3.3 REVISAR LA INDEPENDENCIA DE ESTADOS UNIDOS ES REVISAR EL SURGIMIENTO DE LA MODERNIDAD POLÍTICA EN AMÉRICA: UN ENSAYO DE APROXIMACIÓN


Este ensayo es producto de la Experiencia Educativa Modernidad e Historia impartida por el catedrático Rogelio de la Mora Valencia.

3.3.1 INTRODUCCIÓN

 

A lo largo de este ensayo se perfila la entrega de los resultados de un mínimo proceso de búsqueda articulado a partir de tres propuestas historiográficas del siglo XX sobre la independencia de los Estados Unidos, en conjunción con una valoración desde la reflexión político-biográfica del Estado moderno realizada por R.H.S. Crossman. De igual forma, ha resultado preciso acudir a los documentos históricos constitutivos del surgimiento estadounidense como lo son: la Declaración de Independencia, la primera Constitución y la Carta de Derechos. Por lo tanto, el ejercicio que se propone efectúa una doble revisión: de distintas interpretaciones historiográficas sobre un mismo hecho y de las fuentes históricas que acompañan el hecho. Con este proceso se persigue localizar los elementos adscritos a la idea de modernidad del evento histórico independentista norteamericano, tratando de abarcar el proceso que acompaña ese evento, comprendido como fundante de una nueva lógica sociopolítica, la de la modernidad política y nacional, e inscrito, en mayor o menor medida, en lo que se conoce como revoluciones burguesas.

Las lecturas historiográficas, parcialmente efectuadas, permitieron construir un marco de reconstrucción histórica complementario bajo distintos modelos de historiar los hechos. Sin lugar a dudas los autores consultados responden a distintos momentos de la historiografía del siglo XX y también implican interpretaciones complementarias. Pese a esto no se realizará un análisis historiográfico de los autores y sus obras que, repetimos, han sido leídas parcialmente y bajo un enfoque monográfico.

En cuanto a la estructura del texto, parto de un esbozo sobre la colonización europea en Norteamérica, desde el trabajo de Jacques Pirenne, somero y sintetizado. Un segundo momento es marcado por el tratamiento de los elementos políticos, bajo una conjunción que se aproxima a la circunstancia de las trece colonias en el transcurso del siglo XVIII y las relaciones europeas con ellas, con la intención de apuntar aspectos importantes para el tercer momento, el de la Independencia de Estados Unidos y la reflexión y análisis de los documentos históricos consultados. En este apartado son importantes las relaciones establecidas entre la versión de Pirenne, más pedagógica y “universal”, con la versión que ofrece Isaac Asimov y la que es complementada con la de Willi Paul Adams. Como se menciona más arriba, el planteamiento articulador encuentra un sustento en el trabajo de Crossman, cuyo intento de filiación biográfica del Estado moderno implica un causalidad corroborada en los otros trabajos, en tanto la Revolución de Inglaterra de 1688 marca un punto político importante, ideológico y pragmático, de la revolución independentista de los Estados Unidos. Al vislumbrar algunas conclusiones intentaré vincular lo expuesto hasta aquí con las implicaciones de la modernidad incipiente y su configuración americana, no sólo en términos políticos sino también culturales. Aunque ambiciosa, esta tarea buscará ofrecer una visión integradora del estudio emprendido.

 

3.3.2 LA COLONIZACIÓN DE AMÉRICA DEL NORTE, UN ESBOZO

 

El proceso de colonización europea en América del Norte es una compleja trama que arranca desigualmente con respecto a las incursiones portuguesas y españolas en el continente americano. La configuración de dicho proceso implica, en su complejidad, la urdimbre de relaciones políticas del contexto europeo, el impulso por la expansión territorial de los centros coloniales bajo una lógica de dominación y competencia marítima, mercantil y económica, desde la impronta de alcanzar la hegemonía en el viejo continente. El ingreso en escena de las primeras colonias inglesas en el continente americano es tardío y se combina con las incursiones francesas, holandesas y suecas. Si bien para 1578 ya había presentes alrededor de 4000 colonos ingleses en Virginia será hasta 1620, con la llegada a Plymouth de la embarcación Maryflower de un grupo de puritanos, que se dé por arrancada la colonización inglesa en la costa atlántica de Norte América. Para 1628 grupos aristocráticos burgueses fundan Boston en Massachusetts, Connecticut será fundada en 1638 y New Haven en 1639, las dos últimas como estados ingleses. Dos motivaciones primordiales se encuentran en los colonos ingleses que cruzan el Atlántico: el deseo de obtener riquezas y la libertad religiosa. Como comenta Crossman:

 

la creación de una Iglesia nacional, que no era ni romana ni protestante sino iglesia, permitía que la lucha por la tolerancia religiosa se encontrara libre de las consideraciones diplomáticas que la influyeron en Francia y Alemania, permitiendo que se convirtiera, aun para los súbditos leales, en la lucha genuina para conquistar la libertad de adorar a Dios según las personales convicciones de cada cual. A este hecho se debe que el liberalismo británico y la democracia norteamericana presenten tan peculiares características (Crossman:1974:62)

 

En 1648 con la Revolución parlamentaria en Inglaterra, encabezada por Oliver Cromwell, se suscita una persecución religiosa que impele a grupos de puritanos a emprender el viaje a las colonias de ultramar. Para ese momento también habían sido fundadas las colonias de Rhode Island y Maryland, esta última colonia católica. De esa forma, siguiendo a Pirenne y como apunté anteriormente, hay una doble tendencia de la población inglesa, una mercantil y otra mística, religiosa. Pero la persecución religiosa es llevada también a las colonias, donde se persigue a los católicos, se anulan sus derechos de decisión sobre la vida comunitaria y se imponen los dogmas de la religión oficial de la República, es decir la anglicana. La aclaración que realiza Asimov sobre el origen del adjetivo puritanos, es iluminador en tanto refleja las posturas radicalmente opuestas en términos religiosos, ya que los puritanos querían purificar el rito anglicano de los elementos católicos que aún prevalecían en él.

Por otra parte y previamente, hacia 1618, navegantes holandeses establecieron la colonia de Nueva Bélgica y fundaron Nueva Ámsterdam. Entre tanto, la Guerra de los treinta años posicionó a Suecia como potencia naval y funda Delaware como una colonia suya. Se presentan hostilidades entre Holanda y Suecia y Delaware es invadida por holandeses en 1655. Para este momento la hegemonía marítima le corresponderá a Holanda, que sustituye a España. Así en 1634 Holanda se apodera de Brasil e impone sus reglas mercantiles.

Volviendo a asuntos ingleses en 1660 se suscita la restauración monárquica y sube al trono de Inglaterra Carlos II de Estuardo, implementando un cambio en la política colonial inglesa basado en los siguientes aspectos: una vuelta a la libertad religiosa para todas las sectas protestantes, el fin de la persecución de católicos y una nueva tendencia en la expansión de ultramar que el nuevo soberano desea dirigir. En este punto Pirenne menciona el matrimonio colonial entre Carlos II y Catalina de Breganza, el cual permite la apertura, mediante el comercio holandés, de las costas de Brasil para el comercio inglés. Hay hacia 1664 un apoderamiento militar de Nueva Ámsterdam por los ingleses, cambiando su nombre a Nueva York, cuya organización será municipal y estará a cargo del Duque de York, hermano del Rey. Con esto inicia la supremacía naval inglesa.

Para este momento también Francia ha incursionado en el territorio norteamericano y cuenta con presencia en Nueva Francia (Canadá) y en la ribera del río Mississippi en Luisiana. Llegan a las colonias, además, hugonotes franceses, expulsados por Luis XIV, y protestantes alemanes. Los españoles se extienden por Florida y la zona de Nuevo México y Texas, distantes por completo de las colonias inglesas, que se encuentran prácticamente rodeadas por los territorios franceses.

En 1685 Jacobo II sube al trono inglés y mantiene una orientación despótica, prolongación de la de su padre. Pero también el factor de que sea un monarca escoces crea nuevamente un ambiente de tensión y en 1688 se suscita una nueva revolución parlamentaria en Inglaterra, Jacobo II es destituido y la casa de los Estuardo derrocada, mientras que en las colonias hay motines en Boston.

En otros aspectos, la fundación de Carolina durante el reinado de Carlos II estipulará rasgos distintivos importantes en torno a una división de las colonias inglesas entre las del norte y las del sur. En ese sentido, Carolina inicia sus primeros pasos coloniales intentando implementar un modelo productivo feudal, donde hay presentes grandes terratenientes y aristócratas y se recurre al empleo de mano de obra esclava, especialmente de origen africano y nativo. Así, el esclavismo delimitará las variantes entre colonias del norte y colonias del sur, de donde se sigue que las primeras estarán basadas en la navegación y la naciente industria, con algunos límites normativos impuestos desde el parlamento inglés, mientras que las segundas corresponden a un sistema productivo eminentemente agrícola, con colonos protegidos por Londres y licencias para exportar sus productos. Como apunta Adams, en la región norte quedarán constituidos, entrado el siglo XVIII, cinco centros urbanos, comerciales, culturales y de poder político en las ciudades de Filadelfia, Nueva York, Boston, Charleston y Newport, aunque en el siglo XVII serán apenas centros en gestación. En contra parte, volviendo a Pirenne, las colonias del sur como Maryland, Virginia y las dos Carolinas, del norte y del sur, mantendrán vastos dominios esclavistas, una producción agrícola basada en el arroz, el tabaco y el añil, mientras que sus colonos pertenecerán a la aristocracia, serán hacendados y sus hijos estudiarán en Inglaterra. Por lo tanto, sus modos y formas de vida serán a imitación de la metrópoli.

La subida al trono de Guillermo III de Orange en 1689 implica dos situaciones: una serie de conflictos armados en las colonias entre franceses e ingleses, finalizadas con el tratado de Ryswick de 1697, y la introducción en América de una autoridad que favorece al partido Whig para mantener sus privilegios mercantiles y comerciales frente a las crecientes colonias.

Con la muerte de Carlos II de España en 1700, el ambiente político europeo entra en efervescencia y bajo la impostura de Felipe como nuevo monarca español, éste nieto de Luis XIV y perteneciente a la familia Borbón, será desatada una nueva conflagración entre las potencias europeas en la Guerra de sucesión española. Las rivalidades entre Francia e Inglaterra se acentuarán y serán traducidas en una nueva disputa bélica en territorio americano, protagonizada por franceses e indios y los colonos británicos, el episodio llamado por Asimov guerra de la reina Ana, que va de 1702 a 1713. Ingresamos de lleno al siglo XVIII y su complexión formativa.

 

3.3.3 LAS TRECE COLONIAS EN EL SIGLO DE LAS LUCES

 

El tratado de Utrecht de 1713 da por concluida la Guerra de sucesión española y plantea beneficios que impactan directamente en el comercio colonial pues las colonias españolas se abren al comercio británico. En un sentido político para 1715 las colonias inglesas de Norteamérica se reducían a provincias reales, sujetas a la autoridad de un gobernador y un consejo nombrado por el Rey, pero conservaban sus asambleas de propietarios y hombres notables. Es trascendente el hecho de que en 1707 se firma la llamad Acta de Unión, documento que acuerda la formación del Reino Unido de Gran Bretaña por Escocia e Inglaterra. Para 1714 sube al trono Jorge I, quien estaba más estrechamente vinculado con Hannover y a partir de este momento el poder político del gobierno en Gran Bretaña recaerá en el primer ministro.

Los autores revisados coinciden en el factor demográfico de las colonias inglesas americanas como un factor decisivo que planteo una realidad crucial. Entre 1715 y 1755 los habitantes oscilaran entre 450,000 y 1,500,00 representando la cuarta parte de la población total del imperio británico. Esta población estaba prioritariamente constituida por una clase media burguesa, pero en cuanto a la estructura de clase Adams enfatiza la presencia de tres tipos: la clase alta, llamada the better sort, la clase media, llamada the midding sort, y la clase baja, llamada the meaner sort. Pese a las distinciones económicas de estos sectores de la población mantenían entre sí ideales compartidos: laboriosidad, deseo de propiedad, esperanza de crecimiento económico ilimitado, independencia y mejora de las condiciones sociales. Como menciona Crossman “La jerarquía descendía de los comerciantes más poderosos y de las grandes familias terratenientes, pasando por los pequeños labradores, los artesanos y los mecánicos hasta la gran masa de los indentured servants[1] y esclavos”.[2] Sin duda, como se mencionó en el apartado anterior, la diferencia estriba en que Europa es concebida bajo un sentido de límite que no aparece en las colonias.

En 1732 se funda la colonia de Georgia, en honor al rey Jorge II, y con ello concluye el proceso de constitución de las trece colonias, que para 1733 serán: New Hampshire, Massachusetts, Rhode Island, Connecticut, Nueva York, Nueva Jersey, Pensilvania, Delaware, Maryland, Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia.

Por otra parte, tanto Pirenne como Asimov destacan la importancia y el valor que tiene la formación de centros universitarios a finales del siglo XVII y principios del XVIII, destacando Cambridge en Massachusetts, Yale en New Haven, Kings Collage y Princeton en Nueva York y la Academia de Filadelfia fundada den 1755. Con esto las colonias se incorporan al movimiento científico europeo. El ejemplo más notable es el de Benjamín Franklin, científico, periodista, impresor y diplomático hacia 1751. En este sentido, también la importancia del puritanismo cobra relevancia en tanto permite incidir en la educación y constituir una opinión pública definida e identificada con los valores coloniales. Si bien los autores destacan la falta de una identidad unitaria en las colonias, las restricciones económicas de la corona, como la ley del timbre de 1765 y la prohibición comercial a la importación de azúcar en 1733 o la del trabajo del hierro en 1750, las guerras contra los franceses de Nueva Francia y de Luisiana, así como la falta de una nobleza que se identificara con Inglaterra, permitieron fraguar gradualmente un sentimiento de unidad que se consolida en el primer Congreso Continental de Filadelfia en 1774, preámbulo de la Declaración de Independencia y antecedente directo de la organización política y civil de los Estados Unidos de América en ciernes.

Sin embargo, hay otros elementos que necesitan mencionarse antes de pasar al eje vertebrador de este ensayo. Primero que nada enfatizar que las luchas británicas contra los franceses terminarán estableciendo la lucha contra Canadá hacia 1750. Esta lucha plantea una diferencia importante al interior de la actividad militar de las colonias, sobre todo con la llegada de casacas rojas y oficiales militares ingleses que desconocen tanto el terreno como las formas de conducirse marcialmente en él, pero también mantienen un desconocimiento de los méritos de colonos que participan en sus filas y que no pueden obtener reconocimiento de la corona, como es el caso de George Washington. Será hasta 1760 con la caída de Quebec que Nueva Francia y los territorios franceses del norte sean sometidos por Inglaterra. El resultado será la firma del Tratado de París en 1763 donde Francia cede Canadá y la ribera izquierda del Mississippi a Inglaterra. Pero estas guerras contra las colonias francesas serán vistas como guerras de la corona británica, desde arriba, no como propias a los intereses de los colonos ingleses.

Po otra parte, las restricciones económicas impondrán una actividad de contrabando fuerte, en donde las colonias del norte serán las más activas debido a su experiencia marítima y comercial y a la mejora de la industria constructora naval. En el mismo contexto los motines de Boston de 1770, iniciados por el impuesto sobre el té y suscitando una batalla abierta entre colonos, pobladores y casacas rojas, será la síntesis violenta en respuesta a las restricciones comerciales y al gobierno despótico monárquico que no considera los intereses de sus colonias. Y en este punto es crucial contrastar el hecho de que las asambleas de colonos fueron organizadas por la actividad de Samuel Adams hacia 1772, quien dirige la organización de comités en todas las colonias para ingerir en la opinión pública, recurriendo al uso de noticias, cartas de lectores y panfletos.

Así mismo, relevante es hacer mención de la confusa relación entre los grupos nativos de indios americanos en el contexto de las rivalidades de los colonos europeos. En ocasiones los indios fungen como exploradores y guías del adversario, inglés o francés, atacan poblaciones, pactan con unos y con otros, pero siempre mantienen un papel activo en las luchas. Sin embargo, es decisivo considerar la existencia de un odio contumaz hacia los colonos ingleses por parte de los nativos, una rivalidad absoluta y completa que define el curso de las hostilidades futuras entre estos grupos étnicos, rivalidad esta que aparece enmarcada, además, en los documentos que se analizarán en el siguiente apartado, pero precisamente por esto, es decir por su presencia, define una característica política y civil en las relaciones entre los “blancos” y los “indios”.

 

3.3.4 LA INDEPENDENCIA DE ESTADOS UNIDOS Y SUS DOCUMENTOS

 

Dentro de la exposición elaborada hasta aquí hay perfilados ya una serie de aspectos que determinan el impulso emancipador de las trece colonias: si bien las restricciones económicas fueron un catalizador de las revueltas, en términos políticos, y durante el transcurso del periodo colonial inglés en sus territorios, las colonias transitaron por mayores o menores momentos de cierta “indepedencia” con respecto a las direcciones y formas de organización política. Será con la llegada al trono de Guillermo III de Orange que se realicen ajustes políticos más ceñidos a la corona, llegaran gobernadores ingleses impuestos desde el parlamento y con el pretexto de los conflictos contra los colonos franceses también arriban tropas del ejército británico, medidas que con el régimen de Jorge III serán agudizadas ampliamente en detrimento de los intereses de los colonos.

La guerra de Independencia, siguiendo a Adams, abarca las revueltas contra la corona británica iniciadas entre 1774 y 1775, concluidas con los Acuerdos de París de 1783 donde Inglaterra reconoce la Independencia de sus colonias. En ese sentido, el período armado abarca hasta 1781, aparejado con el surgimiento y fundación del Estado norteamericano.

Por otra parte, la compleja trama política europea será determinante ya que en 1774 Luis XVI, retomando a Pirenne, muestra su simpatía hacia los deseos independentistas de las colonias y apoya su autonomía. El antecedente directo y que organiza y vertebra la Independencia es el Congreso Continental de Filadelfia, mencionado con anterioridad, donde se establecen, entre otras acciones, un boicot económico a las mercancías inglesas y se sostiene que la corona, mediante su poder político, amenaza la vida, la libertad y la propiedad en América. Para 1775, bajo el ambiente que proporciona un triunfo de colonos sobre el ejército británico en Boston, se celebra el Segundo Congreso Continental en Filadelfia con la presencia de 12 colonias. Queda declarada la existencia de un ejército continental cuyo comandante en jefe es George Washington. Ese mismo año el rey Jorge III declara a sus colonias en estado de rebelión y la guerra entre americanos e ingleses comienza.

Ante estos hechos los colonos mandan a Francia a Benjamin Franklin para que realicé misiones diplomáticas con el gobierno francés. Franklin efectúa una alianza con Charles Gravier de Vergennes, ministro en el reinado de Luis XVI. Mientras realiza tales gestiones ha sido redactada la Declaración de Independencia, proclamada el 4 de julio de 1776, independencia que Francia defenderá y garantizará con un respaldo económico para la guerra en las colonias y con dos tratados firmados en 1778: uno de amistad y comercio, estableciendo paz perpetua entre las naciones, libertad de navegación y apertura de los puertos americanos franceses de las Antillas al comercio con la nueva nación; y otro de alianza defensiva que garantiza la independencia de los Estados Unidos.

Cabe mencionar que la Guerra de los siete años, bajo el momento de transición monárquica del sacro imperio austro-húngaro y concluida en 1748, acrecentó agudamente las rivalidades entre Francia e Inglaterra, por lo que la actitud del primero para el momento de la independencia consistía en emprender acciones bélicas contra el segundo, buscando el apoyo de España, que no respaldaba la independencia norteamericana pero que había perdido Menorca, Florida y Gibraltar con los ingleses. Inglaterra, bajo un esquema de imperialismo marítimo que amenazaba distintos intereses económicos, era la potencia y enemigo común.

En 1780 Francia apoya el movimiento armado de Estados Unidos con 6000 hombres al mando del Conde de Rochambeau, mientras un ejército franco-español ponía sitio en Gibraltar a las fuerzas británicas. Francia se vuelve el principal prestamista de Estados unidos, que no tendrá bancos sino hasta 1791, con contribuciones que Pirenne redondea en 12 millones de libras. También reciben apoyo económico de Holanda. Pero el apoyo no fue sólo monetario, sino también humano: llegan generales de Francia como el marqués de Lafayette o de Alemania como Johan von Kalb y Friedrich von Steden, siguiendo la lectura de Adams. En 1782 la Cámara de los Comunes del parlamento inglés solicita al rey en turno, iniciar las negociaciones de paz con las colonias. El resultado será el reconocimiento de la independencia de sus colonias.

Si bien estos fueron los primeros pasos independientes, entre 1776 y 1787 Estados Unidos atraviesa por un periodo crítico, donde se fraguan dos documentos importantes, además de la Declaración de Independencia: los Artículos de la Confederación de 1781 y la Constitución de los Estados Unidos de 1787. Para realizar una análisis a vuelo de pájaro de estos documentos, con la intención de conectarlos con la idea de la modernidad política, es importante retomar las notas obtenidas de la lectura de Crossman sobre el Estado moderno. Así mismo, será con las enmiendas efectuadas a la Constitución en 1791, la llamada Carta de Derechos, que finalmente el periodo de turbulencia política y de organización nacional encuentre apoyos sólidos en los documentos mencionados.

Crossman reconoce en la Constitución de los Estados Unidos ideas del derecho natural que han sido tomadas del pensamiento de John Locke. Concretamente conecta la Revolución inglesa (1688) con la Independencia Norteamericana, como dos fenómenos que se articulan mediante ideas desarrolladas por Locke en su Ensayo sobre el gobierno civil (1690). Locke funge como canciller inglés, participa activamente en negocios y política, estudia a los hombres en las salas parlamentarias, por lo que merece el adjetivo de hombre de negocios atareado que escribe incidentalmente. Así mismo, tiene una formación universitaria y su central interés es resolver practica e inmediatamente los asuntos que estudia. Es un hombre de acción, empirista, creyente de las ciencias experimentales, no de las truculentas trampas de la razón y sus abstracciones –en contraste con Thomas Hobbes. Por ello, Locke se constituye en el profeta de la iniciativa individual y de la libertad del contrato.

El punto de partida de Locke es el contrato de los propietarios, con el fin de establecer un gobierno en tanto convenio fundamental de los hombres. Divide la estructura del poder entre la legislatura y el ejecutivo, advierte que el modelo monárquico es despótico, y encuentra fundamentos para hablar de “una nación de propietarios libres dedicados a acumular y a disfrutar libremente su riqueza” (Crossman:1974:86). El gobierno para Locke debe ser constitucional y basarse en la mayoría, debe defender los derechos naturales inherentes de los hombres, de lo cual se sigue que su punto de partida es el de una nación unida por un interés común. El Estado funge como regulador del contrato social establecido entre los hombres siempre que “El Gobierno Civil se basa en la presunción de que los ciudadanos del Estado eran propietarios que consienten libremente ser gobernados porque reconocen su utilidad en la medida en que esta utilidad sea efectiva” (Crossman:1974:87). Y desde este marco explicativo la lectura de los documentos de la independencia norteamericana arroja luces considerables.

En la Declaración de Independencia se habla de “Laws of nature” para referirse al acto de separación y ruptura de los vínculos políticos de un pueblo con respecto a otro y sus justificaciones. El hombre tiene derechos inalienables concedidos por Dios, que son la libertad, la vida y perseguir la felicidad. De esto se sigue que los gobiernos se instauran para asegurar tales derechos y se advierte que “whenever any Form of Government becomes destructive of these ends, it is the Right of the People to alter or to abolish it, and to institute new Government, laying its foundation on such principles and organizing its powers in such form, as to them shall seem most likely to effect their Safety and Happiness”.[3] En este aspecto también Adams reconoce el derecho natural racional en la Declaración bajo los siguientes recursos empleados por Jefferson: la posibilidad libre de desarrollo del individuo para establecer la forma de gobierno y la legitimación del poder político, el cual queda subordinado al poder civil del congreso.

A partir de este momento el tema central será la estructura de poder y en cada colonia de las trece se instaurará el empleo de constituciones, discutiéndose la necesidad de una única para todas. El resultado son los Artículos de la Confederación, establecidos en 1781. En ellos el poder queda dividido en ejecutivo, legislativo y judicial, además de que se define a la confederación con el nombre de Estados Unidos de América. Estos estados, se menciona en el artículo tercero, son una “league of friendship with each other, for their common defence, the security of their liberties, and their mutual and general welfare”[4] garantizando su cooperación y asistencia. Ya en este documento aparece el Congreso de los Estados Unidos como figura legal y estructura política que se deriva de las tradiciones asambleístas de las colonias y de los distintos Congresos continentales previos y posteriores a la independencia. Será la Constitución de 1787 la que finalmente establezca la definición política de los Estados Unidos, transitando de una forma confederada a una forma federalista, con un poder legislativo en el Congreso, dividido en el Senado y una Cámara de Representantes, un poder ejecutivo conformado por el presidente y un vicepresidente, y el poder judicial en la Suprema Corte. En este documento se definen con claridad los papales de cada entidad, las formas operativas de sus órganos, su morfología y las formas en las que se componen, los mecanismos de elección de sus miembros, los atributos que tiene cada una, entre otros aspectos. Al respecto es interesante un detalle de la sección 8 del artículo primero de la Constitución sobre los poderes del congreso: define que tendrá poder para promover el progreso de la ciencia y las artes útiles asegurando por tiempo limitado, para autores e inventores, los derechos exclusivos sobre sus escritos y descubrimientos. En esta Constitución se presentan 7 artículos, a diferencia de los Artículos de la Confederación que son 13.

En las enmiendas de 1791, la llamada Carta de Derechos, van a redondearse los esfuerzos legislativos emprendidos hasta entonces. En mismo año George Washington firma el acta para la creación del banco de los Estados Unidos. Si bien las enmiendas enfatizan aspectos particulares, es controvertido leer la número trece en donde se menciona que “ni la esclavitud ni la servidumbre, excepto como un castigo por un crimen, deberá existir en los Estados Unidos o en cualquier lugar sujeto a su jurisdicción”.[5]

 

3.3.5 CONCLUSIONES

 

¿Cómo se conecta la Independencia de los Estados Unidos con la modernidad? ¿Cuáles serán los atributos propios de la modernidad política? ¿Qué significa la revisión hasta aquí emprendida? ¿Qué entiendo por modernidad? ¿Desde dónde establezco el nexo entre una cosa y la otra?

Antes que nada tengo claro que la revisión documental historiográfica adolece del aspecto de actualidad, pero gana en tanto permite revisar ideas del siglo XX sobre la Independencia Norteamericana. Considero este hecho importante frente a la distinción prevaleciente en cuanto a la calidad de las fuentes, cuando internet ha producido una proliferación de información que difícilmente puede discernirse sin un criterio previamente establecido. Sin duda mantengo clara la consciencia de que debe haber propuestas historiográficas más frescas a las consultadas en este intento. Pero la localización del sitio en Internet del National Archives and Records Administration fue crucial para este ejercicio y partió de la lectura de los historiadores consultados. En esa medida la combinación documental fue exitosa y logró demostrarme la importancia de los hechos históricos y la dificultad para efectuar una interpretación sobre ellos. En este sentido una de mis conclusiones apunta al hecho de que la construcción de los juicios interpretativos sobre un hecho histórico se mantienen o cambian en función del respaldo documental, mientras que la lectura historiográfica y su análisis perfilan la construcción de otro tipo de juicios, y que debe elegirse entre ellos privilegiando uno por encima de otro, complementándose en ocasiones, contradiciéndose en otras. El trabajo de síntesis y de selección de información, en pocas palabras la construcción de un criterio, también se nutre de un ejercicio dialéctico y de discriminación documental.

En cuanto a los nexos entre la modernidad política y el tema principal me quedo con la idea de que la modernidad, definida como una consciencia y actitud ascendente, lineal, basada en la ciencia y el progreso, inscrita en el capitalismo y su desarrollo, mantiene una ligazón firme con la idea de nación moderna. En términos políticos la modernidad implica la ruptura, en la teoría y la práctica, con las formas monárquicas y los preceptos de una sociedad estamental, rígida, monolítica, estratificada de manera inmóvil. No es gratuito, que en la Declaración se hable de las colonias como “Estados libres”, como “naciones independientes” que se liberan políticamente de su relación con Gran Bretaña y disuelven su vínculo con este último Estado. Los móviles de tal Declaración hablan del despotismo, del maltrato, los abusos en los impuestos y las guerras impuestas desde la corona, entre otras razones agresoras por parte de la metrópoli. Enemies in War, in Peace Friends sintetiza un ideal nacionalista, patriótico, identificado con una entidad nacional en proceso de construcción, como se trató de demostrar, pero que sacude las creencias, las prácticas, los actos de su contemporaneidad. No será gratuito que la Independencia de Estados Unidos incida en la Revolución francesa de 1789 y subsecuentemente, en ambos casos, en las independencias de todo el continente americano. Inclusive el hecho de la disputa entre los primeros federalistas y los primeros republicanos, posteriores a 1791 y hasta 1815, marca también un aspecto de la modernidad política que apunta hacia la democracia como sistema de gobierno eficaz y representante de los nuevos aires nacionales. Cabría preguntarse, casi dos siglos y medio después de estos eventos, si como mencionara Francis Fukuyama en El fin de la historia la democracia es la forma más avanzada y elevada de la civilización occidental y si sus frutos son esa promesa de bienestar, felicidad y libertad preconizados desde sus orígenes y hasta nuestros días.

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

 

Adams, Willi Paul. «1. Revolución y fundación del Estado nacional, 1763-1815.» Los Estados Unidos de América. Trads. Máximo Gálvez y Pedro Cajal. 2ª edición. Vol. 30. D.F.: Siglo XXI, 1979. pp.12-61.

 

Asimov, Isaac. La formación de América del Norte. Trad. Néstor A. Miguez. D.F.: Alianza, 1983. pp.161-261.

 

Crossman, R.H.S. «III. La revolución inglesa.» Biografía del Estado moderno. Trad. J.A. Fernández de Castro. 3ª edición 1974. D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1941. pp. 55-93.

 

Jefferson, Thomas. «The declaration of independence.» The Great Conversation. American State Papers. Vol. 43. Chicago: Enciclopaedia Britanica, 1952. pp. 1-3.

 

National Archives and Records Administration. Charters of Freedom – The Declaration of Independence, The Constitution, The Bill of Rights. NARA. 26 de Junio de 2013 <http://www.archives.gov/exhibits/charters/&gt;.

 

Pirenne, Jacques. Historia Universal. Las grandes corrientes de la Historia. Trads. Julio Olivan López, José Plá y Manuel Tamayo. Decimosegunda edición. Vol. IV. D.F.: Cumbre, 1976. pp. 128-138, 453-469.

 

Washington, George. «Articles of confederation.» The Great Conversation. American State Papers. Vol. 43. Chicago: Enciclopaedia Britanica, 1952. pp. 5-9.

 

Washington, George. «The Constitution of the United States of America.» The Great Conversation. American Satate Papers. Vol. 43. Chicago: Enciclopaedia Britanica, 19

 

  1. pp. 11-21.

[1] En español, sirvientes escriturados. Estos sirvientes escriturados eran caballeros que escapaban de sus acreedores en Inglaterra, eran especuladores en busca de riqueza, católicos o puritanos que llegaban a las colonias a realizar trabajo forzado.

[2] Crossman, R.H.S. «IV. La revolución norteamericana>>. Biografía del Estado moderno. Trad. J.A. Fernández de Castro. 3ª edición 1974. D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1941.p 103

 

[3] The Declaration of Independence: A Transcription consultada el 2 de julio en: http://www.archives.gov/exhibits/charters/declaration_transcript.html

[4] Washington, George. «Articles of confederation.» The Great Conversation. American State Papers. Vol. 43. Chicago: Enciclopaedia Britanica, 1952. P. 5.

[5] Washington, George. «The Constitution of the United States of America.» The Great Conversation. American State Papers. Vol. 43. Chicago: Enciclopaedia Britanica, 1952. p.18 La traducción es mía.

 

 

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