha convertido en una entidad presente. Con esto se explica la nueva amplitud de la definición en tanto cuenta con una dmensión sociológica y económica. De esta forma Villoro contrasta el valor que tiene el indígena para Clavijero o Servando Teresa de Mier, donde su rescata su finca en el glorioso e idealizado pasado prehispánico, como una fuente proteíca de identidad y nacionalismo, pero distante, alejado, Otro. En cambio la nueva postura ve en el presente, en el indio actual, una fuente renovada de identidad, por una parte, y un problema que merece ser resuelto. El cambio de mentalidad es notorio y estará encabeza por autores como Manuel Gamio, Miguel Othón de Mendizabal o Antonio Caso: “el indígena es, a la vez, algo propio, que está en nosotros y nos constituye tanto en lo biológico como en lo espiritual. En Gamio esta idea llega a expresarse con honda insistencia. La cultura indígena, que habíamos visto totalmente separada de nosotros, aparece, al propio tiempo, como una raíz indispensable de nuestra propia especificación frente a culturas de otros países”[14].

Esta transformación implica un cambio en el indigenismo que Villoro llama actual, referente a la antinomía entre lo indio y lo civilizado. Si para el siglo XIX y el proyecto liberal el indio debe occidentelizarse o ser exterminado, en el paradigma del siglo XX se busca su incorporación al proyectonacional teniendo en cuenta que deberán prevalecer ciertos aspectos de su tradición y cultura, mientras se introduce en ella la civilización mestiza. Hay por tanto en Villoro un énfasis en mostrar este cambio de mentalidad, como producto de este nuevo indigenismo de origen agrario que, reformulado, implica a su vez la reformulación de la identidad mestiza, del proyecto mestizo de nación emanado de la Revolución mexicana. En este contexto emplea la idea y reflexiones sobre la mexicanidad de Agustín Yañez y Héctor Martínez, destacando igualmente el valor que ofrece, en el terreno del arte y la estética indígena, los aportes realizados por Salvador Toscano y Angel María Garibay.

Por tanto el indigenismo plantea, como objetivo, la incorporación del indígena sin que pierda sus rasgos culturales propios. Es, en todo sentido, una lucha a favor del oprimido y no puede disociarse de una problemática social y económica. De tal suerte, Villoro logra apuntalar un caudal argumentativo consistente: se ha suscitado una reconfiguración de la identidad del mestizo frente al indígena, por lo que ha surgido un mestizo-indigenista que ve en el indio una raigambre original de una parte de su identidad: “ya no hay captación del Yo a través del reconocimiento del Otro, pues aquí el indio ya no es estrictamente el Otro frente a mi sino un constitutivo de mi propio espíritu”[15].

Finalmente queda planteado un cuadro temporal donde se contrastan el devenir de las ideas sobre el indígena, sus conceptualizaciones y los distintos enfoques que han prevalecido para definir la relación con él. En sus conclusiones es posible observar el cuadro sintético de su exposición, reiterando la condición dialéctica existente entre la concepción del indio negado, durante el período colonial, pasando por el indio rescatado en su forma histórica, con Clavijero y Fray Servando pero marginado por la visión liberal, hasta llegar al momento del mestizo-indigenista que lo rescata como factor del presente, como realidad y como entidad que interviene e incide en la composición identitaria.

 

2.5.4 CONCLUSIONES

 

Se ha tratado esbozar en este análisis algunos elementos historiográficos en la obra de Luis Villoro. Consideramos importante destacar el papel que juega el planteamiento filosófico a lo largo de esta lectura, muy acorde con los planteamientos del historicismo que rescatan al subjetivismo y al existencialismo, como formas de conocimiento de la realidad cultural en el tiempo. Si bien no se ha realizado la lectura completa del trabajo de Villoro, es posible considerar dos respuestas a partir de lo expuesto: la primera está relacionada con el surgimiento del indigenismo en el contexto del México posrevolucionario como una tendencia intelectual, académica, práctica y política, que de muchas formas marcó el quehacer institucional tanto de la reflexión como de la acción; la otra hace alusión al hecho de la profesinalización de la historia, siempre que el trabajo de Villoro se inscribe en la lógica de los circuitos académicos de cuño reciente -la primera edición del trabajo fue publicada por El Colegio de México-, dando paso a otros niveles de intercambio intelectual y a propiciar lo que Zermeño detecta como la autonomización de la historia del terreno político.

Notoriamente el análisis aquí expuesto es parcial pero intenta salvar las tres condiciones mencionadas como ejes en el periodo formativo del autor que fueron mencionados anteriormente en el trabajo. Se intentó dar un panorama que permitiera localizar tanto el proceso histórico correspondiente al indigenismo en el siglo XX mexicano, como a los factores culturales que incidieron en la época en la que Los grandes momentos fue publicada.

BIBLIOGRAFÍA:

 

Báez Landa, Mariano. Indigenismo y antropología, México, Universidad Veracruzana, 2011,pp. 13-43

 

Hernández López, Conrado. “Aportes del historicismo para los estudios de historiografía mexicana del siglo XX” en La experiencia historiográfica. VIII Coloquio de Análisis Historiográfico, México, UNAM, 2009, pp. 109-125.

 

Rico Moreno, Javier. “Análisis y crítica en la historiografía” en La experiencia historiográfica. VIII Coloquio de Análisis Historiográfico, México, UNAM, 2009, pp. 199-212

 

Valdés Vega, Carmen Imelda et al, Historiografía general del siglo XX. Cuaderno de posgrado. México, 2008.

 

Villoro, Luis. Los grandes momentos del indigenismo en México. CIESAS, México, 1984.pp.9-35, 173-243

 

Zermeño, Guillermo, La historiografía moderna en México: algunas hipótesis, Revista Takwá, Núm. 8, Otoño 2005, pp. 37-46.

[1] Zermeño, Guillermo, La historiografía moderna en México: algunas hipótesis, Revista Takwá, Núm. 8, Otoño 2005, pp. 37-46.

[2] Valdés Vega, Carmen Imelda et al, Historiografía general del siglo XX. Cuaderno de posgrado. México, 2008.

[3] En esta nueva escuela Zermeño inclueye los siguientes nombres: Antonio Caso, Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Daniel Cosío Villegas, Silvio Zavala y Leopoldo Zea. Zermeño, op.cit.

[4] Véase Báez Landa, Mariano. Indigenismo y antropología, México, Universidad Veracruzana, 2011,p.15.

[5] Báez Landa, op.cit. p. 19

[6] Valdés Vega, Carmen et al. op.cit.

[7] Báez Landa, M. op.cit. p. 25

[8] Báez Landa, M. op.cit.p. 32

[9] Hernández López, Conrado. “Aportes del historicismo para los estudios de historiografía mexicana del siglo XX” en La experiencia historiográfica. VIII Coloquio de Análisis Historiográfico, México, UNAM, 2009, pp. 109-125.

[10] Hernández López, Conrado. op.cit.

[11] Valdez Vega, Carmen Imelda et al. op.cit.

[12] Rico Moreno, Javier. “Análisis y crítica en la historiografía” en La experiencia historiográfica. VIII Coloquio de Análisis Historiográfico, México, UNAM, 2009, pp. 199-212

[13] Villoro, Luis. Los grandes momentos del indigenismo en México. CIESAS, México, 1984. p. 187.

[14] Villoro, Luis. op.cit. p. 196

[15] Villoro, Luis. op.cit. p. 255

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