1.1 LA MEMORIA Y EL IMAGINARIO DE LA ANTIGÜEDAD: UN ESBOZO ANALÍTICO DE LOS ORÍGENES DE LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA. APUNTES PARA UN ANÁLISIS HISTORIOGRÁFICO DE LOS NUEVE LIBROS DE LA HISTORIA


Este ensayo fue presentado en la Experiencia Educativa Historiografía grecolatina y medieval impartida por la catedrática María del Rosario Juan Mendoza

 

1.1.1 INTRODUCCIÓN

 

He decidido realizar mi trabajo final de la experiencia educativa sobre la obra de Heródoto Los nueve libros de la Historia. Dentro de las motivaciones que me hacen tomar esta decisión se encuentra el hecho de considerarse a Heródoto el padre de la historia, entendida, como comenta Josefina Zoraida Vázquez, como investigación. Así mismo considero crucial para mi formación el poder tener conocimiento del origen, del inicio, del estudio de la historia como parte del conocimiento humano, del conocimiento sistematizado y alcanzado por ciertos pensadores de la sociedad griega que fungen, de igual forma, como legados y pilares de un cúmulo de disciplinas. Entiendo que el análisis en cuestión deberá abarcar distintas líneas que orienten un ejercicio de interpretación, crítica y cuestionamiento, con el objeto de ofrecer un trabajo final de investigación mediana. Así mismo, no me cabe duda que con el paso del tiempo se van reinterpretando y reformulando los juicios y argumentos de valor que sustentan una obra, también en función de tendencias, escuelas, ópticas e idearios generacionales, por lo que el ejercicio sobre Los nueve libros de la Historia permite tener un acercamiento directo tanto a la primera obra de carácter e intención histórica, así como a la compleja trama del pensamiento griego de la antigüedad clásica.

El procedimiento que se empleará con fines expositivos será partir de un apunte biográfico del primer historiador griego para, en un segundo momento, complementar dicho perfil con algunos elementos característicos de la época en la que se inscribe la vida del autor. De esta forma se busca consolidar una visión de conjunto que permita sopesar al autor dentro de su momento y espacio históricos. Un tercer apunte estará constituido por la revisión crítica de algunos autores que permiten un acercamiento a la discusión del trabajo por analizar. La búsqueda que se realizó permitió crear una multiplicidad de puntos de vista enmarcados principalmente en las reflexiones inscritas en la segunda mitad del siglo XX, oscilando los autores de latitudes geográficas y académicas, con lo que se muestran argumentos versátiles entre sí, pero también otros constantes en torno a la reflexión que nos aboca. En un cuarto momento se realizará el esbozo analítico de la obra de Heródoto, con el fin de apuntar, de manera última mas no concluyente, lineamientos y observaciones de la obra en tanto elementos historiográficos de la misma. A raíz de estos esfuerzos se perfilarán conclusiones enmarcadas en tres ámbitos: el ámbito de la experiencia educativa, el ámbito del imaginario y la memoria de la antigüedad y el ámbito de la experiencia de investigación efectuada.

 

1.1.2 EL ASPECTO BIOGRÁFICO: HERÓDOTO EN PERSPECTIVA

 

Dentro de las coordenadas espacio-temporales en las que se enmarca la vida y obra de nuestro autor se encuentra el álgido momento que transita Grecia en el esplendoroso siglo V a.c., el llamado siglo de Pericles. Su año de nacimiento, si bien los autores consultados difieren en el dato, puede situarse en el 484-485 a.c. Heródoto nació en la ciudad de Halicarnaso, región de Caria ubicada en el sudoeste de la actual Turquía en el Asia menor. Esta región Jonia fue colonizada por los dorios[1] y en épocas de Heródoto estaba gobernada por el tirano Ligdamis.

En cuanto a la procedencia familiar se trataba “De una familia noble, [que] debía estar aliada a los indígenas porque el nombre de su padre Lixes y el de su madre Drío, no tienen aspecto griego”[2]. Debido a las diferencias familiares con Ligdamis, Heródoto parte al exilio a la isla de Samos, donde estudiará y perfeccionará el dialecto jónico. Frente a la Grecia continental, el Asia menor vivía un período de mayor ilustración, siendo reconocido que la primer lengua literaria de Grecia es la jónica.

Ya iniciando su edad adulta Heródoto participa en la caída del tirano Ligdamis, junto con otros desterrados de Halicarnaso. Realiza viajes por el mundo conocido, recorriendo Asia, Mesopotamia, Egipto y la Magna Grecia, así como realizando estancias en la ciudad de Atenas. Para 443 a.c. Pericles realiza una convocatoria para reclutar hombres en un intento de colonización panhelénica en la cual Heródoto participa. La finalidad de esta incursión, en la zona meridional de Italia, era la fundación de la colonia de Turios, sobre las ruinas de la antigua Sibaris, donde se cree que pasó el resto de sus días. Los datos en el año de su muerte también difieren, pues para Josefina Zoraida Vázquez[3] tenemos noticias de él hasta el 420 a.c., mientras que para Demetrio Frangos su muerte ocurre en el 425 a.c. y en algunos casos se extienden sus noticias hasta el 406 a.c.[4] Así mismo el sitio de su muerte pudo ser Turios o Atenas. De tratarse de la última habría muerto en la epidemia de peste entre 428 y 425.

En ese sentido su estancia en Atenas fue crucial en su formación. Como comenta Frangos: “Hizo largas estancias en Atenas, donde dio lecturas públicas de ciertas partes de su obra; por esta razón, el Consejo Ateniense le tributó grandes honores y además un premio de diez talentos (un talento equivalía a 6 000 dracmas)…”.[5] Durante estas estancias traba amistad con el dramático Sófocles y en esa medida, siguiendo a María Rosa Lida de Malkiel “la concepción de la vida de Heródoto es dramática, llena de peripecias peligrosas, pero sin desenlace prefijado”.[6] Fue, por tanto, contemporáneo de los sofistas atenienses y también de Sócrates, desde donde su ejercicio racional y crítico, su visión “antropológica” de los bárbaros y de otros pueblos, bajo el principio de que el hombre es la medida de todas las cosas, cobra un cariz especial y concreto, como se verá más adelante en el análisis de la obra.

Interés particular tiene su ávida curiosidad, su intención de averiguar, indagar, sopesar testimonios y dejar al receptor de su obra el juicio definitivo. Es preciso considerar que en el desarrollo de su trabajo emplea distintos métodos de acercamiento a los fenómenos que narra y de esa forma construye sus argumentos críticos. Pero también precisa recordar para la escritura no era, para ese entonces, la forma de comunicación franca, sino todo lo contrario. La literatura entre otras expresiones era transmitida de manera oral y se construían los textos a partir del predominio de este elemento frente a la escritura. No obstante Charles-Olivier Carbonell nos describe nítidamente los accidentes que definen, en cierta medida el carácter del llamado por Cicerón Padre de la historia:

 

Expulsado por motivos políticos de su ciudad natal, Halicarnaso, este griego de Asia ha visitado la Mesopotamia y Egipto, ha llegado hasta el país de los escitas, ha pasado un tiempo en Atenas y en Delfos, antes de instalarse en Turio, colonia fundada por Pericles en Italia del Sur. Ha visto mucho; oído mucho; retenido mucho gracias a las notas que no cesaba de tomar. La opsis -observación- y la acoe -voz que corre- son las fuentes esenciales, pero no únicas de su Averiguación. De ahí el contenido a menudo más geográfico o etnográfico que histórico de la obra. (Carbonell:1986:14)

 

Retomando el estudio de Lida Malkiel, en Heródoto estará presente una madurez de espíritu, aliado a una potente observación y razonamiento, lo cual, como mencioné anteriormente, permitirá que el autor logre ofrecer un examen crítico de la razón, de los hechos. En ese sentido se adelanta a la ciencia helénica que con Aristóteles perfila el orden del conocimiento de la naturaleza y la esencia de las cosas. Heródoto es por ende un observador de la diversidad: “Para el viajero de Halicarnaso, observador exacto de la diversidad, los pueblos son distintos y la tolerancia no es sino la admisión práctica de esa diversidad real que su entendimiento veraz reconoce”.[7] Es un etnógrafo, narrador, recopilador de mitos y rituales de diversos pueblos, ante todo viajero y conocer del mundo de su tiempo. Bajo estas condiciones el perfil biográfico de Heródoto parece mostrar algo de luz para desbrozar el camino al contexto de la Grecia clásica.

 

1.1.3 ACERCAMIENTO A LA GRECIA ANTIGUA

 

La Grecia antigua estaba constituida por unos 12,000 km² y se dividía en tres regiones: la Grecia continental, donde se ubicaban el monte Olimpo, el Parnaso y el Helión; la Grecia Peninsular o Peloponeso, unida al continente por el istmo de Corintio; y la Grecia insular compuesta por las Clícadas (Naxos, Andros, Paros, Siros, entre otras), las Espóradas (Skiros, Skiatos y Skopelos), las islas Meridionales (Rodas y Samos frente a Asia menor) y las islas de Corcira, Cefalonia e Itaca. En la consulta del libro Historia de la cultura de Roberto Guzmán Leal[8] fue posible detectar un esquema cronológico cercano al esbozado por Perry Anderson[9] aunque cada uno tiene sus matices propios. En el primer caso tendríamos las siguientes épocas históricas de la Grecia antigua: Tiempos míticos o heroicos (hasta el siglo XII a.c.); del siglo XII a las guerras médicas (siglo V a.c.); las guerras médicas (500-449 a.c.); apogeo griego: el siglo de Pericles (499-429 a.c.); decadencia de Atenas: guerras del Peloponeso (431-404 a.c.); supremacía de Esparta y Tebas (404-362 a.c.); supremacía de Macedonia con Filipo y Alejandro (362-323 a.c.); y, finalmente, desde la muerte de Alejandro hasta la conquista de Grecia por parte de los romanos (323-146 a.c.). Por su parte Andersón hace alusión a una Grecia micénica al rededor del año 1200 a.c., postulando después una edad oscura, sin escritura y marcada por un retroceso económico y productivo, hasta la edad arcaica que va del 800 al 500 a.c. y el esplendor de Atenas en el siglo V a.c. hasta desembocar en el imperio macedonio de Alejandro Magno. En el período arcaíco es donde cristaliza el modelo urbano de la civilización clásica, reapareciendo el comercio a larga distancia (con Siria y Oriente), dándose las primeras acuñaciones de moneda (en Lidia durante el siglo VII a.c.) y adquiriendo Grecia la escritura alfabética.

El territorio de Grecia alcanzaba con sus linderos el mar Egeo, el Jónico y el de Creta, por lo que la actividad marítima y navegante será una de primer orden, atendiendo sobre todo al hecho de que en el territorio griego hay escasos sitios propicios para la producción agrícola, que se limita estrictamente al cultivo de cereales, de la vid y el olivo. Atendiendo a un sentido productivo y económico, el griego es un pueblo de navegantes y comerciantes, de artistas, poetas y filósofos, al mismo tiempo que de industriales en tanto fabricaban e intercambiaban mercancías e instrumentos con otros pueblos del Mediterráneo. Dentro de esto la importancia capital de los núcleos urbanos (la polis griega y en particular la ateniense) permitió que se crearan condiciones peculiares y caracteres específicos, aunque nunca se llego a concebir un Estado nacional griego. Esto queda enfatizado por Anderson cuando dice que:

 

La antigüedad grecorromana siempre constituyó un universo centrado en las ciudades. El esplendor y la seguridad de la temprana polis helénica y de la tardía república romana, que asombraron a tantas épocas posteriores, representaba el cenit de un sistema político y de una cultura urbana que nunca ha sido igualada por ningún otro milenio. La filosofía, la ciencia, la poesía, la historia, la arquitectura, la escultura; el derecho, la administración, la moneda, los impuestos; el sufragio, el debate, el alistamiento militar: todo eso surgió y se desarrolló hasta unos niveles de fuerza y complejidad inigualados. (Anderson:1979:11)

 

Retomando el estudio propuesto por Lida de Malkiel, la polis en tanto espacio físico encuentra un sustento fundamental en el demos, concebido como costumbre, tradición y ley, en donde el demos de Atenas es el mejor de todos. En ese sentido también el siglo V a.c. vivirá un esplendor en términos de la consolidación de la polis cuyo proceso histórico es importante mencionar. Antes de eso precisa hacer una breve mención de las formas de estratificación social.

A grandes rasgos la sociedad griega estaba dividida en el Rey, los nobles, los hombres libres, los esclavos y las mujeres (separadas estas últimas de la mayoría de las actividades públicas y productivas, encargadas exclusivamente del trabajo doméstico). Así mismo fue el sistema económico esclavista el que posibilitó el auge y esplendor de la polis griega. Pero la división social respondía a sus formas de gobierno: la oligarquía, que era un gobierno de una minoría y estribaba sobre la condición noble de los gobernantes que heredaban su poder y facultades; la timocracia, donde los derechos y los deberes ciudadanos están en proporción de los bienes que ellos mismos poseen (antecedente directo de la democracia); la democracia que es el gobierno de la ciudad (polis) por el pueblo; y la tiranía, gobierno ilegal de uno solo, fundado en la violencia, pero obrando con consentimiento del pueblo. Al respecto, y volviendo a Anderson, la ciudad típica estaba constituida por agricultores y terratenientes organizados en núcleos. Dicha organización era un reflejo del pasado tribal, pues estaba marcado por unidades hereditarias mediante parentesco. De esta forma otra forma de división importante fue el de las tribus, las fratrías y los clanes, referentes todos a las formas de organización familiares que permitieron la composición de una nobleza hereditaria que mantenía el dominio sobre el resto de la población urbana, aunque el gobierno de la ciudad estaba a cargo de un consejo desprendido de la Aristocracia.

Será hacia el período que va del 650 al 510 a.c. que aparecen los tiranos, autócratas que representan a los nuevos terratenientes, cuya riqueza es más reciente y deriva del crecimiento económico de la época precedente. En ese punto se da la transición hacia la polis griega clásica, pues las tiranías del siglo VI perfilarán los cimientos económicos y militares de la civilización griega de entonces, especialmente por un aumento del comercio y de la población.

Dentro de este panorama los nuevos propietarios agrícolas que no pertenecían a la nobleza tradicional y que carecían de una representación política equivalente a su poder económico en la ciudad, serán los que consigan implementar los regímenes tiránicos. Dichos regímenes serán configurados a partir de la figura del tirano en tanto personaje arribista, de considerable riqueza, cuyo poder simboliza el acceso del grupo social del que proceden a las posiciones elevadas de la ciudad. Reivindican a los pobres y realizan reformas económicas a favor de las clases populares, cediendo y tolerando ante éstas algunas concesiones, para asegurar su poder.

En Atenas el primer tirano será Solón a comienzos del siglo VI a.c. seguido posteriormente de Pisístrato. En ese sentido durante la tiranía el esclavismo se acentúa y esto da paso a la libertad de los ciudadanos, que se dedican a asuntos públicos e intelectuales. En este rubro cobra particular importancia la distinción entre ciudadanos libres y los no ciudadanos o los no libres, es decir, los esclavos: “En la Grecia clásica los esclavos fueron utilizados por primera vez y de forma habitual en la artesanía, la industria y la agricultura en una escala superior a la doméstica”.[10] Bajo esta lógica la conquista y colonización son elementos primordiales del expansionismo griego que incluso marcan toda la antigüedad clásica:

 

La vía típica de expansión para cualquier Estado de la Antigüedad siempre fue, pues, una vía <<lateral>> -la conquista geográfica- y no el avance económico. En consecuencia, la civilización clásica tuvo un carácter inherentemente colonial: la ciudad-Estado celular se reproducía invariablemente a sí misma, en las fases de auge, por medio del poblamiento y la guerra. Los saqueos, los tributos y los esclavos eran los objetos fundamentales del engrandecimiento, medios y a la vez fines de la expansión colonial.

(Anderson:1979:21)

 

Contaban a su vez con instituciones como las Anfictonías, que eran asociaciones de ciudades de carácter político-religioso para tratar de resolver asuntos generales entre ellas; los juegos olímpicos y los dedicados a Palas Atenea, entre otros certámenes; y los oráculos, por ejemplo el de Delfos que era el más importante.

Finalmente cabe mencionar que la religión en el caso de Grecia atraviesa también por distintos momentos. Primero tiene una forma de religión primitiva, monoteísta, cuyo dios es únicamente Zeuz, que se transformará en el siglo VII a.c. con la llegada de pueblos orientales al territorio griego (Fenicios, Egipcios, entre otros) y que traen consigo sus propias divinidades. Dentro de sus formas de culto se encuentran los elementos de la naturaleza, los animales, los árboles, incluso los muertos.[11] La representación de sus dioses es antropomórfica, es decir que se representa a la divinidad mediante formas y cualidades humanas. Su mitología incluye un panteón con los siguientes dioses: Zeuz, Apolo, Ares, Hermes, Poseidón, Hefesto, Juno, Demeter, Artemisa, Palas Atenea, Afrodita, Vesta, Dionisios y Pan.

Con estas consideraciones es posible tener una idea más pormenorizada sobre la Grecia antigua. Además resulta vital tomar en cuenta que en el siglo V a.c., el que nos interesa en referencia a nuestro autor, la polis ha logrado consolidarse como forma de organización política y social, donde el mar es el vehículo del imprevisible esplendor de la antigüedad,[12] y donde el carácter costero de la civilización clásica permitirá el comercio marítimo y el conocimiento del mediterráneo y sus fronteras. Así mismo estaremos frente a una esplendor cultural, artístico, científico y filosófico con la presencia de figuras en cada una de estas disciplinas, como Esquilo (525-456 a.c.), Sófocles (596-406 a.c.) y Eurípides (480-406) en la tragedia y en la comedia Aristófanes (450-380 a.c.); en la historia, además de Heródoto, Tucídides (470-360 a.c.) y Jenofonte (430-355 a.c.); la presencia del grupo de los sofistas, entre ellos Protágoras (480-410 a.c.), Pródico (465-¿? a.c.) y Georgías (483-375 a.c.), éste representante del agnosticismo ontológico; en el terreno filosófico nos encontramos con Sócrates (469-399 a.c.) y Platón (428-347); y finalmente en el terreno científico se localiza a Hipócrates de Cos (469-399) padre de la medicina científica y de la psicología.[13] Atenas se ha convertido en el centro del poder militar, colonial y cultural y se ha transitado del período Arcaico al período Atico, donde impera la razón.

 

1.1.4 APUNTES CRÍTICOS SOBRE HERÓDOTO Y SU OBRA

 

Para este apartado he rescatado a dos autores que complementan lo expuesto hasta aquí en tanto establecen juicios, desde distintas posturas aunque ambas cercanas a la filosofía, pertinentes para el análisis subsecuente del próximo apartado. Me refiero a un trabajo de R.G. Collingwood[14] y a otro de José Gaos[15]. El primer trabajo antes mencionado, que fuera traducido por Edmundo O’Gorman hacia 1965, se inscribe en una corriente de filosofía de la historia, mientras que el segundo, el de Gaos, se inscribe en una corriente de historia de la filosofía. Consideré tomar estos autores como referencias en primera instancia por permitirme contrastar opiniones, pero también para ampliar y complementar las aproximaciones valorativas de Heródoto. Sin embargo es tiempo de hacer algunas preguntas orientadoras: ¿desde dónde se puede realizar un ejercicio crítico sobre la vida y obra de Heródoto? ¿cuáles serían los límites y alcances del análisis aquí emprendido? ¿qué consideraciones críticas requiere el acercamiento a la memoria de la antigüedad y su imaginario? La investigación permitió encontrar lo siguiente.

Retomo ideas de Lida de Malkiel cuando adjudica a Heródoto los valores de una ciencia helénica, basada en la razón y cuando menciona su potente mirada observadora. Sus libros, para la autora anterior, cuentan con elementos del folklore mediante observaciones atentas de los griegos y los bárbaros. Así mismo mantiene el principio del goce intelectual, de la curiosidad, de la investigación. Heródoto recurre al método etnográfico y testimonial, pero también, como se mencionó en el apartado biográfico, su actividad viajera, a través de aquello que Gaos identifica como ecúmene de su tiempo, define por completo el registro y la investigación que realiza. Así mismo Lida de Malkiel comenta que la versión moderna de Los nueve libros de la historia encuentra su origen en la versión latina del texto completo de Heródoto redactado por Lorenzo de Valla entre 1452 y 1456, siendo que ha llegado hasta nosotros en consideración de la prologadora del volumen leído.[16]

Por su parte, el trabajo de Gaos permite encontrar elementos críticos de relevancia primera en tanto realiza un acercamiento que considera el papel de la razón, mencionado anteriormente, pero en el contexto de la transición de la tiranía a la democracia. Para ello recurre al ejemplo de los Sietes Sabios, grupo que representa a la sabiduría en tiempos de los tiranos, entre los que se encuentran Solón, Tales, Bías, Pítacos. De esa forma, Gaos vincula a la filosofía y la historia a partir de una distinción importante que va a definir la consciencia histórica griega: si para los filósofos lo importante es lo universal y lo eterno, es decir, los principios, para la historia lo será el movimiento en el espacio y el tiempo, así como las complejas tramas que se desprenden de estas relaciones, de donde la historia es la consciencia expresa del sentido de lo humano como inestable.[17] Por ello Gaos señala que en Heródoto cobran importancia los sueños, ya no en su acepción mágico-ritual sino como continuidad de la vigilia. También el viaje y la figura del viajero, hasta ahora reiterada, es motivo de las disquisiciones del maestro español, quien realiza un amplío análisis tanto de las condiciones que definen a Heródoto en tanto viajero, así como las implicaciones de la historia como un viaje en el espacio y el tiempo. Gaos comenta: “Herodoto se nos presenta en su obra como el gran preguntón. Como el hombre más curioso y afanoso de entrar en contacto con las cosas y las personas mismas, y toda clase de cosas y de personas”.[18] El viaje en Heródoto estriba en una condición inusual para su tiempo, pues en ese entonces sólo viajaban los comerciantes o los espectadores de los juegos, pero no los sabios.[19] Por ende será el primer ejemplo del sabio viajero, que viaja con la intención de conocer, de preguntar, de saber quién vive en dónde y cómo vive. Su intención es de simpatía[20]:

 

…La historia impele a Heródoto a viajar, porque lo que se afana por saber y ver son los hechos de los hombres, esto es, cosas particulares, individuales en cuanto tales…. [de donde Gaos apunte que] …El afán histórico, afán de conmemorar, y para ello de ver y saber, y para ello viajar, entrar en contacto, preguntar, es un afán de simpatizar… [y remate diciendo] …El [hombre] histórico es un extravertido buscador curioso de hechos memorables…. (Gaos:1960:52-53)

 

Otro factor decisivo para Gaos es el que se encuentra en el papel de la historia como una función de la memoria y cómo en el caso de Heródoto la palabra ha cambiado de su forma oral a su forma escrita. En esto concuerda con lo que señala Charles-Olivier Carbonell: “En la cuna de Clío, tiempo mítico y tiempo histórico se mezclan en las marchas inciertas en las que los dioses se cruzan con los hombres. Sin embargo, el instante ha llegado para la historia oral de hacerse historia escrita, historiografía”.[21]

Finalmente destacaré algunas ideas tomadas de Collingwood que permiten comprender la evolución del pensamiento historiográfico en la antigüedad. Para el autor inglés hay una primera causi-historia llamada historia teocrática, “que significa el relato de hechos conocidos para la información de personas que los desconocen, pero que, en cuanto creyentes en el dios de que se trata, deben conocer los actos por los cuales el dios se ha manifestado”.[22] Equiparado a esta forma se encuentra el mito, que trata exclusivamente de asuntos divinos. Mientras tanto para Heródoto la historia ni es mítica ni teocrática, sino humanística.

En el contexto de esa época el pensamiento griego transitaba por una dificultad importante que Collingwood define como una tendencia anti-histórica, consistente en la creencia metafísica griega de que todo era cambiante y por lo tanto nada podía asirse:

 

Creían de fijo que para ser posible un conocimiento verdadero era preciso que el objeto fuese permanente, ya que tenía que tener alguna característica propia y, por lo tanto, no podía contener en sí el germen de su propia destrucción. Si una cosa era cognoscible es porque era determinable; pero para ser determinable precisaba que fuera tan cabal y exclusivamente sí misma que ningún cambio interno ni ninguna fuerza exterior pudieran convertirla en otra cosa. (Collingwood:1980:29)

 

Frente a esto la historia se planteaba como un conocimiento de las obras de los hombres, de su pasado, por lo tanto de lo cambiante. De ello la grandeza del esfuerzo de Heródoto pero también su fracaso. Sin embargo, la consciencia histórica para los griegos tenía una función y utilidad inscrita en el conocimiento de los actos que podían permitir realizar pronósticos, conocer los equívocos de otros tiempos, encauzar las acciones para evitar llegar el peligro:

 

Es así, pues, como la historia tiene su valor: sus enseñanzas son útiles para la vida humana, simplemente porque el ritmo de sus cambios puede repetirse, o sea que antecedentes semejantes conducen a consecuencias semejantes. Es conveniente recordar la historia de los acontecimientos notables, porque sirve para juicios de pronóstico, no demostrables, pero sí probables; juicios que afirman, no lo que acontecerá, pero sí lo que es fácil que acontezca, al indicar los momentos de peligro en los procesos rítmicos.

(Collingwood:1980:32)

 

En ese sentido el método empleado por Heródoto y también por Tucídides se aproxima a la indagación de la doxa, es decir, de las opiniones de los hombres de su tiempo sobre sucesos pasados. Y en un tono delimitador Collingwood concluye que en todo caso los esfuerzos de estos historiadores griegos fueron más bien el registro autobiográfico de su generación. El historiador no podía, por tanto, elegir su tema sino que el tema elegía al historiador, debido a que “Lo único sobre lo cual puede escribir [el historiador griego de entonces] son los sucesos que han acontecido dentro del alcance de la memoria de personas con quienes el historiador pueda tener contacto personal”.[23]

 

1.1.5 ESBOZO ANALÍTICO: HACIA LA MEMORIA Y EL IMAGINARIO DE LA ANTIGÜEDAD

 

Con los elementos reunidos hasta aquí ya es posible vislumbrar un esbozo analítico ante el cual perfilar la memoria y el imaginario de la antigüedad desde la lectura de Los nueve libros de la historia. Dado que se ha tratado de un ejercicio con un nivel de profundidad acotado, el planteamiento de este esbozo parte de lineamientos generales que no tienen una intención mayor a la exposición. Previo a esto y dada la revisión efectuada considero importante apuntar el comentario de Josefina Zoraida Vázaquez sobre la obra de Heródoto:

 

Su obra, conocida por la división de los sabios alejandrinos como Los nueve libros de la historia, tiene como tema central las Guerras Médicas (492-478 A.C.). Dividida, como su nombre lo indica, en nueve libros con el nombre de una musa al frente, podemos en ella distinguir, sin embargo, tres partes diferenciadas por la materia de que se ocupan. La primera trata de los reinados de Ciro y Cambises; en ella, además de los hechos de conquista de estos monarcas, encontramos la descripción de Persia, Egipto, Asiria, Arabia, la India, es decir del Asia (CIío, Euterpe y TaIía). La segunda parte se ocupa del reinado de Darío y nos describe Europa; el libro cuarto (Melpómene) contiene una cuidadosa descripción de su concepción del mundo; el quinto y el sexto libros (Terpsícore y Erato) contienen ya los preliminares de la guerra. La tercera parte circunscribe su interés al Hélade y a los acontecimientos de la guerra durante el reinado de Jerjes; el momento culminante del libro séptimo (Polimnia) es el paso de las Termópilas; el del libro octavo (Urania) es la batalla de Salamina, y el último libro (CaIíope), centrado en la batalla de Platea, parece haber quedado incompleto o bien rematado curiosamente, ya que termina con el relato de los amores de Jerjes. (Vázquez:1985:19-20)

 

Al inicio de la lectura de Los nueve libros mi interés se centró en la recopilación de aspectos que iba ubicando a manera de campos de contenido. Esto permitió hacer una decantación paulatina observando elementos constantes y tomando nota de aspectos particulares, concretamente las referencias a autores griegos -como Homero y algunos dramáticos- y también la importancia que dedica Heródoto a la escritura. Un ejemplo de esto se ve en el libro Uranía como sigue:

 

cuando Jerjes, sentado en el monte situado enfrente de Salamina y llamado Egaleo, veía a alguno de los suyos haciendo un acto de arrojo, averiguaba quién lo había hecho, y sus escribientes anotaban el nombre de su padre, de su capitán y de su ciudad. (Heródoto:1981:482)

 

Por tales razones los primeros libros arrojaron una composición de elementos que se presentan a lo largo de toda la obra y que sufren cambios en lo específico pero se mantienen como ejes estructurales al interior de la misma. Dentro de esos aspectos encontré los siguientes: geográficos, genealógicos, étnicos, urbanos, religiosos, tecnológicos, sociales, económicos, políticos, militares, diplomáticos, culturales, mitológicos, literarios, marítimos, médicos y gastronómicos, dentro de los que registré. A estos aspectos se van incorporando otros mientras avanzan los libros, pero en el primero de ellos detecté esos.

Así mismo llamó mi atención el nombre de las medidas que aparecen desde el libro Clío y que también se van reiterando conforme avanza la narración y se van incluyendo otras: codos, estadios, ártaba, quénices áticos, medimno ático, dedos. Tomé también nota de los dioses que van siendo mencionados en este primer libro y encontré que son Zeuz, Afrodita, Poseidón, Demeter, Apolo y Atenea. Al realizar este ejercicio de simple anotación fui percibiendo la importancia de las fuentes testimoniales, los recursos que emplea Heródoto para legitimar las versiones de los hechos, las dudas que va estableciendo sobre algún dictamen oracular, un hecho del pasado o la versión propia de sus informantes, incidiendo y criticando las alternativas que se le presentan al realizar su reconstrucción.

Ya en el libro segundo, Euterpe, ubiqué otros aspectos, entre ellos astrónomicos, ambientales (descripción de flora y fauna), médicos, agrícolas, religiosos, arquitectónicos, urbanos, de clasificación social y jurídicos. Me resultó importante la división de los 7 tipos de oficios en Egipto: porquerizos, mercaderes, intérpretes, sacerdotes, pilotos, guerreros y boyeros. Especialmente en este libro menciona sus fuentes (testimonios y relatos, observación, opinión e investigación personal). Así mismo hay referencias a Homero y tres de trabajos suyos que son La iliada, La Odisea y La Aristía, ésta última quizá perdida para los lectores modernos. También hay referencias al historiador griego Hecateo.

A partir de aquí queda plasmada la definición de lo bárbaro en su matriz egipcia y que será reiterado después para distinguir a lo griego del resto de los pueblos de la antigüedad: “Barbaros llaman los egipcios a cuantos no tienen su misma lengua”.[24] Heródoto, además, habla de la división del mundo conocido que está compuesto por: Europa, Asía, Libia y Egipto. Puse atención nuevamente a las medidas que iban apareciendo y surgieron las siguientes: arura, codos egipcios, esquenos, yagudas, palmos, brazas, estadios, parasangas, pletros, píes. Es reiterado el análisis de los aspectos religiosos y mitológicos cuando Heródoto compara a los dioses egipcios con los griegos, mencionando sus equivalencias: Isis/Osiris (Dionisio), Amon(Zeuz), Apis (Épafo), Horus (Apolo), Bubastis (Artemisa). También cobra relevancia el hecho de que menciona la existencia de 34 generaciones de reyes en Egipto y las va mencionando una a una.

Hasta este sitio el punto de vista de Heródoto perece exaltar las hazañas de los persas y su expansión territorial en distintos lugares, aunque su intención más clara se encuentra en las primeras líneas de su trabajo cuando quiere dejar registro de la memoria de las grandezas de su tiempo para que no se pierdan en el olvido de los hombres. Por ello en el libro tercero Talía se reiteran aspectos militares, se comenta la historia persa y se establecen los límites del mundo: Etiopía, India y el Norte de Europa que es desconocido. Aquí queda evidenciada la genealogía persa que viene desde Ciro, pasa por Cambises, se topa con el mago Esmerdis en la usurpación realizada por los magos persas del reino, y desemboca en Darío como el nuevo rey persa. Dentro de este libro encontré a las satrapías como formas de organización social dentro de las colonias persas.

Mención notoria merecen las referencias que hace Heródoto sobre las labores femeninas, sus actividades, el papel que juega la mujer en tanto móvil de pasiones, en tanto hija, en tanto madre, en tanto hechizera, amante y reina. Este sería un tópico interesante de trabajar en un análisis historiográfico de mayor profundidad.

En el libro quinto Terpsícore hay otra mención a Hecateo y Heródoto menciona que la escritura es introducida en Grecia por los Fenicios. Menciona a los rapsodas que se oponen a Homero y a los poetas Alceo y Solón.

En realidad hay una gran extensión de datos que se van cruzando, constituyendo una narración densa, compleja, pero al mismo tiempo de una fluidez nítida y de un lenguaje accesible. A lo largo de todos los libros Heródoto levanta su voz, mantiene líneas argumentativas, consolida críticas y realza su actitud cuestionadora: “Por mi parte, debo contar lo que se cuenta, pero de ninguna manera debo creérmelo todo, y esta advertencia mía valga para toda mi narración”.[25]

Hacia los dos últimos libros, Polimnia y Uranía, presté atención a otro factor constante en toda la obra que son la presencia de los designios de los distintos oráculos, el sueño (como una expresión o mensaje divino), y corroboré la rotunda expedición persa contra Grecia y la muerte de Darío, con lo cual Jerjes se convierte en el nuevo rey persa. Curiosamente hay una proeza que me pareció increíble cuando Heródoto menciona el paso de los persas por Atos, con lo que se constata una obra de ingeniería y arquitectura desarrollada por los persas y los fenicios. De igual forma realicé la lista de pueblos que constituyen el cómputo de la armada y el ejército de Jerjes contra Grecia: Persas, Medos, Cisios, Hircanios, Asirios, Bactrios, Jacas, Indos, Arios, Partos, Corasmios, Caspios, Paccies, Ucios, Micos, Paricanios, Árabes, Etíopes, Etíopes de Oriente, Libios, Paflagones, Ligies, Maciensos, Mariandinos, Sirios Capadocios, Frigios, Armenios, Lidios, Migios, Tracios, Bitines, Meonios, Boscos, Tibarenos, Macrones, Mosinecos, Mares y Eritreos; la caballería estaba compuesto por: Sagarcios, Persas, Medos, Cisios, Bactrios, Caspios, Libios y Árabes (que llevaban camellos animales que en una ocasión significaron el triunfo para los persas por lograr espantar a los caballos); finalmente queda el registro de los aliados a Persia en el plano naval: Fenicios, Sirios, Egipcios, Ciprios, Cilicios, Panfilios, Lictos, Dorios de Asia, Jonios, en donde Heródoto destaca la participación de Artemisia de Halicarnaso y su flota naval. En ese punto el ejército que ataca Grecia, según la versión de Heródoto, es de más de dos millones de personas.

Mientras tanto los griegos en la defensa son: Atenienses, los de Platea, Corintios, los de Mégara y Calcis, Eginetas, Sicionios, Lacademonios, Epidaurios, Eretrios, Trecenios, los de Estira, los de Ceo y los Locrias.

De esta forma fui accediendo al contenido de la obra, vislumbrando una lógica inabarcable, bajo un principio que me hizo tomar consciencia de las dificultades para realizar un análisis estricto de alguno de los elementos que componen estos libros. Pero al rescatar estos apuntes y los contenidos propios del trabajo de Heródoto, me fue posible detectar como una de sus intenciones el entrelazar los mundos que chocaron al chocar Grecia y Persia, y también cómo el desenlace, en donde Atenas sale victoriosa contra todo posible pronóstico, configura una identidad en torno a la polis griega.

 

1.1.6 CONCLUSIONES

 

El recorrido expuesto en estos apuntes logra el establecimiento de algunos puntos concluyentes según las directrices establecidas en la introducción. En términos de la experiencia educativa la elaboración de este ensayo permitió profundizar, en mayor o menor medida, en el conocimiento de la antigüedad griega clásica, abordar contenidos relativos al siglo V a.c. y realizar un trabajo de investigación mínimo, que, aunque con niveles de desorden, permitió construir un marco desde dónde realizar la valoración analítica aproximada de la obra de Heródoto.

En términos de la investigación fue posible detectar la falta de consulta de fuentes más actuales y recientes que pudieran arrojar luz sobre interpretaciones vigentes a nuestro días de Los nueve libros de la historia. Sin embargo, las fuentes consultadas permitieron un doble esfuerzo a saber: una aproximación monográfica y en cierta multidisciplinaria al tema; y una revisión de trabajos realizados en el siglo XX prevíos al surgimiento y al auge de la herramiente Internet. En ese sentido no fueron consultadas ni empleadas fuentes electrónicas -como wikipedia o artículos en línea- aunque se localizaron dos trabajos en la red -uno más vigente que el otro- que por cuestiones de tiempo y espacio no pudieron ser incluidos aquí. Pero la importancia de nombrar a este trabajo apuntes tiene mucho que ver con el esfuerzo de investigación realizado, en primera instancia porque la lectura de Los nueve libros me hizo tomar consciencia de la imposibilidad analítica a partir de una primera incursión, y en segunda porque reveló zonas de luz y oscuridad, sistemas interpretativos divergentes, ópticas complementarias o contrastantes, que no pueden trabajarse de manera simple ni tampoco apresurada. De igual forma la readacción del texto implicó un esfuerzo considerable que evidencia cierto desconocimiento del manejo del aparato crítico, el manejo de citas y de un sistema de citación y las dificultades que representa trabajar a caballo entre textos virtuales, fichas de trabajo, apuntes y subrayados personales.

Por otra parte la amplitud de fuentes consultada, para bien y para mal, permite una comprensión parcial tanto del trabajo de Heródoto como de las mismas fuentes. En ese sentido se ha tratado de realizar un trabajo de reconstrucción que desemboca en la memoria de la antigüedad griega -mediante Los nueve libros- y del imaginario de la antigüedad -mediante los comentarios críticos y opiniones rescatadas en estas páginas.

En términos de la memoria e imaginario de la antigüedad parece claro que este lapso histórico requiere una conocimiento de estructuras temporales de larga duración, pese a que en el caso de los individuos, en este caso Heródoto pero de cualquiera de los exponentes culturales de esta período, sea posible abarcar, en función de la obra, un conocimiento enraizado en el origen el pensamiento occidental.

BIBLIOGRAFÍA

 

Anderson, Perry. “Primera Parte. I. La antigüedad clásica” en Transiciones de la antigüedad al feudalismo. Siglo XXI editores. México, D.F. 1979. pp. 7-47.

 

Carbonell, Charles-Olivier. “El nacimiento de Clío” en La historiografía. Fondo de Cultura Económica. México, D.F. 1986. pp. 13-24.

 

Collingwood, R.G. “La historiografía greco-romana” en Idea de la historia. Fondo de Cultura Económica. México, D.F. 1980. pp. 23-52.

 

Frangos, Demetrio. “Prólogo” en Historias de Heródoto. UNAM. México, D.F. 1982. pp. VII-XI

 

Gaos, José. “Orígenes de la filosofía y de la historia en Heródoto” en Orígenes de la filosofía y de su historia. Universidad Veracruzana. Xalapa, Veracruz. 1960. pp. 13-58.

 

Guzmán Leal, Roberto. “Cultura griega” en Historia de la cultura. Síntesis para la escuela preparatoria. Editorial Porrúa. México, D.F. 1969. pp.185-219.

 

Heródoto. Los nueve libros de la Historia. Editorial Cumbre. Colección Los Clásicos. México,D.F. 1981

 

Lida de Malkiel, María Rosa. “Estudio preliminar” en Los nueve libros de la historia. Heródoto. Editorial Cumbre. Colección Los Clásicos. México, D.F. 1981. pp. IX-LXXI.

 

Vazquez, Josefina Zoraida. “Historiografía griega” en Historia de la historiografía. Ediciones Ateneo. México, D.F. 1985. pp.17-29

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1.1.7 ANEXOS CARTOGRÁFICOS[26]

 

 

[1] Frangos, Demetrio. “Prólogo” en Historias de Heródoto. UNAM. México, D.F. 1982. p. VII.

[2] Ibidem

[3] Historia de la historiografía. Ediciones Ateneo. México, D.F. 1985. p.19.

[4] Frangos, op.cit. p. VII-VIII.

[5] Frangos, op.cit. p. VII. El subrayado es mío

[6] Lida de Malkiel, María Rosa. “Estudio preliminar” en Los nueve libros de la historia. Herodóto. Editorial Cumbre. Colección Los Clásicos. México, D.F. 1981. p. XII.

 

[7] Lida de Malkiel. op.cit. p. XXVI.

[8] Historia de la cultura. Síntesis para la escuela preparatoria. Editorial Porrúa. México, D.F. 1969. pp.185-219.

[9] Transiciones de la antigüedad al feudalismo. Siglo XXI editores. México, D.F. 1979. pp. 7-47.

[10] Anderson, op.cit. pp.15-16.

 

[11] Culto que retoman de las prácticas de la Creta minoica.

[12] Anderson. op.cit.p.13

[13] Collingwood, R.G. “La historiografía greco-romana” en Idea de la historia. Fondo de Cultura Económica.

México, D.F. 1980. p.37.

[14] Collingwood, op.cit.

[15] Gaos, José. “Orígenes de la filosofía y de la historia en Heródoto” en Orígenes de la filosofía y de su historia. Universidad Veracruzana. Xalapa, Veracruz. 1960. pp. 13-58.

 

[16] Ver en la sección de fuentes y bibliografía la referente al texto de Los nueve libros de la historia

[17] Gaos. op.cit.p. 21.

[18] Gaos, op.cit.p.52.

[19] Gaos identifica y describe las siguientes formas de viaje antes de llegar al viajero histórico que representa Heródoto: el nomadismo primitivo, la odisea, el viaje de los mercaderes y traficantes, las peregrinaciones religiosas individuales o colectivas, los viajes diplomáticos, el destierro y las emigraciones colectivas, finalmente el viaje a los juegos.

[20] En esto Gaos opone la intención y el afán del filósofo que se centra en la introversión, en

la abstracción teórica, en el aislamiento del mundo y de los hombres en busca de los principios universales, de la verdad.

[21] Carbonell, Charles-Olivier. “El nacimiento de Clío” en La historiografía. Fondo de Cultura Económica. México, D.F. 1986. p.12.

 

[22] Collingwood. op.cit.pp.23-24.

[23] Collingwood, op.cit.p.35.

 

[24] Heródoto. Los nueve libros de la historia. Editorial Cumbre. Colección Los Clásicos. México, D.F. 1981.p.147.

 

[25] Heródoto, op.cit.p.424

 

[26] Tomados del libro Cosmography. Maps from Ptolemy’s geography. Magna Books. Inglaterra.1990.

Anuncios